EL REARME GLOBAL: ANÁLISIS Y PERSPECTIVAS

¡NI UN HOMBRE, NI UN CENTAVO PARA LAS GUERRAS IMPERIALISTAS!

 Necesitamos de una visión correcta del momento actual, en donde la sombra de la crisis del capitalismo planea en todos los rincones del planeta. A las políticas llamadas de austeridad, de recortes y eliminación de todo lo que fue el llamado “estado del bienestar”, debemos de sumarle los intentos de la clase dominante por eliminar también los derechos democráticos que el movimiento obrero había conquistado, y por supuesto, las crecientes guerras que sacuden el mundo.

¡¡ Nada nuevo bajo el sol!!, “La guerra es una gigantesca empresa comercial, sobre todo para la industria de guerra. Es por eso que las “doscientas familias” son los primeros patriotas y los principales provocadores de la guerra. El control obrero sobre la industria de guerra es el primer paso sobre “los fabricantes” de la guerra.

A la consigna de los reformistas: impuesto sobre los beneficios de la industria de guerra, nosotros oponemos la consigna de: confiscación de las ganancias y expropiación de las empresas que trabajan para la guerra. Donde la industria de la guerra está “nacionalizada”, como en Francia, la consigna del control obrero conserva todo su valor; el proletariado tiene hacia el estado burgués la misma desconfianza que hacia el burgués individual".  (El Programa de Transición – 1938)

        De la misma forma, Lenin consideraba la lucha por la paz como algo fundamental, en la tarea de la lucha por la revolución socialista.  El gran evolucionario ruso rechazaba cualquier tipo de opresión que sufren las naciones más débiles, afirmando categóricamente que los trabajadores no pueden alcanzar sus objetivos  si no es luchando contra cualquier opresión y violencia en contra de otros pueblos.

2,9 BILLONES EN GASTOS MILITARES PARA UNA ÉPOCA DE CRISIS GLOBAL

Las palabras de la burguesía sobre la paz y el fin de la carrera armamentística anunciados tras la caída del muro de Berlín han sido tiradas al cubo de la basura. La crisis y colapso de los regímenes estalinistas están dejando paso a una crisis colosal del capitalismo, desde una punta a otra del planeta.

Y el aumento de la inestabilidad global se está manifestando en unos aumentos brutales de los gastos militares mundiales, que en estos momentos han llegado ya a los 2,9 billones de dólares, esto es un asombroso 2,5% del Producto Interior Bruto mundial, dejando constancia de que verdaderamente “la guerra es una gran empresa comercial del capitalismo”. Desde un punto de vista serio esto no representa una anomalía coyuntural, sino una expresión concentrada de la actual fase del desarrollo capitalista, caracterizada por:

  • Crisis de rentabilidad y búsqueda de nuevas áreas de valorización.
  • Reconfiguración violenta del orden mundial (EE.UU.–China, OTAN–Rusia, potencias regionales).
  • Profundización del extractivismo fósil y del control militar sobre territorios, rutas y recursos.

Desde un análisis marxista serio, las políticas de rearme no son “un exceso irracional”, sino por el contrario, una respuesta racional del capital a su propia crisis: convertir la guerra, la amenaza de guerra y la preparación para la guerra en campo privilegiado de acumulación.

COMPLEJO MILITAR-INDUSTRIAL JUNTO AL “CAPITAL FOSIL”: EL CAPITAL A LA OFENSIVA

Los datos nos indican con claridad que detrás de toda la situación se han colocado dos fracciones del capital, que se benefician de una forma absolutamente directa:

  • El Complejo militar-industrial: Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, General Dynamics, grandes empresas europeas… todas con incrementos de ingresos de dos dígitos y carteras de pedidos en crecimiento.
  • El llamado Capital fósil: Chevron, Exxon, Shell, BP, TotalEnergies, etc., con beneficios extraordinarios por segundo, que se están alimentando de la creciente inestabilidad geopolítica, en donde se apunta hacia una mayor dependencia energética.

Las perspectivas marxistas son una guía para la acción y por ello que no podemos dejar de ver que:

  • Estas fracciones no son “parásitos externos” al sistema, sino núcleos orgánicos del capitalismo contemporáneo.
  • Las guerras y la militarización funcionan como mecanismo de transferencia de valor, desde el trabajo y los presupuestos sociales hacia estas fracciones de capital.
  • Las articulaciones entre la industria militar y el capital fósil configuran todo un bloque solido de poder, que empuja hacia los conflictos y las guerras de forma permanente, bloqueando de paso cualquier perspectiva hacia políticas de “transición ecológica real”.

