COLOMBIA: BALANCE Y PERSPECTIVAS. LUCHAR CONTRA ABELARDO

¿CÓMO HEMOS LLEGADO AL TRIUNFO DEL ULTRADERECHISTA DE LA ESPRIELLA?

 ORGANIZACIÓN DE CLASE, CON UN PROGRAMA COMBATIVO CONTRA ABELARDO DE LA ESPRIELLA

¡¡CONSTRUIR LA RESISTENCIA ANTIFASCISTA FRENTE AL TITERE DE DONALD TRUMP!!

 Este pasado domingo 21 junio se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, en donde hubo una participación electoral histórica, la más alta registrada en la historia del país, que finalmente dio como resultado una victoria por la mínima al candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella frente a Iván Cepeda, candidato progresista del Pacto Histórico, apoyado por el actual presidente Gustavo Petro. De la Espriella obtuvo 12,9 millones de votos, solamente 200 mil votos más que Cepeda, lo que representa una diferencia pírrica porcentual del 0,8%.

El resultado se ha producido en medio de toda una situación de profunda polarización social, que es la nota característica en el conjunto de la situación que estamos viendo en la región. La extrema derecha en Colombia llega al gobierno del país que resulta ser la cuarta economía Latinoamericana y con ello se abre todo un nuevo periodo de la lucha de clases en Colombia.

Este resultado electoral ha causado ríos de preguntas, dudas e interrogantes en la mente de cientos de miles de activistas, que habían confiado firmemente en la idea lanzada desde la candidatura de Cepeda de que podían ganar incluso ya en primera vuelta electoral. ¿Cómo ha sido posible que no solo no se haya ganado, sino que finalmente el candidato de la oligarquía, la clase dominante, del imperialismo, haya acabado venciendo?

Por supuesto no es secundario para decenas de miles que el triunfo de Abelardo se produzca tras haber prometido “destripar y erradicar en el país a la izquierda, a los comunistas”. Los recuerdos trágicos de las matanzas, de los asesinatos de sindicalistas, lideres sociales, campesinos para ser despojados de sus tierras, de la militancia de la Unión Patriótica, del terror de la época del paramilitarismo bajo los gobiernos de Alvaro Uribe, en la mente de miles esta regresado desde el pasado hasta nuestros días.

¿Por qué ha ganado de la Espriella?

Existe una característica casi común en todos los procesos electorales que se han celebrado en el último periodo en Latinoamérica, donde han ido venciendo peones ultraderechistas de Donald Trump, en el caso de Colombia Abelardo de la Espriella. Ello no tiene nada de casual, sino que obedece a una intervención directa del imperialismo en los propios resultados electorales.

Y todo ello, lejos de lo que pueda parecer superficialmente, refleja que las elites dominantes, y sus amos imperialistas estadounidenses, refleja que estos triunfos electorales los están logrando a costa de extremar al límite la creciente polarización extrema en la sociedad, que presagia una creciente intensificación de la lucha de clases en este periodo en el que entramos en todo el continente. En el mapa adjunto se observa desde 2023 hasta este año los cambios electorales producidos en toda la región.

Es por ello que entre otras consideraciones que necesitamos ver y tener en cuenta, el resultado de la segunda vuelta electoral en Colombia no escapa, ni mucho menos, a lo que es la ofensiva que el imperialismo de los EEUU en una región que la burguesía norteamericana considera como “su patio trasero”. En cierta forma, en este ultimo periodo hemos visto sonados fracasos de la política de Donald Trump, incluida lo que sin duda es una derrota humillante de los EEUU en Irán, que está teniendo como efecto que la Administración Trump empuje con más fuerzas en el objetivo de la clase dominante estadounidense de intentar recuperar la iniciativa y poder así consolidar sus posiciones. Y ello hacía que para Trump se tuviera que descartar un triunfo electoral de la izquierda en Colombia. El apoyo del imperialismo a la candidatura de Abelardo de la Espriella fue nítido y claro.

Evolución 2023 - 2026 gobiernos en el Continente

Los imperialistas norteamericanos continúan intentando aplicar su agenda de carácter colonial en Venezuela, al tiempo que estamos viendo como aprietan sus manos entorno a Cuba, donde han lanzado una brutal presión no conocida en décadas, con el objetivo de tomar el control sobre la Isla. Y por supuesto, como habíamos previsto, el imperialismo está intensificando la presión directa sobre los gobiernos de la izquierda reformista que todavía existen en México, Uruguay y Brasil, que tras el resultado electoral en Colombia, también esperan poder incorporar en los próximos meses a esa alianza reaccionaria de gobiernos de derechas y extrema derecha, a la cual han bautizado como “Escudo de las Américas”, que ha creado a partir de marzo de este año directamente Trump con el objetivo de llevar adelante sus planes de dominio, combatiendo la creciente influencia que China ha logrado en el Continente.

Tras conocerse los primeros datos del resultado electoral en Colombia, como impulsados por un mecanismo automático, tanto el presidente saliente, Gustavo Petro, como el candidato Iván Cepeda, “llamaron a la calma y a esperar los resultados electorales definitivos”.

