GUERRAS, CRISIS Y BARBARIE: EL FUTURO HUMANIDAD
Pirómanos queriendo apagar el fuego
LOS IMPERIALISTAS CREAN UN MUNDO DE BARBARIE POR:
> EL PETRÓLEO Y MATERIAS PRIMAS
> LUCHAS POR LAS ESFERAS DE INFLUENCIAS
> PARA CAMBIAR Y PONER RÉGIMENES
✊ DECLARACION PUBLICA de "Lucha CONTRA CORRIENTE"
Como
siempre ocurre en estos contextos históricos, la burguesía intenta también con
sus poderosos y brutales aparatos ideológicos y de propaganda, con los llamados
medios de comunicación de masas al frente, arrojar arena a los ojos de la clase
trabajadora en los cinco continentes, con el objetivo de ocultar la verdad de
los acontecimientos. Como siempre ocurre a manos de la burguesía y el imperialismo,
la verdad es siempre la primera víctima de las guerras.
Como
decía Alexander Splzhenitsyn, “Sabemos que nos mienten. Ellos saben que
mienten. Ellos saben que sabemos que nos mienten. Sabemos que ellos saben que
sabemos que nos mienten. Y, sin embargo, siguen mintiendo”.
Los
guiones de las películas difieren en muy pocos términos de unos casos a otros.
El bombardeo sobre Caracas (Venezuela), las amenazas a los gobiernos de
Colombia, México, … hablaban de lucha contra el narcoterrorismo. Pero
los objetivos inmediatos que han perseguido es el control total de las materias
primas, en el caso venezolano poner las manos de las grandes compañías
estadounidenses en el petróleo y el resto de los minerales del país,
convirtiendo a Venezuela en una absoluta colonia de los Estados Unidos.
Entonces, ¿qué
hay detrás de todos estos conflictos?
Detrás
de la política de meter susto en la población sobre armas nucleares, armas de “destrucción
masiva”, como les gustan a los imperialistas decir, en Irán u otros países, se
esconden los intereses fundamentales del imperialismo y el sionismo en la zona.
Una
vez, el exsecretario de Estado bajo la Administración de George W. Bush, Colin
Powell, quien estrenó como militar en Vietnam en 1962, y
en 1990 y 1991 fue el encargado de coordinar las acciones militares durante la
guerra del Golfo Pérsico contra Irak, tras la
invasión de Kuwait, pues este General, y Jefe de Estado del Pentágono,
resumiendo su propia experiencia de actividades bélicas imperialistas, afirmó tras
la guerra de Irak, en 2003, que “la guerra es el último recurso, y si hay
que hacerla, debe ser con un objetivo claro y un plan de salida”.
Todo
indica que los nuevos asesores de Donald Trump, con el mismo al frente, no han
aprendido nada del pasado reciente de los Estados Unidos de Ameérica y no
cumplen con ninguna de las lecciones prácticas de las que hablaba Colin Powell.
En la nueva aventura imperialista en Irán, estúpidamente están cometiendo todos
los viejos errores que llevo al imperialismo norteamericano a afrontar derrotas
en el periodo pasado.
Y
ello está provocando serias preocupaciones, que causan fisuras entre ellos, entre
los estrategas del imperialismo norteamericano, que ven como Trump había dicho
que “no pondrían botas sobre el terreno", y ya están siendo obligados al
envío de tropas de los Marines y Paracaidistas.
Pese
a las intenciones iniciales del imperialismo estadounidense, la “guerra en si
crea sus propias dinámicas internas”. La situación abierta ahora mismo en Irán
se desliza peligrosamente hacia una guerra, como la de Irak, en la cual los EEUU
tuvieron metidos más de 200.000 soldados.
Todo
indica que el verdadero punto de inflexión en la situación esté siendo que por
primera vez Israel está viéndose bastante vulnerable, como mínimo desde el año 1973.
En el Estado sionista saben que ellos pueden ganar muchas guerras en Oriente
Medio, sobre todo por la posición privilegiada que ocupan gracias al apoyo del
imperialismo norteamericano y europeo. Pero los sionistas, al igual que el
imperialismo estadounidense, saben que “si pierden una batalla, pueden
desaparecer del mapa”.
