BRASIL: LA CLASE OBRERA Y LA JUVENTUD DERROTAN A BOLSONARO

 (2ª parte)

UN PROGRAMA DE LUCHA

PARA TRANSFORMAR LA SOCIEDAD



UN ANALISIS MARXISTA DE LA DERROTA DEL BOLSONARISMO


 Por Salvador Pérez

Este 25 de octubre en Brasil millones de oprimidos se han movilizado con el objetivo de impedir que el candidato de la reacción, el ultraderechista Flavio Bolsonaro, apoyado por Donald Trump y sus escuálidos de la Internacional ultraderechista, pudiera vencer en la Segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Junto a los camaradas del GOI - Palavra Operaria, hemos intervenido en la campaña electoral, explicando las ideas y el programa que necesitamos para que los intereses de la clase obrera y la juventud sean puestos sobre la mesa de forma clara, para luchar por una salida socialista ante los problemas que los oprimidos brasileños padecemos.

Desde luego los marxistas nunca somos neutrales, siempre defendemos por encima de todo los intereses de la clase trabajadora. Por ello hemos explicado que nuestro enemigo principal en la campaña, y en las calles, era la extrema derecha, los reaccionarios de todo pelaje y los fascistas. A diferencia de algunos que por misteriosas razones se consideran así mismos “marxistas”, (esos bichos raros que constantemente y siempre andan por las esquinas del movimiento obrero pidiendo en todos sitios “voto nulo abstención), que los coloca directamente en el sectarismo estéril e inútil.

Hemos pedido el voto para Lula, sin ningún tipo de oportunismo, sin mostrar confianza en el programa y las ideas políticas de los dirigentes del PT, explicando una y otra vez la necesidad de que los trabajadores luchen y se movilicen de forma organizada para cambiar la sociedad de abajo arriba. Pero junto a la juventud y la clase obrera luchando por impedir el triunfo de Flavio Bolsonaro, llamando a los miles y millones de jóvenes y trabajadores a un debate compañero y sobrio sobre la situación, sobre la necesidad de prepararnos para luchar en las mejores condiciones en los acontecimientos de la lucha de clases que comienza a abrirse paso.

Hemos sido testigos, tras los avances del resultado electoral, como millones de trabajadores, y sobre todo de jóvenes, jóvenes, han abarrotado los espacios públicos de Brasil, los parques y plazas han sido abarrotados, siguiendo en detalle el escrutinio y tras los anuncios del mismo ha habido una autentica explosión de júbilo ante la derrota del ultraderechista Flávio Bolsonaro. Manifestaciones espontaneas se han producido para celebrar el resultado.

Tras conocerse el resultado electoral de la primera vuelta, cientos, miles de jóvenes que antes nunca habían participado en asuntos políticos ahora salieron a las calles, blandiendo el puño en alto y gritando consignas en contra de la extrema derecha. Rápidamente, en cuestión de horas, la rabia acumulada convertido a los centros de estudios en lugares de debates apasionados, reflejando esos mismos debates que estaban teniendo lugar en las casas y en los barrios populares. Pero no era solo los jóvenes, también veteranos trabajadores estaban comenzado a recuperar esos debates políticos y también salieron a las calles, con la disposición de volver a luchar nuevamente.

Duro golpe a la extrema derecha trumpista

De hecho, podemos decir que ha sido una jornada de movilización antifascista, en las urnas y en las calles. Los datos son los datos y aunque Flavio Bolsonaro ha aumentado el apoyo que anteriormente había obtenido su padre en 2022, en 1.619.687 votos, sacando ahora 59.826.041 sufragios, gracias a la movilización de los trabajadores se ha conseguido impedir su victoria, con unos resultados que han batido récords: Lula ha recibido 3.910.233 más de votos que hace 4 años, aumentando sus votos sustancialmente a los que obtuvo en la primera vuelta, en más de 10.300.000, con un resultado total de 64.256.232 sufragios, la cifra mas alta que nunca alcanzo ningún candidato presidencia en Brasil.

Los reaccionarios, la ultraderecha brasileña e internacional se las juraban felices, tras el resultado en primera vuelta, el pasado 4 de octubre, que dio una ventaja a Flavio Bolsonaro de más de dos millones de votos de diferencia. Entonces el partido de Bolsonaro, el Partido Liberal, se impuso, siendo el más votado en las elecciones legislativas, con varios de sus candidatos elegidos como gobernadores, entre ellos el de São Paulo, que es el Estado más industrial y el más poblado de Brasil.

La juventud, Primera Línea de la lucha

Pero una vez que termino la primera vuelta electoral, vimos como el movimiento estudiantil, coordinado por la Unión Nacional de Estudiantes junto a distintas organizaciones sociales, centros académicos y diversos sindicatos de Brasil activaron un calendario de manifestaciones con el objetivo de luchar en contra de la extrema derecha, que claramente estaba representada por el senador Flávio Bolsonaro. Ante lo cual se pretendía apoyar, aun críticamente, a la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva, planteando la continuidad de las Asambleas y marchas con un carácter espontaneo a veces, desde el domingo 4 de octubre.

Tenemos que ver con claridad que todo ello se ha producido a pesar de que millones de brasileños han estado y están frustrados por las políticas capitalistas de Lula y la dirección del PT, llevando a que muchos de ellos se abstuvieran en las elecciones del 4 de octubre.

Ahora, para este 25 de octubre, en la Segunda Vuelta electoral, con la juventud al frente y con la decisión y la fuerza de millones de trabajadores, incluyendo una parte considerable de los que se abstuvieron en la primera vuelta, han sido las masas las que han puesto todo en su sitio, provocándole una derrota a Flavio y a la extrema derecha que representa.

Algunos Gobernadores y Alcaldes bolsonaristas incluso suspendieron los servicios de autobuses, con la clara intención de impedir que los votantes de las favelas de los extrarradios se pudieran desplazar para votar en las grandes ciudades, incluso en las zonas más pobres del nordeste del país, donde tradicionalmente arrasa el PT, en donde en algunos lugares utilizaron las amenazas directas de la “milicia”, las bandas fascistas, que están ligadas estrechamente con el narcotráfico, con la policía y el ejército, que de forma clara controlan el bolsonarismo.

Ha sido la voluntad de las masas de impedir el triunfo de Flavio el auténtico motivo de su derrota electoral. Se han podido ver imágenes de personas, por ejemplo, que ponían sus vehículos particulares a disposición de vecinos para que pudieran ir a votar, al igual que innumerables muestras en donde se ha desplegado una gran creatividad de las masas para sortear las dificultades que podrían haber dado un triunfo a Bolsonaro. En todo ello también radica el verdadero poder de las masas, que queda patente cuando se moviliza por objetivos claros: el 25 de octubre el objetivo era nítido, frenar a nuestros enemigos de clase. 

