LUCHA DE CLASES, PODER POLITICO Y CAMBIO SOCIAL

  A 109 años de “El Estado y la Revolución”

         Sin lugar a duda que la cuestión del Estado ha sido siempre un asunto de extrema importancia para la lucha histórica de los trabajadores, para el movimiento obrero en su conjunto, más aun en las etapas de los desarrollos revolucionarios. Los teóricos marxistas le prestaron, por ello, una atención especial. Ello ha quedado demostrado en la elaboración de importantes textos teóricos, en donde el Estado y su papel fueron examinados detalladamente al objeto de extraer lecciones practicas de indudable calado. 

Por Salvador Pérez

Textos como “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, de Federico Engels, o “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, de Marx, son buena prueba de ello. Pero sin lugar a duda la obra que mejor sintetiza y da una explicación de las esencias fundamentales de la teoría marxista sobre el Estado es “El Estado y la Revolución”, de V. I. Lenin, del cual opinamos que es uno de los textos más importantes de todo el siglo XX. Este próximo agosto cumplirá sus 109 años desde que fue escrito. 

Lenin siempre insistió en la idea, cien por cien correcta, de que “sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”. Por ello, por la importancia e implicaciones prácticas que tiene la teoría, para los marxistas es un deber estudiar la historia, no como un pasatiempo, o algo meramente acacadémico, sino con el objetivo de extraer las conclusiones prácticas para el presente. 

No tendría sentido otra cosa, cuando nos planteamos el objetivo de transformar completamente la realidad. 

Y ello constituye otra dierencia fundamental de los marxistas con respecto a los reformistas de todo tipo, incluidos los más sinceros, que siempre están dispuestos a pronunciar “bellas palabras” y hasta discursos radicales, que luego dejan "dormir" en los cajones de las mesas de los despachos o en los armarios, para llevar al terreno de la practica otras cosas bien diferentes. 

Lenin detestaba profundamente las prácticas de los dirigentes reformistas, de los de derechas, al igual que de los llamados "reformistas de izquierdas", que hablan y hablan, predican y predican, unas ideas divorciadas de las practicas cotidianas y que de forma religiosa casi acaban claudicando ante las presiones de la clase dominante capitalista. 

Dicen defender una sociedad basada en la justicia y la igualdad social, pero desde dentro de los márgenes del sistema no hacen nada realmente valido para ello. Finalmente los vemos aplicando las directrices y los dictados que les marcan desde los Consejos de Administración de los monopolios y la gran banca. 

Marx y Engels, no en vano, cuando analizaron en El Manifiesto el significado del Estado y de los gobiernos, concluyeron que “el gobierno del Estado no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”. Todos los intentos de que las cosas sean de otra forma, sin romper abiertamente con el Sistema, han acabado en estrepitosos fracasos, en ocasiones dramáticos para la clase trabajadora. Y ello fue así antes y ahora, bajo las condiciones del capitalismo azotado por su crisis orgánica de sobreproducción, las políticas de los reformistas acaban, unas tras otras, convertidas en políticas contra reformistas. En realidad ello es la demostración del porque el reformismo esta en todos lados en crisis, junto al capitalismo.

Lenin elaboro las conclusiones del tipo de Estado que necesitan los trabajadores, una vez tomen el poder, no para ponerlas en práctica unos cuantos siglos después, sino para el día después de que la clase trabajadora tome el poder. Y por supuesto Lenin no elaboro sus ideas teóricas partiendo de la nada, sino partiendo de las lecciones y experiencia histórica que supuso la Comuna de Paris, acontecimiento minuciosamente analizado por Marx y Engels. 

A partir de aquella experiencia Lenin elaboro su famosa obra “El Estado y la Revolución”, unos meses antes de que el proletariado ruso tomara el poder en octubre, al objeto de trazar el tipo de Estado por el cual los trabajadores lucharían por construir, desde el dia siguiente a arrojar a la burguesia al basurero histórico.  

