COLOMBIA: BALANCE Y PERSPECTIVAS. LUCHAR CONTRA ABELARDO
¿CÓMO HEMOS LLEGADO AL TRIUNFO DEL
ULTRADERECHISTA DE LA ESPRIELLA?
¡¡CONSTRUIR LA RESISTENCIA ANTIFASCISTA FRENTE AL
TITERE DE DONALD TRUMP!!
Este pasado domingo 21 junio se celebró la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, en donde hubo una participación electoral histórica, la más alta registrada en la historia del país, que finalmente dio como resultado una victoria por la mínima al candidato de la extrema derecha, Abelardo de la Espriella frente a Iván Cepeda, candidato progresista del Pacto Histórico, apoyado por el actual presidente Gustavo Petro. De la Espriella obtuvo 12,9 millones de votos, solamente 200 mil votos más que Cepeda, lo que representa una diferencia pírrica porcentual del 0,8%.
El resultado se
ha producido en medio de toda una situación de profunda polarización social,
que es la nota característica en el conjunto de la situación que estamos viendo
en la región. La extrema derecha en Colombia llega al gobierno del país que
resulta ser la cuarta economía Latinoamericana y con ello se abre todo un nuevo
periodo de la lucha de clases en Colombia.
Este resultado
electoral ha causado ríos de preguntas, dudas e interrogantes en la mente de
cientos de miles de activistas, que habían confiado firmemente en la idea
lanzada desde la candidatura de Cepeda de que podían ganar incluso ya en
primera vuelta electoral. ¿Cómo ha sido posible que no solo no se haya ganado,
sino que finalmente el candidato de la oligarquía, la clase dominante, del
imperialismo, haya acabado venciendo?
Por supuesto no es secundario para decenas de miles que el triunfo de Abelardo se produzca tras haber prometido “destripar y erradicar en el país a la izquierda, a los comunistas”. Los recuerdos trágicos de las matanzas, de los asesinatos de sindicalistas, lideres sociales, campesinos para ser despojados de sus tierras, de la militancia de la Unión Patriótica, del terror de la época del paramilitarismo bajo los gobiernos de Alvaro Uribe, en la mente de miles esta regresado desde el pasado hasta nuestros días.
¿Por qué ha ganado de la Espriella?
Existe una característica
casi común en todos los procesos electorales que se han celebrado en el último
periodo en Latinoamérica, donde han ido venciendo peones ultraderechistas de
Donald Trump, en el caso de Colombia Abelardo de la Espriella. Ello no tiene
nada de casual, sino que obedece a una intervención directa del imperialismo en
los propios resultados electorales.
Y todo ello,
lejos de lo que pueda parecer superficialmente, refleja que las elites dominantes,
y sus amos imperialistas estadounidenses, refleja que estos triunfos electorales
los están logrando a costa de extremar al límite la creciente polarización
extrema en la sociedad, que presagia una creciente intensificación de la lucha
de clases en este periodo en el que entramos en todo el continente. En el mapa
adjunto se observa desde 2023 hasta este año los cambios electorales producidos
en toda la región.
Es por ello
que entre otras consideraciones que necesitamos ver y tener en cuenta, el
resultado de la segunda vuelta electoral en Colombia no escapa, ni mucho menos,
a lo que es la ofensiva que el imperialismo de los EEUU en una región que la
burguesía norteamericana considera como “su patio trasero”. En cierta forma, en
este ultimo periodo hemos visto sonados fracasos de la política de Donald
Trump, incluida lo que sin duda es una derrota humillante de los EEUU en Irán, que
está teniendo como efecto que la Administración Trump empuje con más fuerzas en
el objetivo de la clase dominante estadounidense de intentar recuperar la
iniciativa y poder así consolidar sus posiciones. Y ello hacía que para Trump
se tuviera que descartar un triunfo electoral de la izquierda en Colombia. El
apoyo del imperialismo a la candidatura de Abelardo de la Espriella fue nítido
y claro.
Evolución 2023 - 2026 gobiernos en el Continente
Los imperialistas norteamericanos continúan intentando aplicar su agenda de carácter colonial en Venezuela, al tiempo que estamos viendo como aprietan sus manos entorno a Cuba, donde han lanzado una brutal presión no conocida en décadas, con el objetivo de tomar el control sobre la Isla. Y por supuesto, como habíamos previsto, el imperialismo está intensificando la presión directa sobre los gobiernos de la izquierda reformista que todavía existen en México, Uruguay y Brasil, que tras el resultado electoral en Colombia, también esperan poder incorporar en los próximos meses a esa alianza reaccionaria de gobiernos de derechas y extrema derecha, a la cual han bautizado como “Escudo de las Américas”, que ha creado a partir de marzo de este año directamente Trump con el objetivo de llevar adelante sus planes de dominio, combatiendo la creciente influencia que China ha logrado en el Continente.
Tras conocerse
los primeros datos del resultado electoral en Colombia, como impulsados por un mecanismo
automático, tanto el presidente saliente, Gustavo Petro, como el
candidato Iván Cepeda, “llamaron a la calma y a esperar los resultados
electorales definitivos”.