Los mismos que aparecen como simples continuadores del gobierno e Jair Bolsonaro, que intento perpetuarse en el poder utilizando métodos como el golpe de Estado, tras perder las elecciones el 10 de enero de 2023; el gobierno que dejo morir a no menos de 700.000 personas, negándoles las vacunas y la atención medica en plena Pandemia del Covid; los mismos que se llenan la boca y defienden los métodos de la dictadura militar que en Brasil fue responsable de masacres a decenas de miles de los mejores luchadores, entre  los años 1964 y 1985.

La familia Bolsonaro es lo que es, criminales reaccionarios y enemigos declarados de la clase obrera. El padre condenado a cárcel, el hermano huido de la justicia y Flavio que acaba de huir para refugiarse en los brazos de sus jefes imperialistas en los EE. UU.

La amenaza de que los fascistas de la familia Bolsonaro podrían volver a la Presidencia se convirtió en el eje central. Las declaraciones de Flavio y otros dirigentes del Partido Liberal en contra de la reducción de la jornada laboral, mientras declaraba en favor de una amnistía a su padre, Jair Bolsonaro, quien no está como los comunes de los condenados a prisión, sino en un simple “arresto domiciliario”, por el intento de Golpe de Estado de 2023; junto a los anuncios constante de incorporar a Brasil al denominado “Escudo de las Americas” de la Administración de Donald Trump; al igual que de un rosario de declaraciones Bolsonaristas de librar una guerra en contra de los derechos democráticos y sociales, con anuncios de Flavio de que “inauguraría un periodo nuevo de treinta años en un nuevo Brasil”, hacia recordar con elocuencia clara los 21 años de dictadura.

Miles, millones, de trabajadores, de jóvenes y oprimidos se han movilizado y han provocado una derrota a Flavio, que asustado ha emprendido viaje hacia las faldas de Trump. Todas las maniobras de la extrema derecha han sido vencidas por las masas brasileña, mostrando el camino al conjunto de los oprimidos de Latinoamérica.

Para hacernos una idea de la situación, como botón de muestra, al día siguiente de los resultados de la primera vuelta de las elecciones, los estudiantes de la Universidad Federal Fluminense (UFF), de Niterói, hicieron parar las clases, saliendo en manifestación contra el bolsonarismo. A los dos días siguientes tomaron las calles de Rio miles de estudiantes y de jóvenes trabajadores, en la ciudad en la que el Clan mafioso de Bolsonaro mantiene sus mafias. El grito coreado en la manifestación era un claro “Bolsonaro No”. En las tres semanas, entre la primera y la segunda vuelta electoral, las calles vieron el crecimiento de una autentica “marea roja” por todo Brasil, con el objetivo de frenar al fascismo, para lo cual las masas orientaron su atención en el voto a Lula, convirtiendo los actos y mítines del PT en manifestaciones de masas.

Como siempre ocurre, las masas saben perfectamente que no quieren, aunque sus objetivos, que quieren, no estén de momento cien por cien definidos. Como respuesta el bolsonarismo intento convocar movilizaciones de sus partidarios, lo cual fue como echar más gasolina al fuego. Los claros sentimientos antifascistas se volvieron más fuertes y nítidos para amplios sectores de la juventud y los trabajadores. En la conciencia de las masas se fortalecían los ánimos antifascistas, mientras veían en imágenes a dirigentes bolsonaristas realizando saludos nazis, escuchando a estos dirigentes fascistas pedirle al ejército que diera un golpe de Estado si ganaba Lula, e incluso pidiéndole a Trum que “bombardeara el país”. Todo ello sirvió para animar más la movilización d ellos jóvenes y trabajadores.

Un diputado del PT creo una Comunidad de Watsapp, a la cual el “Exército do Lula”. Rápidamente la Comunidad paso de los 53.000 miembros a unos 11 millones, lo cual no significa más que el reflejo del verdadero estado de ánimo que se estaba instalando entre las masas brasileñas.

Los intentos a la desperada, a última hora, del candidato Flavio Bolsonaro, con la pretensión de engañar a sectores de la población, llegando a pedir disculpas reiteradas a Lula por haberlo llamado “nueve dedos”, llegando incluso a votar a favor de la reforma laboral, al igual que pidiendo perdón a las mujeres por haber votado en contra de la prolongación y extensión del permiso de maternidad, ya no surtieron efectos, no logro engañar a nadie.

Desigualdad social intolerable: lucha de clases y polarización política y social

Es claro que la victoria de Lula está siendo recibida con alivio y alegría por las masas de Brasil y el conjunto de Latinoamérica. Millones de trabajadores ven en el terreno concreto de la práctica, el decisivo, que la extrema derecha, los perros falderos del imperialismo norteamericanos en la región, pueden ser vencidos también en el terreno electoral, sobre todo después de meses en donde los títeres reaccionarios han acabado imponiéndose: Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia, … El enemigo en Brasil ha sido derrotado, por la acción de las masas.

Y ello no ha sido, a ningún efecto, gracias a las habilidades de Lula y los dirigentes del PT. Lejos de la campaña de los medios de comunicación de la burguesía, que intentan explicarnos que todo ha sido por “el carisma de Lula”, por su “capacidad y habilidad negociadora”, su habilidad para “tejer alianzas con fuerzas de la derecha y del centro”, …  nada de eso es cierto. Esas pretendidas “habilidades de Lula” casi provocaron el triunfo de Flavio Bolsonaro, que ha sido frenado y derrotado por la entrada de las masas en acción en contra de la posibilidad del triunfo de la reacción y e fascismo bolsonarista.

Fue las políticas prácticas de los últimos cuatro años del gobierno Lula, en compañía de los ministros burgueses, las que causaron frustración y apatía entre las masas, que veían una vez más como los “reformistas” a la hora de la verdad se vuelven contra reformistas. Sin atacar y acabar con la creciente desigualdad social, con la brutal explotación laboral, los salarios bajos, los recortes en la educación, la sanidad, la vivienda… en definitiva, sin plantar conquistar un futuro digno, solo y tan solo se prepara el terreno para que individuos como Flavio Bolsonaro puedan llegar al poder y someter con un puño de hierro a las masas.