Rusia comenzó el siglo XX como un país profundamente atrasado, predominantemente agrario, bajo la bota de esa monstruosa monarquía absolutista llamada zarismo. Una sociedad que reflejaba la existencia de un sistema social profundamente dividido en clases desiguales. En ese contexto se produjo la revolución de febrero de 1917, en donde las masas derrotaron al zar Nicolás II. Pero la victoriosa revolución popular de las masas rusas en febrero de 1917 puso el poder en manos del Gobierno Provisional, dominado por dirigentes reformistas, que provocaba que en realidad el poder siguiera en manos de la burguesía y de la aristocracia rusa. 

Las masas recobraron las tradiciones de la revolución rusa de 1905 y organizaron inmediatamente sus propios órganos de poder obrero, los Soviets (nombre ruso que significa Consejos). Los Soviets obreros, campesinos y de  soldados eran, de forma embrionaria, órganos de poder obrero, que a lo largo de la revolución rivalizaron con el poder oficial del Gobierno Provisional, aún en los momentos en que en los propios Soviets los reformistas, los mencheviques y socialrevolucionarios,  tenían la mayoría en ellos. 

Fue en el intervalo entre la revolución de febrero y la de octubre (que coloco el poder en manos de los trabajadores, de los Soviets), que Lenin escribió su obra sobre el Estado, con el objetivo fundamentalmente de responder a las preguntas y dudas que surgían entre los trabajadores más avanzados y entre los propios militantes y dirigentes del Partido Bolchevique. 

 ¿CÓMO ORGANIZAR EL PODER TRAS LA REVOLUCIÓN?

         Lenin enfatiza una y otra vez, que, debido a la propia naturaleza de clase del Estado, no basta, no es suficiente, con cambiar el gobierno, reemplazándolo por otro. Ello solo supone un lavado de cara al Estado, que continúa siendo el mismo y representando a la clase dominante. La tarea central de los trabajadores, en su revolución, es la destrucción del Estado burgués, sustituyéndolo por un Estado obrero, basado en la “dictadura del proletariado”, una genuina Democracia obrera. 

Es esencial en Lenin la comprensión de que la lucha por la transformación socialista de la sociedad es también una lucha contra las ideas y la práctica del reformismo, en aquellos momentos representados por figuras teóricas como Karl Kautsky, que defendían la idea de “un socialismo por la vía parlamentaria y pacífica”, que en realidad eran las vías del capitalismo y del poder de la oligarquía, los grandes empresarios y banqueros. 

Basándose en los análisis de los maestros del socialismo científico, Lenin concluye que el actual Estado es el “producto de la sociedad dividida en clases, un instrumento de opresión de una clase por otra”. Y bajo el capitalismo esta inequívocamente en manos de la clase que controla y es dueña de las palancas fundamentales de la economía. 

Es por ello evidente que la lucha de los trabajadores en contra de la opresión de clase, la lucha por la justicia social es la lucha por crear un Estado Obrero, que desde sus inicios será extremadamente democrático y sencillo en su funcionamiento, un semi estado según lo definía el propio Lenin, ya que estará diseñado para defender los intereses de la aplastante mayoría de la sociedad. Lenin estableció en su obra que el Estado en manos de los trabajadores estaría basado en: 

1) Elecciones libres con revocabilidad de todos los funcionarios.

2) Ningún funcionario puede recibir un salario más alto que un obrero cualificado.

3) Ningún ejército permanente, sino el pueblo armado.

4) Gradualmente, todas las tareas de administración del Estado se harán por todo el mundo de forma rotativa. “Cuando todo el mundo es un burócrata por turnos, nadie es un burócrata”.

         El socialismo científico define al Estado no como un órgano neutral o independiente en la sociedad, sino “el producto de la sociedad dividida en clases, un instrumento de opresión de una clase por otra”. En este sentido, el opresivo y monstruoso Estado actual es inservible para las necesidades de la clase trabajadora cuando llegue al poder en la sociedad. En última instancia el Estado burgués son “grupos de hombres armados en defensa de la propiedad privada de la burguesía”. 

