BRASIL: LA CLASE OBRERA Y LA JUVENTUD DERROTAN A BOLSONARO
(2ª parte)
UN PROGRAMA DE LUCHA
PARA TRANSFORMAR LA SOCIEDAD
Este 25 de octubre en Brasil millones
de oprimidos se han movilizado con el objetivo de impedir que el candidato de
la reacción, el ultraderechista Flavio Bolsonaro, apoyado por Donald Trump y
sus escuálidos de la Internacional ultraderechista, pudiera vencer en la
Segunda vuelta de las elecciones presidenciales.
Junto a los camaradas del GOI -
Palavra Operaria, hemos intervenido en la campaña electoral, explicando las
ideas y el programa que necesitamos para que los intereses de la clase obrera y
la juventud sean puestos sobre la mesa de forma clara, para luchar por una
salida socialista ante los problemas que los oprimidos brasileños padecemos.
Desde luego los marxistas nunca somos
neutrales, siempre defendemos por encima de todo los intereses de la clase
trabajadora. Por ello hemos explicado que nuestro enemigo principal en la
campaña, y en las calles, era la extrema derecha, los reaccionarios de todo
pelaje y los fascistas. A diferencia de algunos que por misteriosas razones se
consideran así mismos “marxistas”, (esos bichos raros que constantemente
y siempre andan por las esquinas del movimiento obrero pidiendo en todos sitios
“voto nulo abstención), que los
coloca directamente en el sectarismo estéril e inútil.
Hemos pedido el voto para Lula, sin
ningún tipo de oportunismo, sin mostrar confianza en el programa y las ideas políticas
de los dirigentes del PT, explicando una y otra vez la necesidad de que los trabajadores
luchen y se movilicen de forma organizada para cambiar la sociedad de abajo
arriba. Pero junto a la juventud y la clase obrera luchando por impedir el
triunfo de Flavio Bolsonaro, llamando a los miles y millones de jóvenes y trabajadores
a un debate compañero y sobrio sobre la situación, sobre la necesidad de prepararnos
para luchar en las mejores condiciones en los acontecimientos de la lucha de
clases que comienza a abrirse paso.
Hemos sido testigos, tras los avances
del resultado electoral, como millones de trabajadores, y sobre todo de
jóvenes, jóvenes, han abarrotado los espacios públicos de Brasil, los parques y
plazas han sido abarrotados, siguiendo en detalle el escrutinio y tras los
anuncios del mismo ha habido una autentica explosión de júbilo ante la derrota
del ultraderechista Flávio Bolsonaro. Manifestaciones espontaneas se han
producido para celebrar el resultado.
Tras conocerse el resultado electoral
de la primera vuelta, cientos, miles de jóvenes que antes nunca habían
participado en asuntos políticos ahora salieron a las calles, blandiendo el
puño en alto y gritando consignas en contra de la extrema derecha. Rápidamente,
en cuestión de horas, la rabia acumulada convertido a los centros de estudios
en lugares de debates apasionados, reflejando esos mismos debates que estaban
teniendo lugar en las casas y en los barrios populares. Pero no era solo los
jóvenes, también veteranos trabajadores estaban comenzado a recuperar esos
debates políticos y también salieron a las calles, con la disposición de volver
a luchar nuevamente.
Duro golpe a la extrema derecha trumpista
De hecho, podemos decir que ha sido
una jornada de movilización antifascista, en las urnas y en las calles. Los
datos son los datos y aunque Flavio Bolsonaro ha aumentado el apoyo que
anteriormente había obtenido su padre en 2022, en 1.619.687 votos, sacando
ahora 59.826.041 sufragios, gracias a la movilización de los trabajadores se ha
conseguido impedir su victoria, con unos resultados que han batido récords:
Lula ha recibido 3.910.233 más de votos que hace 4 años, aumentando sus votos
sustancialmente a los que obtuvo en la primera vuelta, en más de 10.300.000,
con un resultado total de 64.256.232 sufragios, la cifra mas alta que nunca
alcanzo ningún candidato presidencia en Brasil.
Los reaccionarios, la ultraderecha
brasileña e internacional se las juraban felices, tras el resultado en primera
vuelta, el pasado 4 de octubre, que dio una ventaja a Flavio Bolsonaro de más
de dos millones de votos de diferencia. Entonces el partido de Bolsonaro, el
Partido Liberal, se impuso, siendo el más votado en las elecciones
legislativas, con varios de sus candidatos elegidos como gobernadores, entre
ellos el de São Paulo, que es el Estado más industrial y el más poblado de
Brasil.
La juventud, Primera Línea de la lucha
Pero una vez que termino la primera
vuelta electoral, vimos como el movimiento estudiantil, coordinado por la
Unión Nacional de Estudiantes junto a distintas organizaciones sociales,
centros académicos y diversos sindicatos de Brasil activaron un calendario de
manifestaciones con el objetivo de luchar en contra de la extrema
derecha, que claramente estaba representada por el senador Flávio Bolsonaro.
Ante lo cual se pretendía apoyar, aun críticamente, a la candidatura de Luiz
Inácio Lula da Silva, planteando la continuidad de las Asambleas y marchas
con un carácter espontaneo a veces, desde el domingo 4 de octubre.
Tenemos que ver con claridad que todo
ello se ha producido a pesar de que millones de brasileños han estado y están
frustrados por las políticas capitalistas de Lula y la dirección del PT,
llevando a que muchos de ellos se abstuvieran en las elecciones del 4 de
octubre.
Ahora, para este 25 de octubre, en la
Segunda Vuelta electoral, con la juventud al frente y con la decisión y la
fuerza de millones de trabajadores, incluyendo una parte considerable de los
que se abstuvieron en la primera vuelta, han sido las masas las que han puesto
todo en su sitio, provocándole una derrota a Flavio y a la extrema derecha que
representa.
Algunos Gobernadores y Alcaldes
bolsonaristas incluso suspendieron los servicios de autobuses, con la clara
intención de impedir que los votantes de las favelas de los extrarradios se
pudieran desplazar para votar en las grandes ciudades, incluso en las zonas más
pobres del nordeste del país, donde tradicionalmente arrasa el PT, en donde en
algunos lugares utilizaron las amenazas directas de la “milicia”, las bandas
fascistas, que están ligadas estrechamente con el narcotráfico, con la policía
y el ejército, que de forma clara controlan el bolsonarismo.
Ha sido la voluntad de las masas de
impedir el triunfo de Flavio el auténtico motivo de su derrota electoral. Se
han podido ver imágenes de personas, por ejemplo, que ponían sus vehículos
particulares a disposición de vecinos para que pudieran ir a votar, al igual
que innumerables muestras en donde se ha desplegado una gran creatividad de las
masas para sortear las dificultades que podrían haber dado un triunfo a
Bolsonaro. En todo ello también radica el verdadero poder de las masas, que
queda patente cuando se moviliza por objetivos claros: el 25 de octubre el
objetivo era nítido, frenar a nuestros enemigos de clase.