Tras 15 de los últimos 23 años con gobiernos del PT, de los cuales doce ha sido con Lula como presidente, Brasil continúa siendo uno de los países más desiguales de todo el planeta Tierra. Los datos no mienten, aunque los mentirosos sepan contar: el 10% más rico de Brasil posee el 70,1% de la riqueza, mientras, el 50% de la población, la clase trabajadora, accede solo al 2,4% de la riqueza, del total del conjunto de la riqueza que crea con su trabajo.

Detrás de datos como estos se esconde la explicación del porque el bolsonarismo ha logrado mantenerse y avanzar: la política de los gobiernos de Lula y sus ministros de la derecha y el llamado centro, que han gobernado fundamentalmente para no molestar a las elites, es lo que permite a los reaccionarios todo tipo de demagogias populistas. Una política genuinamente de clase es la única posible para poder segar la hierba debajo d ellos pies del Clan Bolsonaro y de los demás reaccionarios en Brasil.

Los discursos patéticos de Lula, reclamando un papel de potencia de Brasil en el mundo, hablando de la importancia de los BRICS, exponiendo fríamente los datos de crecimiento del 3% del PIB en Brasil durante los últimos cuatro años, ignoran la verdad del mundo en el que viven la aplastante mayoría de los trabajadores y jóvenes en Brasil, en donde los crecimientos económicos van a parar a los bolsillos de los de siempre, los ricachones nacionales y extranjeros con intereses empresariales en el país.

Es cierto que oficialmente la Tasa oficial de pobreza ha vivido una reducción. Es cierto que el Salario Mínimo también creció. Pero no es menos cierto que los precios generales e los productos de la Cesta de la Compra básica han crecido muy por encima, que los precios de los alquileres de las viviendas han tenido un fuerte aumento, … y que todo ello hace que el agua de la precariedad y necesidades estén en el cuello de la mayoría de las familias trabajadoras, amenazadas con ahogarse de un momento a otro.

Otro dato nos puede arrojar luz sobre esto: el endeudamiento familiar en Brasil supera el 80%. Ello hace que las familias trabajadoras, al igual que amplios sectores de lo que llaman oficialmente clases medias, estén enormemente golpeadas por toda la situación económica. Como siempre ocurre bajo el capitalismo parasito, los únicos y grandes vencedores en la situación presente de la economía de Brasil son los grandes capitalistas y sectores de la pequeña burguesía acomodada. Pese a los aires triunfalistas de Lula, son estos sectores los que mas rabiosamente apoyan y sostienen al Clan Bolsonaro.

Como decíamos, los datos son los datos. En 2025 el ingreso mensual medio de los brasileños pertenecientes al 10% más rico fue de 9.117 reales (unos 1.658 dólares), lo cual representa más de 13,8 veces los ingresos de los trabajadores, pertenecientes al 40% más pobre, que supone unos 120 dólares mensuales.

Haciendo una simple comparación, el uno por ciento (1%) de los superricos, estos ingresan oficialmente más de un 36,2% que un trabajador, lo que hace convertirlos en auténticos parásitos sociales que viven sobre la espala de los más necesitados de la sociedad.

Estos datos son concretos, por mucho que dirigentes como Lula intenten justificar y decir otra cosa. Y son estos datos los que nos facilitan una explicación concreta y material del enorme malestar, disgusto y decepción, a todos los niveles, de las masas trabajadoras en Brasil, que han comprobado en el terreno concreto de los hechos como los gobiernos de Lula y los demás dirigentes del PT han sido incapaces de enfrentar los argumentos demagógicos y populistas del bolsonarismo.

Resultaba hasta patético ver a Lula intentando, por algún motivo misterioso para nosotros, intentando convencer a Trump, al imperialismo, de que fueran algo así como neutrales en las elecciones, en las que el bolsonarismo pretendía infringir una derrota al “progresista Lula”. Es más claro que los rayos iluminados de un cielo radiante que muy a pesar de los grandes servicios prestados por Lula y su gobierno que los capitalistas brasileños, la oligarquía y sus amos internacionales desean mucho más.

El resultado electoral de la segunda vuelta ha sido recibido con auténticas lamentaciones por parte de los imperialistas norteamericanos y  del propio Trump, que veían en Flavio Bolsonaro a su peón ideal para llevar adelante sus planes en Brasil. Tras la jornada electoral, el resultado de la victoria de Lula fue recibida en la Bolsa de São Paulo con un desplome verdaderamente histórico a niveles del 13,4% de caídas, con una devaluación del Real, frente al dólar, por encima del 12%, cifras que no se producían desde el año 1999.

Que duda cabe que estos indicadores muestran como los capitalistas daban por casi seguro el triunfo de Flavio Bolosnaro y han sido sorprendidos por la victoria de Lula, bajo cuyo gobierno esto últimos cuatro años no les fue nada mal, pero que ahora se estaban frotando las manos con las perspectivas de un gobierno títere del imperialismo estadounidense, que estaría dispuesto a llevar a cabo profundos recortes sociales, privatizaciones y un saqueo general de  los recursos del Gas, el Petróleo, los minerales de las tierras raras y del Amazona en general.

Preparemos el próximo periodo

          Desde un punto de vista político y social, el triunfo de Lula supone no solo una derrota del Clan Bolsonaro, de la reacción pro-fascista brasileña, sino que también representa una derrota de los planes iniciales del imperialismo norteamericano y personalmente de Donald Trump, cuyos planes era casi completar la total sumisión de Latinoamérica a sus planes de control absoluto en lo que siempre han visto como “su patio trasero”.

Y es claro que a partir de estos momentos las presiones imperialistas sobre Lula, la dirección del PT y de todo su entorno se multiplica. Los imperialistas no van a renunciar, pasando página sin más, a su estrategia de sometimiento estratégico de toda la región, incluyendo por supuesto a Braisl, en su lucha por el control directo de los recursos naturales, incluyendo los recursos petroleros, del gas, de los minerales y de los enormes recursos existentes en el Amazonía.

 No podemos obviar el hecho de que Brasil es el país más poblado y rico del conjunto de América Latina, la décima economía del planeta y, por tanto, un país central en los planes del imperialismo norteamericano, en el cual quiere apoyarse para controlar a toda la región, en la cual Washington pretende continuar ejerciendo un control total apoyados en las fuerzas de la ultraderecha, junto a los lazos histórico que mantiene el imperialismo con el conjunto de las oligarquías y las castas de los oficiales del ejército.

Pero en esencia lo que vino a demostrar los últimos veinticinco años es que las políticas de claudicación ante los intereses de la clase dominante que sistemáticamente ha practicado Lula, y los demás dirigentes del PT, no han servido en absoluto para solucionar ni uno solo de los problemas endémicos y fundamentales de la clase trabajadora. De hecho, podemos afirmar que si estas políticas persisten lo único que prepararán serán desastres y derrotas para nuestra clase.

