UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
Por Salvador Pérez
Desde luego no hacia falta
escuchar al ínclito Mark Carney, con su retorico discurso en Davos, para que
todos supiéramos que EEUU decidió construir un “nuevo orden internacional”,
mandando al carajo todo eso que llamaban el "orden internacional basado en
reglas", del cual todo el mundo hablaba, pero que no servía más que para
cubrir las apariencias de la política del imperialismo.
Como Mark Carney reconoció en su discurso, ya todos estos incrédulos saben que Trump cambio las reglas y que “el viejo orden no va a volver. No debemos llorarlo”. Todos se preguntaban por las cuatro esquinas ¿Petróleo o soberanía nacional?, Trump les respondió a la cara, con bombardeo sobre Caracas incluido: Petróleo, más riqueza para el 1 por ciento de los superricos.
Cuando Trump miro el mapa y se dio cuenta que existe ahí arriba un sitio llamado “Groenlandia”, al parecer vinculado a Dinamarca, dijo: “eso es mío y lo tomare de una u otra forma”. Todos salieron corriendo espantados de las formas bruscas de Trump, y emiten estériles comunicados en donde dicen que “Groenlandia pertenece a su pueblo, y sólo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir sobre asuntos relativos a sus relaciones”, afirmaron en una declaración conjunta los gobernantes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España, Reino Unido y Dinamarca.
Y se quejan de las formas “bruscas” y poco
diplomáticas de Donald Trump. Pero ¿realmente son tan bruscas? Pues parece que,
pese a que a nuestros liberales y progresistas de todo el planeta, en especial
a los llamados dirigentes europeos, aunque se espanten ahora, esas son las
formas de actuar, más o menos, del imperialismo desde siempre. ¿O es que acaso la
invasión reiterada de Irak, por ejemplo, por parte del imperialismo fueron
excursiones campestres de fin de semana?
Igual el santo velo de la
hipocresía está cayendo demasiado rápido con Trump en la presidencia
norteamericana. A Venezuela, a Groenlandia, le esta continuando las amenazas
directas de Trump sobre Colombia, Cuba, Nicaragua, México, y Europa, por
supuesto.
Pero siempre nos quedan los
valientes reformistas de todo pelaje. Ahora parece que están un poco
contrariados con Trump, al que estos “izquierdistas” acusan de “no respetar el derecho
internacional y que haya condenado a la impotencia a la ONU”.
Al fin y al cabo, ellos siempre
habían pensado que “la ONU ERA UN ORGANISMO DE Paz y Concordia entre las
naciones”, que ahora Trump ha tirado por los suelos como algo inservible. Se
quejan amargamente de que “los estadounidenses han realizado un acto ilegitimo
en Venezuela, bombardeando y secuestrado a su presidente y primera dama”.
Fanfarronamente dicen que “como el Concejo de Seguridad de la ONU no lo
autorizó, el acto es una violación de EEUU a los pactos de la ONU”. Pero con
estas payasadas Trump debe estar riéndose mucho de todos ellos, máxime cuando
escucha a Carney admitir que “el orden internacional basado en reglas no era
otra cosa que pura mentira y ficción", que para lo único que serva era
para maquillar la total dominación del mundo a manos de los imperialistas. De
hecho, los únicos que se habían creído todas esas payasadas eran algunos pocos
inocentes dirigentes de la llamada izquierda reformista. Nadie más.
ONU y la NADA
La búsqueda de lo perdido. La
clase dominante intento durante décadas, después de la II Guerra Mundial,
buscar un mundo en donde reinara un poco los conceptos de “paz, paz social,
imperara el llamado libre comercio”, un mundo en donde las diferencias entre
distintas naciones se solucionarán con las “reglas del derecho internacional,
la diplomacia, todo auspiciado por árbitros internacionales, como la ONU, la
OTAN, el FMI, … Un mundo “fantástico, en
donde finalmente los “árbitros obedecían a sus verdaderos dueños: todas esas
instituciones internacionales al servicio del imperialismo, con EEUU como
primera potencia mundial, controlando el brazo armado que era la OTAN.