Resulta hasta irónico que los máximos dirigentes de la izquierda reformista colombiana hayan llamado “a confiar en el escrutinio electoral que realiza el Estado colombiano”, esto es el Consejo Nacional Electoral -CNE -, la propia Registraduría Nacional del Estado Civil y confianza en la empresa “Thomas Greg & Sons”, que está vinculada a los conocidos y condenados hermanos Bautista.

¿Confiar en el Estado, el mismo que durante cuatro años de gobierno de Gustavo Petro ha sido un auténtico tapón para impedir la implementación de reformas progresistas serias en favor de la mayoría?, ¿confiar en el mismo Estado que Cepeda ha explicado durante toda la campaña que “esta tomado y controlado por entero por grupos y clanes corruptos y mafiosos”?

Ello no parece que fuera una buena idea, como hemos comprobado que no lo era. Los llamados a "la tranquilidad y a la calma” equivalía, equivalen a lo mismo que machaconamente Cepeda intento transmitir durante la campaña: colaboración de clases, en una politica de acuerdo nacional, mesas de diálogo y acuerdos, con la oligarquía y las elites dominantes, para acordar las medidas que garanticen mejorar las condiciones de vida de la mayoría”. Pero desde la llamada transición española, a todos y cada uno de las experiencias vividas, esta politica siempre ha resultado ser una falsa, en donde las masas hacen los sacrificios y las elites se llevan crudos los beneficios. Jamás, en ningún sitio, estas politicas han servido a los trabajadores para mejorar sus condiciones de vida, ni para aspirar a un futuro en dignidad.

No, ese no es, ni puede ser el camino. La izquierda si aspira a representar los intereses de clase de los trabajadores, los jóvenes, los campesinos pobres y las comunidades indígenas, debe explicar las cosas como realmente son, no como a Cepeda, a Petro o al resto de dirigentes del Pacto le gustarían que fuera: las condiciones objetivas miseras de existencia de las masas hunden sus raíces en el hecho de que una elite de superricos controla todo lo fundamental de la economía y la sociedad colombiana. Y por supuesto no están dispuestos a compartir sus enormes beneficios y prebendas con la mayoría de la sociedad, ni en mesas de diálogos ni en ningún sitio. Esta política de Cepeda representaba lo mismo que un samaritano intentando convencer a una manada de tigres de que no coman carne, menos humana, de que esos tigres deben comer a partir de ahora verduras.

Como sabemos que no tendrá éxito ese buen samaritano, como Cepeda tampoco en sus “mesas de diálogos y acuerdos”, solo debemos advertir al samaritano y a Cepeda de que si en sus buenas palabras se sitúan cerca de esos tigres, ellos mismos serán devorados por ellos. Esta es la verdad, que parece empeñados los dirigentes a ignorar, al contrario de lo que si hemos visto por parte de los trabajadores y sobre todo de la juventud que si entienden perfectamente la situación real.

Miles de jóvenes, sobre todo en Cali y en Bogotá, nada más anticiparse los resultados electorales de forma instintiva olieron los peligros reales existentes en la situación y salieron casi de forma espontaneas a las calles a manifestarse, en contra del ascenso de la extrema derecha de Abelardo. Estos deseos de enfrentar mediante la lucha los peligros y las amenazas de la extrema derecha, junto con el estrecho margen de los propios resultados de las elecciones, solo vienen a ratificar que millones de trabajadores, de campesinos y jóvenes entienden el peligro que representa Abelardo de la Espriella, sus deseos de devolver a la sociedad a etapas oscuras de violencia contra la mayoría y de que a pesar incluso de los dirigentes que llaman a la calma, están dispuestos a enfrentar las amenazas existentes.

Estos ánimos de lucha que están presentes siempre son característicos de los periodos iniciales de la revolución social. De lo que se trata con urgencia es de que el movimiento desde abajo se dote de una verdadera dirección a la altura de las circunstancias, basada en la comprensión de un necesario programa que de cause a la propia lucha contra la extrema derecha y contra las elites dominantes que están dispuestas a protagonizar nuevos baños de sangre entre la juventud, los trabajadores, los campesinos y los oprimidos de Colombia.

El actual Estado en Colombia es un Estado burgués, diseñado para amparar, proteger y permitir toda la dominación de las elites ricas en contra del pueblo. Esto debe ser comprendido y explicado por la dirección, en vez de hacer constante llamamientos a la tranquilidad y a esperar que desde el cielo se arrojen resultados distintos a los que desean imponer la oligarquía, los grandes empresarios y banqueros. Cuando Petro y Cepeda hablaban de esperar el resultado final de conteo de los votos, crean falsas ilusiones entre sectores de los oprimidos, que ven la necesidad de tomar los destinos de la situación en sus propias manos: para disipar dudas hemos de decir que el escrutinio de los resultados han sido los mismos resultados tramposos que fueron publicados la noche electoral, con una variación mínima de 624 votos más para de la Espriella y 400 menos para Cepeda. La diferencia entre ambos ha cambiado para ser de un 0,004%.