En el contexto actual de creciente pugna y conflicto entre las potencias imperialistas a nivel internacional, entre los EE. UU. por un lado y China por el otro, cuando escuchamos hablar de “independencia, soberanía, nacional” y cosas por el estilo, no podemos hacer otra cosa que encogernos de hombros. En el contexto en el que vivimos es absolutamente necesario que defendamos una genuina política de independencia de clase e internacionalista, junto a nuestros hermanos en el conjunto de los países de nuestro entorno y mundialmente.

La propia clase dominante brasileña esta dividida en torno a como ellos logran sus objetivos, en el contexto de la actual lucha Inter imperialista, maniobrando en los negocios entre los Estado Unidos y China. Como siempre la patria de la clase dominante es el dinero, el capital y los beneficios. Los empresarios brasileños buscan incrementar sus abultados beneficios y ya ven que ante el inevitable cambio de ciclo hacia la recesión de la economía ellos necesitan políticas  de aumento de los recortes salariales, disminuyendo los niveles de vida y para todo ello necesitan eliminar los propios derechos sociales y democráticos de la clase trabajadora.

Los patronos lo que siempre buscan es mantener e incrementar sus beneficios y por tanto están llegando a acuerdos, aumentando sus vínculos comerciales con China. Pero al mismo tiempo, de forma simultánea, quieren lograr también una mayor vinculación, con acuerdos a todos los niveles, con el imperialismo estadounidense.

La clase dominante brasileña se prepara conscientemente para trasladar todos los efectos de la crisis del capitalismo apretando el cinturón a los trabajadores, haciendo que la clase obrera cargue sobre sus hombros todos los costos de la crisis, disminuyendo los presupuestos sociales, eliminando las conquistas que se lograron en educación, sanidad, pensiones y empeorando aun mas las condiciones de trabajo y salariales.

Todos ellos están de acuerdo en que para el capitalismo brasileño es una necesidad frenar el crecimiento de la deuda pública, recursos que en lo fundamental fueron a parar a los bolsillos de los grandes capitalistas y banqueros. A finales de 2025 la cifra de deuda pública en Brasil era del 78,6% del Producto Interior Bruto y ya en agosto de este año se situó en el 82,9%. Las elites dominantes tienen en sus planes hacer pagar a los trabajadores esa orgia de deuda y claramente lo pretenden hacer con fuertes recortes sociales. Y a este objetivo someterán la política en los próximos años del gobierno de Brasil, con Lula como vencedor el día 25, o si hubiera ganado Flavio Bolsonaro de igual forma.

Como explicaron brillantemente Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, “el poder ejecutivo no es otra cosa en el Estado moderno que un Comité para Administrar los intereses comunes de toda la burguesía”.

El Estado bajo el capitalismo esta siempre al servicio de la clase dominante. Su función fundamental es proteger los intereses de aquellos que detentan los medios de producción privados en sus manos, haciendo que la “ilusión de aparente neutralidad del Estado” sea eso, una ilusión, ya que sus órganos (legislativo, Ejecutivo, …) están ahí para servir a la clase dominante. Todos aquellos que nos hablan e intentan hacernos creer que el Estado tienen un carácter “neutral” en la sociedad nos mienten, de forma interesada para cubrir la espalda a la burguesía o por ignorancia, lo cual no deja de ser una mentira aun mas peligrosa.

El Estado capitalista no es otra cosa que una monstruosa y cara maquinaria destinada a defender los intereses materiales de las clases dominantes y llegado el momento reprimir en la forma que se requiera a las clases explotadas y oprimidas, para evitar que luchemos en contra de esa opresión, de la explotación capitalista.

Y es por todo ello además que en momentos de agudización de la lucha de clases que la clase dominante desea tener al frente del Estado a sus propios representantes directos, que en el caso de las elecciones del 25 de octubre en Brasil estaba personalizados en Flavio Bolsonaro. Y es por ello que la clase trabajadora no somos neutrales, por supuesto. Estos son nuestros enemigos de clase, a los que debemos de combatir en todo momento.

En un primer momento vimos como ante el resultado electoral comenzaron a intentar impugnar y dejar ese resultado sin validez. Flavio Bolsonaro, de la mano de Trump, y por supuesto del títere mayor regional, Javier Milei, comenzaron a hablar de “elecciones amañadas”. Flavio publico rápidamente una carta pública, dirigida al pueblo brasileño y a la comunidad internacional, en donde afirmaba que “la victoria le fue arrebatada mediante un golpe de Estado” y se declaraba a los cuatro vientos “el verdadero presidente”.

Como la mayoría de las cosas que hacen todos estos reaccionarios, en toda la región, esa carta tuvo una “vida muy corta”. Rápidamente fue borrada por el propio Flavio Bolsonaro, publicando otra carta en la que se declara “el líder de Brasil”, mientras viajaba hacia Argentina para embarcarse en vuelo hacia Miami, hacia las fadas de su “amado líder, el hombre de la Casa Blanca, Donald Trump”.

Algunos medios ya están hablando de la familia de Flavio Bolsonaro como “el Clan de las Fugas”, con su padre Jair Bolsonaro, que recibió una condena en 2025 a 27 años de cárcel, de la cual pretendió escaparse y con su hermano, Eduardo Bolsonaro, prófugo de la justicia huido en los EEUU. Ahora Flavio ha seguido los pasos de su hermano Eduardo.

El diario “El País” ha publicado titulares como este: Los Bolsonaro, una familia mal avenida con la justicia (su padre y su hermano condenados, Flávio acumula ya tres investigaciones del Tribunal Supremo brasileño)

Algunos reaccionarios payasos, como Flávio Bolsonaro, nos causan en el fondo mucha risa, en el fondo son bastantes cómicos, sino fuera porque representan un peligro mortal para nuestros intereses, para la clase trabajadora. En menos dos días de la derrota electoral de Flavio lo hemos visto huir, vía Argentina hacia los Estados Unidos, y nos hemos dado cuenta de que casi sabe escribir: escribió unas cartas, que luego borraba y en la del miércoles 28 de octubre denunciaba “una tiranía en Brasil”, afirmando que por ello “No hui, salí para ser libre".

Unas líneas para justificarse ante sus propios electores, votantes. El ahora excandidato del Partido Liberal, mientras salía corriendo de Brasil tras su derrota del domingo ante Lula da Silva, parece que está tomando muy en serio su nueva profesión: “escritor de cartas de breves, con duración de horas y de puras fabulas y mentiras descaradas conscientes”.