Con
el genocidio al pueblo palestino en Gaza, una macabra destrucción con el
objetivo de acabar con Hamás, lograron arrastrar a una profunda crisis a Hezbolá,
lo cual tuvo efectos directos en la caída del Régimen en sirio de Al-Asad. Finalmente,
Israel se ha visto empujado a atacar a Irán, en un momento que pensaba era más
propicio para una victoria rápida, ante la debilidad de todos los demás, que
anteriormente apoyaban a Irán.
Pero
esta situación está provocando serias divisiones internas en el propio campo de
los estrategas del imperialismo y de la burguesía mundial. Pese a los coros
altisonantes de Trump, toda la realidad indica que Israel ha forzado a la
participación de los Estados Unidos en la cual EUU en una guerra cuyo resultado
final no está, ni mucho menos, decidido, a lo cual se suma también el alto
coste que la propia guerra está teniendo para el imperialismo y la clase
dominante norteamericana.
Jorge Dezcallar, que fue director del Centro
Nacional de Inteligencia de España (CNI), en estos días preocupado por la
situación en Oriente Medio, ha declarado que "EE. UU. se ha metido en
una guerra que sirve a los intereses de Israel, no a los suyos". En los
buenos momentos todos se dan “besitos en las manos y felicitaciones”, perro
cuando aparecen los problemas, y aparecen, todos buscan a su lado a quien culpar
de los desastres.
De
esta forma hemos visto en estos días la sintomática dimisión del director de
Contraterrorismo de EEUU, Joe Kent, justo después de haber afirmado que
“Irán no suponía una amenaza y que Israel había presionado a EE. UU. para
sumarse a la ofensiva”.
El
Sionismo lleva desde siempre buscando consolidar a Israel como el país más
fuerte de toda la región, haciendo que Israel sea el país hegemónico en Oriente
Medio. Y en ello han contado con el apoyo firme y activo del imperialismo norteamericano
y europeo. Los tentáculos del sionismo se extienden por todo el planeta, en
todos los centros de poder.
Sin
embargo, las pretensiones sionistas en la actualidad chocan con otros países,
que simplemente no lo aceptan. Turquía, Arabia Saudí o Irán: países que son potencias en la zona y que no
permiten que un país pequeño, tanto en tamaño, como en población (aunque
gracias al apoyo del imperialismo industrial y tecnológicamente avanzado), sea
quien ocupe la posición de gran potencia en la región, que es el objetivo que
está detrás de cada guerra que Israel ha sostenido por décadas.
Detrás
de los objetivos no confesados por EEUU e Israel, en su actual guerra contra Irán, tratan de esconder claramente tres objetivos centrales:
· 1.- El acceso al petróleo
· 2.- Cambiar regímenes
·
3.- Una lucha por el dominio
regional, sobre todo por parte de Tel Aviv.
Tal
y como explico Napoleón Bonaparte, “la guerra es la más difícil de todas las
ecuaciones”. En un principio, tras los primeros bombardeos de EEUU e Israel
sobre Irán, Donald Trump se frotaba las manos de alegría, anunciando que habían
logrado descabezar al régimen iraní. Con la muerte del ayatolá Ali
Jamenei, anunciaron triunfantes que habían descabezado a Teherán. Pero los
seres humanos somos frágiles en sí mismos, somos fáciles de aniquilar y de
asesinar. también somos fáciles de reemplazar.
Pero
inmediatamente Ali Jamenei fue reemplazado en el poder por su hijo, Mujtaba
Jamenei, quién ha subido al poder como un “islamista más extremista”, y por
cierto, mucho mejor relacionado con la oficialidad de la “Guardia
Revolucionaria”. De hecho, la impresión de todos los analistas es que tras la
muerte de Ali Jamenei, el régimen iraní lejos de debilitarse se ha fortalecido.