Esto implica que el Estado no es un árbitro neutral sino una herramienta de dominación. Lenin destaca que el Estado aparece con la existencia de clases sociales irreconciliables, y su función es mantener el orden de explotación. En la sociedad capitalista, el Estado defiende los intereses de la burguesía, controlando mediante la fuerza y la coerción. Que nosotros sepamos, esta misma valoración es plenamente válida para sea el Estado en Europa o América Latina. 

               Lenin también señala que el Estado es una forma limitada y transitoria de organización social, que “no puede eliminarse sino extinguiéndose” cuando desaparecen las clases sociales. Aquí Lenin da continuidad a la idea de Federico Engels, en su libro “Anti-Dühring”, afirmaba que el Estado solo desaparecerá cuando desaparezcan las clases sociales: 

El Estado desaparecerá porque dejará de tener nada que administrar y porque el aparato de violencia, que es la base de toda sociedad dividida en clases, se volverá superfluo”. 

LAS CONCEPCIONES REFORMISTAS/OPORTUNISTAS

         Una parte sustancial del texto está dedicada a una crítica contundente a las corrientes socialdemócratas que propugnaban la transformación gradual del Estado burgués mediante reformas legales y parlamentarias. Lenin enfoca sus críticas en Karl Kautsky, a quien Lenin acusaba, correctamente, de traicionar el marxismo al abandonar la perspectiva revolucionaria. 

Es desde siempre una vana ilusión reformista pensar que el Estado burgués puede ser reformado, ya que en su esencia el Estado está diseñado para proteger los intereses de la clase dominante, no para ser un instrumento de emancipación proletaria: 

No es posible cambiar el Estado burgués en un Estado socialista, pues el Estado burgués es un Estado de clase, y su destrucción es necesaria para la instauración del poder proletario” (Lenin). 

Ahora hablaremos de los nuevos reformistas, que incluso quieren renuncian a los términos de “izquierdas” y “derechas”, para no hablar de ironías de la vida, al término de socialdemócratas, para proclamarse sencillamente como “progresistas” (que están todos ellos en una Internacional impulsada desde los Estados Unidos), como ha explicado Gustavo Petro en entrevista a TVE-EFE, durante la “Cumbre Progresista”, celebrada en Barcelona (España). 

Desde luego, como explico William Shakespeare, “una rosa huele igual de bien la llames como la llames, y ciertas sustancias orgánicas huelen igual de mal, la llames como la llames”. Petro refleja mejor que muchos otros dirigentes las ilusiones, legitimas, de aspirar a un mundo mejor, de quien sabe que estamos ante un sistema condenado históricamente, pero al cual el se propone “reformar capa a capa”. Y sin dudar en las buenas intenciones de dirigentes como Petro, al tigre del capitalismo, del imperialismo, no lograras convencerlo sin más de que se alimente de lechugas, en vez del sudor, lágrimas y sangre de la clase trabajadora en todo el mundo. 

Todos los intentos de aparecer como muy inteligentes, para moverse por dentro de las estructuras del propio Estado burgués, intentando parchear las cosas, pretendiendo “reformar progresistamente” dicho Estado, hemos de decir están condenados al fracaso más estrepitoso. Toda la experiencia histórica lo muestra, la más lejana y la más reciente, como en el caso precisamente del gobierno de Gustavo Petro demuestra claramente. 

Lenin en su obra sobre el Estado demostró como el reformismo, el “oportunismo parlamentario”, es solo un instrumento que solo sirve para desarmar políticamente a la clase obrera, intentando desviarla hacia pretendidas luchas legales desde dentro del sistema capitalista, que no suponen amenaza alguna para la estructura fundamental de la dominación de la clase dominante, expresada también a través de su Estado. 