Resulta hasta irónico
que los máximos dirigentes de la izquierda reformista colombiana hayan llamado
“a confiar en el escrutinio electoral que realiza el Estado colombiano”,
esto es el Consejo Nacional Electoral -CNE -, la propia Registraduría
Nacional del Estado Civil y confianza en la empresa “Thomas Greg &
Sons”, que está vinculada a los conocidos y condenados hermanos Bautista.
¿Confiar en el
Estado, el mismo que durante cuatro años de gobierno de Gustavo Petro ha sido
un auténtico tapón para impedir la implementación de reformas progresistas
serias en favor de la mayoría?, ¿confiar en el mismo Estado que Cepeda ha
explicado durante toda la campaña que “esta tomado y controlado por entero por grupos
y clanes corruptos y mafiosos”?
Ello no parece que fuera una buena idea, como hemos comprobado que no lo era. Los llamados a "la tranquilidad y a la calma” equivalía, equivalen a lo mismo que machaconamente Cepeda intento transmitir durante la campaña: colaboración de clases, en una politica de acuerdo nacional, mesas de diálogo y acuerdos, con la oligarquía y las elites dominantes, para acordar las medidas que garanticen mejorar las condiciones de vida de la mayoría”. Pero desde la llamada transición española, a todos y cada uno de las experiencias vividas, esta politica siempre ha resultado ser una falsa, en donde las masas hacen los sacrificios y las elites se llevan crudos los beneficios. Jamás, en ningún sitio, estas politicas han servido a los trabajadores para mejorar sus condiciones de vida, ni para aspirar a un futuro en dignidad.
No, ese no es,
ni puede ser el camino. La izquierda si aspira a representar los intereses de
clase de los trabajadores, los jóvenes, los campesinos pobres y las comunidades
indígenas, debe explicar las cosas como realmente son, no como a Cepeda, a
Petro o al resto de dirigentes del Pacto le gustarían que fuera: las
condiciones objetivas miseras de existencia de las masas hunden sus raíces en
el hecho de que una elite de superricos controla todo lo fundamental de la
economía y la sociedad colombiana. Y por supuesto no están dispuestos a
compartir sus enormes beneficios y prebendas con la mayoría de la sociedad, ni
en mesas de diálogos ni en ningún sitio. Esta política de Cepeda representaba
lo mismo que un samaritano intentando convencer a una manada de tigres de que
no coman carne, menos humana, de que esos tigres deben comer a partir de ahora
verduras.
Como sabemos
que no tendrá éxito ese buen samaritano, como Cepeda tampoco en sus “mesas de
diálogos y acuerdos”, solo debemos advertir al samaritano y a Cepeda de que si
en sus buenas palabras se sitúan cerca de esos tigres, ellos mismos serán
devorados por ellos. Esta es la verdad, que parece empeñados los dirigentes a
ignorar, al contrario de lo que si hemos visto por parte de los trabajadores y
sobre todo de la juventud que si entienden perfectamente la situación real.
Miles de
jóvenes, sobre todo en Cali y en Bogotá, nada más anticiparse los resultados
electorales de forma instintiva olieron los peligros reales existentes en la
situación y salieron casi de forma espontaneas a las calles a manifestarse, en contra
del ascenso de la extrema derecha de Abelardo. Estos deseos de enfrentar
mediante la lucha los peligros y las amenazas de la extrema derecha, junto con
el estrecho margen de los propios resultados de las elecciones, solo vienen a
ratificar que millones de trabajadores, de campesinos y jóvenes entienden el
peligro que representa Abelardo de la Espriella, sus deseos de devolver a la
sociedad a etapas oscuras de violencia contra la mayoría y de que a pesar
incluso de los dirigentes que llaman a la calma, están dispuestos a enfrentar
las amenazas existentes.
Estos ánimos
de lucha que están presentes siempre son característicos de los periodos
iniciales de la revolución social. De lo que se trata con urgencia es de que el
movimiento desde abajo se dote de una verdadera dirección a la altura de las
circunstancias, basada en la comprensión de un necesario programa que de cause
a la propia lucha contra la extrema derecha y contra las elites dominantes que
están dispuestas a protagonizar nuevos baños de sangre entre la juventud, los
trabajadores, los campesinos y los oprimidos de Colombia.
El actual
Estado en Colombia es un Estado burgués, diseñado para amparar, proteger y
permitir toda la dominación de las elites ricas en contra del pueblo. Esto debe
ser comprendido y explicado por la dirección, en vez de hacer constante
llamamientos a la tranquilidad y a esperar que desde el cielo se arrojen
resultados distintos a los que desean imponer la oligarquía, los grandes
empresarios y banqueros. Cuando Petro y Cepeda hablaban de esperar el resultado
final de conteo de los votos, crean falsas ilusiones entre sectores de los
oprimidos, que ven la necesidad de tomar los destinos de la situación en sus
propias manos: para disipar dudas hemos de decir que el escrutinio de los
resultados han sido los mismos resultados tramposos que fueron publicados la
noche electoral, con una variación mínima de 624 votos más para de la Espriella
y 400 menos para Cepeda. La diferencia entre ambos ha cambiado para ser de un 0,004%.