Ello forma parte de la propia dialéctica de la historia. Mientras Donald Trump
anuncia cada día que “Washington ya ha cumplido sus objetivos”, mientras
reclama un pacto y acuerdo con el régimen de Teherán, con sus clásicas
fanfarronadas de que “de lo contrario destruirá todo el país, lo llevara a la
edad de piedra”, la sensación general es que el Régimen se ha reestructurado y
que no cede antes las presiones imperialistas para un “acuerdo con EE. UU.”.
El
analista iraní Daniel Bashandeh, en respuesta a preguntas del diario
www.20 minutos.es, comento con claridad que “el trasfondo de la guerra
es estratégico. Al final, Trump busca dificultar el crecimiento económico
de China. Por eso empezó con Venezuela y posteriormente, Irán, con el foco
puesto en Ormuz. El primero era menos arriesgado, por eso llevo la operación
primero ...
El segundo es más incierto. De todas formas, todo
forma parte de una estrategia para intentar debilitar a China, que ha
demostrado que no va a ceder frente a EEUU. China depende más del
suministro energético Oriente Medio que EE. UU. Trump intenta presionar a Xi
para tener negociaciones".
Por todo ello toda la clave de la
situación se ha concentrado en el Estrecho de Ormuz, lugar por el que transitaba
el 20% del petróleo mundial. Mientras el miércoles pasado Trump
aparecía en los hogares de todo el mundo, por TV desde el Despacho Oval, sus
palabras triunfalistas sobre la guerra eran acompañadas de fuertes subidas del
precio del petróleo y por caídas de las bolsas. Los ataques a Irán han
paralizado el Estrecho y han disparado el precio del barril Brent por encima de
los 115 dólares, al tiempo que ha disparado el precio del gas europeo un 70 %
Es aquí donde han centrado su
atención los poderosos. La reunión del G7 se centró en la "libertad de
navegación en el estrecho de Ormuz”. Y es que todos desean, otra cosa es
que lo puedan lograr, que la guerra no suponga un coste altísimo para la
economía mundial, ya de por si con bastantes problemas.
En
estas situaciones los representantes del propio imperialismo se dividen,
difícilmente se ponen de acuerdo y acaban culpándose unos a otros. Así, la
principal potencia económica de Europa, Alemania, ha manifestado sus “dudas”,
por boca de su ministro de Defensa, Boris Pistorius, que dijo claramente
que “No es nuestra guerra. Nosotros no la empezamos”. El presidente
alemán, Frank-Walter Steinmeier, ha mostrado su rechazo: "Esta
guerra viola el derecho internacional. El argumento de una amenaza inminente
para los Estados Unidos no se sostiene. Esta guerra es también un error
político desastroso. Es una guerra innecesaria y evitable”.
Cualquier
persona que no sea un ciego puede comprobar que las guerras no solo van de choques
bélicos, sino que también juegan los factores económicos y las repercusiones
sociales. Los bombardeos sobre Irán y las perspectivas nada optimistas para el
imperialismo está sumiendo al conjunto de la economía capitalista mundial en
una total incertidumbre, con previsiones que están revisando a peor para la
inflación, creciendo, y una menor actividad económica, hacia una profunda
recesión.
Y
parece claro que las perspectivas iniciales de Donald Trump, de que los
bombardeos pudieran desatar de inmediato una insurrección popular en contra
del régimen de los Ayatolas, se ha evaporado en el aire, como mera ilusión.
Con bastante probabilidad estas ideas se las habían sugerido personajes como Mohammad
Mohaddessin, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo
Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), que afirmaba que al parecer estaba
eufórico ante la perspectiva de ser ellos quienes reemplazaran inmediatamente
al régimen iraní. El afirmaba que “la oposición iraní ya ha presentado una
alternativa para el día después de la caída del régimen. …
…
No, no necesitamos dinero, no necesitamos armas, no necesitamos tropas en el
terreno. Tenemos nuestros soldados, el pueblo iraní, todos están listos para
luchar contra este régimen. El pueblo iraní está financiando a la oposición y
nuestro movimiento, así que lo que necesitamos es que los países
occidentales, la UE, España, Francia, Estados Unidos, Reino Unido y los demás
reconozcan el derecho del pueblo iraní a cambiar el régimen. La clave
está en que lo que quiere lograr Estados Unidos solo lo podrá lograr con un
Irán democrático”.