Todo ello esta quedando patente, esta siendo reconocido incluso por algunos de los medios de comunicación que no dudan en ser fieles defensores de la clase dominante. Así hemos podido leer que algunos medios de comunicación, nada sospechosos de izquierdistas, de que “la salida de Flavio Bolsonaro de Brasil estaba planificada de antemano. El senador se mostraba muy alterado y con miedo de ser detenido, en una reunión previa con sus abogados y aliados”.

Aunque tras un monumental disgusto, Flavio comienza a recular y acetar que ha perdido las elecciones. Su primera reacción ha sido de autentico pánico, sobre todo porque ha sido consciente desde el principio de que era incapaz de movilizar nada serio entre su propio base electoral. Los reaccionarios también aprenden de las lecciones del pasado reciente: su querido padre, Jair Bolsonaro, en 2022-2023 intento organizar un golpe de Estado tras su derrota electoral y fracaso y ha sido condenado por ello.

Ahora Flavio, que es bastante probable que aun se encuentre en un verdadero estado de shock, después de haber comprobado la verdadera fortaleza de la clase trabajadora, la cual se manifiesta sobre todo y ante todo en las calles, en la movilización. Ha comprobado como sus pretensiones de ganar las elecciones han sido tiradas a la papelera por la entrada en acción de la juventud y los trabajadores.

Esta ha sido una magnifica respuesta de nuestra clase no solo a los reaccionarios, sino también a todos aquellos que “hablan y hablan del peligro del fascismo”, pero se niegan a llamar a la lucha a la clase obrera y a la juventud. A la extrema derecha, al fascismo, no se les combate en las instituciones y en los despachos, sino con la movilización conscientes y de masas en las calles.

Por tanto, cometeríamos un error tremendo si pensáramos que tras la derrota electoral de la extrema derecha en Brasil todo esta resuelto. Aun, desde Miami, Flavio Bolsonaro ya está anunciado que utilizará su posición en su Partido, el cual tiene 49 senadores, 283 diputados y 24 gobernadores (frente al PT que tiene 18 senadores, 107 diputados y 3 gobernadores), para “con ayuda de otras fuerzas de derecha y de extrema derecha, intentar bloquear y derribar al gobierno de Lula”.

Desde luego que el nuevo gobierno tiene la responsabilidad, y la presión, de cortarle los pies a todos estos reaccionarios, a la extrema derecha. Y para ello no servirán las medias tintas: si Lula pretende seguir “gobernando para todos, seguir negociando, llegando acuerdos, a pactos y más pactos con la clase dominante”, entonces las posibilidades de que la extrema derecha continue siendo un peligro, que Flavio Bolsonaro u otro aun peor incluso, retornen a escena no solo será real, sino inevitable. Si Lula y los dirigentes del Partido de los Trabajadores de Brasil vuelven a desilusionar a los trabajadores, se estará tendiendo una verdadera “alfombra roja” al ascenso de la extrema derecha en Brasil.

El resultado electoral en la Primera Vuelta ya reflejó que las masas están cansadas de tantas y tantas palabras, de promesas incumplidas por parte de Lula y de los dirigentes del PT. También se reflejó en la Segunda Vuelta que ante la clara amenaza de que un reaccionario del Clan Bolsonaro pudiera acceder a la presidencia, estas mismas masas sacaron fuerzas renovadas, se movilizaron en las calles y en las urnas, para impedir esa perspectiva. Pero, todo tiene sus límites, algo que parece no entender los reformistas, como tantas otras cosas.

La clase obrera brasileña está saturada de montañas de palabras vacías de los reformistas. Lo que se necesita ahora no son solo palabras, sino hechos. Que los graves problemas sociales que padecen las masas sean resueltos ya y para ello la única forma de poder hacerlo es llevar a cabo una genuina política socialista, que movilice tras de sí a la clase obrera, para tomar en sus manos el conjunto de las palancas fundamentales de la economía, de las grandes empresas y bancos, con el objetivo poder planificar la economía en beneficio de la aplastante mayoría de la sociedad.

La clase trabajadora, la juventud, los campesinos pobres, las comunidades de los pueblos originarios, … en definitiva, el conjunto de los oprimidos por el capitalismo en Brasil se movilizaría con dientes y uñas en favor de una política de clase que beneficie con claridad a la aplastante mayoría de la sociedad.

La clase obrera movilizada por un programa de transformación de la sociedad barrería todos los obstáculos que se le pusieran en su camino. Sin el permiso de la clase obrera nada funciona en la sociedad. El Clan Bolsonaro y todos los demás perros de presa de la oligarquía aparecerían como lo que son, auténticas pulgas molestas, que huirían ante los primeros soplos de aires revolucionarios de la clase trabajadora.

Pero para todo ello los trabajadores deben hacerse conscientes de su verdadero poder, que radica siempre en el papel que desempeñamos en la sociedad como creadores de toda la riqueza que se produce. Nuestro poder esta en la calle, en las movilizaciones, huelgas, ocupaciones de fábricas y centros de estudios, … Jamás este poder ha estado en las instituciones, ni en el Parlamento, el Senado, ni en ninguna Gobernación o Ayuntamiento, que en los mejores de los casos, se ven obligados a sancionar acuerdos que mejoren algo la situación en la que cotidianamente vivimos. Somos fuertes en la medida en la que nos movilizamos y nos organizamos como clase.

 

Debemos de ser conscientes que después del triunfo de Lula el pasado día 25 de octubre, los Estados Mayores de la burguesía, tanto brasileña como internacional, ya están enfrascados en planes para que el nuevo gobierno este “domesticado” a sus intereses. La clase dominante someterá desde ya al nuevo gobierno a fuertes y brutales presiones, como tienen por costumbre no solo de forma pública, sino “privada y entre bambalinas”, con buenas palabras o con fuertes chantajes y hasta amenazas...

La única y exclusiva forma de hacer frente a los clanes de las elites, de que no tengan éxito en sus intentos de domesticar a los dirigentes reformistas, como Lula, es que estos cambien sus políticas y programa, que comiencen a enfrentarse a las oligarquías basándose en un claro programa de transformación socialista de la sociedad. De lo contrario, nuevamente la clase dominante les impondrá el conjunto de sus recetas económicas para que las lleven adelante desde el gobierno. Y ello solo beneficiará a los privilegiados de Brasil, por tanto ira en contra de las aspiraciones y necesidades de los millones de familias trabajadoras, que esperan un cambio real.