Insistimos,
las ideas planteadas por Cepeda y Petro que pretendían sembrar ilusiones en el
propio escrutinio, junto con la machacona idea de que fruto del propio
resultado electoral se impone un “acuerdo nacional” con la extrema derecha, ha
sido y es un brutal y tremendo error político, que lejos de ayudar al triunfo
en las propias elecciones lo hicieron menos probable. Ello supone una política
de colaboración de clase, que siempre predican los dirigentes reformistas y que
siempre tienen el mismo resultado: favorecer y allanar el camino del triunfo de
la extrema derecha.
Esta política
está en línea contraria a lo que vimos en las elecciones anteriores, que
basados en los rescoldos del Paro Nacional de 2021 y con promesas de Petro de
llevar adelante una política seria de reformas sociales, propiciaron el triunfo
de la izquierda por primera vez en la historia de Colombia. El haber apostado
por una política de entrega y sumisión, con llamamientos a los uribistas y los trumpistas
de Abelardo a sentarse juntos en un “Acuerdo Nacional” (cuando Abelardo habla
de destripar a la izquierda) lejos de estimular, motivar y concienciar y a los
jóvenes y trabajadores para vencer, ha resultado que ha causado el efecto
contrario entre distintas capas de la mayoría social.
En la campaña
de Petro en 2022 prevaleció las promesas de profundos cambios sociales, cambios
profundos para erradicar la corrupción y de libertad y derechos democráticos
plenos para la mayoría, incluyendo la puesta en libertad de los jóvenes presos
de la Primera Línea de las movilizaciones de 2021. Y todos estos aspectos
prevalecieron finalmente, a pesar de que en aquellos momentos también se
hicieron acuerdos con políticos que representaban la sombra de la burguesía
dentro de lo que fue el gobierno de -l presidente Petro: vimos por ejemplo a
Alvaro Leyva puesto en la Cancillería de Exteriores y como incluso se atrevió a
intentar organizar desde EEUU un golpe en contra del presidente, …
Es claro que
en poco tiempo se fue aceptando el llevar a cabo una política de gestionar
desde dentro del capitalismo y que con ello se abandono gran parte de las
promesas de cambios profundos en la sociedad. Recordamos como el uribismo,
principal baluarte político de las elites entro en una profunda crisis, de la
cual no se ha recuperado. Pero las políticas tibias desde la dirección del
Pacto Histórico, que en la práctica significo renunciar a implantar gran parte
de las reformas necesarias para el pueblo, buscando una política sin fin de
“paz social”, solo sirvieron para envalentonar a los sectores más violentos de
la burguesía colombiana, que sin duda es de la más corrupta, mafiosa, violenta
y antidemocrática del conjunto del continente.
Si queremos encontrar una explicación seria del fenómeno que estamos viendo entorno a Abelardo de la Espriella, aquí lo tenemos: la debilidad política siempre invita al enemigo a la agresión. Las medias tintas, las medias medidas y la renuncia a dar la batalla a los tapones que permitieran poner en marcha el conjunto de las reformas prometidas,… todo ello explica que el camino se le abriera a un personaje gris y estúpido como De la Espriella, que desde el principio afirmo querer “destripar a la oposición, a la izquierda y a los comunistas”, inspirándose en las políticas de Trump y más concretamente de su vasallo argentino Milei, afirmando querer imponer una política basada en un programa ultraliberal en contra de los trabajadores y los campesinos pobres, “adelgazando el Estado” para saquearlo en beneficio de las elites.
Como la
experiencia a demostrado claramente, los discursos y las medidas de mediatinta
expuestas por Cepeda a lo largo de la campaña, que fue moderando más y más el
programa de cara a “llegar acuerdos con el Centro” (Fajardo, López, Gaicedo, …)
no ha servido para cortar los pies a la ultraderecha en Colombia. La verdad, no
ha servido ni sirve para parar a la ultraderecha en ninguna parte del planeta.
Ahora se
impone que en la izquierda colombiana e internacional abordemos un serio debate
político que nos permita comprender por qué hemos llegado a que Abelardo sea
elegido próximo presidente de Colombia y nos permita encarar el próximo periodo
en el que entramos, para dar la batalla y la lucha que nos permita derrotar a
este fascista, exabogado de los paracos y narcos del país. Necesitamos
comprender y aprender de los errores de la dirección del Pacto Histórico, para
superarlos y prepararnos para levantar la bandera de la lucha de los oprimidos,
ofreciendo una RESISTENCIA EFECTIVA en contra a De la Espriella, Trump,
Uribe y toda la pandilla de reaccionarios que están aun en espera y preparando
ataques firmes en contra del conjunto de los oprimidos de Colombia y el
continente.
BALANCE DE CUATRO AÑOS DE GOBIERNO
Los marxistas
siempre hemos explicado las enormes complejidades que presenta el terreno
electoral para que la clase trabajadora pueda derrotar a la burguesía, que es
quien controla todos los aspectos centrales, sobre todo gracias al control
total que tienen de las palancas fundamentales del poder económico y político.