Los mismos que aparecen como simples
continuadores del gobierno e Jair Bolsonaro, que intento perpetuarse en
el poder utilizando métodos como el golpe de Estado, tras perder las elecciones
el 10 de enero de 2023; el gobierno que dejo morir a no menos de 700.000
personas, negándoles las vacunas y la atención medica en plena Pandemia del
Covid; los mismos que se llenan la boca y defienden los métodos de la dictadura
militar que en Brasil fue responsable de masacres a decenas de miles de los
mejores luchadores, entre los años 1964 y 1985.
La familia Bolsonaro es lo que es,
criminales reaccionarios y enemigos declarados de la clase obrera. El padre
condenado a cárcel, el hermano huido de la justicia y Flavio que acaba de huir
para refugiarse en los brazos de sus jefes imperialistas en los EE. UU.
La amenaza de que los fascistas de la
familia Bolsonaro podrían volver a la Presidencia se convirtió en el eje
central. Las declaraciones de Flavio y otros dirigentes del Partido Liberal en
contra de la reducción de la jornada laboral, mientras declaraba en favor de
una amnistía a su padre, Jair Bolsonaro, quien no está como los comunes de los
condenados a prisión, sino en un simple “arresto domiciliario”, por el intento
de Golpe de Estado de 2023; junto a los anuncios constante de incorporar a
Brasil al denominado “Escudo de las Americas” de la Administración de
Donald Trump; al igual que de un rosario de declaraciones Bolsonaristas de
librar una guerra en contra de los derechos democráticos y sociales, con
anuncios de Flavio de que “inauguraría un periodo nuevo de treinta años en un
nuevo Brasil”, hacia recordar con elocuencia clara los 21 años de dictadura.
Miles, millones, de trabajadores, de
jóvenes y oprimidos se han movilizado y han provocado una derrota a Flavio, que
asustado ha emprendido viaje hacia las faldas de Trump. Todas las maniobras de
la extrema derecha han sido vencidas por las masas brasileña, mostrando el
camino al conjunto de los oprimidos de Latinoamérica.
Para hacernos una idea de la
situación, como botón de muestra, al día siguiente de los resultados de la
primera vuelta de las elecciones, los estudiantes de la Universidad Federal
Fluminense (UFF), de Niterói, hicieron parar las clases, saliendo en manifestación
contra el bolsonarismo. A los dos días siguientes tomaron las calles de Rio miles
de estudiantes y de jóvenes trabajadores, en la ciudad en la que el Clan
mafioso de Bolsonaro mantiene sus mafias. El grito coreado en la manifestación
era un claro “Bolsonaro No”. En las tres semanas, entre la primera y la
segunda vuelta electoral, las calles vieron el crecimiento de una autentica
“marea roja” por todo Brasil, con el objetivo de frenar al fascismo, para lo
cual las masas orientaron su atención en el voto a Lula, convirtiendo los actos
y mítines del PT en manifestaciones de masas.
Como siempre ocurre, las masas saben
perfectamente que no quieren, aunque sus objetivos, que quieren, no estén de
momento cien por cien definidos. Como respuesta el bolsonarismo intento
convocar movilizaciones de sus partidarios, lo cual fue como echar más gasolina
al fuego. Los claros sentimientos antifascistas se volvieron más fuertes y
nítidos para amplios sectores de la juventud y los trabajadores. En la conciencia
de las masas se fortalecían los ánimos antifascistas, mientras veían en
imágenes a dirigentes bolsonaristas realizando saludos nazis, escuchando a
estos dirigentes fascistas pedirle al ejército que diera un golpe de Estado si
ganaba Lula, e incluso pidiéndole a Trum que “bombardeara el país”. Todo ello
sirvió para animar más la movilización d ellos jóvenes y trabajadores.
Un diputado del PT creo una Comunidad
de Watsapp, a la cual el “Exército do Lula”. Rápidamente la Comunidad paso de
los 53.000 miembros a unos 11 millones, lo cual no significa más que el reflejo
del verdadero estado de ánimo que se estaba instalando entre las masas
brasileñas.
Los intentos a la desperada, a última
hora, del candidato Flavio Bolsonaro, con la pretensión de engañar a sectores
de la población, llegando a pedir disculpas reiteradas a Lula por haberlo
llamado “nueve dedos”, llegando incluso a votar a favor de la reforma laboral,
al igual que pidiendo perdón a las mujeres por haber votado en contra de la
prolongación y extensión del permiso de maternidad, ya no surtieron efectos, no
logro engañar a nadie.
Desigualdad social intolerable: lucha de
clases y polarización política y social
Es claro que la victoria de Lula está
siendo recibida con alivio y alegría por las masas de Brasil y el conjunto de
Latinoamérica. Millones de trabajadores ven en el terreno concreto de la
práctica, el decisivo, que la extrema derecha, los perros falderos del
imperialismo norteamericanos en la región, pueden ser vencidos también en el
terreno electoral, sobre todo después de meses en donde los títeres
reaccionarios han acabado imponiéndose: Argentina, Ecuador, Bolivia, Chile,
Colombia, … El enemigo en Brasil ha sido derrotado, por la acción de las masas.
Y ello no ha sido, a ningún efecto,
gracias a las habilidades de Lula y los dirigentes del PT. Lejos de la campaña
de los medios de comunicación de la burguesía, que intentan explicarnos que
todo ha sido por “el carisma de Lula”, por su “capacidad y habilidad
negociadora”, su habilidad para “tejer alianzas con fuerzas de la derecha y del
centro”, … nada de eso es cierto. Esas pretendidas “habilidades de Lula”
casi provocaron el triunfo de Flavio Bolsonaro, que ha sido frenado y derrotado
por la entrada de las masas en acción en contra de la posibilidad del triunfo
de la reacción y e fascismo bolsonarista.
Fue las políticas prácticas de los
últimos cuatro años del gobierno Lula, en compañía de los ministros burgueses,
las que causaron frustración y apatía entre las masas, que veían una vez más
como los “reformistas” a la hora de la verdad se vuelven contra reformistas.
Sin atacar y acabar con la creciente desigualdad social, con la brutal explotación laboral, los salarios bajos, los recortes en la educación, la
sanidad, la vivienda… en definitiva, sin plantar conquistar un futuro digno,
solo y tan solo se prepara el terreno para que individuos como Flavio Bolsonaro
puedan llegar al poder y someter con un puño de hierro a las masas.