Insistimos, las ideas planteadas por Cepeda y Petro que pretendían sembrar ilusiones en el propio escrutinio, junto con la machacona idea de que fruto del propio resultado electoral se impone un “acuerdo nacional” con la extrema derecha, ha sido y es un brutal y tremendo error político, que lejos de ayudar al triunfo en las propias elecciones lo hicieron menos probable. Ello supone una política de colaboración de clase, que siempre predican los dirigentes reformistas y que siempre tienen el mismo resultado: favorecer y allanar el camino del triunfo de la extrema derecha.

Esta política está en línea contraria a lo que vimos en las elecciones anteriores, que basados en los rescoldos del Paro Nacional de 2021 y con promesas de Petro de llevar adelante una política seria de reformas sociales, propiciaron el triunfo de la izquierda por primera vez en la historia de Colombia. El haber apostado por una política de entrega y sumisión, con llamamientos a los uribistas y los trumpistas de Abelardo a sentarse juntos en un “Acuerdo Nacional” (cuando Abelardo habla de destripar a la izquierda) lejos de estimular, motivar y concienciar y a los jóvenes y trabajadores para vencer, ha resultado que ha causado el efecto contrario entre distintas capas de la mayoría social.

En la campaña de Petro en 2022 prevaleció las promesas de profundos cambios sociales, cambios profundos para erradicar la corrupción y de libertad y derechos democráticos plenos para la mayoría, incluyendo la puesta en libertad de los jóvenes presos de la Primera Línea de las movilizaciones de 2021. Y todos estos aspectos prevalecieron finalmente, a pesar de que en aquellos momentos también se hicieron acuerdos con políticos que representaban la sombra de la burguesía dentro de lo que fue el gobierno de -l presidente Petro: vimos por ejemplo a Alvaro Leyva puesto en la Cancillería de Exteriores y como incluso se atrevió a intentar organizar desde EEUU un golpe en contra del presidente, …

Es claro que en poco tiempo se fue aceptando el llevar a cabo una política de gestionar desde dentro del capitalismo y que con ello se abandono gran parte de las promesas de cambios profundos en la sociedad. Recordamos como el uribismo, principal baluarte político de las elites entro en una profunda crisis, de la cual no se ha recuperado. Pero las políticas tibias desde la dirección del Pacto Histórico, que en la práctica significo renunciar a implantar gran parte de las reformas necesarias para el pueblo, buscando una política sin fin de “paz social”, solo sirvieron para envalentonar a los sectores más violentos de la burguesía colombiana, que sin duda es de la más corrupta, mafiosa, violenta y antidemocrática del conjunto del continente.

Si queremos encontrar una explicación seria del fenómeno que estamos viendo entorno a Abelardo de la Espriella, aquí lo tenemos: la debilidad política siempre invita al enemigo a la agresión. Las medias tintas, las medias medidas y la renuncia a dar la batalla a los tapones que permitieran poner en marcha el conjunto de las reformas prometidas,… todo ello explica que el camino se le abriera a un personaje gris y estúpido como De la Espriella, que desde el principio afirmo querer “destripar a la oposición, a la izquierda y a los comunistas”, inspirándose en las políticas de Trump y más concretamente de su vasallo argentino Milei, afirmando querer imponer una política basada en un programa ultraliberal en contra de los trabajadores y los campesinos pobres, “adelgazando el Estado” para saquearlo en beneficio de las elites.

Como la experiencia a demostrado claramente, los discursos y las medidas de mediatinta expuestas por Cepeda a lo largo de la campaña, que fue moderando más y más el programa de cara a “llegar acuerdos con el Centro” (Fajardo, López, Gaicedo, …) no ha servido para cortar los pies a la ultraderecha en Colombia. La verdad, no ha servido ni sirve para parar a la ultraderecha en ninguna parte del planeta.

Ahora se impone que en la izquierda colombiana e internacional abordemos un serio debate político que nos permita comprender por qué hemos llegado a que Abelardo sea elegido próximo presidente de Colombia y nos permita encarar el próximo periodo en el que entramos, para dar la batalla y la lucha que nos permita derrotar a este fascista, exabogado de los paracos y narcos del país. Necesitamos comprender y aprender de los errores de la dirección del Pacto Histórico, para superarlos y prepararnos para levantar la bandera de la lucha de los oprimidos, ofreciendo una RESISTENCIA EFECTIVA en contra a De la Espriella, Trump, Uribe y toda la pandilla de reaccionarios que están aun en espera y preparando ataques firmes en contra del conjunto de los oprimidos de Colombia y el continente.

BALANCE DE CUATRO AÑOS DE GOBIERNO

Los marxistas siempre hemos explicado las enormes complejidades que presenta el terreno electoral para que la clase trabajadora pueda derrotar a la burguesía, que es quien controla todos los aspectos centrales, sobre todo gracias al control total que tienen de las palancas fundamentales del poder económico y político. Karl Marx lo explico magistralmente cuando afirmo que “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época.” (La ideología alemana, 1846). Fruto del control que la burguesía ejerce de los medios de producción materiales, también domina la producción intelectual, haciendo que la ideología, la cultura, la moral y el derecho no sean neutrales, sino expresiones del poder económico dominante.