Y
claro está, se olvidó de añadir que ellos será un buen gobierno títere de
Israel y los EE. UU. El único pequeño gran problema es que las masas de Oriente
Medio, de Irán, están viendo como estos señores y damas, “demócratas de
siempre”, la oposición dice ser, se han puesto a cola de los misiles y las bombas
que el sionismo y el imperialismo están arrojando a la población indefensa de
Irán.
¿Con
estás credenciales “democráticas”, montados en los misiles que caen sobre
Teherán y otras ciudades del país, pretenden que las masas hagan una revolución
y los lleven a ellos al Palacio Presidencial? Ellos, que se ofrecen para
trabajar junto al monstruo del imperialismo y el sionismo, con el objeto de que
los Estados Unidos sean los dueños de todo el petróleo e Israel el gendarme de
toda la región. Nunca faltan estos elementos que quieren llegar al poder a
costa de la sangre y la vida de las masas, del pueblo iraní, palestino,
libanes, etc.
Y
todo esto continua a una clara senda de intervenciones y guerras imperialistas
en todo este último periodo. Recordamos que la guerra de Ucrania comenzó hace
ya más de 4 años, que en realidad son ya más de 12 años, desde que el Kremlin
comenzara en 2014 su lógica política de recuperar sus zonas de influencias, que
los llevo a la invasión de Crimea, como paso previo a la guerra contra Kiev, en
donde Putin pensaba provocar un cambio de régimen, pensando que sería
una operación de 72 horas para llegar a la capital ucraniana. Ello le fue más
fácil hacerlo en Bielorrusia, en donde puso a Alexandr Lukashenko, cosa que también hizo en el Cáucaso. Pero si las cosas no han sido tal cual pensó Putin,
menos lo han sido para los planes de la OTAN, Europa y los EEUU, que han salido
ya claramente derrotados de la guerra en Ucrania, sosteniendo aún la caída al vacío
del gobierno de Volodimir Zelenski.
Y
no han salido de una derrota, cuando ya las sombras de otra les planea alto:
Algunos estrategas están sacando conclusiones en el sentido de que “lo que
está ocurriendo en Irán y lo que está ocurriendo en Ucrania está relacionado.
Rusia está intensificando la tensión allí, mientras está prestando su apoyo,
disimuladamente dicen algunos, en el otro sitio.
Paradojas
dialécticas de la vida, recovecos que se ven en los procesos históricos. Tras
el inicio de la guerra en Ucrania, EEUU y Europa decretaron “el embargo del
petróleo y el gas ruso”. Ahora, con la la guerra en Irán y el bloqueo del
Estrecho, con las graves repercusiones en la economía mundial, los Estado Unidos se
han apresurado a levantar el embargo a las energías rusas. La política sionista
e imperialista norteamericana, que buscan el debilitamiento de Irán, a corto
plazo está sirviendo para fortalecer al socio de China, a Rusia, quien sale beneficiada
por los precios más altos del petróleo y el gas, que representa mayores
beneficios, mayores ingresos, para los rusos, todo lo cual va directamente en
detrimento de los ucranianos, que hasta ahora están siendo financiados por los
europeos.
Las
payasadas de algunos estrategas reaccionarios no tienen sentido alguno.
Recientemente Tymofiy Mylovanov (exministro de Economía de Ucrania, actual
presidente de la Kyiv School of Economics), afirmo que “a largo
plazo, debilitar a Irán también debilita a Rusia. Francamente, creo que
Vladimir Putin es consciente de que él podría ser el siguiente si Estados
Unidos sale victorioso frente a Irán”. Alicia en el País de las Maravillas, algunos
creen sus propios cuentos.