Tras 15 de los últimos 23 años con
gobiernos del PT, de los cuales doce ha sido con Lula como presidente, Brasil
continúa siendo uno de los países más desiguales de todo el planeta Tierra. Los
datos no mienten, aunque los mentirosos sepan contar: el 10% más rico de Brasil
posee el 70,1% de la riqueza, mientras, el 50% de la población, la clase
trabajadora, accede solo al 2,4% de la riqueza, del total del conjunto de la
riqueza que crea con su trabajo.
Detrás de datos como estos se esconde
la explicación del porque el bolsonarismo ha logrado mantenerse y avanzar: la
política de los gobiernos de Lula y sus ministros de la derecha y el llamado
centro, que han gobernado fundamentalmente para no molestar a las elites, es lo
que permite a los reaccionarios todo tipo de demagogias populistas. Una
política genuinamente de clase es la única posible para poder segar la hierba
debajo d ellos pies del Clan Bolsonaro y de los demás reaccionarios en Brasil.
Los discursos patéticos de Lula,
reclamando un papel de potencia de Brasil en el mundo, hablando de la
importancia de los BRICS, exponiendo fríamente los datos de crecimiento del 3%
del PIB en Brasil durante los últimos cuatro años, ignoran la verdad del mundo
en el que viven la aplastante mayoría de los trabajadores y jóvenes en Brasil,
en donde los crecimientos económicos van a parar a los bolsillos de los de
siempre, los ricachones nacionales y extranjeros con intereses empresariales en
el país.
Es cierto que oficialmente la Tasa
oficial de pobreza ha vivido una reducción. Es cierto que el Salario Mínimo
también creció. Pero no es menos cierto que los precios generales e los
productos de la Cesta de la Compra básica han crecido muy por encima, que los
precios de los alquileres de las viviendas han tenido un fuerte aumento, … y
que todo ello hace que el agua de la precariedad y necesidades estén en el
cuello de la mayoría de las familias trabajadoras, amenazadas con ahogarse de
un momento a otro.
Otro dato nos puede arrojar luz sobre
esto: el endeudamiento familiar en Brasil supera el 80%. Ello hace que las
familias trabajadoras, al igual que amplios sectores de lo que llaman
oficialmente clases medias, estén enormemente golpeadas por toda la situación
económica. Como siempre ocurre bajo el capitalismo parasito, los únicos y
grandes vencedores en la situación presente de la economía de Brasil son los
grandes capitalistas y sectores de la pequeña burguesía acomodada. Pese a los
aires triunfalistas de Lula, son estos sectores los que mas rabiosamente apoyan
y sostienen al Clan Bolsonaro.
Como decíamos, los datos son los
datos. En 2025 el ingreso mensual medio de los brasileños pertenecientes al 10%
más rico fue de 9.117 reales (unos 1.658 dólares), lo cual representa más de
13,8 veces los ingresos de los trabajadores, pertenecientes al 40% más pobre,
que supone unos 120 dólares mensuales.
Haciendo una simple comparación, el
uno por ciento (1%) de los superricos, estos ingresan oficialmente más de un
36,2% que un trabajador, lo que hace convertirlos en auténticos parásitos
sociales que viven sobre la espala de los más necesitados de la sociedad.
Estos datos son concretos, por mucho
que dirigentes como Lula intenten justificar y decir otra cosa. Y son estos
datos los que nos facilitan una explicación concreta y material del enorme
malestar, disgusto y decepción, a todos los niveles, de las masas trabajadoras
en Brasil, que han comprobado en el terreno concreto de los hechos como los
gobiernos de Lula y los demás dirigentes del PT han sido incapaces de enfrentar
los argumentos demagógicos y populistas del bolsonarismo.
Resultaba hasta patético ver a Lula
intentando, por algún motivo misterioso para nosotros, intentando convencer a
Trump, al imperialismo, de que fueran algo así como neutrales en las
elecciones, en las que el bolsonarismo pretendía infringir una derrota al
“progresista Lula”. Es más claro que los rayos iluminados de un cielo radiante
que muy a pesar de los grandes servicios prestados por Lula y su gobierno que
los capitalistas brasileños, la oligarquía y sus amos internacionales desean
mucho más.
El resultado electoral de la segunda
vuelta ha sido recibido con auténticas lamentaciones por parte de los
imperialistas norteamericanos y del propio Trump, que veían en Flavio
Bolsonaro a su peón ideal para llevar adelante sus planes en Brasil. Tras la
jornada electoral, el resultado de la victoria de Lula fue recibida en la Bolsa
de São Paulo con un desplome verdaderamente histórico a niveles del 13,4% de
caídas, con una devaluación del Real, frente al dólar, por encima del 12%,
cifras que no se producían desde el año 1999.
Que duda cabe que estos indicadores
muestran como los capitalistas daban por casi seguro el triunfo de Flavio
Bolosnaro y han sido sorprendidos por la victoria de Lula, bajo cuyo gobierno
esto últimos cuatro años no les fue nada mal, pero que ahora se estaban
frotando las manos con las perspectivas de un gobierno títere del imperialismo
estadounidense, que estaría dispuesto a llevar a cabo profundos recortes
sociales, privatizaciones y un saqueo general de los recursos del Gas, el
Petróleo, los minerales de las tierras raras y del Amazona en general.
Preparemos el próximo periodo
Desde un punto de vista político y social, el triunfo de Lula supone no solo
una derrota del Clan Bolsonaro, de la reacción pro-fascista brasileña, sino que
también representa una derrota de los planes iniciales del imperialismo
norteamericano y personalmente de Donald Trump, cuyos planes era casi completar
la total sumisión de Latinoamérica a sus planes de control absoluto en lo que
siempre han visto como “su patio trasero”.
Y es claro que a partir de estos
momentos las presiones imperialistas sobre Lula, la dirección del PT y de todo
su entorno se multiplica. Los imperialistas no van a renunciar, pasando página
sin más, a su estrategia de sometimiento estratégico de toda la región,
incluyendo por supuesto a Braisl, en su lucha por el control directo de los
recursos naturales, incluyendo los recursos petroleros, del gas, de los
minerales y de los enormes recursos existentes en el Amazonía.
No podemos obviar el hecho de que Brasil es el
país más poblado y rico del conjunto de América Latina, la décima economía del
planeta y, por tanto, un país central en los planes del imperialismo
norteamericano, en el cual quiere apoyarse para controlar a toda la región, en
la cual Washington pretende continuar ejerciendo un control total apoyados en
las fuerzas de la ultraderecha, junto a los lazos histórico que mantiene el imperialismo
con el conjunto de las oligarquías y las castas de los oficiales del ejército.
Pero en esencia lo que vino a
demostrar los últimos veinticinco años es que las políticas de claudicación
ante los intereses de la clase dominante que sistemáticamente ha practicado
Lula, y los demás dirigentes del PT, no han servido en absoluto para solucionar
ni uno solo de los problemas endémicos y fundamentales de la clase trabajadora.