Es claro y evidente que después del susto que se han llevado con la derrota de Flavio Bolsonaro, la clase dominante ahora desea pasar pagina y convencer u obligar al nuevo gobierno de Lula de que debe hacerles caso y llevar adelante, en el terreno practico, las políticas que las elites necesitan y reclaman constantemente: profundos recortes sociales, laborales y salariales. Solo y tan solo la lucha, la movilización de las masas puede evitar que desde el primer día Lula y su nuevo gobierno claudiquen ante los poderosos.

Para la clase dominante lo único realmente importante son sus beneficios y privilegios. Lula y el resto de los dirigentes del PT saben, o deberían de saberlo, que no tienen terceras vías por las que gobernar: o con los trabajadores y los oprimidos, o con la oligarquía y los poderosos de Brasil.

Si Lula y los demás dirigentes reformistas escuchan los cantos de sirena de la burguesía, que les susurrarán al oído bellas palabras vacías y serán amables, o los amenazará con nuevos golpes de Estado, lo cual hará que el nuevo gobierno acabe enfrentado, llegado el momento, a la clase obrera y los oprimidos. Por el contrario, tienen la posibilidad de situarse en las barricadas de la clase trabajadora y enfrentar a las elites dominantes, con el objetivo de afrontar las soluciones urgentes que las masas necesitan para poder vivir con dignidad.

Como explico el fundador del socialismo español, Pablo Iglesias Posse, al fin de cuentas “o con los unos o con los otros. O con los trabajadores y sus intereses, o con la clase dominante y sus privilegios”.

Por supuesto que la burguesía brasileña e internacional no dudará en asustar a los dirigentes reformistas de derechas del PT, con el propio Lula al frente, incluyendo con demostraciones de que están dispuestos a todo tipo de acciones golpistas, violentas y hasta de realizar montajes judiciales en contra de ellos. Y en ello el papel que tienen reservado para el Clan Bolsonaro, desde el principio ha sido claro: los utilizan como a perros rabiosos, perros de presa de la burguesía, para asustar, intimidar y doblar el brazo de los dirigentes de las organizaciones de izquierdas y mediante ellos al conjunto de la clase obrera.

Al final de todo no se trata de buenas o malas voluntades, de personas concretas. Sin ideas correctas, sin métodos correctos y sin un claro programa en beneficio de la mayoría de la sociedad, confiando solo en nuestras propias fuerzas y organización de clase, para con todo ello hacer frente a los reaccionarios y fascistas, que están siempre al servicio de las oligarquías, vencer los planes y exigencias de la clase dominante se hace más complicado e imposible.

Hoy por hoy debemos comenzar hablando con absoluta claridad. Nuestros enemigos no están solo enfrente de nuestras barricadas, sino también en todos aquellos otros que nos dicen ser “amigos” y que han formado y piensan seguir formando parte del gobierno de Lula. Los trabajadores, los campesinos pobres, los jóvenes debemos comenzar por exigir a Lula que se libre de esos amigos para el nuevo gobierno, si realmente desea defender los intereses de los trabajadores. Toda la experiencia nos dice que esos “amigos” están ahí para sabotear las políticas en favor de los necesitados, para que el gobierno lleve adelante la política de los grandes empresarios y banqueros.

Dice un antiguo dicho popular que “Dios, líbrame de mis amigos, que de los enemigos me libro yo”.  Y en Brasil, recordando este viejo dicho, pensamos en “amigos” como Geraldo José Rodrigues Alckmin Filho (si, el 26.º vicepresidente de Brasil desde al año 2023, afiliado al PSB y exgobernador de São Paulo en dos mandatos). En realidad, este tipo de “amigos” no dejan de ser otra cosa que representantes políticos de la burguesía en la sombra, de la clase dominante. Están ahí para ejercer de frenos absolutos a la hora de que el gobierno no haga políticas de fondo en beneficio de la mayoría de la sociedad. Su papel central es trasladar, para que se aprueben en el gobierno, las políticas diseñadas y redactadas en los Consejos de Administración de las grandes empresas y bancos, para beneficio exclusivo de las elites.

La clase trabajadores brasileña no necesita más Frentes Populares, que siempre consisten en que la clase trabajadores ponga las fuerzas y los votos, para que políticos a la sombra de la burguesía impongan el programa que impide que nuestras necesidades sean resueltas.

Lo que necesitamos no es un Frente Popular con los representantes de la clase dominante, sino por el contrario, LO QUE NECESITAMOS LEVANTAR ES UN GENUINO FRENTE UNICO DE CLASE, en donde democráticamente podamos participar el conjunto de las organizaciones políticas de la clase trabajadora, los sindicatos de clase y las organizaciones sociales que aglutinan a trabajadores, jóvenes, pensionistas, campesinos, comunidades indígenas, … con el claro objetivo de organizar la lucha, el combate, por nuestros der4echos y por la erradicación del podrido sistema capitalista.

Por supuesto que hay, democráticamente, los marxistas defenderemos los métodos clásicos de lucha de la clase obrera y un claro programa que avance y ofrezca una definitiva a todos y cada uno de los problemas que padecemos, a los que nos condena hoy el capitalismo decadente.

En estos momentos, tras la derrota que hemos infringido a la extrema derecha bolsonarista, es necesario que la clase trabajadora, comenzando por su vanguardia en estos momentos, la juventud trabajadora y estudiantil, continuando de esta forma la batalla que estamos dando en contra de la extrema derecha y del fascismo movilizándonos en las calles, en los barrios, en los centros de trabajo, de estudios y en las universidades.

Aunque es importante los elementos de espontaneidad y autoorganización que hemos visto en estas semanas, debemos luchar por dotar de organización y de programa a nuestra lucha, impulsando la acción directa de las masas, impulsando huelgas y manifestaciones, creando verdaderos Comités de lucha, convocando Asambleas. Todo ello nos debe permitir en las próximas fechas luchar contra los intentos de llevar a cabo sabotaje, desestabilización a todos los niveles, que es lo que ya están anunciando Flavio y los demás dirigentes del Bolsonarismo.

Los genuinos marxistas vamos a participar con las dos manos en estas tareas, lo vamos a hacer sin sectarismo ni oportunismo, defendiendo una verdadera unidad de acción para luchar, al tiempo que reclamamos absoluta libertad para defender los diferentes puntos de vistas políticos que de hecho existen en el seno de nuestra clase y que se reflejan en la existencia de distintas organizaciones políticas, sindicales y sociales.

Todos juntos en la lucha, con la participación de decenas de miles de jóvenes, de trabajadores, como hemos visto en los días en los que hemos derrotado a Flavio Bolsonaro, vamos a garantizar nuevos avances y victorias en contra de la extrema derecha, el fascismo y la clase dominante que los sustenta.