Karl Marx lo explico magistralmente cuando afirmo que “Las ideas de la clase
dominante son las ideas dominantes en cada época.” (La ideología alemana,
1846). Fruto del control que la burguesía ejerce de los medios de producción
materiales, también domina la producción intelectual, haciendo que la
ideología, la cultura, la moral y el derecho no sean neutrales, sino
expresiones del poder económico dominante.
En cualquier
proceso electoral es la clase dominante la que controla las reglas del juego y
a los propios árbitros, convirtiendo cada elección en una cuestión de designar
a quien por cuatro años ocuparan los puestos de representación institucional. Y
ello es tan así, que en el caso de Colombia hemos visto en este periodo
anterior como la clase dominante organizo el exterminio de todo un partido
político al completo, como fue el caso de la Unión Patriótica, que sufrió el
asesinato de más de 6.000 militantes, a finales de los años 80 y principios de
los 90 del siglo pasado.
En cualquier
caso, hay siempre acepciones que confirman la regla. Ello lo vimos en las
elecciones de 2022, que convirtieron a Gustavo Petro en el primer presidente de
izquierdas en Colombia, en el contexto de todo un periodo prerrevolucionario
que vivió el país, con estallidos sociales en los años 2029 y 2021. La derrota
de los representantes de la oligarquía, los grandes empresarios y banqueros fue
el fruto directo de la fuerte lucha de clases que vivió el país, que amenazaba
el propio dominio de la burguesía como clase y que permitió barrer
políticamente al uribismo, en un proceso social de claro giro hacia la
izquierda.
Esto debería
haber sido entendido y comprendido también para el terreno electoral de este
2026. Para la aplastante mayoría de los trabajadores, la juventud y el conjunto
de los oprimidos la experiencia es la madre de toda la sabiduría, que no puede
ser sustituida por declaraciones, discursos y programas elaborados por ninguna
dirección.
Y es aquí en
donde un balance honesto de la experiencia de los cuatro años del gobierno Petro
es francamente decepcionante, en donde se han aprobado unas pocas de las
reformas prometidas y necesarias para las masas, en discursos que solo podemos
llamar de autojustificación, siempre buscando pactos con la derecha y que en
conjunto solo han logrado minar fuertemente las ilusiones que estaban presentes
hace cuatro años y que fueron la base de la movilización activa de los
trabajadores en aras a buscar cambiar radicalmente las condiciones de vida
existentes.
Como en otros
artículos hemos explicado, la táctica de Gustavo Petro de dar entrada en el
gobierno a políticos que procedían y proceden de la derecha lejos de favorecer
el poder cumplir con las aspiraciones de las masas, realmente era como darse un
tiro en la pierna, permitiendo que esos políticos derechistas sabotearan las
reformas desde dentro del propio gobierno. Y era de suponer que de todo ello
eran conscientes los dirigentes de la izquierda, que aprenderían algo de esas
lecciones y corregirían el rumbo, sobre todo porque ha sido evidente que Petro
se dio de bruces con la realidad, de su gobierno aislado en el Congreso,
perdiendo las votaciones más importantes, constantemente saboteado por altos
funcionarios, que además mancharon el propio nombre del gobierno con casos de
corrupción y de hasta violencia machista. Y todo ello para la izquierda no es
baladí, pues supone aspectos que deben estar en las antípodas de la práctica de
un gobierno que realmente representa a los oprimidos.
Y es que en la
práctica los escándalos vividos en el gobierno no han sido lo único que ha
llenado de frustración a capas de los trabajadores, la juventud y los campesinos
pobres. Como decíamos, las principales promesas electorales, que constituían y
constituyen aspiraciones y necesidades fundamentales de la mayoría, han sido
llevadas adelante. Es cierto que algunas medidas si han sido aprobadas, como e
incremento del Salario Mínimo, que creció un 60%, y que también el gobierno
haya aumentado los presupuestos educativos, por ejemplo. Pero teniendo en
cuenta que partíamos de unos niveles muy bajos y en un contexto de inflación,
en donde los precios se encarecen, todo ello ha provocado que muchos trabajadores
hayan sentido que todo seguía igual, e incluso peor.
De todo ello
esperábamos que se hubiera tomado buena nota por parte de la dirección y de que
se corrigieran los errores, girando hacia la izquierda. No había ni hay otra
forma. Sin embargo, la elección de Iván Cepeda como candidato, por supuesto que
intelectualmente muy superior a los candidatos de la derecha y la extrema
derecha de Abelardo, lo cual con el nivel que tienen no es nada complicado,
lejos de aparecer como una corrección en el rumbo y en los errores de los
cuatro años del gobierno del presidente Petro, en realidad en la practica
supuso una continuación en esos errores y un empecinamiento en querer buscar
acuerdos, no con las masas, sino con todo tipo de políticos de la derecha, como
Sergio Fajardo, Claudia López Hernández, Carlos Eduardo Caicedo, …
Políticamente
había que explicar que el no haber podido cumplir con la aplicación de las
necesarias reformas sociales era el fruto de los estrechos límites del
capitalismo colombiano y unas elites dominantes que han taponado y taponan todo
avance social. Es una necesidad política de primer orden entablar una lucha
ideológica que haga comprender a las masas la necesidad de romper con el
podrido capitalismo, defendiendo nítidamente un claro programa de transición,
de cambio social.