De hecho, podemos afirmar que si estas políticas persisten lo único que
prepararán serán desastres y derrotas para nuestra clase.
En el contexto actual de creciente
pugna y conflicto entre las potencias imperialistas a nivel internacional,
entre los EE. UU. por un lado y China por el otro, cuando escuchamos hablar de
“independencia, soberanía, nacional” y cosas por el estilo, no podemos hacer
otra cosa que encogernos de hombros. En el contexto en el que vivimos es
absolutamente necesario que defendamos una genuina política de independencia
de clase e internacionalista, junto a nuestros hermanos en el conjunto de los países
de nuestro entorno y mundialmente.
La propia clase dominante brasileña
esta dividida en torno a como ellos logran sus objetivos, en el contexto de la
actual lucha Inter imperialista, maniobrando en los negocios entre los Estado
Unidos y China. Como siempre la patria de la clase dominante es el dinero, el
capital y los beneficios. Los empresarios brasileños buscan incrementar sus
abultados beneficios y ya ven que ante el inevitable cambio de ciclo hacia la
recesión de la economía ellos necesitan políticas de aumento de los
recortes salariales, disminuyendo los niveles de vida y para todo ello
necesitan eliminar los propios derechos sociales y democráticos de la clase
trabajadora.
Los patronos lo que siempre buscan es
mantener e incrementar sus beneficios y por tanto están llegando a acuerdos,
aumentando sus vínculos comerciales con China. Pero al mismo tiempo, de forma
simultánea, quieren lograr también una mayor vinculación, con acuerdos a todos
los niveles, con el imperialismo estadounidense.
La clase dominante brasileña se
prepara conscientemente para trasladar todos los efectos de la crisis del
capitalismo apretando el cinturón a los trabajadores, haciendo que la clase
obrera cargue sobre sus hombros todos los costos de la crisis, disminuyendo los
presupuestos sociales, eliminando las conquistas que se lograron en educación,
sanidad, pensiones y empeorando aun mas las condiciones de trabajo y
salariales.
Todos ellos están de acuerdo en que
para el capitalismo brasileño es una necesidad frenar el crecimiento de la
deuda pública, recursos que en lo fundamental fueron a parar a los bolsillos de
los grandes capitalistas y banqueros. A finales de 2025 la cifra de deuda
pública en Brasil era del 78,6% del Producto Interior Bruto y ya en agosto de
este año se situó en el 82,9%. Las elites dominantes tienen en sus planes hacer
pagar a los trabajadores esa orgia de deuda y claramente lo pretenden hacer con
fuertes recortes sociales. Y a este objetivo someterán la política en los
próximos años del gobierno de Brasil, con Lula como vencedor el día 25, o si
hubiera ganado Flavio Bolsonaro de igual forma.
Como explicaron brillantemente Marx y
Engels en el Manifiesto Comunista, “el poder ejecutivo no es otra cosa en el
Estado moderno que un Comité para Administrar los intereses comunes de toda la
burguesía”.
El Estado bajo el capitalismo esta
siempre al servicio de la clase dominante. Su función fundamental es proteger
los intereses de aquellos que detentan los medios de producción privados en sus
manos, haciendo que la “ilusión de aparente neutralidad del Estado” sea eso,
una ilusión, ya que sus órganos (legislativo, Ejecutivo, …) están ahí para
servir a la clase dominante. Todos aquellos que nos hablan e intentan
hacernos creer que el Estado tienen un carácter “neutral” en la sociedad nos
mienten, de forma interesada para cubrir la espalda a la burguesía o por
ignorancia, lo cual no deja de ser una mentira aun mas peligrosa.
El Estado capitalista no es otra cosa
que una monstruosa y cara maquinaria destinada a defender los intereses
materiales de las clases dominantes y llegado el momento reprimir en la forma
que se requiera a las clases explotadas y oprimidas, para evitar que luchemos en
contra de esa opresión, de la explotación capitalista.
Y es por todo ello además que en
momentos de agudización de la lucha de clases que la clase dominante desea tener
al frente del Estado a sus propios representantes directos, que en el caso de
las elecciones del 25 de octubre en Brasil estaba personalizados en Flavio
Bolsonaro. Y es por ello que la clase trabajadora no somos neutrales, por
supuesto. Estos son nuestros enemigos de clase, a los que debemos de combatir
en todo momento.
En un primer momento vimos como ante
el resultado electoral comenzaron a intentar impugnar y dejar ese resultado sin
validez. Flavio Bolsonaro, de la mano de Trump, y por supuesto del títere mayor
regional, Javier Milei, comenzaron a hablar de “elecciones amañadas”. Flavio
publico rápidamente una carta pública, dirigida al pueblo brasileño y a la
comunidad internacional, en donde afirmaba que “la victoria le fue arrebatada
mediante un golpe de Estado” y se declaraba a los cuatro vientos “el verdadero
presidente”.
Como la mayoría de las cosas que
hacen todos estos reaccionarios, en toda la región, esa carta tuvo una “vida
muy corta”. Rápidamente fue borrada por el propio Flavio Bolsonaro, publicando
otra carta en la que se declara “el líder de Brasil”, mientras viajaba hacia
Argentina para embarcarse en vuelo hacia Miami, hacia las fadas de su “amado
líder, el hombre de la Casa Blanca, Donald Trump”.
Algunos medios ya están hablando de
la familia de Flavio Bolsonaro como “el Clan de las Fugas”, con su padre
Jair Bolsonaro, que recibió una condena en 2025 a 27 años de cárcel, de la cual
pretendió escaparse y con su hermano, Eduardo Bolsonaro, prófugo de la justicia
huido en los EEUU. Ahora Flavio ha seguido los pasos de su hermano Eduardo.
El diario “El País” ha publicado titulares como este: Los Bolsonaro, una familia mal avenida con
la justicia (su padre y su hermano condenados, Flávio acumula ya tres
investigaciones del Tribunal Supremo brasileño)
Algunos reaccionarios payasos, como Flávio
Bolsonaro, nos causan en el fondo mucha risa, en el fondo son bastantes
cómicos, sino fuera porque representan un peligro mortal para nuestros
intereses, para la clase trabajadora. En menos dos días de la derrota electoral
de Flavio lo hemos visto huir, vía Argentina hacia los Estados Unidos, y nos
hemos dado cuenta de que casi sabe escribir: escribió unas cartas, que luego
borraba y en la del miércoles 28 de octubre denunciaba “una tiranía en
Brasil”, afirmando que por ello “No hui, salí para ser
libre".
Unas líneas para justificarse ante
sus propios electores, votantes. El ahora excandidato del Partido Liberal, mientras
salía corriendo de Brasil tras su derrota del domingo ante Lula da Silva,
parece que está tomando muy en serio su nueva profesión: “escritor de cartas
de breves, con duración de horas y de puras fabulas y mentiras descaradas conscientes”.