EL IMPERIALISMO HOY: GEOPOLITICA Y ACUMULACION

Las pugnas entre las potencias imperialistas se trasladan, de una forma u otra, hacia los conflictos bélicos. En realidad, como siempre, no estamos solamente ante disputas entre Estados, sino también en como trasladan el peso de la propia crisis del sistema sobre los hombros de las familias trabajadoras en todo el planeta. Estamos ante formas claras y especificas del proceso de acumulación capitalista, basado en:

    • El Control de los recursos estratégicos.
    • El Dominio de cadenas de suministro y rutas comerciales.
    • La Imposición de condiciones financieras, tecnológicas y militares.

Ante todo, ello se “justifican” los aumentos de los gastos militares:

  • EE.UU. (casi 1 billón, con el objetivo declarado por Trump de llegar a los 1,5 billones, propiciando una constante política de recortes sociales)
  • Europa/OTAN (estamos ante crecimientos récord: aparece de nuevo Alemania como potencia militar reemergente en Europa)

Aquellos que pensaban que el imperialismo era un asunto del pasado, ahora se pueden dar de bruces con la realidad, porque el imperialismo ocupa el centro de todo en el Sistema actual, emergiendo en el proceso de la acumulación capitalista hoy.

Todo ello tiene, como estamos viendo, un significado brutal para el conjunto de los llamados “pueblos del Sur global”, que ven a cada paso como:

  • Una Mayor subordinación militar y económica.
  • Guerras por delegación (proxy wars) en sus territorios.
  • Intensificación del extractivismo y del despojo.

GUERRA CONTRA LOS TRABAJADORES: RECORTES SOCIALES, MILITARIZACIÓN DE LA VIDA

Cada dólar, cada euro, … que están dedicando al aumento de los gastos militares está siendo acompañado de nuevos y cada vez más profundos recortes a los derechos sociales, a los servicios públicos, a menos sanidad, menos educación, menos vivienda, más explotación laboral, peores salarios y más precariedad en todo para la clase trabajadora, para las familias obreras, la juventud, los campesinos pobres y el conjunto de los oprimidos por la burguesía.

Sin lugar a duda la guerra no es solo los misiles y bombas que caen sobre las cabezas de los más débiles de la sociedad, sino que también es una guerra de clase, de los poderosos contra la aplastante mayoría de la sociedad.

El rearme bélico es beneficios crecientes para unos pocos y aumento de las necesidades para la clase trabajadora:

    • Desvíos de los recursos para la “reproducción social” (salud, educación, cuidados) hacia los negocios para la destrucción (armas, ejércitos, “seguridad”).
    • Normalización de la militarización del conflicto social: policía más militarizada, leyes más represivas, criminalización de la protesta.

El hipócrita argumento de la “seguridad nacional” se utiliza como palanca ideológica para legitimidad los objetivos de la clase dominante:

    • Las llamadas políticas de Austeridad.
    • Los Recortes Sociales.
    • El aumento del Control social de los trabajadores.

Estamos ante un aumento de la lucha de clases, en donde la burguesía nos deja un mensaje claro y meridiano: el capital se protege con ejércitos mientras desmantelan las condiciones de vida de quienes producen la riqueza.

LA BURGUESIA, EL IMPEIRALISMO, CONSTRUYE IDEOLOGIA, CONSTRUYENDO “ENEMIGOS”

Para su consciente política de “cañones en vez de mantequilla”, la burguesía sabe que no podría desarrollar su política de aumentos del gasto militar, de beneficios a la industria bélica, sin propiciar una batalla ideológica, con la cual justificar sus criminales políticas:

  • Construyen “nuevos” enemigos (o viejos enemigos traídos hasta nuestros días), que nos presentan como el mal del mundo, como enemigos absolutos (Rusia, China, “el terrorismo”, “Estados canallas”).
  • Utilización de la guerra como espectáculo en os medios de comunicación que los poderosos controlan absolutamente, en donde siempre vemos la propaganda, maldita propaganda de nuestros enemigos de clase, en donde se nos dibujan en caricatura los bandos de “buenos” y “malos”.

Con todo ello la clase dominante siempre intenta ocultar la realidad viva que tenemos en la sociedad:

    • Los repugnantes y crecientes Beneficios empresariales.
    • Los intereses de Clase que esconden en todas sus acciones.
    • La necesidad de que los trabajadores se doten de Alternativas políticas en su favor.

El objetivo último, como siempre, que persigue la clase dominante no es otro que lograr “que el esclavo acepte su esclavitud”, que amplios sectores populares acepten el sacrificio social, en nombre de una “seguridad” que solo y tan solo protege los intereses del capital. Todo ello en términos marxistas no es otra cosa que el significado de que la burguesía, los grandes empresarios y banqueros, logren una hegemonía en acción, en favor de los poderosos.