Y lejos de
ello, de forma machacona, el discurso de Cepeda ha sido en toda la campaña
hablar y hablar de “Acuerdo Nacional” con las elites y sus propios
representantes políticos, incluidos la extrema derecha. El propio Cepeda se
afanaba en defender no tocar la propiedad de las elites, que impiden las
propias reformas sociales, de defender el capitalismo, al tiempo que
desdibujaba las líneas de una clara candidatura de izquierdas frente al
Uribismo y a la tendencia fascista de Abelardo de la Espriella, insistiendo en
términos difusos como “progresismo”. Como habíamos advertido en el artículo
“Colombia: Ultima Advertencia”, todo ello en su conjunto alejaba la posibilidad
de un triunfo electoral de Cepeda y el Pacto Histórico frente al representante
de Trump y los reaccionarios de todo el continente.
Ello es la
explicación fundamental del resultado ya visto en la primera vuelta, lejos del
pronostico optimista de Cepeda de “ganar en primera vuelta”, que en realidad
arrojo el primer triunfo de Abelardo. Tras ese resultado Cepeda profundizo en
su política errónea de llamar a la conciliación de clases, situándose en la
practica a la derecha de Gustavo Petro. Es claro que para ganar había que
recorrer el camino inverso, girar a la izquierda y defender un genuino programa
de lucha y transformación social.
Desde la
primera vuelta electoral los dirigentes del Pacto Histórico trataron de
justificar el resultado como el fruto de “fraude electoral”, “injerencia
yankee”, … Y aun siendo cierto todo ello, había que combatir todas las
artimañas de la clase dominante para impedir un triunfo de la izquierda con
ideas, perspectivas y un claro programa de lucha. Los fraudes electorales, las
compras de votos, las injerencias externas, …
no son hecho nuevos en Colombia, sino que llevan ahí décadas y siglos.
De hecho, también existieron en 2022 y no pudieron evitar que la izquierda
ganara y aupara a la presidencia a Gustavo Petro.
Era urgente y
necesario profundizar en la campaña la defensa de un claro programa de clase,
para los oprimidos. Era la única forma de poder encarar y vencer a la
ultraderecha abelardista.
Nos comentan
que está creciendo en estos momentos una profunda preocupación ante el próximo
futuro de miles de jóvenes, de trabajadores y de campesinos pobres, que
representan en Colombia más del 30 por ciento de la población. Se teme, con
bases reales, que el gobierno de Abelardo corte de raíz la reforma agraria que
ha intentado llevar adelante el gobierno Petro, que ha entregado en estos años 703
mil hectáreas de tierra a familias campesinas, que en el pasado de los
gobiernos de Uribe fueron despojados por los grupos paracos armados, y que hoy
amenazan con volver a tomar esas tierras.
Desde el
gobierno la reforma agraria se llevó comprando tierras y de esta forma es
imposible lograr que las tierras en poder de la oligarquía, que los campesinos
necesitan como agua de mayo, tengan una real utilidad social, en manos de los
campesinos. Negarse a expropiar esas tierras, sin indemnización salvo en los
casos de necesidad comprobadas, equivale en la práctica a pegarnos un nuevo
tiro en la pierna izquierda.
De la “Seguridad” uribista al “Firmes por las Elites”
Los
trabajadores, los activistas juveniles, los campesinos aprecian en el triunfo
de Abelardo la posibilidad, más que real, de un retorno a los viejos tiempos de
la política de “seguridad nacional” de los gobiernos reaccionarios del
uribismo. Ese es el verdadero significado de la consigna reaccionaria de
Abelardo de “Firmes con la Patria”. Los oprimidos de Colombia saben el
verdadero significado del programa de Abelardo de “destripar a la izquierda”,
en donde engloba a los movimientos sociales de todo tipo, incluidos los de
defensa de los propios derechos humanos.
Durante
los estallidos sociales de 2019 y 2021 vimos claramente el carácter
reaccionarios de los gobiernos del uribismo y de los órganos armados de
represión del Estado, al servicio de las elites dominantes. Los escuadrones del
odiado ESMAD, de la policía, el ejército y los grupos paracos asesinaron
impunemente a decenas de manifestantes, a muchos de ellos sacándoles los ojos
con pelotas de goma. La represión social siempre ha jugado un papel en manos de
las elites dominantes y sus gobiernos títeres.
El
gobierno de Petro prometió medidas de defensa de los derechos democráticos de
la mayoría, desarticulando el ESMAD (los escuadrones móviles antidisturbios),
poniendo en libertad a los presos de la Primera Línea de las movilizaciones de
2021 y garantizando la integridad y vida de los activistas sindicales,
políticos y sociales.
