MASACRE 28 OCT. EN LAS FAVELAS DE RIO DE JANEIRO
EL GOBERNADOR BOLSONARISTA
CLÁUDIO CASTRO: ¡¡ CULPABLE !!
¡¡ BASTA DE COMPLICIDAD DEL GOBIERNO LULA !!
Este pasado martes 28 los barrios de favelas de Alemão y Penha vivieron una criminal actuación por parte de la Policía Militar (PM) y la Policía Civil del estado de Río de Janeiro, en lo que hipócritamente llamaron una “operación antiterrorista de la historia de Brasil”. Según cifras oficiales más de 80 personas fueron detenidas, arrestadas, y más de 121 personas fueron vilmente asesinadas por las “fuerzas del orden”, en esta criminal actuación del Estado burgués brasileño.
Lo quieran llamar como quieran, todo lo que pudimos ver este pasado martes en RÍO DE JANEIRO no fue otra cosa que una criminal operación de guerra por parte del Estado brasileño, en donde movilizaron a más de 2.500 policías, vehículos blindados, helicópteros y hasta “francotiradores de élite”, con el único objetivo real de perpetrar una brutal masacre, que dejo decenas de cuerpos esparcidos por el terreno, muchos de ellos con disparos en la nuca. Ello no puede llamarse de otra forma que auténticas ejecuciones sumarias, en donde eran apreciables los claros signos de tortura, cuerpos desmembrados, dejados allí para que las familias los recuperaran muertos.
Es necesario explicar abiertamente que estos son los métodos habituales que emplean las fuerzas policiales racistas en Brasil, y que son métodos que llevan empleando durante décadas. Nosotros no dudamos un segundo en afirmar, denunciamos abierta y políticamente, que todo ello constituye “métodos de terrorismo de Estado”, cuyo único y exclusivo objetivo es aterrorizar y embrutecer aún más a los residentes de las comunidades más pobres y que sufren de permanentes problemas raciales en la Capital del estado de Río de Janeiro.
Pero aún habituados a estos métodos asesinos por parte de las fuerzas
del Estado capitalista, en esta ocasión vemos que se ha producido un gran salto
cualitativo en toda la permanente espiral de violencia estatal. Un salto
dialectico que está asombrando y escandalizando al mundo entero.
De todo ello responsabilizamos y denunciamos como autor intelectual de estos hechos, de toda esta serie de asesinatos y masacres, al Gobernador de Río de Janeiro, al reaccionario Cláudio Castro, dirigente y miembro destacado del Partido Liberal (PL), cuyo máximo dirigente continúa siendo Jair Messias Bolsonaro, el golpista condenado a cárcel por la justicia. Falsamente, dicen que todas estas acciones criminales del Estado pretenden combatir el crimen organizado, cortar la expansión de la organización criminal “Comando Vermelho”, en el estado de Río de Janeiro.
Pero la realidad es completamente diferente. Los objetivos centrales de la extrema derecha Bolsonarista no es combatir el narcotráfico, ni mucho menos. La realidad es que existen evidentes y claros vínculos entre miembros del PL, del mismísimo Bolsonaro y sus familiares, con los grandes clanes del narcotráfico y muy particularmente con las llamadas “milicias”, que no son otra cosa que Bandas Paramilitares, las cuales igualmente tienen claros vínculos con el narcotráfico. Todos estos datos plenamente documentados ( https://www.intercept.com.br/2022/10/22/bolsonaro-pcc-marcola-crime-organizado )
Es por tanto que todos estos pretextos de hacer una “guerra contra las drogas” solo esconden como verdadero objetivo las pretensiones de la burguesía de situar sus políticas de genocidio masivos en contra de las poblaciones de las periferias de las grandes ciudades, incidiendo con especial repugnancia en sus ataques a la juventud negra. Y a los que no asesinan, pretenden encarcelarlos.