En cualquier proceso electoral es la clase dominante la que controla las reglas del juego y a los propios árbitros, convirtiendo cada elección en una cuestión de designar a quien por cuatro años ocuparan los puestos de representación institucional. Y ello es tan así, que en el caso de Colombia hemos visto en este periodo anterior como la clase dominante organizo el exterminio de todo un partido político al completo, como fue el caso de la Unión Patriótica, que sufrió el asesinato de más de 6.000 militantes, a finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo pasado.

En cualquier caso, hay siempre acepciones que confirman la regla. Ello lo vimos en las elecciones de 2022, que convirtieron a Gustavo Petro en el primer presidente de izquierdas en Colombia, en el contexto de todo un periodo prerrevolucionario que vivió el país, con estallidos sociales en los años 2029 y 2021. La derrota de los representantes de la oligarquía, los grandes empresarios y banqueros fue el fruto directo de la fuerte lucha de clases que vivió el país, que amenazaba el propio dominio de la burguesía como clase y que permitió barrer políticamente al uribismo, en un proceso social de claro giro hacia la izquierda.

Esto debería haber sido entendido y comprendido también para el terreno electoral de este 2026. Para la aplastante mayoría de los trabajadores, la juventud y el conjunto de los oprimidos la experiencia es la madre de toda la sabiduría, que no puede ser sustituida por declaraciones, discursos y programas elaborados por ninguna dirección.

Y es aquí en donde un balance honesto de la experiencia de los cuatro años del gobierno Petro es francamente decepcionante, en donde se han aprobado unas pocas de las reformas prometidas y necesarias para las masas, en discursos que solo podemos llamar de autojustificación, siempre buscando pactos con la derecha y que en conjunto solo han logrado minar fuertemente las ilusiones que estaban presentes hace cuatro años y que fueron la base de la movilización activa de los trabajadores en aras a buscar cambiar radicalmente las condiciones de vida existentes.

Como en otros artículos hemos explicado, la táctica de Gustavo Petro de dar entrada en el gobierno a políticos que procedían y proceden de la derecha lejos de favorecer el poder cumplir con las aspiraciones de las masas, realmente era como darse un tiro en la pierna, permitiendo que esos políticos derechistas sabotearan las reformas desde dentro del propio gobierno. Y era de suponer que de todo ello eran conscientes los dirigentes de la izquierda, que aprenderían algo de esas lecciones y corregirían el rumbo, sobre todo porque ha sido evidente que Petro se dio de bruces con la realidad, de su gobierno aislado en el Congreso, perdiendo las votaciones más importantes, constantemente saboteado por altos funcionarios, que además mancharon el propio nombre del gobierno con casos de corrupción y de hasta violencia machista. Y todo ello para la izquierda no es baladí, pues supone aspectos que deben estar en las antípodas de la práctica de un gobierno que realmente representa a los oprimidos.

Y es que en la práctica los escándalos vividos en el gobierno no han sido lo único que ha llenado de frustración a capas de los trabajadores, la juventud y los campesinos pobres. Como decíamos, las principales promesas electorales, que constituían y constituyen aspiraciones y necesidades fundamentales de la mayoría, han sido llevadas adelante. Es cierto que algunas medidas si han sido aprobadas, como e incremento del Salario Mínimo, que creció un 60%, y que también el gobierno haya aumentado los presupuestos educativos, por ejemplo. Pero teniendo en cuenta que partíamos de unos niveles muy bajos y en un contexto de inflación, en donde los precios se encarecen, todo ello ha provocado que muchos trabajadores hayan sentido que todo seguía igual, e incluso peor.

De todo ello esperábamos que se hubiera tomado buena nota por parte de la dirección y de que se corrigieran los errores, girando hacia la izquierda. No había ni hay otra forma. Sin embargo, la elección de Iván Cepeda como candidato, por supuesto que intelectualmente muy superior a los candidatos de la derecha y la extrema derecha de Abelardo, lo cual con el nivel que tienen no es nada complicado, lejos de aparecer como una corrección en el rumbo y en los errores de los cuatro años del gobierno del presidente Petro, en realidad en la practica supuso una continuación en esos errores y un empecinamiento en querer buscar acuerdos, no con las masas, sino con todo tipo de políticos de la derecha, como Sergio Fajardo, Claudia López Hernández, Carlos Eduardo Caicedo, …

Políticamente había que explicar que el no haber podido cumplir con la aplicación de las necesarias reformas sociales era el fruto de los estrechos límites del capitalismo colombiano y unas elites dominantes que han taponado y taponan todo avance social. Es una necesidad política de primer orden entablar una lucha ideológica que haga comprender a las masas la necesidad de romper con el podrido capitalismo, defendiendo nítidamente un claro programa de transición, de cambio social.