Todo ello
gozaba de total apoyo de la aplastante mayoría de la sociedad y sin embargo,
aquí también hemos visto las limitaciones objetivas de la política reformista,
aceptando la lógica del sistema establecido. Los jóvenes presos de la Primera
Línea, como alias “19”, por más que Petro se haya autollamado el mismo como un
Primera Línea, continúan recluidos sin ser amnistiados, al ESMAD se le maquillo
cambiándole el nombre y desde 2022 hasta 2025 han sido asesinados un total
de 410 activistas sociales. Como decíamos, “la verdad siempre es
concreta”. Los intentos de “reformar” amigablemente, de forma diplomática y
consensuada, el Estado burgués siempre encontró y encontrara un freno firme por
parte de las elites dominantes y sus representantes, que ven y utilizan siempre
el Estado como un instrumento, no secundario, para defender sus posiciones
privilegiadas frente a las masas.
De
forma cínica la clase dominante utiliza la violencia para mantener las
estructuras represivas del Estado, al tiempo que justifican el fundar y
mantener sus grupos paramilitares en pie. Bajo el capitalismo no existe, ni
existirá, una solución definitiva al problema de la violencia y la inseguridad,
que día a día viven millones de trabajadores, jóvenes y campesinos. Las elites
dominantes en el país están completamente fusionadas, entrelazadas y mezcladas
convenientemente (oligarcas de la tierra, capital industrial y financiero) son
un todo que viven y auspician todo tipo de mafias corruptas y del narcotráfico,
que explotan la minería ilegal. …
Bajo
esta sociedad se fermenta el caldo de cultivo propicio para que cientos, miles
de jóvenes, en barrios, ciudades y pueblos embrutecidos por la falta de
perspectivas de futuro, entren a formar parte de las dinámicas de violencias
que vemos. Cotidianamente pierden la vida joven y activistas sociales, a manos
de sicarios al servicio de los clanes mafiosos, corruptos y narcotraficantes.
Acabar con la violencia significa abordar la transformación de las condiciones
de vida materiales de la juventud, los trabajadores y los campesinos, los
únicos que realmente tienen interés en el fin de la violencia, no como cínicamente
dicen los políticos de la derecha, que buscan sacar réditos de ella.
Uno
de los aspectos que más ha utilizado Abelardo de la Espriella en la campaña ha
sido precisamente la “lucha contra la violencia”, en su campaña de Firmes con
la Patria”. Como decíamos, la idea de Abelardo al respecto no es otra cosa que
un retorno a las políticas criminales del uribismo y el paramilitarismo,
poniendo en marcha una política de sembrar el miedo y el terror en las clase
populares de Colombia, diciendo inspirarse en las políticas de Bukele en El
Salvador.
No olvidamos
los lazos profundos del propio Abelardo junto al uribismo y a los jefes de las
AUC (las mayores bandas paramilitares de la historia de Colombia). Y sabemos
que lo que está detrás de Abelardo es la defensa de los intereses y el dominio
de los capitalistas, aunque para ello deba “destripar a la población”.
Lamentablemente
debemos de decir que tampoco en este terreno la dirección del Pacto Histórico
logro ofrecer una clara alternativa de clase a la mayoría de la sociedad. Es
imposible ofrecer una alternativa recurriendo a meros golpes de efecto y
consignas limitadas a la “defensa de los derechos humanos, la justicia y la
legalidad”. También en este sentido Cepeda y compañía se equivocaron y desde
luego no lograron motivar e ilusionar a sectores amplios de la población, con
campañas genéricas de “Por la Vida”, bajo la cual prometían un triunfo en
primera vuelta, limitándose a discursos vacíos.
Los
trabajadores, los jóvenes y los campesinos, que como decíamos aprenden de su
propia experiencia, han visto también en el terreno de los hechos, como el
gobierno Petro también en este sentido hizo claudicaciones a la derecha,
llegando a militarizar algunas de las zonas con mayores ni eles de
conflictividad, entregando de hecho el propio Ministerio de defensa a las
Fuerzas Militares.
Ello está
lejos de la necesidad de explicar políticamente a los jóvenes, a los
trabajadores y a los campesinos la necesidad de luchar por unas perspectivas de
vida auténticamente humanas, con pleno acceso a la educación y a la sanidad
pública y de calidad, al tiempo que se implantan condiciones de trabajo
auténticamente dignas, bien retribuidos y con estabilidad, luchando contra las
condiciones de precariedad e informalidad de la mayoría de los empleos.
Y volvemos a
lo mismo: en la medida en la cual no se ha tenido capacidad desde la dirección,
desde la candidatura de Cepeda, de ofrecer una perspectiva para luchar, toda la
iniciativa también en este aspecto de dejo en manos de Abelardo, que es incapaz
de decir dos frases sin meter la pata, pero que tiene claro que su papel es
defender a los suyos, a “su Patria de ricachones”.
LEVANTAR UNA ALTERNATIVA DE LUCHA FRENTE A
ABELARDO
Vivimos una
época de profundos cambios históricos, caracterizada por una situación volátil
con cambios bruscos y repentinos. La única forma correcta de prepararnos para
esta época es mediante un debate compañero a fonde, con ideas, datos y cifras,
que nos permita comprender de donde vinimos, donde estamos y hacia donde
queremos ir. Este es el objetivo de estas líneas, para que fruto del debate nos
podamos armar políticamente para encarar los retos que tenemos por delante,
comenzando con presentar batalla al nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella,
que llega dispuesto a hundirnos a todos los niveles.
