BOLIVIA: PERSPECTIVAS TRAS EL ESTALLIDO SOCIAL

 

¡¡FUERA YANKIS DE AMÉRICA LATINA!!


Por: Salvador Pérez

Tras los acontecimientos revolucionarios que hemos vivido en Bolivia el conjunto de los trabajadores de toda Latinoamérica tenemos la necesidad de extraer de estos acontecimientos de la lucha de clases las lecciones que de ellos se desprenden, de cara aprender la forma de como mejorar nuestras luchas en este próximo periodo en el que entramos, que será un periodo decisivo en la historia. Partimos de la realidad, de procesos dialecticos que nunca se producen en línea recta, sino mediante avances y retrocesos. 

Durante los meses de mayo y junio en Bolivia hemos asistido a un potente levantamiento de los trabajadores y campesinos, que puso de relieve en contraste de la propaganda de la clase dominante sobre el avance de las fuerzas de la reacción, la enorme fuerza potencial de nuestra clase, que movilizada puso rápidamente en jaque y en crisis al gobierno de Rodrigo Paz, el reaccionario titere y lacayo del imperialismo norteamericano. 

Los intentos iniciales de la oligarquía boliviana de provocar una derrota del movimiento de lucha, utilizando incluso la represión sangrienta, fueron rápidamente derrotados por los trabajadores y campesinos movilizados. El movimiento de lucha se consolido pese a la utilización por parte de la clase dominante y su gobierno del ejército, las fuerzas policiales e incluso las banda fascistas y paramilitares, que están al servicio de las elites dominantes, como ocurre país tras país en todo el continente. 

Frente a todo ello, con un claro instinto de clase, los trabajadores y campesinos emplearon los métodos de lucha tradicionales de nuestra clase, apareciendo claros elementos de autoorganización, de lucha basada en la acción directa de las masas. Decenas de miles de trabajadores, campesinos y oprimidos de Bolivia se movilizaron masivamente, en masivas manifestaciones y bloqueos de las principales carreteras del país. La economía capitalista fue paralizada y junto a ella los nervios vitales de las fuerzas reaccionarias. 

Podemos y debemos afirmar sin dudas que las condiciones objetivas para que el movimiento de lucha de los trabajadores y campesinos acabara en un claro triunfo estaban dadas en la situación. Sin embargo, como los marxistas hemos explicado en multitud de ocasiones, junto a las condiciones objetivas es necesario, al menos en los momentos claves de la lucha, que esté presente también el factor subjetivo, el papel que debe jugar una dirección de la lucha, que este a la altura de las necesidades. Y una vez más hemos constatado que el papel de la dirección que existía ha estado situado en el trasero del movimiento, lo cual ha impedido el triunfo de esta. 

En pleno epicentro de la lucha, en el punto álcido de la misma, cuando el gobierno de Paz estaba claramente en las cuerdas, cuando la victoria para las masas estaba al alcance, los dirigentes de la Central Obrera Boliviana (COB), dejando para ello al margen a las propias masas, tomaron la errónea decisión de “sentarse a negociar con el gobierno”, cuando la reivindicación central de los movilizados era hacer caer al gobierno. 

El movimiento de lucha tenia un acuerdo no escrito, que debería haber sido de obligado cumplimiento para los dirigentes de la COB, el llamado “PACTO DE NO TRAICIÓN”, como era conocido popularmente por los trabajadores y campesinos, que implicaba el compromiso de los dirigentes de “no negociar por separado, sosteniendo la lucha hasta lograr expulsar del poder a Rodrigo Paz”. En la primera oportunidad los dirigentes incumplieron este “pacto” con el movimiento de lucha. 

Los dirigentes comenzaron a intentar paralizar la lucha y comenzaron ha llevar a cabo políticas y tácticas que conducían a “frenar y dividir el movimiento de lucha en las calles”. Han sido, pues los dirigentes, los que han posibilitado dar tiempo a la clase dominante y a su gobierno para reorganizarse, con balones de oxígenos en las mesas de negociación, en unos momentos en los cuales las elites estaban temerosas y claramente en vísperas de ser derrotadas, ante la perspectiva factible de que pudieran perderlo todo, enfrentados a la lucha de las masas. 

               Esta realidad objetiva puede ser calificada como se quiera, pero sobre todo y ante todo, los trabajadores y los campesinos de Bolivia y del conjunto de Latinoamérica, para sus luchas, necesitan ante todo la verdad por delante. La verdad es revolucionaria en este sentido.