Es necesario que los jóvenes, los trabajadores, comenzando por sus capas más conscientes, avancen en la conclusión de que solo y tan solo luchando por un genuino programa de transformación socialista de la sociedad podemos poner punto final a la creciente barbarie a la que nos condena el capitalismo decadente de la burguesía brasileña y de sus amos del imperialismo estadounidense.

Nuestro programa pasa inevitablemente por expropiar a los capitalistas. Mientras ellos controlen el grueso fundamental de la economía siempre tendrán los cuchillos afilados para impedir que luchemos por mejorar incluso las condiciones mínimas de nuestras condiciones de vida.

Que podamos gozar de empleos, salarios, educación, sanidad, vivienda, cultura, … de una forma digna y como seres humanos que somos, requiere en esta fase del desarrollo del capitalismo que lo derroquemos y lo mandemos al basurero de la historia. Para que la mayoría podamos vivir dignamente el capitalismo debe morir.

Expropiar las grandes empresas, los bancos, la tierra, los recursos naturales, mineros y tecnológicos, para ponerlo todo bajo control democrático de los trabajadores, que una vez tomen en sus manos el control de las palancas fundamentales de la economía mediante una planificación democrática acabaremos rápidamente con el grueso de las necesidades sociales de la actualidad.

Construir las fuerzas del marxismo revolucionario en Brasil es la tarea prioritaria del presente. Para esta tarea animamos y llamamos a participar activamente a los jóvenes y trabajadores. Todos aquellos que no estén dispuestos a vencer obstáculos y resistencias, que no entorpezcan el ingente trabajo que tenemos por delante.

En estos momentos necesitamos sobre todo y ante todo ideas, perspectivas, un programa, con los métodos y tradiciones clásicas de la lucha de la clase obrera. Una vez logremos que las ideas del marxismo se conviertan en una fuerza material de masas, que acabara con el reino de la necesidad al cual nos tiene condenado el capitalismo en su época de decadencia actual.

 

¿Qué defendemos?

Los marxistas de Brasil queremos construir una dirección seria para el movimiento obrero y la juventud, basada ante todo en ideas, perspectivas, programa, métodos y tradiciones correctos, inspirados en las mejores lecciones de la lucha de la clase obrera contra la explotación capitalista.

Lenin explico que “Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”. Es por ello que nos basamos en la teoría de los clásicos del socialismo científico: Karl Marx, Friedrich Engels, V.I. Lenin, Rosa Luxemburgo, León Trotsky, …

Los marxistas somos parte integrante de nuestra clase social, la clase trabajadora. Allí donde se produce una lucha por mejorar las condiciones de vida de nuestra clase, allí participamos, con nuestras fuerzas para que esta triunfe, para que resulte victoriosa. Cada lucha por reformas progresivas para los trabajadores es nuestra lucha, al tiempo que explicamos que en este periodo de declive del sistema capitalista, que está en absoluta decadencia, la experiencia nos dice que la clase dominante ha cerrado el grifo de las reformas, que ahora pretenden desmantelar y anular todas las que conseguimos con nuestras luchas en las décadas pasadas.

Ello es lo que está detrás de que los cobardes dirigentes reformistas, como Lula, en vez de llamar a cambiar la sociedad, una vez llegan al gobierno con nuestros votos, acaban cediendo y claudicando ante los planes y las políticas de la clase dominante, convirtiéndose en fieles sirvientes de la clase capitalista. En la medida en la que no quieren romper con el capitalismo terminan llevando a cabo las políticas de contrarreformas en contra de nuestros derechos y necesidades.

Los marxistas luchamos por el establecimiento de un genuino gobierno de los trabajadores y de los campesinos pobres, un gobierno de los oprimidos bajo el capitalismo, para organizar la lucha social de la clase obrera para llevar a cabo la expropiación de las palancas fundamentales de la economía, poniéndolas bajo control obrero democrático, que nos permita planificar los recursos existentes en beneficio de la aplastante mayoría de la sociedad, acabando con todas las actuales lacras y problemas que padecemos.

Por supuesto, defendemos una completa política de solidaridad de clase y social, entre todos los trabajadores del país e internacionalmente. Nuestros aliados no están en los despachos de ningún tipo de burocracia, en ningún sitio. Nuestros aliados y compañeros de lucha están en la clase trabajadora del conjunto d ellos países de nuestro continente, con los cuales tenemos objetivos comunes: librar a la sociedad de la explotación capitalista, de las condiciones de existencia misera a las cuales nos condenan las oligarquías. Por eso defendemos que la lucha por una sociedad basada en la justicia y la igualdad social es una lucha por el socialismo internacional.

 

EL PROGRAMA QUE NECESITAMOS:

1. Trabajo digno para todos y todas

En el mundo de hoy, con los indudables avances que hemos vivido y estamos viviendo en la ciencia, la industria y la tecnología, una vez que los trabajadores tomemos el control de las palancas fundamentales de la economía será absolutamente posible, y necesario, establecer una Jornada laboral de 35 horas semanales, sin reducción del salario.

Un gobierno de los trabajadores hará realidad en la práctica, no solo en leyes, garantizar el DERECHO AL TRABAJO DIGNO PARA TODAS Y TODOS. Debemos garantizar el control de la clase obrera de las cargas de trabajo en todas las empresas, de las plantillas y las contrataciones. El trabajo existente debe ser repartido entre la mano de obra que existe.

Después de una larga vida laboral los trabajadores debemos de tener el derecho fundamental a gozar de la última etapa de nuestras vidas teniendo una Jubilación digna, que hoy seria totalmente posible llevarla a cabo a partir de los 55 años, para mujeres y hombres, con una pensión digna que nos permita vivir una vida de calidad.

Los salarios y pensiones deben de garantizar ante todo que, sobre la base de las necesidades, podamos tener y vivir con total dignidad, sin pasar necesidades y gozando de una atención sanitaria digna, al igual que garantizando el acceso a la educación para nuestros hijos. En definitiva, poner la familia en condiciones de existencia dignas, lejos de la creciente barbarie y miseria actual a la que nos condena el capitalismo.