Esperamos que en este mismo objetivo la dirección del Pacto Histórico este a la altura de las necesidades de este debate, evitando “justificar” los resultados para argumentar que estamos ante un giro hacia la derecha en la sociedad, que siempre es el argumento preferido de algunos dirigentes que en el fondo manifiestan dudas o resistencia a preparar la propia lucha, en la sociedad, en las calles, en los centros de trabajo, en las universidades y barrios populares de toda Colombia. Evidentemente no hablamos solo o fundamentalmente de la lucha entre las paredes del Congreso y el Senado, sino de la necesaria lucha de clases frente al enemigo, las elites dominantes y su nuevo gobierno presidido por Abelardo.
Unas cuantas
preguntas surgen inevitablemente entre cientos, miles de activistas de la
izquierda, en Colombia e internacionalmente. Ofrecer una respuesta
satisfactoria a las mismas debe ser nuestro objetivo inicial.
¿Cómo ha sido posible que después de cuatro años del primer gobierno de la izquierda en Colombia, esta haya sido derrotada por un “payaso de circo”, como Abelardo?;
¿Este llamado “gobierno progresista” creo desilusión y desmovilización entre sectores de su propia base social?;
¿Sera cierto que la mitad de la población
colombiana se volvió de extrema derecha?.
Lo primero que
tenemos que decir es que toda la experiencia histórica demuestra que cuando una
dirección de izquierdas llega al gobierno y desde el, debido a que acaba
aceptando la lógica del funcionamiento del sistema, no es capaz con claridad de
cumplir sus promesas de reformas progresistas, ello es utilizado por la clase
dominante para intentar desprestigiar no solo a ese gobierno, sino a las ideas
de la izquierda en general. Y esto lo hemos visto claramente en estos cuatro
años del gobierno de Petro.
A la vista de
los resultados de las elecciones tenemos que concluir que si, que efectivamente
ha existido y existe una capa social que frente a la experiencia de estos
cuatro años de gobierno sufre una cierta desilusión, sobre todo porque cada vez
que han sido llamados a la lucha en las calles ahí han estado, pero el grueso
de las reformas que necesitan la mayoría de la sociedad no ha pasado.
Tenemos la
obligación y la necesidad de combatir la idea de que existen millones en
Colombia que han girado hacia la extrema derecha. Es cierto que como en la
naturaleza, en la sociedad se aborrece el vacío y en la medida en la que desde
la izquierda, desde la candidatura de Cepeda, se buscó con ahínco los acuerdos
con políticos de la derecha, llamados de centro, en la medida en la que el
programa en beneficio de la mayoría ha sido sacrificado en gran parte, Abelardo
se ha visto beneficiado del apoyo de los imperialistas y los lideres de la
regios de extrema derecha, que todos ellos se han situado en apoyo al “Firme
por la Patria” y han buscado un gobierno que de cierta estabilidad, que promete "seguridad".
Pero bajo las
condiciones objetivas del presente, ante las perspectivas que tenemos por
delante, esa estabilidad con Abelardo será cuestión de unas pocas semanas o
meses. Estamos ante un escenario de una profunda polarización social y
económica absoluta, en la cual es inevitable que poco a poco veamos a cientos
de miles de jóvenes, trabajadores y campesinos entren en acción, movilizándose
de forma clara por la izquierda y en contra del gobierno de Abelardo. Un nuevo
Estallido social no está descartado, sino que se presenta como una perspectiva
probable a medio plazo.
En los últimos
meses hemos visto triunfos de los candidatos del imperialismo, como por ejemplo
en Chile, donde el candidato fascista Kast gano a la candidata el PCCh por nada
menos que un 17% de los votos. En Argentina vimos el triunfo de Milei frente al
candidato peronista, por más de 1% de ventaja, más de 3 millones de votos. En
Bolivia hace unos meses gano el derechista Rodrigo Paz. En Peru ha ganado, por la mínima, Keiko Fujimori. … Ahora en Colombia Abelardo a ganado a Cepeda.
Pero todo ello
no demuestra más que allí en donde la derecha y la ultraderecha lograron
victorias electorales amplias, las masas están tomando el camino e la lucha,
tomando las calles, poniendo rápidamente a esos gobiernos en crisis, como hemos
visto en Chile, en Argentina y vemos con la explosión social ahora mismo en
Bolivia. Las masas no han girado hacia la derecha, sino que están preparando de
hecho un giro pronunciado hacia la izquierda, saliendo a las calles en contra
de los ataques de los gobiernos y del sometimiento de estos a Washington. En
Colombia ahora mismo, con el propio resultado electoral en las manos, las
masas, comenzando por sus activistas, no han ido derrotadas, ni se van a ir a
sus casas. Una explosión social está cultivándose.
Los resultados
electorales del Pacto Histórico han sido formidables, y sientan las bases con
los cuales fortalecer la organización, ampliar su base militante, todo lo cual
debe permitir forjar un amplio movimiento de lucha contra los mas que
previsibles ataques del gobierno de Abelardo, con la condición de que eliminemos las confusiones politicas, en las ideas y el programa. En ello nos jugamos muchísimo.
