LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN PERU

VENCER A LA DERECHA REACCIONARIA DE FUJIMORI,

CON UN CLARO PROGRAMA DE TRANSFORMACION

 Por: Salvador Pérez

        Como botón de muestra de la enorme interrelación de los procesos y acontecimientos que están desarrollándose en toda América latina, el pasado 7 de junio se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú. El próximo 21 de junio serán en Colombia y el 4 de octubre de 2026, se celebrarán elecciones generales en Brasil, para elegir presidente, vicepresidente y demás miembros del Congreso Nacional. Al igual que gobernadores y miembros de las asambleas legislativas, que llegado el caso se celebrara segunda vuelta el 26 de octubre.

        En la segunda vuelta de las elecciones en Peru se enfrentaron, por así decirlo, por un lado, la candidata Kaiko Fujimori, hija del dictador que mantuvo al país con la bota militar desde 1990 hasta el 2000, que es la máxima dirigente del partido de la clase dominante peruana, de extrema derecha, “Fuerza Popular”, y por el otro lado Roberto Sánchez, encabezando una coalición de centroizquierdas, llamada “Juntos por Perú” (JP). 

        Las elecciones en Perú también han mostrado una enorme polarización de la sociedad en términos de clase, con un claro apoyo de todo lo reaccionario que se mueve, nacional e internacionalmente, incluyendo al imperialismo norteamericano, en favor de Fujimori.

        Los resultados estrechos han mostrado una participación del 73,8% del electorado. En primera vuelta vimos una victoria pírrica de Fujimori, que gano con 2.877.621 sufragios, el 17,18%. Y eran felices y se disponían a comer perdices, cuando Sánchez, que aparecía en las encuestas como el candidato sexto, dio una tremenda sorpresa, acabando en la primera vuelta como segundo, con 2.015.060 de votos, el 12,03% de los electores, pero siendo el ganador en todas aquellas regiones que tienen unas rentas más bajas y con mayores proporciones de población indígena, sobre todo en el centro y en el sur de Perú.

        Roberto Sánchez, quien fue ministro del gobierno de Pedro Castillo (el presidente que fue encarcelado y derrocado por un golpe de Estado que le organizaron la oligarquía peruana y la embajada de los EEUU en 2022, ha roto todos los felices pronósticos que hablaban del triunfo de Fujimori en la segunda vuelta, gracias al apoyo que ha cosechado por parte de los campesinos pobres y los mineros, fundamentalmente aquellos que proceden de los pueblos originarios del Peru.

        Tan felices que dibujaban la situación los oligarcas, los empresarios y banqueros, que habían previsto que la segunda vuelta la disputaran Fujimori frente al alcalde de Lima, Rafael López - Aliaga, del ultraderechista “Renovación Popular”, partido referencia de los fascistas de Vox en España. Y en eso apareció la candidatura vista como de izquierdas de Roberto Sánchez y cambio toda la situación. Cambios bruscos y repentinos, una de las características del periodo en el que vivimos.

        Finalmente, Aliaga quedo relegado al tercer puesto, con fue tercero con 1.993.821 de votos, 11,90%, un total de 21.000 votos menos que Roberto Sánchez. Los puestos cuarto, quinto y sexto fueron ocupados por candidaturas reformistas de izquierdas, como el Partido del Buen Gobierno y el Partido Obras y Ahora Nación, que sumaron más del 30% de los votos.

        Mas allá del propio resultado de estas candidaturas, el hecho significativo es que son vistas por sectores de los trabajadores, de la juventud y los campesinos pobres como fuerzas “progresistas”, opuestas al totalmente desprestigiado parlamento burgués, que estaba controlado por Fujimori y Aliaga. 

        El apoyo de campesinos y mineros de los pueblos originarios a Roberto Sánchez, visto como el candidato de la izquierda, hizo añicos todas las previsiones de la clase dominante y de sus medios de comunicación, los cuales daban por sentado que en segunda vuelta se enfrentarían Fujimori y el ultraderechista Aliaga. 

MANIOBRAS CONTRA SANCHEZ, CONTINUAN CONSPIRANDO

        Debido al chantaje, presiones y amenazas del propio López-Aliaga, que se negaba aceptar que dado fuera de la segunda vuelta, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) no hizo público los resultados de la primera vuelta, que como hemos dicho se celebró el 12 de abril, hasta nada menos que el 17 de mayo. Estos ultraderechistas que juegan con la democracia para sus objetivos no aceptan fácilmente los resultados electorales. Lo volveremos a ver el 21 de junio en Colombia si como esperamos Abelardo de la Espriella es derrotado.