               Simple y llanamente, lo que han hecho los dirigentes sindicales en Bolivia ha sido una clara política de traición a las masas, imposibilitando en la practica ellos que la lucha no haya terminado con una clara victoria de los trabajadores y campesinos. Y los dirigentes de la COB no han estado solos en ello, todos los llamados dirigentes de la izquierda y el llamado “progresismo”, de Bolivia y Latinoamérica, han sido incapaces de ofrecer una alternativa a esos dirigentes sindicales, y en esa medida han contribuido a que los dirigentes de la COB hayan podido consumar esa traición.

       Necesitamos poner nombres y apellidos a estas políticas de claudicación ante la clase dominante, políticas que no son casuales en estos dirigentes, sino que forman parte de su ADN. Aquellos dirigentes que se llaman a si mismos reformistas solo saben traer derrotas a los trabajadores. Los trabajadores y campesinos necesitamos construir y levantar una alternativa política y sindical a estos dirigentes.

       En este reciente movimiento insurreccional de los oprimidos de Bolivia hemos visto, por ejemplo, como Lula, desde Brasil, manifestó su apoyo abierto al gobierno de Rodrigo Paz. Y no solo lo hizo con palabras, sino que, en medio de sus denuncias a los manifestantes, envio “ayuda material” al gobierno de Rodrigo Paz.

       Y las cosas no fueron mucho mejor desde Colomba, como tampoco desde México, con sus presidentes/as, Gustavo Petro (presidente hasta el 7 de agosto) y Claudia Sheinbaum, que realizaron algunas críticas de tipo moral a la represión en contra los manifestantes, realizada por el gobierno de Rodrigo Paz, con puras palabras “muy tibias y sin hechos en contra”. En sus discursos no cesaron en llamar a “mantener el clima de paz y estabilidad social, a la negociación”. Gustavo Petro, en ese afán siempre de los reformistas de presentarse como grandes hombres de Estado, incluso llego a ofrecerse como “mediador”. En general los términos que han mostrado la mayoría de los dirigentes (sindicales y políticos) de toda la región no han sido mejores.

Es del todo escandaloso que todos estos llamados reformistas, progresistas, hayan sido incapaces de tomar ni una sola medida en contra de la aptitud represiva del gobierno, de la oligarquía boliviana. Todo ello sabiéndose públicamente que es lo que estaba ocurriendo, por informes como el de la propia Fiscalía General de Bolivia, que emitió centenares de ordenes para detener y encarcelar a cientos de activistas, de luchadores, como siempre utilizando el repugnante lenguaje de las falsas acusaciones, las mentiras más viles y hasta las acusaciones en contra de los luchadores de que eran “terroristas”.

El balance criminal de la represión estatal del gobierno de Rodrigo Paz en contra de la movilización de los trabajadores y campesinos ha sido, al menos, 22 asesinados y más de 600 manifestantes heridos y detenidos, según los propios datos oficiales de la “Defensoría del Pueblo”, unas cifras que no son difíciles de pensar que en realidad han sido mucho mayores.

Las ideas, el programa y la práctica de los dirigentes tradicionales de los sindicatos y de los partidos no provienen del presente, ni representan el futuro. Son reflejo directo del pasado, de una época en la que aun era posible pensar en “negociar y obtener algunas migajas del banquete permanente en el que viven los oligarcas (de la patronal y los gobiernos) de toda la región. Pero ahora, con el capitalismo en crisis en todo el mundo, esa época quedo atrás y lo que vemos son permanentes intentos de la clase dominante de empujarnos más y más hacia condiciones de vida de autentica barbarie.

En este momento los dirigentes reformistas se vuelven, aunque no lo deseen, contrarreformistas en la práctica, ya que han asumido como válidas las ideas de la clase dominante, incluso en momentos en los que los trabajadores textualmente pueden tomar el cielo por asalto, como hemos visto estos dos meses en Bolivia.

Los dirigentes de la COB, de los partidos tradicionales de la izquierda, se aferran a la política de “pactos y acuerdos”, en realidad dejando al margen y en contra del movimiento de lucha. A estas mismas políticas se sumaron casi todos los demás, los dirigentes de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (CIDOB), los dirigentes oficiales de la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE), … todos ellos acudieron a intentar llegar a acuerdos con el gobierno de Rodrigo Paz.