Cláudio Castro ha calificado esta criminal operación como “todo un
éxito”. Este repugnante “asesino en serie” está detrás de toda esta
política de la burguesía brasileña. Cuatro de las Cinco operaciones más
mortales y criminales realizadas en toda la historia de Rio de Janeiro se han
producido bajo su liderazgo. En ellas debemos de recordar con especial atención
las ocurridas en Jacarezinho, donde hubo 28 muertos, en el año 2021 y la de Vila
Cruzeiro, con 23 muertos, en el año 2022. Pero incluso, estas palidecen
comparadas con la ocurrida este pasado martes.
¡¡El bolsonarismo criminaliza, para masacrar impunemente a los habitantes de las Comunidades!!
Los trabajadores, los jóvenes y los oprimidos de Brasil debemos recordar como el Gobierno de Jair Bolsonaro lanzó una brutal ofensiva propagandística, llena hasta su medula de racismo y de carácter clasista, con el objetivo de criminalizar y deshumanizar a los habitantes de estas comunidades, muy particularmente en contra de la juventud negra. Las elites dominantes pretenden insensibilizarlos ante las masacres que han perpetrado y continúan perpetrando sus gobernantes títeres. Nos dicen una y otra vez que “El único criminal bueno es el criminal muerto”, que fue lema central de la política del “bolsonarismo”.
Faltaría más, esta política no la aplican en contra de los criminales del propio PL, de los verdaderos criminales burgueses blancos, en contra del condenado a cárcel por Golpista Jair Bolsonaro y de los demás criminales de resto de partidos del Sistema y burgueses involucrados en los crímenes del negocio a gran escala del narcotráfico, de los auténticos responsables de los desfalcos y el robo sistemático de los recursos públicos, de millones y millones de reales de los fondos y presupuestos públicos, que deberían haberse dedicado a satisfacer las verdaderas necesidades de los millones de trabajadores, de jóvenes y oprimidos llenos de tremendas necesidades y carencias sociales de todo tipo.
¿Cómo vamos a olvidar que todo ello estuvo detrás de las decenas de miles de muertes que hubo por la política “negacionista” y la criminal gestión que Bolsonaro hizo durante la pandemia del COVID-19?, ¿Cómo podemos olvidar ni remotamente las criminales masacres que estos representantes de las elites dominantes de la burguesía brasileña han llevado y llevan a cabo en las Comunidades negras e indígenas, que mandan a realizar a su Policía Militar y grupos Paramilitares fascistas y que luego utilizan para que todo parezca “normal”, en un clima habitual de violencia en contra de los ciudadanos de raza negra?.
Lula: ¡De discursos “izquierdistas”, a complicidad en las masacres!
Luiz Inácio Lula da Silva preside el gobierno de Frente Popular en Brasil. Es sin duda el dirigente más destacado del Partido del Trabajo (PT). Como es característica de este tipo de gobiernos, en donde la izquierda pone los votos y el prestigio ante las masas y los representantes burgueses en el mismo ponen e imponen su programa, vemos en el actual gobierno presidido por Lula todo un mundo de enormes contradicciones, que no benefician en la practica los intereses de las masas brasileñas.
En casi todas las ocasiones vemos a Lula adoptar un discurso de izquierda, pero la tozuda realidad es que en la práctica concreta continúa sometiéndose a los dictados del Capital. Con la situación concreta y real existente en Brasil, la única opción que tiene Lula es pasar de las palabras y “discursos de izquierdas” a los hechos prácticos realmente de izquierda. Para ello es necesario objetivamente que el PT y Lula expulsen del gobierno a todos los representantes de la burguesía y de los partidos políticos que la representan.
Existe un viejo refrán español que dice que “UNA COSA ES PREDICAR Y OTRA DAR TRIGO”. Esto significa que uno puede mostrarse partidario de nobles y honrosas causas, de proyectos, defendiéndolo con bellas palabras Y ello es una cosa fácil de hacer. Pero es necesario traducir esas palabras a las actitudes y los hechos reales, tangibles. Esto ya puede ser algo más complicado, pero necesario. Cuando se predica, pero los hechos no acompañan a las palabras, a lo que asistimos es a una falsa, a una mentira consagrada.