El
asunto es que hasta ahora todo está en dudas, y la perspectiva de una derrota
del imperialismo en Irán flota en el ambiente, sobre todo porque todas las
razones que han llevado a los Estados Unidos y a Israel a atacar a Irán, todos
los objetivos, están hoy más lejos que cuando cayó la primera bomba sobre
Teherán. Sin una victoria rápida de Israel y el imperialismo estadounidense, toda la situación sufrirá cambios bruscos y repentinos, incluidas las propias relaciones en las politicas de alianzas, que están comenzando a colapsar.
Qatar, aliado siempre del imperialismo, ayer su gobierno ordeno "expulsar a las tropas de EEUU y cerrar sus bases. El precio de la presencia americana ha sido demasiado alto". Fuentes norteamericanas respondieron afirmando que "perdemos el control de la base más importante del Golfo, en medio de la guerra con Irán".
Al otro lado vemos, lejos de las declaraciones de Trump sobre "aplastar a Irán", fruto del pavor que sienten los estrategas mas inteligentes del imperialismo, que están intentando forzar "negociaciones". Ayer mismo nos informan que "EEUU e Irán acuerdan un alto el fuego de dos semanas y un paso seguro por Ormuz", con todo el cinismo que los caracteriza siempre, dicen que, "un gran día para la paz mundial".
Este acuerdo de alto el fuego esta en las antípodas de los objetivos del imperialismo. La tregua tiene un carácter pírrico para Donald J. Trump, en una guerra en la que Estados Unidos está pagando un enorme precio: incremento de las tensiones con sus aliados, sus arsenales vacíos dejan al imperialismo norteamericano en evidencia y está dinamitando el "prestigio internacional" de los EEUU
Pero como ya nos tiene acostumbrado, por medio de sus redes sociales, el hombre del Despacho Oval es extremadamente claro, planteando con nitidez que persiguen los imperialistas detrás de cada acción: Trump ha afirmado que "habrá muchas acciones positivas y se hará mucho dinero".
Pero inmediatamente desde Israel, la Oficina del Primer Ministro, aseguró que "apoya la decisión de Trump de poner alto a los ataques, bajo la condición de que Irán abra inmediatamente los estrechos y cese sus bombardeos en la región". Con el cinismo típico de los reaccionarios sionistas, Israel dice que "respetará el alto fuego con Irán, pero a Israel le habría gustado haber logrado más objetivos en la guerra", y advierten que el acuerdo "no incluye al Líbano", en donde los sionistas continuarán sus ataques.
Y todo continúa, como una vieja cantinela escrita, que deja claro que una cosa es querer y otra es poder, como reflejan titulares como este: "Trump vuelve a incumplir sus amenazas a Irán y acepta dos semanas de alto el fuego a partir de las exigencias de Teherán" (www.publico.es). Pese a todo ello, durante toda la noche del martes han continuados los ataques en Irán, Israel, Bahréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
Como hemos dicho, Trump había
amenazado con “hacer morir a toda una civilización" y ello no fue motivo
para que nadie en las filas de los “aliados" de EE. UU. hiciera una sola critica, por pequeña que fuera. Pero, tan solo unas horas antes de que espiara el ultimátum,
Trump se ha mostrado como un cobarde a los ojos de todo el mundo, llegando a un
acuerdo de alto el fuego, que es extremadamente débil, y sobre todo frágil, pero
que supone una derrota clara para los Estados Unidos como potencia y para
Donald J. Trump en lo personal.
En este ultimo mes toda la diplomacia
de rapiña de los EEUU ha mostrado sus limites y han llevado al mundo hacia el
precipicio económico. Bajo este escenario, el futuro presenta enormes interrogantes
sobre cual volverá a ser el papel de los EEUU en el Oriente Medio.
Pero hay personas que continúan intentando "cuadrar el circulo", como Kaja Kallas, la Comisionada de la Unión Europea, que refleja perfectamente el carácter estúpido de la clase dominante europea, y de su diplomacia en articular, asustados ante una situación en la que saben que no juegan ningún papel independiente, Kallas ha calificado el alto el fuego, "acordado" entre Estados Unidos e Irán, como "un paso atrás desde el borde del precipicio tras semanas de escalada, para detener los misiles y reanudar el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz”. Y como a Lenin le gustaba citar, "un hombre al borde del precipicio deja de pensar".