Y lejos de ello, de forma machacona, el discurso de Cepeda ha sido en toda la campaña hablar y hablar de “Acuerdo Nacional” con las elites y sus propios representantes políticos, incluidos la extrema derecha. El propio Cepeda se afanaba en defender no tocar la propiedad de las elites, que impiden las propias reformas sociales, de defender el capitalismo, al tiempo que desdibujaba las líneas de una clara candidatura de izquierdas frente al Uribismo y a la tendencia fascista de Abelardo de la Espriella, insistiendo en términos difusos como “progresismo”. Como habíamos advertido en el artículo “Colombia: Ultima Advertencia”, todo ello en su conjunto alejaba la posibilidad de un triunfo electoral de Cepeda y el Pacto Histórico frente al representante de Trump y los reaccionarios de todo el continente.

Ello es la explicación fundamental del resultado ya visto en la primera vuelta, lejos del pronostico optimista de Cepeda de “ganar en primera vuelta”, que en realidad arrojo el primer triunfo de Abelardo. Tras ese resultado Cepeda profundizo en su política errónea de llamar a la conciliación de clases, situándose en la practica a la derecha de Gustavo Petro. Es claro que para ganar había que recorrer el camino inverso, girar a la izquierda y defender un genuino programa de lucha y transformación social.

Desde la primera vuelta electoral los dirigentes del Pacto Histórico trataron de justificar el resultado como el fruto de “fraude electoral”, “injerencia yankee”, … Y aun siendo cierto todo ello, había que combatir todas las artimañas de la clase dominante para impedir un triunfo de la izquierda con ideas, perspectivas y un claro programa de lucha. Los fraudes electorales, las compras de votos, las injerencias externas, …  no son hecho nuevos en Colombia, sino que llevan ahí décadas y siglos. De hecho, también existieron en 2022 y no pudieron evitar que la izquierda ganara y aupara a la presidencia a Gustavo Petro.

Era urgente y necesario profundizar en la campaña la defensa de un claro programa de clase, para los oprimidos. Era la única forma de poder encarar y vencer a la ultraderecha abelardista.

Nos comentan que está creciendo en estos momentos una profunda preocupación ante el próximo futuro de miles de jóvenes, de trabajadores y de campesinos pobres, que representan en Colombia más del 30 por ciento de la población. Se teme, con bases reales, que el gobierno de Abelardo corte de raíz la reforma agraria que ha intentado llevar adelante el gobierno Petro, que ha entregado en estos años 703 mil hectáreas de tierra a familias campesinas, que en el pasado de los gobiernos de Uribe fueron despojados por los grupos paracos armados, y que hoy amenazan con volver a tomar esas tierras.

Desde el gobierno la reforma agraria se llevó comprando tierras y de esta forma es imposible lograr que las tierras en poder de la oligarquía, que los campesinos necesitan como agua de mayo, tengan una real utilidad social, en manos de los campesinos. Negarse a expropiar esas tierras, sin indemnización salvo en los casos de necesidad comprobadas, equivale en la práctica a pegarnos un nuevo tiro en la pierna izquierda.

De la “Seguridad” uribista al “Firmes por las Elites”

               Los trabajadores, los activistas juveniles, los campesinos aprecian en el triunfo de Abelardo la posibilidad, más que real, de un retorno a los viejos tiempos de la política de “seguridad nacional” de los gobiernos reaccionarios del uribismo. Ese es el verdadero significado de la consigna reaccionaria de Abelardo de “Firmes con la Patria”. Los oprimidos de Colombia saben el verdadero significado del programa de Abelardo de “destripar a la izquierda”, en donde engloba a los movimientos sociales de todo tipo, incluidos los de defensa de los propios derechos humanos.

               Durante los estallidos sociales de 2019 y 2021 vimos claramente el carácter reaccionarios de los gobiernos del uribismo y de los órganos armados de represión del Estado, al servicio de las elites dominantes. Los escuadrones del odiado ESMAD, de la policía, el ejército y los grupos paracos asesinaron impunemente a decenas de manifestantes, a muchos de ellos sacándoles los ojos con pelotas de goma. La represión social siempre ha jugado un papel en manos de las elites dominantes y sus gobiernos títeres.

               El gobierno de Petro prometió medidas de defensa de los derechos democráticos de la mayoría, desarticulando el ESMAD (los escuadrones móviles antidisturbios), poniendo en libertad a los presos de la Primera Línea de las movilizaciones de 2021 y garantizando la integridad y vida de los activistas sindicales, políticos y sociales.

Todo ello gozaba de total apoyo de la aplastante mayoría de la sociedad y sin embargo, aquí también hemos visto las limitaciones objetivas de la política reformista, aceptando la lógica del sistema establecido. Los jóvenes presos de la Primera Línea, como alias “19”, por más que Petro se haya autollamado el mismo como un Primera Línea, continúan recluidos sin ser amnistiados, al ESMAD se le maquillo cambiándole el nombre y desde 2022 hasta 2025 han sido asesinados un total de 410 activistas sociales. Como decíamos, “la verdad siempre es concreta”. Los intentos de “reformar” amigablemente, de forma diplomática y consensuada, el Estado burgués siempre encontró y encontrara un freno firme por parte de las elites dominantes y sus representantes, que ven y utilizan siempre el Estado como un instrumento, no secundario, para defender sus posiciones privilegiadas frente a las masas.