Así, por ejemplo, ante los intentos de doblegar por completo al gobierno brasileño desde la Administración Trump, con la política de Aranceles, con un claro impacto sobre sectores de la burguesía brasileña, el gobierno Lula lanzó un paquete de ayudas, llamado “Brasil Soberano", con créditos e incentivos, que en el fondo solo sirvió para aumentar aún más las ganancias y beneficios de los capitalistas, que recibieron dinero público (¡por Dios, estos mismos que siempre dicen que el Estado no debe intervenir en el mercado!)
Pero al mismo tiempo, Lula evito en todo momento entrar en confrontación real con el imperialismo estadounidense. Y por supuesto, ignoro tomar medidas concretas, que correspondían a una situación en donde el imperialismo situaba bajo ataque a Brasil, con “amenazas de establecer un 50% de Aranceles”. De nuevo los “discursos izquierdistas”, cargados de dosis de nacionalismo, quedaban en palabras, pero lejos de llevarlos a los hechos, a la realidad. El gobierno de lula debería haber procedido a SUSPENDER DE INMEDIATO EL PAGO DE LA DEUDA INTERNA Y EXTERNA, al tiempo que proceder a la NACIONALIZACION DE LOS BANCOS Y DE LAS EMPRESAS MULTINACIONALES QUE OPERAN EN EL PAIS.
Pero en vez de hacer un llamamiento a la clase trabajadora para enfrentar el ataque del imperialismo con un claro programa de clase, el presidente Lula, queriendo aparecer como un “gran hombre de Estado”, busco una y otra vez “negociar y negociar con el gobierno de los Estados Unidos”. Y todo nos indica que la “buena sintonía” que han mostrado recientemente Trump y Lula, en sus últimos encuentros, no muestra otra cosa que un claro interés y voluntad de la Administración Trump de negociar con Lula. Dicho en otras palabras, de mantener e incrementar la influencia y los negocios norteamericanos en Brasil, de seguir impulsando la explotación y el saqueo de la riqueza nacional. Esto en el lenguaje de los beneficios del imperialismo solo significará profundizar el dominio del imperialismo estadounidense sobre Brasil.
Sin embargo, pese a esos “discursos de izquierdas” que en ocasiones pronuncia Lula, la masacre ocurrida el pasado martes no ha merecido ni una sola palabra de condena por parte del Gobierno de Lula. Una de las pocas cosas que pudimos escuchar y leer al respecto fueron “los desmentidos Ejecutivo nacional” frente a las acusaciones del gobernador Castro, quien acusaba al gobierno Lula de “falta de apoyo de las fuerzas federales a la guerra contra las drogas”.
El ministro Ricardo Lewandowski salió, casi literalmente, corriendo para reunirse con Castro, autorizándolo a “crear una nueva Agencia Estatal en Rio de Janeiro dedicada a combatir el crimen organizado, con plena colaboración del Gobierno federal”. De una forma absolutamente indigna de un gobierno de izquierdas, el Ministerio de Justicia y Seguridad Pública publicó con urgencia un extenso comunicado, en el cual detallaba las “acciones de apoyo de la Policía Federal en Río de Janeiro”.
Es deber y obligación de los marxistas decir la verdad siempre a los trabajadores, a la juventud y al conjunto de los oprimidos: en la medida en que los dirigentes del PT, con especial responsabilidad de Lula como su representante más destacado, se niegan a romper en su política con la burguesía, el gobierno actual, que preside Lula, es un gobierno burgués, que actúa por dentro del aparato del Estado capitalista brasileño, un Estado que representa y defiende los intereses de clase de la burguesía, de los poderes económicos de Brasil.
Independientemente de las buenas intenciones que dirigentes que se dicen “reformistas”, como Lula, puedan tener o no, en el terreno decisivo de la práctica, con sus políticas de “conciliación de clases”, jamás lograran, ni de lejos, que las estructuras del Estado puedan ponerse al servicio de los oprimidos, cuyos intereses están enfrente de los intereses de los capitalistas explotadores y que por miles de lazos son los que controlan el Estado y sus estructuras fundamentales. La clase dominante jamás renunciara a utilizar el Estado, con su política de violencia policial incluida, pues ello es un medio central para ellos al objeto de mantener bajo control al conjunto de las comunidades, en donde viven confinados, en condiciones de extrema precariedad y misera, miles y miles de trabajadores, jóvenes y oprimidos.