LAS TAREAS DE LA CLASE TRABAJADORA, DE LOS OPRIMIDOS

Tenemos la necesidad urgente de desenmascarar y poner sobre la mesa las conexiones existentes entre las guerras y el Capital. Es necesario que denunciemos con firmeza como cada euro, cada dólar, que va a parar a la industria militar es a costa de empeorar nuestras condiciones de existencia, no por enemigos externos, sino por aquellos mismos que nos oprimen y explotan en nuestros países: “el principal enemigo lo tenemos en casa”.

Nuestra lucha, la lucha de la clase trabajadora comienza en nuestros propios países, la lucha contra los que nos condenan cada vez más a condiciones miseras de existencia, a peores condiciones de trabajo y a negarnos nuestros derechos sociales básicos.

Nuestra lucha por una vida digna es la misma lucha que en contra del militarismo y la violencia de los imperialistas contra los pueblos del mundo. Y nosotros no podemos, ni debemos, separar la lucha por la “paz” de la lucha por los todos nuestros “derechos sociales”:

      • ¡¡ MENOS TANQUES, MÁS CENTROS DE ESTUIOS Y HOSPITALES!!
      • ¡¡ MENOS BOMBAS Y MISILES, MÁS SALARIOS, PENSIONES Y GASTOS SOCIALES!!

Nuestros enemigos no son los trabajadores de Venezuela, de Irán, o de ningún otro país del mundo: nuestros enemigos son los que nos niegan a cada paso unas condiciones de vida dignas. Los enemigos de los trabajadores están, en primer lugar, en casa.

De hecho, tenemos una misma lucha en común con los rabajadores de todos esos países, la lucha contra el 1% de los megáricos que nos explotan, por encima de nuestro idioma o nacionalidad, para extraernos todo el beneficio para sus bolsillos.

Tenemos la misma lucha en común en contra de los imperialistas que desean ir a la guerra para obtener de botín los recursos naturales de esos países, con pretextos falsos y mentirosos que justifican las acciones de la OTAN y el autoritarismo creciente de los capitalistas.

Repudiamos y condenamos las políticas mentirosas de la llamada “seguridad”, que solo esconden los intereses de los poderosos. Frente a la “seguridad militar” nosotros queremos la plena seguridad de nuestras vidas, en dignidad.

Los trabajadores en todo el mundo solo quieren cosas muy básicas y elementales, que se nos están negando por la clase dominante, hablen el idioma que hablen: Trabajo digno, vivienda, salud, clima habitable, derechos colectivos.

Mientras tanto, la autentica inseguridad proviene de la mano de los grandes empresarios y banqueros, de los poderosos de todo el mundo. Es la inseguridad del capitalismo y su clase dominante, que nos amenaza constantemente. El peligro pues no proviene de los pueblos de ningún rincón del planeta, sino de los despachos de los multimillonarios.

En nuestra lucha exigimos que se reconvierta la industria militar en industria productiva socialmente, para satisfacer las crecientes necesidades que padecemos.

Exigimos planes concretos para una verdadera transición energética que rompan con el poder del capital fósil. Es una necesidad urgente para la humanidad, en cada país, poder poner bajo el control democrático de la mayoría los sectores y las grandes compañías energéticas, expropiándolas, sin indemnización y bajo el control de los trabajadores.

EL REARME, ESPEJO DEL CAPITALISMO ENFERMO, EN CRISIS

Los datos que nos muestra un creciente gasto en la industria militar, en la carrera armamentística, que nos muestra la escandalosa cifra de 2,9 billones de dólares, es absolutamente criminal por parte de una clase dominante que mediante estos datos nos muestra en el espejo con claridad el estado de un sistema, el capitalista, en profunda crisis histórica.

Un sistema en decadencia, el cual solo sabe responder ante su propia crisis con mas y mas guerras, con más extractivismo y expolio de los recursos naturales de una punta a otra del planeta. Y para intentar evitar que la mayoría protestemos, solo sabe responder con más violencia y represión.

Un sistema que funciona sobre la base del beneficio privado para el bolsillo de unos pocos, en donde el capital industrial, militar, se acompaña de la mano para funcionar de las energías fósiles, en donde todo lo sitúa en el objetivo de aumentar su acumulación de capital en cada vez menos manos.

Y en medio de todo ello asistimos a una ofensiva imperialista en contra de los pueblos oprimidos de todo el mundo, en contra de las clases trabajadoras. Un poder imperialista que no ve pueblos, sino colonias y esclavos a los que explotar despiadadamente.

De todo ello solo podemos extraer una sólida conclusión política: para la humanidad no hay salida, ni justa ni sostenible, por dentro de este modelo de acumulación militarizada.

Y en cada acontecimiento que estamos viviendo nos queda claro que la lucha por la paz, por los derechos sociales y por una vida digna es, en última instancia, una lucha anticapitalista, por superar el caduco capitalismo y poner el centro de atención en los intereses y necesidades de la aplastante mayoría de la sociedad.

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