Todo ello esta quedando patente, esta
siendo reconocido incluso por algunos de los medios de comunicación que no
dudan en ser fieles defensores de la clase dominante. Así hemos podido leer que
algunos medios de comunicación, nada sospechosos de izquierdistas, de que “la
salida de Flavio Bolsonaro de Brasil estaba planificada de antemano. El senador
se mostraba muy alterado y con miedo de ser detenido, en una reunión previa con
sus abogados y aliados”.
Aunque tras un monumental disgusto,
Flavio comienza a recular y acetar que ha perdido las elecciones. Su primera
reacción ha sido de autentico pánico, sobre todo porque ha sido consciente
desde el principio de que era incapaz de movilizar nada serio entre su propio
base electoral. Los reaccionarios también aprenden de las lecciones del pasado
reciente: su querido padre, Jair Bolsonaro, en 2022-2023 intento organizar un
golpe de Estado tras su derrota electoral y fracaso y ha sido condenado por
ello.
Ahora Flavio, que es bastante
probable que aun se encuentre en un verdadero estado de shock, después de haber
comprobado la verdadera fortaleza de la clase trabajadora, la cual se
manifiesta sobre todo y ante todo en las calles, en la movilización. Ha
comprobado como sus pretensiones de ganar las elecciones han sido tiradas a la
papelera por la entrada en acción de la juventud y los trabajadores.
Esta ha sido una magnifica respuesta
de nuestra clase no solo a los reaccionarios, sino también a todos aquellos que
“hablan y hablan del peligro del fascismo”, pero se niegan a llamar a la lucha
a la clase obrera y a la juventud. A la extrema derecha, al fascismo, no se les
combate en las instituciones y en los despachos, sino con la movilización
conscientes y de masas en las calles.
Por tanto, cometeríamos un error
tremendo si pensáramos que tras la derrota electoral de la extrema derecha en
Brasil todo esta resuelto. Aun, desde Miami, Flavio Bolsonaro ya está anunciado
que utilizará su posición en su Partido, el cual tiene 49 senadores, 283
diputados y 24 gobernadores (frente al PT que tiene 18 senadores, 107 diputados
y 3 gobernadores), para “con ayuda de otras fuerzas de derecha y de extrema
derecha, intentar bloquear y derribar al gobierno de Lula”.
Desde luego que el nuevo gobierno
tiene la responsabilidad, y la presión, de cortarle los pies a todos estos
reaccionarios, a la extrema derecha. Y para ello no servirán las medias tintas:
si Lula pretende seguir “gobernando para todos, seguir negociando, llegando
acuerdos, a pactos y más pactos con la clase dominante”, entonces las
posibilidades de que la extrema derecha continue siendo un peligro, que Flavio
Bolsonaro u otro aun peor incluso, retornen a escena no solo será real, sino
inevitable. Si Lula y los dirigentes del Partido de los Trabajadores de Brasil
vuelven a desilusionar a los trabajadores, se estará tendiendo una verdadera
“alfombra roja” al ascenso de la extrema derecha en Brasil.
El resultado electoral en la Primera Vuelta
ya reflejó que las masas están cansadas de tantas y tantas palabras, de
promesas incumplidas por parte de Lula y de los dirigentes del PT. También se
reflejó en la Segunda Vuelta que ante la clara amenaza de que un reaccionario
del Clan Bolsonaro pudiera acceder a la presidencia, estas mismas masas sacaron
fuerzas renovadas, se movilizaron en las calles y en las urnas, para impedir
esa perspectiva. Pero, todo tiene sus límites, algo que parece no entender los
reformistas, como tantas otras cosas.
La clase obrera brasileña está
saturada de montañas de palabras vacías de los reformistas. Lo que se necesita
ahora no son solo palabras, sino hechos. Que los graves problemas sociales que
padecen las masas sean resueltos ya y para ello la única forma de poder hacerlo
es llevar a cabo una genuina política socialista, que movilice tras de sí a la
clase obrera, para tomar en sus manos el conjunto de las palancas fundamentales
de la economía, de las grandes empresas y bancos, con el objetivo poder
planificar la economía en beneficio de la aplastante mayoría de la sociedad.
La clase trabajadora, la juventud,
los campesinos pobres, las comunidades de los pueblos originarios, … en
definitiva, el conjunto de los oprimidos por el capitalismo en Brasil se
movilizaría con dientes y uñas en favor de una política de clase que beneficie
con claridad a la aplastante mayoría de la sociedad.
La clase obrera movilizada por un
programa de transformación de la sociedad barrería todos los obstáculos que se
le pusieran en su camino. Sin el permiso de la clase obrera nada funciona en
la sociedad. El Clan Bolsonaro y todos los demás perros de presa de la
oligarquía aparecerían como lo que son, auténticas pulgas molestas, que huirían
ante los primeros soplos de aires revolucionarios de la clase trabajadora.
Pero para todo ello los trabajadores
deben hacerse conscientes de su verdadero poder, que radica siempre en el papel
que desempeñamos en la sociedad como creadores de toda la riqueza que se
produce. Nuestro poder esta en la calle, en las movilizaciones, huelgas,
ocupaciones de fábricas y centros de estudios, … Jamás este poder ha estado en
las instituciones, ni en el Parlamento, el Senado, ni en ninguna Gobernación o Ayuntamiento,
que en los mejores de los casos, se ven obligados a sancionar acuerdos que
mejoren algo la situación en la que cotidianamente vivimos. Somos fuertes en
la medida en la que nos movilizamos y nos organizamos como clase.
Debemos de ser conscientes que
después del triunfo de Lula el pasado día 25 de octubre, los Estados Mayores de
la burguesía, tanto brasileña como internacional, ya están enfrascados en
planes para que el nuevo gobierno este “domesticado” a sus intereses. La clase
dominante someterá desde ya al nuevo gobierno a fuertes y brutales presiones, como
tienen por costumbre no solo de forma pública, sino “privada y entre
bambalinas”, con buenas palabras o con fuertes chantajes y hasta amenazas...
La única y exclusiva forma de hacer
frente a los clanes de las elites, de que no tengan éxito en sus intentos de
domesticar a los dirigentes reformistas, como Lula, es que estos cambien sus
políticas y programa, que comiencen a enfrentarse a las oligarquías basándose
en un claro programa de transformación socialista de la sociedad. De lo
contrario, nuevamente la clase dominante les impondrá el conjunto de sus
recetas económicas para que las lleven adelante desde el gobierno. Y ello solo
beneficiará a los privilegiados de Brasil, por tanto ira en contra de las
aspiraciones y necesidades de los millones de familias trabajadoras, que
esperan un cambio real.