Tras la I Guerra Mundial las
potencias vencedoras fundaron, en el Tratado de Versalles, el 28 de junio de
1919, un organismo análogo a lo que despues sería la ONU, que se conoció entonces como la “Sociedad
de las Naciones (SDN), Sociedad de Naciones o Liga
de las Naciones”. Lenin no tuvo
dudas en calificar a la Sociedad de Naciones como “una cocina de ladrones”,
que, por supuesto no logro evitar el estallido de la II Guerra Mundial y que
oficialmente fue disuelta en 1946, para ser sustituida por la actual ONU, que
surgió como expresión d ellos deseos del Departamento de Estado de los EEUU,
para que sirviera, tal y como había revisto el gobierno de Roosevelt, a los
intereses de la nueva potencia hegemónica surgida tras la guerra mundial, los
Estados Unidos.
Es claro y conocido que la famosa
“Carta de la ONU” fue redactada a medida d ellos intereses de los EEUU, que en
aquellos momentos la pudo negociar con el Reino Unido y con la URSS de Stalin.
Como ocurriera antes con la Liga
de las Naciones, desde el nacimiento de la ONU siempre fue un marco decorativo,
en donde las naciones integrantes podrían patalear y quejarse y las decisiones
importantes siempre se tomaban a medida del imperialismo, o simplemente no se
tomaban medidas. Ese es el espíritu del Veto que en el Consejo de Seguridad se
guardaron para si las principales potencias imperialistas.
Este funcionamiento siempre
garantizo el dominio del imperialismo sobre la ONU, que continua hasta nuestros
días. Como decimos, la llamada Asamblea General solo sirve, en el mejor de los
casos, como vimos recientemente con el genocidio en Gaza, para que algunos
dirigentes como Gustavo Petro acudan a ella para “desahogarse y lamentarse”, en
unas reuniones que solo tienen caracteres consultivos y que nada pueden hacer
frente a las políticas de hechos consumados de las potencias, en especial a las
políticas de los EEUU.
El Imperialismo manda
La ONU era una de la “patas
propagandísticas del imperialismo”, a las cuales los EEUU sumaron algunas otras
patas más resolutivas: la OTAN, el FMI, … junto a la CIA y el Pentágono, con
todo ello de conjunto, siempre, siempre, el imperialismo ha impuesto sus
políticas al resto del planeta.
Al respecto de los nuevos hechos,
la Administración de Donald Trump tan solo esta librando a organismos como la
ONU del velo místico para algunos, dejando claro que digan lo que digan los
demás, el imperialismo llevara a cabo sus políticas, en defensa de los
intereses de las elites dominantes en los EEUU
Lenin describió al imperialismo
como la ultima fase del desarrollo capitalista. El Sistema capitalista no fue
puesto en la tierra por los dioses, junto al hombre, sino que es el producto de
una época dada del desarrollo de la humanidad. Es indudable que este Sistema
socioeconómico jugo un papel en la historia, primero en la medida en la que
sepulto al feudalismo cuando se convertido en un obstáculo para el desarrollo
de las fuerzas productivas, y más tarde en la medida en la que propicio que las
fuerzas productivas avanzaran, crecieran y se desarrollara, junto a ellas la
clase obrera en todos los países.
Pero llegados a estos momentos, el propio
sistema capitalista se ha convertido en un freno, en un obstáculo formidable,
para que las fuerzas productivas continúen desarrollándose, para que miles de
millones de seres humanos en todo el planeta podamos aspirar a vivir una vida
digna, humana. La sed de beneficios privados del 1% de los superricos se
enfrenta a la extensión de la miseria, el desempleo y las brutales necesidades
sociales crecientes en todos los países, problemas que se podrían solucionar
fácilmente con una planificación democrática de la economía en vista a
satisfacer esas necesidades. Y para poder planificar la economía para interés
de la aplastante mayoría, primero la mayoría necesitamos poseer el control y
propiedad colectiva a de las fuerzas productivas, de la economía.
Es claro que
los principales acontecimientos que estamos observando a nivel mundial obedecen
a una lucha sin cuartel entre las dos principales fuerzas imperialistas en
estos momentos, en pugna por incrementar y dominar las zonas estratégicas del
planeta: los EEUU por un lado y China por el otro. Esto es algo evidente, que
solo algunos pequeños grupos sectarios en el movimiento se niegan a ver, dentro
de una visión dada que tenían y que desapareció, junto al “orden internacional
establecido”.