               De forma cínica la clase dominante utiliza la violencia para mantener las estructuras represivas del Estado, al tiempo que justifican el fundar y mantener sus grupos paramilitares en pie. Bajo el capitalismo no existe, ni existirá, una solución definitiva al problema de la violencia y la inseguridad, que día a día viven millones de trabajadores, jóvenes y campesinos. Las elites dominantes en el país están completamente fusionadas, entrelazadas y mezcladas convenientemente (oligarcas de la tierra, capital industrial y financiero) son un todo que viven y auspician todo tipo de mafias corruptas y del narcotráfico, que explotan la minería ilegal. …

               Bajo esta sociedad se fermenta el caldo de cultivo propicio para que cientos, miles de jóvenes, en barrios, ciudades y pueblos embrutecidos por la falta de perspectivas de futuro, entren a formar parte de las dinámicas de violencias que vemos. Cotidianamente pierden la vida joven y activistas sociales, a manos de sicarios al servicio de los clanes mafiosos, corruptos y narcotraficantes. Acabar con la violencia significa abordar la transformación de las condiciones de vida materiales de la juventud, los trabajadores y los campesinos, los únicos que realmente tienen interés en el fin de la violencia, no como cínicamente dicen los políticos de la derecha, que buscan sacar réditos de ella.

               Uno de los aspectos que más ha utilizado Abelardo de la Espriella en la campaña ha sido precisamente la “lucha contra la violencia”, en su campaña de Firmes con la Patria”. Como decíamos, la idea de Abelardo al respecto no es otra cosa que un retorno a las políticas criminales del uribismo y el paramilitarismo, poniendo en marcha una política de sembrar el miedo y el terror en las clase populares de Colombia, diciendo inspirarse en las políticas de Bukele en El Salvador.

No olvidamos los lazos profundos del propio Abelardo junto al uribismo y a los jefes de las AUC (las mayores bandas paramilitares de la historia de Colombia). Y sabemos que lo que está detrás de Abelardo es la defensa de los intereses y el dominio de los capitalistas, aunque para ello deba “destripar a la población”.

Lamentablemente debemos de decir que tampoco en este terreno la dirección del Pacto Histórico logro ofrecer una clara alternativa de clase a la mayoría de la sociedad. Es imposible ofrecer una alternativa recurriendo a meros golpes de efecto y consignas limitadas a la “defensa de los derechos humanos, la justicia y la legalidad”. También en este sentido Cepeda y compañía se equivocaron y desde luego no lograron motivar e ilusionar a sectores amplios de la población, con campañas genéricas de “Por la Vida”, bajo la cual prometían un triunfo en primera vuelta, limitándose a discursos vacíos.

Los trabajadores, los jóvenes y los campesinos, que como decíamos aprenden de su propia experiencia, han visto también en el terreno de los hechos, como el gobierno Petro también en este sentido hizo claudicaciones a la derecha, llegando a militarizar algunas de las zonas con mayores ni eles de conflictividad, entregando de hecho el propio Ministerio de defensa a las Fuerzas Militares.

Ello está lejos de la necesidad de explicar políticamente a los jóvenes, a los trabajadores y a los campesinos la necesidad de luchar por unas perspectivas de vida auténticamente humanas, con pleno acceso a la educación y a la sanidad pública y de calidad, al tiempo que se implantan condiciones de trabajo auténticamente dignas, bien retribuidos y con estabilidad, luchando contra las condiciones de precariedad e informalidad de la mayoría de los empleos.

Y volvemos a lo mismo: en la medida en la cual no se ha tenido capacidad desde la dirección, desde la candidatura de Cepeda, de ofrecer una perspectiva para luchar, toda la iniciativa también en este aspecto de dejo en manos de Abelardo, que es incapaz de decir dos frases sin meter la pata, pero que tiene claro que su papel es defender a los suyos, a “su Patria de ricachones”.

LEVANTAR UNA ALTERNATIVA DE LUCHA FRENTE A ABELARDO

Vivimos una época de profundos cambios históricos, caracterizada por una situación volátil con cambios bruscos y repentinos. La única forma correcta de prepararnos para esta época es mediante un debate compañero a fonde, con ideas, datos y cifras, que nos permita comprender de donde vinimos, donde estamos y hacia donde queremos ir. Este es el objetivo de estas líneas, para que fruto del debate nos podamos armar políticamente para encarar los retos que tenemos por delante, comenzando con presentar batalla al nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella, que llega dispuesto a hundirnos a todos los niveles.