Durante la
campaña electoral hemos visto como han sido los activistas, los militantes y su
base social quien ha hecho posible el desarrollo de esta, que en algunos casos
incluso se tuvo que movilizar ante la propia pasividad de la dirección, que se fijó
como prioritario la movilización en redes sociales. Detrás de los activistas,
de la militancia de base está el origen del éxito electoral cosechado, con el
mayor número de votos de la historia para una organización de izquierdas, a
pesar de las injerencias del imperialismo, de la repugnante campaña de ataques
de sde los medios de comunicación del sistema y de las propias amenazas de
algunas bandas paramilitares.
Los resultados en si mismos no significan un retroceso en la conciencia de las masas, ni mucho menos un giro hacia la derecha en las mismas. Las idea reinante entre la clase obrera, la juventud y los campesinos no es encerrarse en casa, metidos debajo de la cama. Ni mucho menos. Sino que se impone y hace necesario una recomposición de la situación, en la que podamos organizar y preparar la lucha social a fondo en contra del gobierno de Abelardo.
Iván Cepeda a anunciado públicamente que "se considera en desobediencia civil frente a Abelardo de la Espriella y su gobierno", al cual Cepeda califica de ilegitimo, “teniendo en cuenta que el presidente electo presenta una incompatibilidad para ejercer la jefatura del Estado colombiano, debido a su ciudadanía estadounidense”.
Cepeda ha
explicado que “Abelardo de la Espriella, al realizar un juramento ante el
gobierno de los Estados Unidos, manifiesta defender los intereses de este país;
por lo tanto, esto constituye una incompatibilidad para defender los derechos
de los colombianos y para ejercer como presidente de la República. Se pone en
entredicho que Abelardo pueda ser guardián de la Constitución Política de
Colombia, pues no se puede ser agente colaborador de la DEA y ser jefe
de estado en Colombia”.
Muy bien, seremos desobedientes civiles activos, pero por lo mismo es mas necesario que nunca organizar la lucha social, en las calles. De lo contrario a estos desobedientes civiles los crucificará uno por uno el nuevo presidente puesto por Donald Trump y las elites dominantes.
Como decíamos, bajo el nuevo gobierno de Abelardo se profundizará en la trágica historia de la violencia política, que siempre han ejercido las elites dominantes en contra del pueblo, en contra de la mayoría. Una violencia estructural que siempre a afectado a los lideres sociales, a los sindicalistas y activistas políticos de la izquierda, a comunidades enteras, que siempre vemos intensificarse en los contextos electorales y en las regiones en donde el Estado tiene una presencia más limitada. Así ha sido desde el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, desde el surgimiento de las guerrillas y sobre todo desde el periodo de auge del paramilitarismo.
Es necesario que como fruto de todo el necesario debate que debemos tener por delante, nos planteemos objetivos bien definidos de LEVANTAR UN FRENTE UNICO DE CLASE para responder al títere de Trump y de la oligarquía en sus intentos de devolvernos el terror en las calles y de implementación de políticas de retrocesos sociales, al modo de Milei en Argentina.
Es tarea
urgente de los oprimidos de Colombia, hombro con hombro con los oprimidos del
resto de los países de la región, organizar la lucha de clases, que nos ermita
dar la batalla a fondo al retorno de los fascistas a la escena. Cortarles el
paso, bloquearlos y eliminarlos como peligro para las propias masas, es la
tarea central de la lucha que debemos llevar a cabo por acabar con todas las
lacras de la creciente barbarie del capitalismo, incapaz de ofrecer nada
progresivo a la humanidad en estos momentos.
Este necesario debate nos debe permitir definir un claro programa revolucionario, que plantee
de una vez la transformación radical de la sociedad, expropiando los
latifundios, las grandes empresas y el sector financiero, como única forma de
poder planificar la economía sobre la base de poder satisfacer las necesidades
sociales existentes. Un programa que se proponga erradicar las enormes
necesidades de millones de trabajadores, jóvenes y campesinos, preparando un
gobierno de los oprimidos en Colombia, que inspirara al conjunto de los pueblos
del continente.
En realidad la lucha histórica de los oprimidos en Colombia ha definido con claridad cual es el programa que necesitamos, por el cual tomar las calles para exigirlo. Los trabajadores, la juventud, los campesinos pobres, los pueblos indígenas historicamente demanda redistribución de las tierras, derechos laborales plenos, educación, salud, pensiones, viviendas y plenos respetos a los Derechos Humanos, frente a la violencia de las Elites y su Estado paramilitar y corrupto.
Lamentablemente, después de cuatro años de gobierno llamado "del cambio", todo ello sigue pendiente de ser logrado. Ante el auténtico cuchillo en nuestros cuellos que supone el presidente candidato de Trump elegido, organizarnos y movilizarnos es la única salida posible en esta situación.
¡¡A la calle, a luchar por nuestros derechos, por nuestro futuro !!.
¡¡ El futuro nos
pertenece con nuestra lucha, sino no abra futuro digno de tal nombre !!
¡¡¡ JUNTOS Y ORGANIZADOS, VENCEREMOS !!!







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