Donald Trump tiene gran capacidad para hablar estupideces a diario, tarea en la que frecuentemente es acompañado por todo un coro de personas con muy dudosa o escasa inteligencia. Estas personas reflejan el nivel general de claro declive del sistema al que representan, el capitalismo. Nos recuerdan cuando los escuchamos las palabras de Erasmo de Roterdam, cuando decía que “cuanto menos talento tienen, más orgullo, vanidad y arrogancia tienen. Sin embargo, esos tontos siempre encuentran otros tontos para que les aplaudan”.
El
7 de octubre de 2023 Hamás realizó los ataques sobre Israel, con clara
complicidad de los servicios secretos y militares sionistas, lo cual fue el
“argumento y la excusa perfecta”, la lucha contra el terrorismo, para que
Israel diera comienzo, en el contexto histórico de permanentes crímenes contra
el pueblo palestino, de lo que ha sido calificado, con toda justicia, como un
verdadero genocidio contra los palestinos en la Franja de Gaza.
Desde
luego que ello ha sido, es, posible, por la complicidad y el apoyo a Israel del
imperialismo estadounidense y europeo, que no movió un simple dedo, en ningún
momento para parar ese genocidio. Solo, y tan solo, la lucha de masas en todo
el mundo, también en el propio corazón de la bestia imperialista, en los EEUU,
con manifestaciones de decenas de miles, obligo a Donald Trump a poner sobre la
mesa un llamado “Plan de Paz”, con diferentes fases, que no se ha cumplido, ni
se cumplirá.
De
cualquier forma, la chisma de la lucha de clases quedo prendida, en oposición a
las políticas belicistas del imperialismo y sus aliados. De aquel movimiento
surgirán nuevos en contra de la constante bélica del imperialismo en este nuevo
periodo. Como Lenin y Trotsky plantearon correctamente, en ocasiones podremos ver como las guerras imperialistas reaccionarias se pueden transformar en procesos revolucionarios.
Los
imperialistas, como antes vimos en las afirmaciones de personajes como Colin
Powell, se han “quemado las manos numerosas veces en las ultimas décadas”. Ello
les hacía ser más cautos a la hora de abordar el inicio de nuevas
intervenciones militares. Pero las necesidades del imperialismo, la lucha por
apoderarse del grueso de la tarta de los beneficios en el mercado mundial los
apremia. Y les hace cometer nuevos y graves errores.
Tras
quemarse los dedos en la guerra de Irak, perjuraron que se abstendrían de
intervenir, al menos con tropas sobre el terreno, en nuevos conflictos. Los atentados
del 11 de septiembre de 2001 fueron la excusa para que George W. Bush,
acompañado por Tony Blair, entonces primer ministro británico y líder
derechista del Partido Laborista, junto con José María Aznar, el entonces
Presidente del gobierno español y del franquista Partido Popular, invadieran
Irak y ejecutaran al presidente iraquí, Saddam Hussein, con el
argumento demostrado como absolutamente falso, de que el país suponía una
amenaza para la seguridad, por que tenia armas de destrucción masiva, que solo
en las mentes enfermas de los políticos reaccionarios de occidente existieron.
En
Irak vimos una guerra más por el petróleo. Pero los intentos de asegurar los
intereses estratégicos, de la llamada ahora geopolítica, del imperialismo en la
zona, como vemos ahora 23 años después, supusieron un total fiasco para el
imperialismo estadounidense. Como consecuencia de aquella guerra, aun vemos hoy
sus secuelas, porque los norteamericanos crearon un campo de ocupación
prolongado en el tiempo, que aumento el conflicto y la inestabilidad en Irak y
en la zona, la cual no han podido solucionar hasta el día de hoy.
Otra
intervención que se saldó con una clara derrota para el imperialismo
norteamericano y europeo fue, sin duda, Afganistán. En 2021 tuvieron que
retirarse del país, en el que volvieron al poder las tenebrosas fuerzas
reaccionarias de los Talibanes, después de más de dos décadas de ofensivas.