El resultado electoral en las regiones

Esperamos que en este mismo objetivo la dirección del Pacto Histórico este a la altura de las necesidades de este debate, evitando “justificar” los resultados para argumentar que estamos ante un giro hacia la derecha en la sociedad, que siempre es el argumento preferido de algunos dirigentes que en el fondo manifiestan dudas o resistencia a preparar la propia lucha, en la sociedad, en las calles, en los centros de trabajo, en las universidades y barrios populares de toda Colombia. Evidentemente no hablamos solo o fundamentalmente de la lucha entre las paredes del Congreso y el Senado, sino de la necesaria lucha de clases frente al enemigo, las elites dominantes y su nuevo gobierno presidido por Abelardo.

Unas cuantas preguntas surgen inevitablemente entre cientos, miles de activistas de la izquierda, en Colombia e internacionalmente. Ofrecer una respuesta satisfactoria a las mismas debe ser nuestro objetivo inicial.

¿Cómo ha sido posible que después de cuatro años del primer gobierno de la izquierda en Colombia, esta haya sido derrotada por un “payaso de circo”, como Abelardo?; 

¿Este llamado “gobierno progresista” creo desilusión y desmovilización entre sectores de su propia base social?; 

¿Sera cierto que la mitad de la población colombiana se volvió de extrema derecha?.

Lo primero que tenemos que decir es que toda la experiencia histórica demuestra que cuando una dirección de izquierdas llega al gobierno y desde el, debido a que acaba aceptando la lógica del funcionamiento del sistema, no es capaz con claridad de cumplir sus promesas de reformas progresistas, ello es utilizado por la clase dominante para intentar desprestigiar no solo a ese gobierno, sino a las ideas de la izquierda en general. Y esto lo hemos visto claramente en estos cuatro años del gobierno de Petro.

A la vista de los resultados de las elecciones tenemos que concluir que si, que efectivamente ha existido y existe una capa social que frente a la experiencia de estos cuatro años de gobierno sufre una cierta desilusión, sobre todo porque cada vez que han sido llamados a la lucha en las calles ahí han estado, pero el grueso de las reformas que necesitan la mayoría de la sociedad no ha pasado.

Tenemos la obligación y la necesidad de combatir la idea de que existen millones en Colombia que han girado hacia la extrema derecha. Es cierto que como en la naturaleza, en la sociedad se aborrece el vacío y en la medida en la que desde la izquierda, desde la candidatura de Cepeda, se buscó con ahínco los acuerdos con políticos de la derecha, llamados de centro, en la medida en la que el programa en beneficio de la mayoría ha sido sacrificado en gran parte, Abelardo se ha visto beneficiado del apoyo de los imperialistas y los lideres de la regios de extrema derecha, que todos ellos se han situado en apoyo al “Firme por la Patria” y han buscado un gobierno que de cierta estabilidad, que promete "seguridad".

Pero bajo las condiciones objetivas del presente, ante las perspectivas que tenemos por delante, esa estabilidad con Abelardo será cuestión de unas pocas semanas o meses. Estamos ante un escenario de una profunda polarización social y económica absoluta, en la cual es inevitable que poco a poco veamos a cientos de miles de jóvenes, trabajadores y campesinos entren en acción, movilizándose de forma clara por la izquierda y en contra del gobierno de Abelardo. Un nuevo Estallido social no está descartado, sino que se presenta como una perspectiva probable a medio plazo.

En los últimos meses hemos visto triunfos de los candidatos del imperialismo, como por ejemplo en Chile, donde el candidato fascista Kast gano a la candidata el PCCh por nada menos que un 17% de los votos. En Argentina vimos el triunfo de Milei frente al candidato peronista, por más de 1% de ventaja, más de 3 millones de votos. En Bolivia hace unos meses gano el derechista Rodrigo Paz. En Peru ha ganado, por la mínima, Keiko Fujimori. … Ahora en Colombia Abelardo a ganado a Cepeda.

Pero todo ello no demuestra más que allí en donde la derecha y la ultraderecha lograron victorias electorales amplias, las masas están tomando el camino e la lucha, tomando las calles, poniendo rápidamente a esos gobiernos en crisis, como hemos visto en Chile, en Argentina y vemos con la explosión social ahora mismo en Bolivia. Las masas no han girado hacia la derecha, sino que están preparando de hecho un giro pronunciado hacia la izquierda, saliendo a las calles en contra de los ataques de los gobiernos y del sometimiento de estos a Washington. En Colombia ahora mismo, con el propio resultado electoral en las manos, las masas, comenzando por sus activistas, no han ido derrotadas, ni se van a ir a sus casas. Una explosión social está cultivándose.

Los resultados electorales del Pacto Histórico han sido formidables, y sientan las bases con los cuales fortalecer la organización, ampliar su base militante, todo lo cual debe permitir forjar un amplio movimiento de lucha contra los mas que previsibles ataques del gobierno de Abelardo, con la condición de que eliminemos las confusiones politicas, en las ideas y el programa. En ello nos jugamos muchísimo.