        López-Aliaga, que se ve a sí mismo como “el Trump peruano”, hizo todo lo posible e imposible por intentar movilizar en las calles a su base electoral, acusando al resultado de ser fruto de una conspiración y fraude electoral organizado por supuestos “agentes venezolanos y cubanos”, quienes habrían sido enviados a Peru por el “régimen chavista y la dictadura cubana”, con el objetivo de “descarrilar la democracia andina”.

        Con estos argumentos desesperados la ultraderecha, de la mano de sus amos propietarios de grandes fincas, empresas y bancos, esperaban asustar a los trabajadores peruanos, buscaban como siempre hacen, torcer la voluntad de mas de dos millones de oprimidos que votaron por Sánchez, y otros muchos mas que están predispuestos a luchar contra la absolutamente corrupta clase dominante peruana y su clase política que condenan a la miseria a la mayoría.

        Tal y como ocurrió cuando el triunfo de Pedro Castillo, la oligarquía y la burguesía peruana continúa orquestando su campaña contra la izquierda. A cada rato los medios de comunicación de la clase dominante están aireando una brutal campaña ideológica en contra de la izquierda, a la cual acusa de que en caso de formar gobierno llevaran al país al caos, que un gobierno de Roberto Sánchez es sinónimo de colapso económico del país.

        Y en estas maniobras que realizan constantemente no están solos: sectores de la judicatura, dominada por los partidos de la oligarquía, ya han presentado una “acusación”, que les permita abrir una causa judicial en contra de Roberto Sanchez y del partido “Juntos por Perú”. La ase de la misma carece de importancia, de entrada, les acusa de “financiación irregular”. Si ello no cuela, inventaran otro motivo, ya que aunque no tienen ningún tipo de pruebas, que todo es simple hipocresía de la clase dominante y sus políticos, ellos tienen el control de la mal llamada “justicia”.

        Suena a irrisorio, a una burda obra de flasa-comedia, que sean ellos quienes acusen de “delitos de financiación”, cuando son ellos los que protagonizan día a día escándalos de pura corrupción, que impregna a todos los partidos de la derecha y de la extrema derecha peruana: la familia Fujimori tiene al partido “Fuerza Popular” como a un mero instrumento con el cual mantienen su influencia en las esferas del parlamento y de paso continúan enriqueciéndose, dando “golpes a los recursos públicos del país”.

        Esta ocasión ha sido la cuarta en la cual Keiko Fujimori ha intentado auparse a la presidencia del gobierno peruano, tras sus evidentes fracasos en las elecciones de 2011, 2016 y 2021. El fujimorismo tiene una clara trayectoria antidemocrática y autoritaria, como queo en evidencia tras el resultado de 2016, que los situó con una mayoría en el parlamento de 73 congresistas, gracias a lo cual hicieron institucional la corrupción, acompañada de una evidente aptitud de matones políticos.

        Tras las elecciones de 2021, cuando Fujimori perdió gran parte de su fuerza parlamentaria, hicieron una coalición de fuerzas de derechas, denominado “pacto mafioso”, al objeto de pasar a controlar los organismos claves del Estado burgués: el Tribunal Constitucional, la Junta Nacional de Justicia, la Fiscalía de la Nación, … con el objetivo de poder brindarse en los estamentos del poder y evitar que pudiera prosperar causas judiciales en su contra.

        Han promovido todo tipo de leyes que les garantiza “impunidad”, para que toda denuncia en contra de Fujimori sea archivada en la Fiscalía. Keiko Fujimori y los suyos no son ajenos, sino participes claramente, en la escalada de la delincuencia organizada, en un plan que claramente favorece el desarrollo de las bandas criminales en todo el país.

        El fujimorismo continúa operando como un evidente instrumento de la oligarquía y los burgueses, con los viejos métodos de la dictadura, para conservar, mantener y ampliar el control total sobre las estructuras del Estado, al cual convierten en un simple botín a saquear constantemente, controlando los recursos y privatizando todos los ámbitos de las partidas sociales.

        Es evidente que el imperialismo estadounidense, de la mano de la oligarquía y los empresarios ven en Keiko Fujimori “una de las suyas”, la firme defensora de “la economía informal, exportadora de las materias primas del Perú” sin control alguno, apoyada en todo tipo de mafias corruptas y de clientelismo, estructuras que fueron desarrolladas durante la dictadura de su padre. Y es cierto que al que presentaban como su rival, al fascista Aliaga, representa más de lo mismo, con un nítido discurso racista, machista, pro estadounidense, anti izquierdas y cada vez más envalentonado hacia acciones violentas contra la mayoría, inspirándose en Milei, Vox, Bolsonaro y sobre todo, en Donald Trump.