Y sino, que significa que el gobierno de Petro prometiera “corrupción cero”… y cuatro años después vemos como todas sus pretendidas reformas han sido bloqueadas en las instituciones del Estado burgués (Congreso, Senado, justicia,) y los mismos clanes corruptos (ligados a la clase dominante, que controlan las estructuras paramilitares y del narcotráfico) continúen en sus puestos y con los miles de millones robados en su poder. 

El que escribe estas líneas fue objeto de persecución y de medidas corruptas con el objeto de alejarlo de Colombia, para lo cual los “funcionarios de Migración Colombia aprobaron a petición del empresario que los compro, un Auto de Deportación y prohibición de ingreso a Colombia de nuevo por 4 años, (lo cual para uno era mejor que le pegaran un balazo), Esto sucedió en los últimos meses del gobierno reaccionario de Iván Duque. 

Pero, sorpresa, sorpresa, el gobierno “progresista” de Petro ha mantenido en sus puestos a esos funcionarios de la “democracia corrupta” y no han movido una coma del auto corrupto. Imaginamos que si ello ha sido así con un asunto de “menor calado”, los asuntos de la gran corrupción estatal continúan intactos y el gobierno de Petro tragando sapos, lamentándose del estado de cosas reinante. 

LOS TRABAJADORES NECESITAMOS OTRO ESTADO

              Una pieza clave en la teoría marxista del Estado es no negar la necesidad de un Estado, incluso cuando lo trabajadores arranquen el poder de manos de la clase dominante, de la burguesía. El nuevo poder político que se configurara en manos de los trabajadores, una vez que acabe con el control y propiedad privada que ejerce el 1% de los superricos sobre las fuerzas productivas y la economía, expropiando a los grandes oligarcas de la tierra, a los grandes empresarios y banqueros) que todos ellos configuran una sola y misma clase social, unida por miles de lazos visibles e invisibles). 

Los trabajadores necesitaren vencer la resistencia feroz de la actual clase dominante, y por tanto necesitará de un Estado obrero para ello, que basándose en el poder político de la mayoría aplaste, literalmente, esa resistencia, sabotaje y oposición hasta violenta de los capitalistas: ese Estado obrero será fundamental para reorganizar la sociedad sobre bases socialistas. O como a Gustavo Petro y a los nuevos reformistas, progresistas, les gusta decir:  poner en primer lugar los intereses de la mayoría para la vida, por una existencia digna y verdaderamente humana, lejos de la muerte que representa el actual sistema y su Estado. 

Si bajo el Sistema capitalista el Estado de la burguesía (en las formas en la cual lo vistan de democracia, dictadura,) en realidad es un órgano que tiene como función perpetuar la DICTADURA DEL CAPITAL sobre las masas, una vez los trabajadores tomen el poder en sus manos construirán un Estado obrero, basado en la absoluta democracia para la inmensa mayoría de la sociedad y que garantizará la dictadura del proletariado frente a la burguesía y su oposición reaccionaria. 

Lejos de ser una dictadura en el sentido actual del término, Lenin presento este Estado como un “mecanismo transitorio y revolucionario para avanzar hacia una sociedad sin clases”. Una vez podamos abolir las clases sociales, la sociedad elimine la necesidad de explotar a nadie para el beneficio privado, se eliminará la propia necesidad de contar con ningún tipo de Estado. Para ello Lenin citaba a Marx, para exponer la necesidad transitoria de la dictadura del proletariado: 

La dictadura del proletariado significa simplemente que la clase obrera, habiendo conquistado la mayoría, emplea su poder para aplastar la resistencia de la burguesía” (Marx). 

Los barbaros y costosos órganos de opresión actuales de la burguesía serán sustituidos por otros nuevos de la clase obrera, de los campesinos pobres y del conjunto de los actuales oprimidos, que serán el reflejo directo de plena libertad y democracia para la aplastante mayoría de los que formamos la sociedad: las clases oprimidas participaran democráticamente en todos los asuntos relacionados con el Estado, que como decimos tendrá como una de sus funciones el vencer cualquier intento de la clase dominante actual de ofrecer resistencia al nuevo poder de los trabajadores. 