Estados Unidos tuvo que entender que no podía ganar la guerra, que se le abrían
diversos focos de desafíos globales, en donde sus principales rivales
imperialistas estaban comiéndoles el terreno.
En
Afganistán los europeos, dijeron como siempre dicen, que aprendieron a que
no podían depender en todo momento de los movimientos estratégicos de la Casa
Blanca, que aun estaba presidida por el viejo Biden. Norteamericanos y europeos
se retiraron caóticamente en Afganistán, cediéndoles el poder a los talibanes,
algo que habían prometido jamás ocurriría. Los europeos aun dicen que no
quieren depender militarmente de los Estados Unidos, pero cuando Trump habla,
todos ellos se esconden a llorar.
Más
de un mes después del inicio de las acciones bélicas sobre Irán, todo indica
que el conflicto está lejos de tener una solución positiva para los EEUU. Y un
conflicto que se prolongue aún por fechas indeterminada hace que el conjunto de
la economía capitalista se asome al precipicio, atrapada entre la inflación y
la recesión. Es el peor escenario con el cual la burguesía mundial quería
pensar.
El
incremento de las guerras en el mundo de hoy, el desarrollo de la crisis, con
sus secuelas en desempleo masivo y salarios que no permiten a las familias
trabajadoras subsistir cada mes, precios en aumento que nos condenan a vivir
peos día a día, recortes en nuestros derechos a la sanidad, la educación la
vivienda social, las pensiones, la profunda crisis climática que pone a la
humanidad ante serios peligros de futuro, …
y en definitiva, un aumento de las condiciones miseras de vida para la
mayoría. Todo ello es una receta acabada para un aumento de las tensiones
sociales, para el desarrollo de explosiones sociales país tras país.
Hasta
ahora si estos desarrollos de la lucha de clases no han ido más allá ha sido
porque vemos a la mayoría de las direcciones de las organizaciones
tradicionales de la clase trabajadora colaborando con la clase dominante, para
intentar evitar se produzcan explosiones revolucionarias.
Pero el actual sistema social se ha convertido en un obstáculo absoluto para el
desarrollo de las fuerzas productivas, de la sociedad, impidiendo que se puedan generar mejores condiciones de vida
y de trabajo para la aplastante mayoría. Desde este punto de vista objetivo es un sistema social condenado a desaparecer de la historia, pero que no abandonara la escena hasta que sea derribado por la clase trabajadora. En su ocaso y decadencia amenaza a la humanidad con hacernos retroceder a la pura barbarie.
Hoy
vemos una recaída seria en todos los viejos problemas a los que nos condena el
Sistema capitalista. Como describió la situación León Trotsky a finales de la
década de los años 30 del siglo pasado, en el "Programa de Transición (La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional - 1938), “El
cuadro de las relaciones internacionales no tiene mejor aspecto. Bajo la
creciente presión de ocaso capitalista los antagonismos imperialistas han
alcanzado el límite más allá del cual los conflictos y explosiones sangrientas
(Etiopía, España, Extremo Oriente, Europa Central...) deben confundirse
infaliblemente en un incendio mundial. En verdad la burguesía percibe el
peligro mortal que una nueva guerra representa para su dominación, pero es
actualmente infinitamente menos capaz de prevenirla que en vísperas de 1914” …
“Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria La
crisis histórica de la humanidad se reduce a la dirección revolucionaria”.
Pasada ya la segunda década del siglo XXI, la humanidad se encuentra en una autentica encrucijada, en donde por un lado todos los avances de la ciencia, de la industria y la tecnología crean la posibilidad real de un futuro de prosperidad, de avances y prosperidad social, de un salto histórico en la propia cultura de la humanidad, que se podría extender al conjunto de los seres humanos. Pero, por otra parte, la propia existencia de la raza humana se ve amenazada en su existencia, la devastación del planeta avanza a ritmos agigantados y el futuro del planeta esta seriamente amenazado por la grave crisis ecológica galopante.