        Es por todo ello que han sido, en cierta forma, cogidos por sorpresa cuando en la primera vuelta emergió Sánchez, con ideas en contra de la pobreza, planteando la “diversificación de la economía y la soberanía energética y alimentaria”, con un mensaje en contra del “status quo y el centralismo de la racista de la oligarquía limeña, la cual margina a las regiones indígenas”. Y han quedado “tocados por ahora”, cuando han visto que millones de trabajadores, de jóvenes y de campesinos pobres se han identificado con esas aspiraciones, negándose a aceptar un retorno al poder de una Fujimori, que es vista como un retorno a las negras fechas de la dictadura, al aumento de la opresión de clase y a la negación de todo derecho social y humano en el país.

        Todo ello quedo retratado en las manifestaciones masivas que hubo el pasado 30 de mayo, en donde participaron activamente los familiares de las víctimas de la dictadura de Alberto Fujimori, los protagonistas del levantamiento en contra de Dina Boluarte, encabezados por los estudiantes universitarios, los sindicatos y los colectivos sociales:  los manifestantes tomaron las calles de Lima, Arequipa, Trujillo, Cuzco y otras ciudades, bajo el lema de “Keiko No Va”, mostrando un amplio rechazo a que la hija del dictador, bajo los auspicios de las elites económicas, llegue a la presidencia del país.

        El proceso de la revolución peruana continua. Asistimos a nuevos episodios de la lucha de clases, en donde los jóvenes, los sindicalistas, las mujeres, los indígenas y los campesinos pobres se niegan a ese retorno a los viejos tiempos de la dictadura del fujimorismo, a los tiempos en donde se aplicaba como método y sistema el terrorismo de Estado, cuando se criminalizaba la protesta social.

        Los tiempos han cambiado, pero Keiko es la continuadora de aquella herencia, utilizando el propio Congreso al objeto de poder archivar las denuncias políticas en contra de la dictadura de su padre y librando a Dina Boluarte de sus responsabilidades en los asesinatos de más de 56 manifestantes campesinos y trabajadores, que ocurrieron cuando el derrocamiento de Castillo.

UN PROGRAMA DE MODERACION NO SIRVE A LAS MASAS - DERROTAR A LA OLIGARQUÍA

         Estamos ante aspectos claves, en donde la debilidad de la izquierda solo sirve para envalentonar a la derecha y a la clase dominante que representa. En 2021 Castillo ganó en base a un masivo apoyo electoral, gracias al entusiasmo y a la movilización en las calles, que fue lo que en última instancia derrotó las pretensiones de hacer fraude electoral por parte del fujimorismo.

        Ahora estamos asistiendo, no mecánicamente, sino de forma dialéctica a un nivel superior incluso, a mas de lo mismo: Sánchez en el último debate presidencial planteó su oposición a las leyes que favorecen los crímenes de las elites y sus bandas corruptas y mafiosas, se opuso al encubrimiento de los crímenes de la dictadura, a que los crímenes de lesa humanidad queden impunes, y que las necesidades sociales no se satisfagan en medio del brutal despilfarro económico que se vive en el Congreso controlado por el fujimorismo.

        Frente a ello, de forma cínica y repugnante, Keiko solo planteaba la situación de parálisis y de experiencia fallida del gobierno de Castillo, que según ella había amenazado al país con el caos económico y político.

        La verdad es que la experiencia del gobierno de Castillo demostró todo lo contrario, errores que ahora Roberto Sánchez debería evitar, sino quiere recorrer el mismo camino que recorrió Castillo hasta una celda de una prisión de la burguesía. Castillo renuncio a dar un golpe definitivo a la clase dominante, a la oligarquía, apoyándose en las masas que lo habían elegido. En vez de ello confió en la posibilidad de poder llegar a acuerdos en el Congreso con los representantes de las elites dominantes. Ello fue lo que determino y sentencio a Castillo.

        Sánchez que está repitiendo ese viaje, sobre todo desde antes de la segunda vuelta, moderando sus mensajes y discursos, debe ser muy consciente que ello supondrá su final desde antes de comenzar. Un giro de 180 grados es necesario emprender, defendiendo con firmeza una política en favor de las masas y por tanto de lucha por arrebatar el poder de las manos de la oligarquía, los grandes empresarios y banqueros. Gobernar, como imaginan los reformistas, para todos al mismo tiempo, no solo no es viable, sino el camino hacia la imposición de los planes de las elites a cualquier gobierno que asuma.

        Desde ya se impone la necesidad de que Roberto Sánchez asuma la presidencia basándose en la fuerza de las asambleas obreras y campesinas, que darán un apoyo masivo a un programa en favor de la mayoría de la sociedad.  Insistimos, esto también existía cuando asumió Castillo, pero el miro hacia el Congreso y la institucionalidad burguesa, que lo sometió al chantaje, a las presiones y que finalmente lo destituyo. Las masas querían, quieren, ante todo que se arrebate el control de los sectores claves de la economía a las elites y se afronten transformaciones claras y decisivas: y ello no será posible solo desde el parlamento, sino en las calles, en las empresas, en los pueblos y barrios de los oprimidos.