Lo que vemos en la realidad es que las buenas palabras, los discursos de Lula, se contradicen una y otra vez con la realidad diaria de millones de brasileños y brasileñas. Es sabido que el gobierno de Lula hizo promulgar una Ley en donde brinda mayor protección a la propia Policía y en donde le otorga más poder (https://expresso.pt/internacional/brasil/2025-10-30-presidente-do-brasil-promulga-lei-para-reforcar-combate-ao-crime-organizado-e-protecaodeagentes-516b3fbe ) Para aprobar esta Ley Lula convoco con carácter urgente una reunión con sus ministros.
¿Acaso con todo ello nos debe extrañar que en Bahia, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), dirigido por Jerónimo Rodrigues, cuente con unas fuerzas policiales de las más letales y mortíferas del país, sin que por ello haya sido amonestado o llamado al orden en ningún momento por el gobierno Federal de Lula?
Es lamentable, pero real como la vida misma, que la única intención del gobierno Lula en el caso de la violencia policial consiste en “crear un Nuevo Organismo”, que gestionará las actuaciones conjuntamente, con personajes como el bolsanarista Cláudio Castro, con lo cual no pretenden erradicar esa violencia policial, sino simplemente que la misma no empañe directamente al Gobierno Federal, por las repercusiones internacionales que todo ello pueda tener, al igual que las propias repercusiones en sectores como el turístico.
Como habíamos advertido desde antes de la elección del gobierno que preside Lula, las políticas de negociaciones y concesiones al bolsanarismo, que los dirigentes del PT, encabezado por Lula, nos decían servirían para “luchar contra el fascismo”, nos conducen a todo lo contrario. Lo que hemos visto y vemos es la integración de claros sectores de la derecha, de los esbirros de la clase dominante brasileña, en el propio Gobierno de Lula, que junto a los demás partidos de la derecha dicen sostenerlo y apoyarlo, pero que están esperando el momento adecuado para pasarles la cuerda por el cuello y ahorcar cualquier política de izquierda y a los propios dirigentes de los partidos de la izquierda brasileña, que empeñados en sostener a esos elementos dentro del propio gobierno, serán los responsables políticos últimos de todas estas consecuencias.
Con esta política de acuerdos con los representantes de las fuerzas políticas de la derecha los dirigentes del PT solo están consiguiendo dar un respiro momentáneo a la extrema derecha y darles tiempo a que puedan organizarse mejor y más eficazmente de cara a volver a la presidencia del país y a imponer las políticas que finalmente ajusten cuentas con el movimiento obrero, de la juventud y del conjunto d ellos oprimidos de Brasil.
UNA POLITICA
REVOLUCIONARIA PARA CAMBIAR LA SOCIEDAD
Cualquier médico que intente “curar un cáncer recetando simplemente aspirinas” seguramente seria condenado y obligado a abandonar la profesión médica, probablemente le anularían el Título y llegado el caso podría ser acusado de negligencia. Pues es un paralelismo semejante que alguien defienda acabar con las lacras de las drogas manteniendo las condiciones materiales en las que viven millones y millones de oprimidos en la sociedad.
Las bases materiales son determinantes. Marx explico como “el Ser social determina la conciencia y no al contrario”. Que duda cabe que son las bases sociales en las que viven una aplastante mayoría de la población las que en ultima instancia empujan a miles de personas hacia el narcotráfico. No tenemos dudas de que son las miseras condiciones de vida a las que obliga a vivir a millones el capitalismo, motivado todo ello por las condiciones de miseria en las que el capitalismo obliga a vivir a millones, o mejor dicho a malvivir, las que están detrás de lacras sociales como la drogadicción, el alcoholismo, ….