Es evidente
que los imperialistas norteamericanos, que poseen la mayor fuerza militar del
planeta, están intentando evitar la profundización del declive que experimentan
en las últimas décadas, en favor de China, que ha emergido como la potencia
imperialista en ascenso.
El que la mayoría
de los países latinoamericanos estén viviendo un proceso de aumento de sus
relaciones comerciales con China, en detrimento de los EEUU, que consideraba a
estos países su “patio trasero”, no es factor secundario en las recientes
agresiones militares de los EEUU sobre Venezuela, con amenazas implícitas a
Colombia, Cuba, México, Nicaragua.
En esta nueva dinámica
de la lucha imperialista, los EEUU están buscando una política exterior que
supone soltar lastre, con respecto a Europa, por ejemplo. Trump esta exigiendo
al resto de sus antiguos socios que aumenten su participación en los gastos
militares, en la OTAN, al tiempo que les endurece las condiciones para exportar
mercancías hacia los propios EEUU. En estos próximos meses podremos ver un
aumento, también, de las tensiones entre los EEUU y Europa, que se acostumbro a
una dependencia total de los estadounidenses tras el final de la II Guerra Mundial.
La lucha contra el Imperialismo, la lucha por el socialismo
De todas
formas, el problema de fondo continúa siendo la crisis orgánica de sobreproducción
capitalista, que no está ni estará resuelta en el próximo periodo y que pone
sobre la mesa la disyuntiva de que la clase obrera transforma la sociedad,
acaba con el capitalismo, o de lo contrario la humanidad esta abocada a vivir
nuevas cuotas de creciente barbarie.
La debilidad en extremo de las
fuerzas del marxismo no es impedimento para que vayamos a ver un recrudecimiento
de la lucha de clases a nivel internacional. Las condiciones objetivas cortan
el paso a una situación de tregua social estable. Las masas se ven en la necesidad
de salir a la lucha, aunque estén dotadas de direcciones con ideas y programas
incorrectos. En base a esos acontecimientos los marxistas trabajaremos para
construir direcciones que puedan ofrecer una salida revolucionaria a las masas,
en todos los continentes.
Es evidente que, si los marxistas
constituyéramos una fuerza seria en al menos determinados países claves todo el
proceso serio mas fácil, menos costoso para la propia clase obrera. Pero como
indico Lenin, los revolucionarios no hacen las revoluciones, se preparan para
intervenir en ellas, que son acontecimientos objetivos en la sociedad, para
permitir que las masas puedan tomar el poder.
Aun así no podemos descartar
incluso que en algún país las masas puedan vencer y tomar el poder. En ausencia
de un claro programa marxista, esas revoluciones adquirirán un carácter distorsionado
del modelo clásico de lo que es un Estado obrero sano, de una genuina
democracia obrera basada en la total participación de los trabajadores en la planificación
y gestión de la economía y la sociedad. Sea como sea, los marxistas
acompañaremos estos procesos “explicando pacientemente” las tareas que tiene la
clase obrera por delante.
Los marxistas, desde hoy mismo,
hacemos claros llamamientos a las direcciones tradicionales de la clase
trabajadora, fundamentalmente sus sindicatos, para que se organice y se vaya
desarrollando la lucha de los oprimidos en contra de las embestidas de la
reacción, de la burguesía y los imperialistas. Levantamos la necesidad de
organizar UN FRENTE UNICO DE LUCHA DE LA CLASE OBRERA Y LOS OPRIMIDOS, para
luchar contra la barbarie creciente del capitalismo/imperialismo.
Llamamos a desarrollar esta
lucha, dirigida hacia la expropiación de las oligarquías, los grandes
empresarios y banqueros, que son las muletas en cada país de las grandes
empresas imperialistas.
El viejo orden capitalista está muriendo, se encuentra en proceso de putrefacción, Es necesario en base a la lucha de la clase obrera, los campesinos pobres, la juventud y el conjunto de los oprimidos, afrontar una lucha a fondo por un nuevo orden internacional, en el cual los intereses de la absoluta mayoría de la sociedad sean los que primen.


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