Es claro y evidente que después del
susto que se han llevado con la derrota de Flavio Bolsonaro, la clase dominante
ahora desea pasar pagina y convencer u obligar al nuevo gobierno de Lula de que
debe hacerles caso y llevar adelante, en el terreno practico, las políticas que
las elites necesitan y reclaman constantemente: profundos recortes sociales,
laborales y salariales. Solo y tan solo la lucha, la movilización de las masas
puede evitar que desde el primer día Lula y su nuevo gobierno claudiquen ante
los poderosos.
Para la clase dominante lo único
realmente importante son sus beneficios y privilegios. Lula y el resto de los
dirigentes del PT saben, o deberían de saberlo, que no tienen terceras vías por
las que gobernar: o con los trabajadores y los oprimidos, o con la oligarquía y
los poderosos de Brasil.
Si Lula y los demás dirigentes
reformistas escuchan los cantos de sirena de la burguesía, que les susurrarán
al oído bellas palabras vacías y serán amables, o los amenazará con nuevos
golpes de Estado, lo cual hará que el nuevo gobierno acabe enfrentado, llegado
el momento, a la clase obrera y los oprimidos. Por el contrario, tienen la
posibilidad de situarse en las barricadas de la clase trabajadora y enfrentar a
las elites dominantes, con el objetivo de afrontar las soluciones urgentes que
las masas necesitan para poder vivir con dignidad.
Como explico el fundador del
socialismo español, Pablo Iglesias Posse, al fin de cuentas “o con los unos o
con los otros. O con los trabajadores y sus intereses, o con la clase dominante y
sus privilegios”.
Por supuesto que la burguesía
brasileña e internacional no dudará en asustar a los dirigentes reformistas de
derechas del PT, con el propio Lula al frente, incluyendo con demostraciones de
que están dispuestos a todo tipo de acciones golpistas, violentas y hasta de
realizar montajes judiciales en contra de ellos. Y en ello el papel que tienen
reservado para el Clan Bolsonaro, desde el principio ha sido claro: los
utilizan como a perros rabiosos, perros de presa de la burguesía, para asustar,
intimidar y doblar el brazo de los dirigentes de las organizaciones de
izquierdas y mediante ellos al conjunto de la clase obrera.
Al final de todo no se trata de
buenas o malas voluntades, de personas concretas. Sin ideas correctas, sin
métodos correctos y sin un claro programa en beneficio de la mayoría de la
sociedad, confiando solo en nuestras propias fuerzas y organización de clase,
para con todo ello hacer frente a los reaccionarios y fascistas, que están
siempre al servicio de las oligarquías, vencer los planes y exigencias de la
clase dominante se hace más complicado e imposible.
Hoy por hoy debemos comenzar hablando
con absoluta claridad. Nuestros enemigos no están solo enfrente de nuestras
barricadas, sino también en todos aquellos otros que nos dicen ser “amigos” y
que han formado y piensan seguir formando parte del gobierno de Lula. Los
trabajadores, los campesinos pobres, los jóvenes debemos comenzar por exigir a
Lula que se libre de esos amigos para el nuevo gobierno, si realmente desea
defender los intereses de los trabajadores. Toda la experiencia nos dice que
esos “amigos” están ahí para sabotear las políticas en favor de los
necesitados, para que el gobierno lleve adelante la política de los grandes
empresarios y banqueros.
Dice un antiguo dicho popular que “Dios,
líbrame de mis amigos, que de los enemigos me libro yo”. Y en Brasil,
recordando este viejo dicho, pensamos en “amigos” como Geraldo José
Rodrigues Alckmin Filho (si, el 26.º vicepresidente de Brasil desde al año
2023, afiliado al PSB y exgobernador de São Paulo en dos mandatos). En
realidad, este tipo de “amigos” no dejan de ser otra cosa que representantes
políticos de la burguesía en la sombra, de la clase dominante. Están ahí para
ejercer de frenos absolutos a la hora de que el gobierno no haga políticas de
fondo en beneficio de la mayoría de la sociedad. Su papel central es trasladar,
para que se aprueben en el gobierno, las políticas diseñadas y redactadas en
los Consejos de Administración de las grandes empresas y bancos, para beneficio
exclusivo de las elites.
La clase trabajadores brasileña no
necesita más Frentes Populares, que siempre consisten en que la clase
trabajadores ponga las fuerzas y los votos, para que políticos a la sombra de
la burguesía impongan el programa que impide que nuestras necesidades sean
resueltas.
Lo que necesitamos no es un Frente
Popular con los representantes de la clase dominante, sino por el contrario, LO
QUE NECESITAMOS LEVANTAR ES UN GENUINO FRENTE UNICO DE CLASE, en donde
democráticamente podamos participar el conjunto de las organizaciones políticas
de la clase trabajadora, los sindicatos de clase y las organizaciones sociales
que aglutinan a trabajadores, jóvenes, pensionistas, campesinos, comunidades
indígenas, … con el claro objetivo de organizar la lucha, el combate, por
nuestros der4echos y por la erradicación del podrido sistema capitalista.
Por supuesto que hay,
democráticamente, los marxistas defenderemos los métodos clásicos de lucha de
la clase obrera y un claro programa que avance y ofrezca una definitiva a todos
y cada uno de los problemas que padecemos, a los que nos condena hoy el capitalismo
decadente.
En estos momentos, tras la derrota
que hemos infringido a la extrema derecha bolsonarista, es necesario que la
clase trabajadora, comenzando por su vanguardia en estos momentos, la juventud trabajadora
y estudiantil, continuando de esta forma la batalla que estamos dando en contra
de la extrema derecha y del fascismo movilizándonos en las calles, en los
barrios, en los centros de trabajo, de estudios y en las universidades.
Aunque es importante los elementos de
espontaneidad y autoorganización que hemos visto en estas semanas, debemos
luchar por dotar de organización y de programa a nuestra lucha, impulsando la
acción directa de las masas, impulsando huelgas y manifestaciones, creando
verdaderos Comités de lucha, convocando Asambleas. Todo ello nos debe permitir
en las próximas fechas luchar contra los intentos de llevar a cabo sabotaje,
desestabilización a todos los niveles, que es lo que ya están anunciando Flavio
y los demás dirigentes del Bolsonarismo.
Los genuinos marxistas vamos a
participar con las dos manos en estas tareas, lo vamos a hacer sin sectarismo
ni oportunismo, defendiendo una verdadera unidad de acción para luchar, al
tiempo que reclamamos absoluta libertad para defender los diferentes puntos de
vistas políticos que de hecho existen en el seno de nuestra clase y que se
reflejan en la existencia de distintas organizaciones políticas, sindicales y
sociales.
Todos juntos en la lucha, con la
participación de decenas de miles de jóvenes, de trabajadores, como hemos visto
en los días en los que hemos derrotado a Flavio Bolsonaro, vamos a garantizar
nuevos avances y victorias en contra de la extrema derecha, el fascismo y la
clase dominante que los sustenta.