El consumo y el tráfico de drogas es un producto directo de las condiciones de putrefacción a las que condena a la sociedad la existencia del Sistema capitalista, que en esta etapa histórica se ha convertido en algo totalmente caduco y reaccionario, incapaz de garantizar una vida digna a cada vez mayor numero de personas en todo el planeta, y cuya demostración lo vemos en el día a día en países como Brasil.
El Sistema socioeconómico, el capitalismo, en el que vivimos, es intrínsicamente corrupto, basado en la explotación y el robo sistemático de la clase dominante sobre la aplastante mayoría de la sociedad. Y para ello el uso de la violencia sistemática es algo vital para la burguesía, al objeto de poder continuar su dominio sobre el conjunto de la sociedad, intentando evitar que la mayoría se rebele contra las mismas bases de este podrido sistema. Y por supuesto. Que esta violencia en contra de la mayoría de la sociedad no cambiara en nada que continúen existiendo las mismas bases materiales que vemos actualmente, en donde las condiciones de miseria avanzan hacia mayor número de personas, en las que son obligados a vivir millones de seres humanos.
Lo que hemos visto todos estos años atrás, en estas décadas atrás, nos contaron milongas y falacias de una supuesta y pretendida "guerra contra las drogas", simplemente ha ido creando pura y llanamente una verdadera montaña de cadáveres, y junto a ellos, más y más miseria para la clase trabajadora y los campesinos pobres, en todos y cada uno de los países de Latinoamérica, incluido Brasil por supuesto. Y los Estados Unidos tampoco escapó a este panorama.
Los métodos que han empleado las elites y sus gobiernos, en cada país, en cada gran ciudad, en lugar de detener y eliminar el narcotráfico, lo han reforzado y lo han fortalecido, mezclado las estructuras de los grandes clases del narcotráfico con los negocios y el poder económico de las oligarquías, los grandes empresarios y banqueros, en cada país, y junto a todos ellos incrustando el poder creciente de las mafias narcotraficantes en las estructuras del Estado, con lazos en las fuerzas policiales, de las Fiscalías, los órganos judiciales y los propios órganos legislativos de los países.
En Brasil, tanto el llamado “Comando Vermelho”, como el “Primeiro
Comando da Capital”, que es la segunda organización criminal más grande de
Brasil, nacieron, crecieron y se fortalecieron de la mano y como respuesta a la
violencia policial estatal:
·
el primero en las cárceles de la
dictadura.
· el segundo en las cárceles de la democracia burguesa, tras la masacre de 111 personas encarceladas en la prisión de Carandiru.
Con ciertos paralelismos con la situación vivida en Colombia, en Brasil los métodos empleados por las propias fuerzas estatales dicen que “para el control del narcotráfico”, están íntimamente unidos a la propia existencia de las llamadas “Milicias”, verdaderos grupos de paramilitares, que controlan amplios territorios, que se dedican a “extorsionar dinero y bienes”, sobre todo a los pequeños empresarios y a la clase trabajadora. Verdaderos grupos mafiosos al servicio de los poderosos y de los jefes de los clanes del narcotráfico.
Para los trabajadores, los campesinos pobres, la juventud y el conjunto de los oprimidos de Brasil, de toda Latinoamérica, la verdad es siempre concreta. Los consejos moralistas y las ideas de verdades abstractas no conducen a ningún lado. Bajo el Sistema capitalista es la burguesía, como clase dominante, la que controla el Estado, y por tanto la que ostenta y ejerce el monopolio de la violencia estatal.
Cuestiones como ¿qué es el Estado, que representa en su esencia y que tipo de Estado necesitamos los trabajadores desde el mismo momento en el que logremos derribar al capitalismo?, siempre ha sido un asunto teórico y práctico de una enorme importancia. Estos análisis y debates en torno al Estado son, deberían ser aún más, el ABC para los trabajadores más conscientes y avanzados políticamente, por supuesto para los marxistas de todo el mundo.