Durante la campaña electoral hemos visto como han sido los activistas, los militantes y su base social quien ha hecho posible el desarrollo de esta, que en algunos casos incluso se tuvo que movilizar ante la propia pasividad de la dirección, que se fijó como prioritario la movilización en redes sociales. Detrás de los activistas, de la militancia de base está el origen del éxito electoral cosechado, con el mayor número de votos de la historia para una organización de izquierdas, a pesar de las injerencias del imperialismo, de la repugnante campaña de ataques de sde los medios de comunicación del sistema y de las propias amenazas de algunas bandas paramilitares.

Los resultados en si mismos no significan un retroceso en la conciencia de las masas, ni mucho menos un giro hacia la derecha en las mismas. Las idea reinante entre la clase obrera, la juventud y los campesinos no es encerrarse en casa, metidos debajo de la cama. Ni mucho menos. Sino que se impone y hace necesario una recomposición de la situación, en la que podamos organizar y preparar la lucha social a fondo en contra del gobierno de Abelardo. 

Iván Cepeda a anunciado públicamente que "se considera en desobediencia civil frente a Abelardo de la Espriella y su gobierno", al cual Cepeda califica de ilegitimo, “teniendo en cuenta que el presidente electo presenta una incompatibilidad para ejercer la jefatura del Estado colombiano, debido a su ciudadanía estadounidense”.

Cepeda ha explicado que “Abelardo de la Espriella, al realizar un juramento ante el gobierno de los Estados Unidos, manifiesta defender los intereses de este país; por lo tanto, esto constituye una incompatibilidad para defender los derechos de los colombianos y para ejercer como presidente de la República. Se pone en entredicho que Abelardo pueda ser guardián de la Constitución Política de Colombia, pues no se puede ser agente colaborador de la DEA y ser jefe de estado en Colombia”.

Muy bien, seremos desobedientes civiles activos, pero por lo mismo es mas necesario que nunca organizar la lucha social, en las calles. De lo contrario a estos desobedientes civiles los crucificará uno por uno el nuevo presidente puesto por Donald Trump y las elites dominantes.

Como decíamos, bajo el nuevo gobierno de Abelardo se profundizará en la trágica historia de la violencia política, que siempre han ejercido las elites dominantes en contra del pueblo, en contra de la mayoría. Una violencia estructural que siempre a afectado a los lideres sociales, a los sindicalistas y activistas políticos de la izquierda, a comunidades enteras, que siempre vemos intensificarse en los contextos electorales y en las regiones en donde el Estado tiene una presencia más limitada. Así ha sido desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, desde el surgimiento de las guerrillas y sobre todo desde el periodo de auge del paramilitarismo.

La lucha contra la extrema derecha, por unas perspectivas de futuro digno, 
¡¡A LAS CALLES !!

Es necesario que como fruto de todo el necesario debate que debemos tener por delante, nos planteemos objetivos bien definidos de LEVANTAR UN FRENTE UNICO DE CLASE para responder al títere de Trump y de la oligarquía en sus intentos de devolvernos el terror en las calles y de implementación de políticas de retrocesos sociales, al modo de Milei en Argentina.

Es tarea urgente de los oprimidos de Colombia, hombro con hombro con los oprimidos del resto de los países de la región, organizar la lucha de clases, que nos ermita dar la batalla a fondo al retorno de los fascistas a la escena. Cortarles el paso, bloquearlos y eliminarlos como peligro para las propias masas, es la tarea central de la lucha que debemos llevar a cabo por acabar con todas las lacras de la creciente barbarie del capitalismo, incapaz de ofrecer nada progresivo a la humanidad en estos momentos.

Este necesario debate nos debe permitir definir un claro programa revolucionario, que plantee de una vez la transformación radical de la sociedad, expropiando los latifundios, las grandes empresas y el sector financiero, como única forma de poder planificar la economía sobre la base de poder satisfacer las necesidades sociales existentes. Un programa que se proponga erradicar las enormes necesidades de millones de trabajadores, jóvenes y campesinos, preparando un gobierno de los oprimidos en Colombia, que inspirara al conjunto de los pueblos del continente.

En realidad la lucha histórica de los oprimidos en Colombia ha definido con claridad cual es el programa que necesitamos, por el cual tomar las calles para exigirlo. Los trabajadores, la juventud, los campesinos pobres, los pueblos indígenas historicamente demanda redistribución de las tierras, derechos laborales plenos, educación, salud, pensiones, viviendas y plenos respetos a los Derechos Humanos, frente a la violencia de las Elites y su Estado paramilitar y corrupto.

Lamentablemente, después de cuatro años de gobierno llamado "del cambio", todo ello sigue pendiente de ser logrado. Ante el auténtico cuchillo en nuestros cuellos que supone el presidente candidato de Trump elegido, organizarnos y movilizarnos es la única salida posible en esta situación. 

¡¡A la calle, a luchar por nuestros derechos, por nuestro futuro !!.

¡¡ El futuro nos pertenece con nuestra lucha, sino no abra futuro digno de tal nombre !!

¡¡¡ JUNTOS Y ORGANIZADOS, VENCEREMOS !!!

 

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