Esto no forma parte solo de la teoría, sino que en la práctica se vio en el desarrollo de la Comuna de Paris y posteriormente en los Soviets (Consejos) durante la revolución rusa, en donde los Consejos Obreros, de Campesinos y Soldados asumieron el poder antes y durante la propia revolución, desafiando el control que ejercía el Gobierno Provisional, que representaba a las clases pudientes. 

Toda la experiencia histórica nos muestra, también en el sentido negativo de los intentos de los reformistas por hacer “revoluciones a medias”, que la clase capitalista no cederá pacíficamente el poder a los trabajadores, que precisamente intentará a cada paso utilizar los órganos armados en sus manos, por dentro y por fuera del Estado burgués, para impedir el éxito de los trabajadores en construir una nueva sociedad, un nuevo Estado de los oprimidos. 

Por tanto, en la lucha por cambiar la sociedad necesitamos un plan definido de insurrección proletaria que arrebate el poder armado en manos de la clase dominante. Los trabajadores necesitamos nuestro propio ejército, nuestras propias milicias obreras que desarme e impida que los actuales grupos armados continúen ejerciendo la violencia contra la mayoría de la sociedad. Ello constituye la única garantía de poder hacer efectiva el derrumbamiento de la clase dominante y su aparato estatal burgués. 

Como Lenin lo explico en 1917, y continua plenamente valido hoy en día, “La insurrección armada es la forma política de la revolución, y sin ella no puede haber una verdadera transformación social”. Todo lo demás son cuentos y fabulas, que precisamente intentan demostrar que no podemos los trabajadores asumir el poder, que nos presenta una fortaleza ilimitada de la clase dominante y de su Estado, que en realidad no es tal. 

El motor histórico es la lucha de clases, la lucha por la vida, por los medios para garantizar una vida digna para todos. Nos enfrentamos ante el poder de varios siglos de existencia de la burguesía como clase dominante y para vencer ese poder, para derribarlo y cambiar la sociedad los trabajadores necesitamos organizar la revolución por la vida, desde abajo, en cada fabrica, cada centro de trabajo, cada barrio obrero, cada ciudad y cada región. 

Somos el 99 por ciento de la población, en todos los países, organizados desde abajo somos una fuerza imparable, que si no se manifiesta ya es simplemente porque la clase obrera carece todavía de una dirección revolucionaria, con verdadera influencia de masas, en todos los países. Organizados en Consejo obreros, campesinos, en cada barrios obrero, podemos plantearnos tomar el poder en nuestras manos, expulsando del escenario histórico a la reaccionaria burguesía, que acapara en sus manos la mayor parte de la riqueza que la clase trabajadora crea con su trabajo. 

Ejerciendo nuestra democracia obrera, organizando nuestra propia defensa de la revolución, nada ni nadie podrá evitar que los trabajadores tomen el poder en sus manos y comencemos a hacer funcionar al conjunto de la economía para satisfacer las crecientes necesidades sociales existentes. El éxito en un país influenciara al resto, que avanzara en la transformación de la sociedad también.

Llegados a este punto, podremos comenzar a construir una sociedad en donde hagamos realidad el paso del reino de la necesidad al reino de la abundancia para todos. Nuestro grito en estos momentos sigue siendo los que se inscribieron en las páginas del Manifiesto, escrito por Marx y Engels: 

¡¡Proletarios de todos los países, uníos!!

¡¡ La patria de los trabajadores es la humanidad!!

 

Comentarios

Publicar un comentario

¡¡ Dejanos tu Opinion !!

Entradas populares de este blog

¡¡ LIBERTAD ESTUDIANTES DETENIDOS EN BOGOTA !!

MENSAJE A JORNADAS POR LA LIBERTAD Y LA PAZ EN COLOMBIA

“EL TRAVIESO”: EL OCULTO NARCOTRAFICANTE URIBE