        Sánchez debe dar ese necesario giro, ya que está cometiendo errores ya conocidos por todos, comenzando en su moderación de su programa económico. En las últimas semanas Sánchez ha incorporado a lo que llaman “figuras, intelectuales y tecnócratas”, lo cual esta en la base de su moderación del programa. Todos estos personajes, algunos bastantes conocidos como socialdemócratas y representantes de la clase dominante, ya representaron y fueron un freno a los cambios económicos profundos en la etapa de Castillo, lo cual propicio el desenlace. Ahora están aconsejando a Sánchez en la misma línea y hacia el mismo final, insistiendo en mantener a los mismos funcionarios de la oligarquía en los mismos puestos claves de la gestión financiera, económica y del propio aparato del Estado.

        Esta moderación de Sánchez en la etapa final de la segunda, dejándose “querer” por las presiones de los sectores de la candidatura de frente popular más socialdemócratas y derechistas, desde el minuto uno se dejó sentir en las propias encuestas: barrer a la derecha en las propias elecciones requiria un claro programa de transformación social, no sembrar confusiones y dudas sobre la posibilidad de que “gobernemos todos”. Los estrechos márgenes del resultado reflejan eso mismo.

        Por cierto, solo de pasada, debemos decir que de todo ello deberían de tomar muy buena nota Iván Cepeda, en Colombia, y Lula en Brasil, porque estamos ante una situación que trasciende fronteras y repite desgraciadamente patrones en todos los países: la única forma de enfrentar a la reacción, a la extrema derecha, es con un claro programa de lucha contra las oligarquías, los grandes empresarios y banqueros, contra el imperialismo estadounidense, con un claro programa de lucha por solucionar los problemas a los que el capitalismo nos condena. 

DERROTAR A FUJIMORI, ORGANIZAR UN MOVIMIENTO DE MASAS CON UN PROGRAMA REVOLUCIONARIO

         Para los marxistas la lucha electoral es un aspecto más de la lucha de clases. Votar por Sánchez, en contra de Fujimori, por Iván Cepeda en contra de De la Espriella, por Lula contra Bolsonaro, … es importante, pero solo podemos verlo como el primer paso para impulsar una lucha decisiva, basada en la movilización de los trabajadores y los campesinos, en contra de la oligarquía y las elites empresariales, que son los que realmente tienen el poder en la sociedad.

        Sin duda que la victoria de Sánchez, como será la victoria de Cepeda o Lula, debe tener el efecto de estimular la confianza en nuestras fuerzas, las fuerzas de los oprimidos luchando conta la clase dominante. Y esa necesaria confianza en algo que es cien por cien cierto, que las fuerzas de los trabajadores y los oprimidos movilizándose son determinantes, tenemos las fuerzas suficientes para vencer.

     Nuestra movilización debe servir para combatir la presión de la clase dominante y sus representantes sobre estos gobiernos que elegimos, para que sean capaces de enfrentar a nuestros enemigos de clase.

        Ello es decisivo: mientras el poder real este en manos de ese puñado de parásitos sociales, que son los dueños de las tierras, las empresas y los bancos, no será posible llevar a delante un claro programa ni siquiera de reformas que den soluciones a los acuciantes problemas que padecemos. Expropiar a estos parásitos es una necesidad central para los intereses de la mayoría y la única forma de poder abordar una planificación democrática de la economía en favor de todos. Que estos gobiernos cumplan sus promesas depende por entero de ello.

        Por supuesto somos conscientes de que la clase dominante, como siempre, recurrira a todo tipo de acciones y medios para combatir una clara política en favor de las masas, para impedir en la practica el funcionamiento de un gobierno de izquierdas. Y somos conscientes de que no dudaran en utilizar todas las alancas del Estado burgués, que ellos controlan. Como siempre recurrirán a campañas ideológicas en sus medios, al fraude en todo, al bloqueo en los parlamentos, al sabotaje económico y al aumento de la corrupción y las acciones violentas.

        Frente a todo ello, solo tenemos nuestra fuerza, movilizándonos y luchando, tomando el control de las empresas, el control de nuestros barrios y pueblos, estableciendo órganos de poder obrero y campesino: no hay términos medios, o triunfamos los oprimidos, la aplastante mayoría, o finalmente triunfan de nuevo ellos, los poderosos y continúan condenándonos a las condiciones de vida misera a las que nos tienen sometidos.

¡¡¡ ES HORA DE TRANSFORMAR LA SOCIEDAD DE ABAJO ARRIBA !!!

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