2. Vivienda digna para todas y todos

Más allá de declaraciones constitucionales o de Decretos legales, se establecerán los planes necesarios para garantizar una vivienda digna para todas las familias trabajadoras, de acuerdo con el número de sus miembros. El desarrollo urbanístico debe de dejar de estar en manos privadas de constructores, cuyo único interés es el máximo beneficio privado. Una política urbanística democrática, bajo el control de las colectividades, establecerá las necesidades y los medios para garantizar este derecho fundamental a un hábitat digno y que respete el medio ambiente. El suelo para urbanizar será municipalizado, dándole un carácter público. Las constructoras y empresas de materiales de construcción serán nacionalizadas, bajo control de los trabajadores, al objeto de llevar a cabo la construcción o reformas de todas las viviendas y edificios necesarios en la sociedad.

3. Salud gratuita y de calidad para todas y todos

La salud, los servicios sanitarios, médicos y hospitalarios, deben estar fuera del control de las manos privadas, que solo ven en ello un lucrativo negocio para llenar sus bolsillos. Debemos nacionalizar todos los servicios de salud (hospitales, laboratorios clínicos, etc., al objeto de garantizar el pleno acceso a la medicina, a los productos farmacéuticos y el conjunto de pruebas médicas para el conjunto de la población.

Se primará la inversión y el desarrollo de planes de investigación en todos aquellos campos de la medicina y de la fisiología, al objeto de erradicar en la medida de lo posible las enfermedades, sobre todo las que hoy tienen un carácter crónico. Llevaremos a cabo un extenso programa de inversión para construir toda la infraestructura que el sector de la salud necesita, para que ello sea un derecho en la práctica, con independencia de que vivamos en ciudades, pueblos o lugares más aislados.

4. Educación gratuita y de calidad para todas y todos

Garantizar en la práctica el derecho fundamental al acceso a la educación, desde los 0 – 3 años, hasta el final de los estudios. La educación debe ser gratuita, universal y de calidad. Como derecho fundamental debemos hacer que saquen las sucias manos de la educación los empresarios privados, al igual que instituciones como la Iglesia, quienes solo ven en la enseñanza un instrumento para hacer negocios en beneficio privado.

Un gobierno de los trabajadores debe garantizar los medios necesarios para el florecimiento del arte y de la cultura, de la investigación científica. Dando un carácter público, como derecho fundamental de todos, una vez fuera los mezquinos intereses privados de la educación, pondremos fin a todo tipo de censuras, planteando el control y gestión de toda la educación a manos de los propios estudiantes, docentes y trabajadores no docentes, en todos los niveles educativos.

5. Derechos Democráticos y Sociales

Absoluto respeto al Derecho a huelga, a protestar y manifestarse, a gozar de representación sindical y a negociación colectiva, Por el fin a las tercerizaciones laborales. Perseguir y condenar toda violencia patronal, gubernamental o de clanes afines en contra de los trabajadores y la juventud y sus dirigentes.

Exigimos el punto final de toda discriminación, a todos los niveles, de las personas por razón de su sexo, tendencia sexual, raza, etnia, color de su piel o creencias filosóficas, políticas o religiosas. Especial atención y protección d ellos derechos de las mujeres, los indígenas, afrodescendientes y LGBT.

Se debe garantizar el acceso de toda la población a los medios de comunicación, con pleno respeto a la libertad de prensa eliminando el control que ejercen los grandes propietarios y banqueros sobre la prensa, radio y televisiones. Perseguir en todas sus consecuencias todo tipo de explotación sexual y de trabajo infantil. Inversión suficiente al desarrollo de la cultura, las lenguas y tradiciones de los pueblos originarios.

6. Protección del medio ambiente

Planes de inversiones públicas para las investigaciones científicas en la protección del medio ambiente. Ilegalización y persecución de todas las actividades industriales que supongan un atentado en contra de la ecología, con una reconversión de los empleos hacia actividades que respeten y mejoren la naturaleza. Fuerte inversión en Implementar planes para recuperar los acuíferos y ríos, las zonas actualmente desforestadas y dañadas por la avaricia capitalista.

7.  Una Reforma agraria autentica

Expropiación de todos los latifundios, sin indemnización y bajo el control democrático de las comunidades y campesinos pobres. Elaboración de un Plan de Producción socializada que dé garantías de una vida digna para todos los campesinos, basado en la Seguridad alimentaria y la protección de los recursos naturales. El conjunto del campo debe beneficiarse del desarrollo industrial en las ciudades.

8. Nacionalización de las palancas fundamentales de la economía, las grandes corporaciones, empresas y bancos

Máximo desarrollo de los medios de producción, al objeto de satisfacer las necesidades sociales actuales y futuras, con el objetivo también del desarrollo de fuentes de energías limpias que respeten el medio ambiente. Realizar Planes de inversión en el desarrollo e investigación científica y tecnológica, lo cual debe permitir eliminar los trabajos más duros y penosos.

Expropiación de todos los bienes y recursos producto del narcotráfico y el paramilitarismo, poniéndolos a disposición del conjunto de la sociedad.

Nacionalización de las grandes empresas de capital nacional e internacional, así como de la banca y entidades financieras, bajo el control democrático de los trabajadores y sin indemnización. Elaboración de un plan de financiación que dé solución al conjunto de los problemas que hoy en día padecemos la mayoría de la sociedad.

9. Internacionalismo de los trabajadores

Cancelar todos los acuerdos comerciales y militares adoptados con los organismos del imperialismo (Banco Mundial y el FMI), derogándolos, incluyendo de inmediato toda la deuda externa y el establecimiento de todo tipo de bases militares extranjeras en el país.

Nos oponemos a toda presencia imperialista en América Latina que venga con la intención de explotar y saquear el conjunto de las riquezas naturales, de explotar la mano de obra que ellos quieren barata y sin derechos.

Los trabajadores brasileños condenamos las permanentes agresiones del imperialismo norteamericano sobre los países latinoamericanos, en especial condenamos la agresión militar perpetrada contra Venezuela, para someter al país de nuevo en condiciones coloniales. Condenamos el criminal bloqueo de los Estados Unidos sobre Cuba, con efectos barbaros sobre su población.

Los trabajadores y la juventud brasileña buscaremos forjar alianzas con nuestros hermanos de clase en el resto de los países de la región, e internacionalmente. La lucha de los trabajadores de Brasil es en el fondo la misma lucha de los trabajadores en Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, Colombia, México, … una lucha por sacudirnos de la opresión a la que nos condena la clase dominante y las oligarquías de nuestros países.

Nuestra lucha es contra aquellos que nos explotan y oprimen, los que nos condenan a condiciones de vida miseras. En unión con nuestros hermanos de clase en el continente lucharemos por una Federación Socialista de América Latina, como parte de una Federación Socialista de América, que integrara en nuestra lucha el paso hacia una Federación Socialista Mundial.

¡¡ Proletarios de todos los países,

 uníos !!

 

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