Análisis revelan que se
emitieron 5 millones de toneladas de CO2, en tan solo 14 días de guerra imperialista
contra Irán. Desde el punto de vista,
vital para el futuro d ela humanidad, ecológico, la guerra imperialista que
llevan adelante Estados Unidos e Israel en Oriente Medio es también es un
desastre para el clima: análisis revelan “un agotamiento del “presupuesto
global de carbono”, a un coste más rápido incluso de los que 84 países juntos
emiten a la atmosfera.
La existencia misma de la raza humana está amenazada por la devastación del planeta, con millones de personas viviendo en la pobreza, al borde del precipicio. En un país tras otro reaparecen elementos de barbarie y el futuro del planeta está como nunca antes amenazado por la de gradación ecológica global. Y todo ello lo hace la clase dominante en nombre de las ganancias, del beneficio privado de unos pocos. Mientras centenares de millones de personas viven al borde de la miseria y el hambre, en una situación en donde vemos avanzar los elementos de barbarie en todo el planeta, este sistema bárbaro, que es el capitalismo, solo funciona para el aumento en cifras brutales de las cuentas bancarias de menos del 1 por ciento de la población del mundo. El dilema es claro:
La elección en estos momentos es clara: ¡¡Ellos continúan al mando de las palancas de la economia y la sociedad, o la clase trabajadora los expropia y los manda al basurero histórico !!
En
el contexto actual, solo el marxismo revolucionario puede ofrecer una
alternativa seria, coherente, racional y de futuro al conjunto de la humanidad,
ofreciendo una alternativa global a la crisis global del capitalismo, que nos
asoma al retorno a la barbarie más cruda. Pero existe un pequeño gran problema,
que debemos ser capaces de resolver: llegados a este punto el marxismo
constituye una pequeña minoría en el movimiento obrero, en los diferentes países
e internacionalmente.
Esto
desde luego no es algo nuevo. Los marxistas miramos a la realidad cara a cara,
con el objetivo de transformarla. Lo mismo ocurrió al inicio de la revolución
rusa de 1917, en donde en febrero el partido bolchevique era una minoría entre
la clase obrera. En aquellos momentos, Lenin, que recién volvía del exilio, explico
que las tareas urgentes, como lo son para nosotros ahora, era “explicar
pacientemente a los trabajadores la verdadera situación, llamándolos a defender
el programa revolucionario, a organizarse para cambiar la sociedad”.
Esta
tarea llevó desde febrero a octubre a los bolcheviques a situarse como fuerza
mayoritaria en el seno de la clase trabajadora, que les permitió poner punto y
final al dominio en la sociedad de los grandes terratenientes, empresarios y
banqueros. Comenzando la lucha por construir una sociedad sin explotadores, una
sociedad dotada de un gobierno y un Estado de los trabajadores.
Con
los viejos problemas de siempre en primera línea de nuestras vidas, nosotros
tenemos básicamente por delante las mismas tareas, en procesos donde no
solo contaremos con unos pocos meses por delante, sino unos años de
acontecimientos, en donde con situaciones dramáticas como las de Gaza o Irán,
desplegaremos toda nuestra actividad en el desarrollo y fortalecimiento de una
genuina dirección revolucionaria, que dotada con un genuino programa en
beneficio de los trabajadores, permita dirigir la lucha por poner punto y final
a las guerras, y al mundo de las crecientes necesidades de todo tipo que
padecemos la aplastante mayoría de la población mundial.
La
clase trabajadora, en el proceso de las luchas que inevitablemente se desarrollarán, debe poder establecer una sociedad nueva, literalmente TOMANDO EL CIELO POR ASALTO, que elimine de inmediato todas las lacras actuales del capitalismo,
construyendo una sociedad basada en la plena democracia de los trabajadores,
una sociedad socialista sin explotadores, ni explotados.
Este
es el único futuro digno de tal nombre, el futuro por el cual merece la pena
pelear y luchar. Y ese mundo comenzamos a construirlo desde nuestros corazones
hoy, en cada barrio, en cada ciudad, en cada país, en una lucha de los
trabajadores por encima de las fronteras, de las nacionalidades, razas,
creencias o idiomas.







Ahí teneis el "imperialismo humanitario".
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