9 MAYO, DÍA DE EUROPA
NADA QUE CELEBRAR...
LOS TRABAJADORES DEBEN PONERSE AL FRENTE DE LA SOCIEDAD
Este año la celebración del Día
Europeo nos trae la posibilidad de contemplar la realidad del viejo continente
desde una perspectiva mucho más realista, más libre de las serpentinas festivas
a las que nos tenían acostumbrados las elites dominantes europeas y sus
visiones idílicas propias del liberalismo institucional, que siempre oculta
cuales son las realidades de las relaciones materiales del poder, los intereses
de clases que existen y cuáles son las estructuras de poder imperialista en la
zona europea.
Desmontar todo ello es una necesidad constante y fundamental para que la aplastante mayoría podamos encarar el futuro en la perspectiva de luchar por nuestras necesidades. En algún lugar la iglesia dice que “la verdad os hará libre”, y en esa tarea debemos mirar a la realidad cara a cara, sin ocultar las cosas.
Este 2026 Europa “celebra” (si es
que hay algo que celebrar, su día asumiendo una amarga realidad: los EE. UU. ya no son aliados: detrás de
la falsa ruptura que estamos viendo desde que Donald Trump asumió la
presidencia, constatamos que Europa mantiene una dependencia estructural de los
EEUU.
Entre los estrategas de la clase
dominante europea se ha venido poniendo en moda afirmar que “EE. UU. ya no es un aliado” de la UE”. Y con ese tiepo de afirmaciones tenemos que deducir
que repiten argumentos meramente ideológicos, “justificativos” ante la
población europea. Serian capaces de responder seriamente a la pregunta,
¿Cuándo fue Europa aliada de los EEUU, y no países dependientes del imperio
norteamericano?
A simple
vista constatamos que la UE y EE. UU.
han formado y forman parte del mismo bloque imperialista, con intereses
económicos y militares profundamente entrelazados y hasta ciertos puntos
comunes.
Y las
tensiones que hemos presenciado, presenciamos a cada paso que dan, de Europa
con Trump no son en realidad una ruptura, sino manifestaciones abiertas de las contradicciones
internas del capitalismo occidental, en su actual fase de su declive hegemónico
en el mundo.
Aquí
asistimos al espectáculo de Trump diciéndoles a los europeos, “ustedes
pataleen, protesten, quéjense, pero la UE no puede “autonomizarse” de los EEUU,
y mucho menos militarmente, porque el aparato militar europeo depende de la
OTAN, es decir, depende de los EE. UU.
Todo lo demás es pura fabula, asistiendo a “relatos sentimentales”, que nos
hablan de supuestas crisis intra‑imperialistas, de “desencuentros
diplomáticos”.
El Eufemismos del capital europeo: “Defensa y competitividad”
Intentan convencernos de que la Unión
Europea está priorizando la “defensa y la competitividad”. ¿Pero, en realidad
que significa esto?
- La “Defensa” significa militarización al
servicio del capital europeo, especialmente del complejo industrial
alemán y francés.
- La “Competitividad” significa austeridad,
desregulación y precarización para la clase trabajadora europea.
- Los acuerdos comerciales (Mercosur, India) son mecanismos
de expansión imperialista para asegurar materias primas y mercados, no
algo que demuestre que debemos tener “fiabilidad en la diplomacia
europea”.
EL DISCURSO DE LAS ÉLITES EUROPEAS
Nos dicen que todo se está polarizando
en el Parlamento europeo. Pero tras ello tratan de esconder que no se trata de
que existan más debates, sino que ello refleja un nuevo estadio en la crisis
del proyecto neoliberal europeo.
La fragmentación no es más pluralismo,
como nos dicen: es un síntoma más de la descomposición del consenso neoliberal,
que fue lo que permitió mantener en pie a la UE desde Maastricht.
Un
inequívoco síntoma de ello es lo que nos presentan como ascenso de la extrema
derecha, que expresa, como siempre, la crisis del capitalismo europeo, que lejos
de ser un enriquecimiento democrático, significa todo lo contrario y como
respuesta vemos como respuesta a esta crisis un aumento de la burocracia y la “tecnocracia”,
que propicia mayores dosis de represión, no la introducción de más “democracia”
en las propias estructuras de la UE, que responde como institución a las elites
dominantes.
LA UE COMO ACTOR BÉLICO, NO
HUMANITARIO: UCRANIA
Los burócratas de Bruselas aun
nos presentan el “préstamo de 90.000 millones a Ucrania como un “hito”
humanitario. Pero, como decíamos antes, decir las cosas como son es nuestra
obligación.