Es necesario que los jóvenes, los
trabajadores, comenzando por sus capas más conscientes, avancen en la
conclusión de que solo y tan solo luchando por un genuino programa de
transformación socialista de la sociedad podemos poner punto final a la
creciente barbarie a la que nos condena el capitalismo decadente de la
burguesía brasileña y de sus amos del imperialismo estadounidense.
Nuestro programa pasa inevitablemente
por expropiar a los capitalistas. Mientras ellos controlen el grueso
fundamental de la economía siempre tendrán los cuchillos afilados para impedir
que luchemos por mejorar incluso las condiciones mínimas de nuestras
condiciones de vida.
Que podamos gozar de empleos,
salarios, educación, sanidad, vivienda, cultura, … de una forma digna y como
seres humanos que somos, requiere en esta fase del desarrollo del capitalismo
que lo derroquemos y lo mandemos al basurero de la historia. Para que la
mayoría podamos vivir dignamente el capitalismo debe morir.
Expropiar las grandes empresas, los
bancos, la tierra, los recursos naturales, mineros y tecnológicos, para ponerlo
todo bajo control democrático de los trabajadores, que una vez tomen en sus
manos el control de las palancas fundamentales de la economía mediante una
planificación democrática acabaremos rápidamente con el grueso de las
necesidades sociales de la actualidad.
Construir las fuerzas del marxismo
revolucionario en Brasil es la tarea prioritaria del presente. Para esta tarea
animamos y llamamos a participar activamente a los jóvenes y trabajadores.
Todos aquellos que no estén dispuestos a vencer obstáculos y resistencias, que
no entorpezcan el ingente trabajo que tenemos por delante.
En estos momentos necesitamos sobre
todo y ante todo ideas, perspectivas, un programa, con los métodos y tradiciones
clásicas de la lucha de la clase obrera. Una vez logremos que las
ideas del marxismo se conviertan en una fuerza material de masas, que acabara
con el reino de la necesidad al cual nos tiene condenado el capitalismo en su
época de decadencia actual.
¿Qué defendemos?
Los marxistas de Brasil queremos
construir una dirección seria para el movimiento obrero y la juventud, basada
ante todo en ideas, perspectivas, programa, métodos y tradiciones correctos,
inspirados en las mejores lecciones de la lucha de la clase obrera contra la
explotación capitalista.
Lenin explico que “Sin teoría
revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”. Es por ello que
nos basamos en la teoría de los clásicos del socialismo científico: Karl Marx,
Friedrich Engels, V.I. Lenin, Rosa Luxemburgo, León Trotsky, …
Los marxistas somos parte integrante
de nuestra clase social, la clase trabajadora. Allí donde se produce una lucha por
mejorar las condiciones de vida de nuestra clase, allí participamos, con
nuestras fuerzas para que esta triunfe, para que resulte victoriosa. Cada lucha
por reformas progresivas para los trabajadores es nuestra lucha, al tiempo que
explicamos que en este periodo de declive del sistema capitalista, que está en
absoluta decadencia, la experiencia nos dice que la clase dominante ha cerrado
el grifo de las reformas, que ahora pretenden desmantelar y anular todas las
que conseguimos con nuestras luchas en las décadas pasadas.
Ello es lo que está detrás de que los
cobardes dirigentes reformistas, como Lula, en vez de llamar a cambiar la
sociedad, una vez llegan al gobierno con nuestros votos, acaban cediendo y
claudicando ante los planes y las políticas de la clase dominante, convirtiéndose
en fieles sirvientes de la clase capitalista. En la medida en la que no quieren
romper con el capitalismo terminan llevando a cabo las políticas de contrarreformas
en contra de nuestros derechos y necesidades.
Los marxistas luchamos por el
establecimiento de un genuino gobierno de los trabajadores y de los campesinos
pobres, un gobierno de los oprimidos bajo el capitalismo, para organizar la
lucha social de la clase obrera para llevar a cabo la expropiación de las palancas fundamentales
de la economía, poniéndolas bajo control obrero democrático, que nos permita planificar
los recursos existentes en beneficio de la aplastante mayoría de la sociedad, acabando con todas las actuales
lacras y problemas que padecemos.
Por supuesto, defendemos una completa
política de solidaridad de clase y social, entre todos los trabajadores del
país e internacionalmente. Nuestros aliados no están en los despachos de ningún
tipo de burocracia, en ningún sitio. Nuestros aliados y compañeros de lucha
están en la clase trabajadora del conjunto d ellos países de nuestro
continente, con los cuales tenemos objetivos comunes: librar a la sociedad de
la explotación capitalista, de las condiciones de existencia misera a las
cuales nos condenan las oligarquías. Por eso defendemos que la lucha por una
sociedad basada en la justicia y la igualdad social es una lucha por el
socialismo internacional.
EL PROGRAMA QUE NECESITAMOS:
1. Trabajo digno para todos y todas
En el mundo de hoy, con los
indudables avances que hemos vivido y estamos viviendo en la ciencia, la
industria y la tecnología, una vez que los trabajadores tomemos el control de
las palancas fundamentales de la economía será absolutamente posible, y necesario,
establecer una Jornada laboral de 35 horas semanales, sin reducción del
salario.
Un gobierno de los trabajadores hará
realidad en la práctica, no solo en leyes, garantizar el DERECHO AL TRABAJO
DIGNO PARA TODAS Y TODOS. Debemos garantizar el control de la clase obrera de
las cargas de trabajo en todas las empresas, de las plantillas y las
contrataciones. El trabajo existente debe ser repartido entre la mano de obra
que existe.
Después de una larga vida laboral los
trabajadores debemos de tener el derecho fundamental a gozar de la última etapa
de nuestras vidas teniendo una Jubilación digna, que hoy seria totalmente
posible llevarla a cabo a partir de los 55 años, para mujeres y hombres, con
una pensión digna que nos permita vivir una vida de calidad.
Los salarios y pensiones deben de
garantizar ante todo que, sobre la base de las necesidades, podamos tener y
vivir con total dignidad, sin pasar necesidades y gozando de una atención
sanitaria digna, al igual que garantizando el acceso a la educación para
nuestros hijos. En definitiva, poner la familia en condiciones de existencia
dignas, lejos de la creciente barbarie y miseria actual a la que nos condena el
capitalismo.
2. Vivienda digna para todas y todos
Más allá de declaraciones
constitucionales o de Decretos legales, se establecerán los planes necesarios
para garantizar una vivienda digna para todas las familias trabajadoras, de
acuerdo con el número de sus miembros. El desarrollo urbanístico debe de dejar
de estar en manos privadas de constructores, cuyo único interés es el máximo
beneficio privado. Una política urbanística democrática, bajo el control de las
colectividades, establecerá las necesidades y los medios para garantizar este
derecho fundamental a un hábitat digno y que respete el medio ambiente. El
suelo para urbanizar será municipalizado, dándole un carácter público. Las
constructoras y empresas de materiales de construcción serán nacionalizadas,
bajo control de los trabajadores, al objeto de llevar a cabo la construcción o
reformas de todas las viviendas y edificios necesarios en la sociedad.