No fue ni mucho menos casualidad que el propio Lenin, entre los meses de agosto y septiembre de 1917, entre los cruciales meses que fueron de la revolución de febrero a la de octubre, mientras se encontraba exiliado en Finlandia, escribió una obra fundamental sobre el asunto: “El Estado y la Revolución”, en donde explico no solo la naturaleza y el carácter de clase de los actuales Estados, bajo el capitalismo, sino que también, basándose en la breve experiencia de la Comuna de Paris, explico como tendría que ser el Estado Obrero, inmediatamente a cuando la clase trabajadora tomara el poder en sus manos, derrocando a la burguesía.
Lenin explico que en la sociedad humana “El Estado es el producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables”. Ante ello Lenin propone en su obra citada “un Estado sometido al control de asambleas verdaderamente democráticas, como alternativa al parlamentarismo burgués”. ( V. I. Lenin (2001), “El Estado y la revolución”, Barcelona, DeBarris, p. 16)
Pero nosotros sabemos que después del ABC existen el resto de las letras del alfabeto. Por ello, en un lenguaje comprensible para cualquier trabajador, debemos decir que los capitalistas son muy conscientes de que en muchas ocasiones sus ganancias y el mantenimiento de su poder sobre la sociedad dependen, por entero, de que puedan ejercer la violencia en contra de la clase trabajadora. Y en Brasil, en concreto, ello se traduce en como ejercen en particular la violencia en contra de la clase trabajadora negra, los más marginados de la sociedad, del país. Basándonos en toda la experiencia debemos decir que jamás la burguesía brasileña renunciara a mantener su control sobre la Policía Militar y otras fuerzas policiales, que son sus elementos de represión “legales” en contra de la mayoría de la población trabajadora, los campesinos, la juventud y los oprimidos de Brasil.
Los datos objetivos son elocuentes. Durante el año 2023 se llegaron a registrar 6.400 homicidios a manos de las intervenciones policiales, de los cuales un escalofriante 82,7% correspondieron a personas negras. De ellos el 71,7% correspondieron a jóvenes que tenían entre 12 y 29 años. Es interesante indicar como el Estado de Bahía, gobernado por el PT, encabezó la lista tenebrosa ese año: 1.700 personas asesinadas, un escandaloso 94% de ellas negras.
Es posible que en términos legales el que pudiéramos hablar de un genocidio en contra de la juventud negra pueda ser una exageración. Pero realmente si se trata de una política de terror consciente por parte de la clase dominante y su aparato estatal, consistentemente organizada por los partidos de la burguesía y las fuerzas represivas del Estado capitalista, con el objetivo central de controlar a la clase trabajadora, amedrentarla y asustarla para evitar que luche por mejorar su situación social y laboral, al tiempo que pretenden con ello obtener los votos de las capas más empobrecidas de la pequeña burguesía, que desesperada ante la crisis del sistema en el último periodo se ha inclinado hacia la extrema derecha, temerosa de los avances de los movimientos negros, antirracistas, indígenas, etc. Que se han visto animados a luchar por mejores condiciones y derechos.
Llegados a este punto es necesario explicar con total claridad, a los ojos y oídos de todos los trabajadores, jóvenes y oprimidos de Brasil, que para acabar con toda esta violencia intrínseca del capitalismo y su Estado, para acabar con todas las lacras de un Sistema social en proceso de degeneración y descomposición, el capitalismo, para plantearnos poner fin a la pobreza que avanza como una gran mancha de aceite en el mar de la sociedad, para poner fin al racismo y a las políticas propias del fascismo, que cuestiona la propia existencia de las organizaciones de la clase trabajadora, es necesario e imprescindible PROCEDER A DESTRUIR EL ESTADO CAPITALISTA, sustituyéndolo por un ESTADO DE LOS TRABAJADORES.
Por supuesto los capitalistas pondrán el grito en el cielo ante esta idea. Es lógico, se juegan en ello su futuro como clase dominante en la sociedad. Por supuesto que intentaran ofrecer toda la resistencia y oposición que puedan para que la clase trabajadora no se establezca, con su propio Estado, como clase dominante en la sociedad. No somos ingenuos y sabemos todo eso.