La UE, Alemania, está financiando
la guerra en Ucrania simple y llanamente para defender sus intereses
geoestratégicos, que por supuesto están lejos, en las antípodas de
cualquier tipo de “valores democráticos”.
No importa
que el viejo continente mantenga una situación de endeudamiento colosal, porque
las elites hicieron de sus deudas privadas deuda pública, común, que han
convertido en un mecanismo para transferir los recursos públicos al capital
militar europeo. Loque estamos viendo con la adhesión acelerada de Ucrania
responde exclusivamente a la lógica de expansión del mercado imperialista
europeo y norteamericano, de la OTAN. Todo el circo que hemos visto y vemos de
apoyo a Ucrania es absolutamente ajeno a cualquier tipo de solidaridad.
LA
CAÍDA ORBÁN: CAMBIO MÁSCARAS EN LAS ELITES: EL SISTEMA INTACTO
Hemos visto una gran celebración
por la “derrota de Orbán”, lo cual ha sido presentado como una liberación para
la UE. También esto es ajeno a la realidad, de la cual las elites huyen una y
otra vez.
En primer
lugar, Orbán no es como nos intentan presentar una anomalía: es el producto del
capitalismo periférico húngaro. Su sustitución por Magyar no altera las
estructuras de clase, ni la dependencia económica existente, fundamentalmente
porque la UE no quiere “democracia” en Hungría; quiere su alineamiento
disciplinado a lo que le establezcan.
FRANCIA
Y ALEMANIA “EN HORAS BAJAS”: LA CRISIS IMPERIAL EUROPEA
Desde el inicio del proyecto
europeo se ha buscado mantener un equilibrio entorno al llamado “eje franco‑alemán”,
que ahora se encuentra en crisis y cuestionado.
Y es que el
problema europeo no es de liderazgo político. Es un problema de crisis del
modelo industrial europeo, que a todas luces es incapaz de competir con EE. UU. y con China. Y ello se
refleja en la actual crisis de “austeridad alemana”, combinada con el “caos
político francés”, que son fiel reflejo y expresión del conjunto de las
contradicciones internas del capital europeo.
LA
EXPANSION IMPERIAL EUROPEA NO ES INTEGRACION SOLIDARIA
Bajo el
capitalismo es una ilusión absoluta pensar que Europa se integrara
solidariamente entre sus diferentes pueblos. Los planes actuales de integrar en
la UE a Montenegro e Islandia, lo cual es presentado por las elites como un
proceso natural, tiene en realidad la raíz de ser un mecanismo para absorber
economías dependientes, imponer las recetas “comunitarias”, que permitan abrir
los mercados. Lejos de asistir a una “integración”, asistimos a una nueva subordinación.
ESPAÑA,
PAÍS SUBORDINADO COMO “POTENCIA MEDIA”
Desde un
punto de vista objetivo, España es un país del sur europeo, en el mejor de los
casos “un país medio”, que destaca en la “periferia industrial dentro de la UE”,
en donde además tiene un peso político limitado, porque su estructura económica
es dependiente: turismo, servicios, energía importada, industria debilitada. La
posición del gobierno español haciendo gala de “la bandera por Palestina” no
deja de ser algo simbólico, que no altera ni siquiera el alineamiento con la
OTAN, ni por supuesto su dependencia y sumisión al capital europeo.
POR LA EUROPA DE LOS TRABAJADORES
Este 2026 está siendo un año de
cambios, preparativo para los grandes acontecimientos que viviremos en este
próximo periodo. La UE desde el punto de vista capitalista deja claro la
hipocresía del relato ideológico de una la UE como proyecto racional,
democrático y pacífico.
La UE es un bloque imperialista, en clara competencia con otros polos. La manifestación de la crisis del del capitalismo europeo lejos de ser un problema de “liderazgo”, hunde sus raíces en la debilidad con respecto a sus principales rivales imperialistas, los EEUU y China, ante lo cual la burocracia y los estrategas del capital en Bruselas responden subordinando totalmente sus políticas a los intereses del capital financiero, industrial y militar, lejos de los intereses y necesidades de la clase trabajadora, de los pueblos europeos.
El giro que
estamos viendo en las políticas hacia mayores dosis de militarización, de
políticas de austeridad contra los trabajadores, la búsqueda de expansión
comercial, … son llanamente mecanismos de acumulación capitalista,
diametralmente opuesto al progreso de la sociedad.
Las
contradicciones del capitalismo aumentan y se intensifican en la fase actual
del declive histórico que vive el sistema. La tarea ante este periodo no es
otra que los trabajadores tomen el destino de la sociedad en sus manos,
barriendo de la escena de la historia a la reaccionaria clase dominante
burguesa. El futuro pertenece a la clase trabajadora o no tendremos futuro.


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