3. Salud gratuita y de calidad para todas y
todos
La salud, los servicios sanitarios,
médicos y hospitalarios, deben estar fuera del control de las manos privadas,
que solo ven en ello un lucrativo negocio para llenar sus bolsillos. Debemos
nacionalizar todos los servicios de salud (hospitales, laboratorios clínicos,
etc., al objeto de garantizar el pleno acceso a la medicina, a los productos
farmacéuticos y el conjunto de pruebas médicas para el conjunto de la
población.
Se primará la inversión y el
desarrollo de planes de investigación en todos aquellos campos de la medicina y
de la fisiología, al objeto de erradicar en la medida de lo posible las
enfermedades, sobre todo las que hoy tienen un carácter crónico. Llevaremos a
cabo un extenso programa de inversión para construir toda la infraestructura
que el sector de la salud necesita, para que ello sea un derecho en la
práctica, con independencia de que vivamos en ciudades, pueblos o lugares más
aislados.
4. Educación gratuita y de calidad para todas y
todos
Garantizar en la práctica el derecho
fundamental al acceso a la educación, desde los 0 – 3 años, hasta el final de
los estudios. La educación debe ser gratuita, universal y de calidad. Como
derecho fundamental debemos hacer que saquen las sucias manos de la educación
los empresarios privados, al igual que instituciones como la Iglesia, quienes
solo ven en la enseñanza un instrumento para hacer negocios en beneficio
privado.
Un gobierno de los trabajadores debe
garantizar los medios necesarios para el florecimiento del arte y de la
cultura, de la investigación científica. Dando un carácter público, como
derecho fundamental de todos, una vez fuera los mezquinos intereses privados de
la educación, pondremos fin a todo tipo de censuras, planteando el control y
gestión de toda la educación a manos de los propios estudiantes, docentes y
trabajadores no docentes, en todos los niveles educativos.
5. Derechos Democráticos y Sociales
Absoluto respeto al Derecho a huelga,
a protestar y manifestarse, a gozar de representación sindical y a negociación
colectiva, Por el fin a las tercerizaciones laborales. Perseguir y condenar
toda violencia patronal, gubernamental o de clanes afines en contra de los
trabajadores y la juventud y sus dirigentes.
Exigimos el punto final de toda
discriminación, a todos los niveles, de las personas por razón de su sexo,
tendencia sexual, raza, etnia, color de su piel o creencias filosóficas,
políticas o religiosas. Especial atención y protección d ellos derechos de las
mujeres, los indígenas, afrodescendientes y LGBT.
Se debe garantizar el acceso de toda
la población a los medios de comunicación, con pleno respeto a la libertad de
prensa eliminando el control que ejercen los grandes propietarios y banqueros
sobre la prensa, radio y televisiones. Perseguir en todas sus consecuencias
todo tipo de explotación sexual y de trabajo infantil. Inversión suficiente al
desarrollo de la cultura, las lenguas y tradiciones de los pueblos originarios.
6. Protección del medio ambiente
Planes de inversiones públicas para
las investigaciones científicas en la protección del medio ambiente.
Ilegalización y persecución de todas las actividades industriales que supongan
un atentado en contra de la ecología, con una reconversión de los empleos hacia
actividades que respeten y mejoren la naturaleza. Fuerte inversión en
Implementar planes para recuperar los acuíferos y ríos, las zonas actualmente
desforestadas y dañadas por la avaricia capitalista.
7. Una Reforma agraria autentica
Expropiación de todos los
latifundios, sin indemnización y bajo el control democrático de las comunidades
y campesinos pobres. Elaboración de un Plan de Producción socializada que dé
garantías de una vida digna para todos los campesinos, basado en la Seguridad
alimentaria y la protección de los recursos naturales. El conjunto del campo
debe beneficiarse del desarrollo industrial en las ciudades.
8. Nacionalización de las palancas
fundamentales de la economía, las grandes corporaciones, empresas y bancos
Máximo desarrollo de los medios de
producción, al objeto de satisfacer las necesidades sociales actuales y
futuras, con el objetivo también del desarrollo de fuentes de energías limpias
que respeten el medio ambiente. Realizar Planes de inversión en el desarrollo e
investigación científica y tecnológica, lo cual debe permitir eliminar los
trabajos más duros y penosos.
Expropiación de todos los bienes y
recursos producto del narcotráfico y el paramilitarismo, poniéndolos a
disposición del conjunto de la sociedad.
Nacionalización de las grandes
empresas de capital nacional e internacional, así como de la banca y entidades
financieras, bajo el control democrático de los trabajadores y sin
indemnización. Elaboración de un plan de financiación que dé solución al conjunto
de los problemas que hoy en día padecemos la mayoría de la sociedad.
9. Internacionalismo de los trabajadores
Cancelar todos los acuerdos
comerciales y militares adoptados con los organismos del imperialismo (Banco
Mundial y el FMI), derogándolos, incluyendo de inmediato toda la deuda externa
y el establecimiento de todo tipo de bases militares extranjeras en el país.
Nos oponemos a toda presencia
imperialista en América Latina que venga con la intención de explotar y saquear
el conjunto de las riquezas naturales, de explotar la mano de obra que ellos
quieren barata y sin derechos.
Los trabajadores brasileños
condenamos las permanentes agresiones del imperialismo norteamericano sobre los
países latinoamericanos, en especial condenamos la agresión militar perpetrada
contra Venezuela, para someter al país de nuevo en condiciones coloniales.
Condenamos el criminal bloqueo de los Estados Unidos sobre Cuba, con efectos
barbaros sobre su población.
Los trabajadores y la juventud
brasileña buscaremos forjar alianzas con nuestros hermanos de clase en el resto
de los países de la región, e internacionalmente. La lucha de los trabajadores
de Brasil es en el fondo la misma lucha de los trabajadores en Argentina,
Uruguay, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, Colombia, México, … una lucha por
sacudirnos de la opresión a la que nos condena la clase dominante y las
oligarquías de nuestros países.
Nuestra lucha es contra aquellos que
nos explotan y oprimen, los que nos condenan a condiciones de vida miseras. En
unión con nuestros hermanos de clase en el continente lucharemos por una
Federación Socialista de América Latina, como parte de una Federación
Socialista de América, que integrara en nuestra lucha el paso hacia una
Federación Socialista Mundial.
¡¡ Proletarios de todos
los países,
uníos !!







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