Es por ello que los trabajadores debemos sustituir el monstruoso actual Estado capitalista por uno propio de los trabajadores, que deberá basarse en los siguientes principios:
1) Elecciones libres, con revocabilidad
en cualquier momento de todos los funcionarios, por quienes los eligieron.
2) Ningún funcionario podrá
cobrar, ni recibir, más del salario más alto de un obrero cualificado.
Representante obrero, sueldo obrero.
3) Ningún ejército
permanente, sino el pueblo organizado y armado para defender su Estado y las
conquistas que se logren.
4) De forma gradual, todas
las tareas de administración del Estado serán realizadas por toda la población,
de forma rotativa. “Cuando todo el mundo es un burócrata por turnos, nadie es
un burócrata”.
Por último, pero fundamental, para terminar por vencer totalmente la resistencia y los intentos reaccionarios de la clase capitalista para restablecer su poder en la sociedad, es necesario que los trabajadores de forma democrática y organizada defiendan un programa que incluye la expropiación de toda la riqueza que hoy en día está en manos de un minúsculo puñado de millonarios, riqueza que han venido robando por décadas y siglos a la clase trabajadora, mediante el robo de la plusvalía del trabajo que ejercemos los trabajadores en el sistema productivo. El trabajo es la base de toda la riqueza que se crea en la sociedad y que bajo el capitalismo se la apropia en forma de beneficios privados el 1 por ciento de la población, de los grandes oligarcas, empresarios y banqueros.
Una vez estén bajo el control democrático de los trabajadores la economía, las grandes empresas y el sector financiero, incluyendo los bancos, la clase trabajadora, los campesinos y el conjunto de los oprimidos hoy bajo el capitalismo, democráticamente podremos definir con claridad cuales son las necesidades existentes y planificar el conjunto de las palancas fundamentales de la economía con vistas a satisfacer esas necesidades, lejos del beneficio privado.
Para realizar estas tareas deberemos construir Comités de trabajadores, campesinos, jóvenes, … en los barrios, en las fábricas, en los centros de estudios, que funcionaran de forma plenamente democrática. Esos mismos Consejos tendrán como tarea la defensa de nuestras conquistas y entre ello el poder defendernos de los posibles ataques de la burguesía, de los órganos de represión de su actual Estado y por supuesto de las bandas y clanes paramilitares al servicio de los hata ahora millonarios, incluyendo la defensa y erradicación de las bandas y clanes del actual narcotráfico, que envenena a nuestra juventud para el beneficio millonario de un puñado de parásitos.
En nuestra nueva sociedad irán desapareciendo las actuales lacras y problemas que padecemos y con ello las necesidades psicológicas de miles de jóvenes y trabajadores de “evadirnos de la realidad cruel en la que vivimos, mediante el consumo de drogas”. El fin de la opresión y de la explotación capitalista que sufrimos será también el fin de muchos problemas y enfermedades que hoy sufrimos bajo el capitalismo.
En el ultimo periodo hemos visto un ascenso del nivel de comprensión de muchos jóvenes y trabajadores de la necesidad que tenemos de luchar por un mundo distinto al cual vivimos hoy, un mundo que haga realidad la idea que expreso la gran revolucionaria Rosa Luxemburgo: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. (“Por um mundo onde sejamos socialmente iguais, humanamente diferentes e totalmente livres.")
El futuro nos pertenece a nosotros y a nuestra lucha por transformar la sociedad, de lo contrario el capitalismo nos amenaza constantemente con devolvernos a dosis cada vez más altas y crueles de barbarie, devolver a la humanidad a dosis de la prehistoria.
· ¡Nuestra absoluta solidaridad con las familias de las víctimas, con toda la
población marginada y negra perseguida por las fuerzas represivas del Estado
burgués brasileño!
· ¡Acabar con la existencia de la Policía Militar y de toda la violencia
racista que ejerce el Estado capitalista!
· ¡Tenemos que organizarnos en la lucha por cambiar la sociedad!

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