Los trabajadores y los campesinos movilizados intentaron dotarse de órganos de lucha válidos, para llevar adelante la movilización desde la base misma: la configuración desde debajo, el impulso que hemos visto, impulsando los CABILDOS ABIERTOS y COMITES DE BLOQUEOS, han sido buena prueba de ello. Pero necesitamos contar con organismos de lucha, probados, desde el inicio, desde antes, del movimiento de la lucha.

Toda esta situación, donde las masas buscan luchar y ganar frente a las elites dominantes, se repite país tras país, en diferentes momentos en los últimos años. Vimos algo parecido en 2021 en Colombia, cuando el Paro Nacional puso de rodillas al gobierno de Iván Duque y los dirigentes del Comité Nacional del Paro, los dirigentes sindicales y políticos de la izquierda, en vez de profundizar la lucha para hacer caer al gobierno Duque, se empeñaron en una política de sacar a los manifestantes de las calles, “negociar con el gobierno moribundo”, permitiéndole continuar un año más y emplazar a las masas un año más tarde al proceso electoral.

En cada ocasión los dirigentes reformistas, que ahora incluso de de ser de “izquierdas” les parece radical y gustan llamarse “progresistas”, juegan el mismo papel: sostener por la izquierda al Sistema, manteniéndolo en pie en base a sacrificios de los trabajadores y los oprimidos. Y todo ello en el preciso momento en el cual el capitalismo hace aguas por todos sus poros, lo que obliga a las masas a luchar y a poner en cuestión la continuidad del propio sistema de explotación capitalista.

Bolivia, un capitalismo atrasado y débil

               En pleno movimiento de lucha de los trabajadores y campesinos, con los bloqueos de las vías en pie, algo destacaba en toda la situación: la oligarquía boliviana (los terratenientes, los grandes empresarios y banqueros), deseaban dar un escarmiento al movimiento en lucha, querían provocar sangre. El planteamiento de declarar el “estado de excepción” tenía ese objetivo claro, infligir dolor y muerte, para que el movimiento no se pudiera levantar en años.

        Los estrategas más inteligentes de la burguesía boliviana e internacional mostraban sus dudas y temores, asustados ante esta perspectiva. Aún recordaban los acontecimientos de 2003, cuando el llamado neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada decreto el estado de excepción intentando aplastar literalmente el movimiento de lucha contra sus medidas. El gobierno masacro a decenas de manifestantes. Pero ello solo sirvió para radicalizar aún más la lucha y literalmente los manifestantes arrasaron al gobierno y el propio Lozada tuvo que coger el exilio, en medio de una situación revolucionaria que abrió en canal al país.

Karl Marx explico cómo los intentos de frenar o reprimir los cambios sociales pueden terminar produciendo el efecto contrario: acelerar las contradicciones existentes y favorecer el desarrollo de la revolución. Es decir, la "contrarrevolución" actúa como un "látigo" que impulsa los procesos históricos que teóricamente pretende detener. Para Marx la resistencia de las clases dominantes a menudo intensifica los conflictos sociales y contribuyen a fortalecer los movimientos revolucionarios.

Tampoco es algo raro ver en muchas ocasiones como los estrategas más inteligentes de la burguesía imponen la política del “palo y la zanahoria”. Conscientes de que políticas de represión salvajes pueden hacer saltar todo por los aires, pueden llevar la lucha hasta el cuestionamiento de la propia continuidad del capitalismo, combinan la represión dura en contra de los sectores más avanzados y combativos, sentándose a “negociar” con aquellos otros que tienen tendencia orgánica a la negociación y al acuerdo, los dirigentes del ala de derechas de las burocracias sindicales y políticas reformistas de la izquierda.

Sintiendo todo moverse a sus pies, Paz retiro algunos Decretos, los que causaron más indignación entre los trabajadores y campesinos. Al mismo tiempo, anuncio algunas “bonificaciones económicas a trabajadores y campesinos de distintas regiones”. Una pura y simple maniobra táctica del gobierno para arropar los intereses de las elites dominantes, que consiguió rápidamente la complicidad de los dirigentes de la COB, dirigentes que se pusieron a trabajar para ayudar a desactivar el movimiento de lucha.

Sin embargo, detrás de las cortinas, es claro que la clase dominante tiene en mente que necesita dar pasos firmes en su ofensiva en contra de los derechos sociales, laborales y democráticos. Paz retiro algunos Decretos, pero ya prepara otros más duros con otros nombres. La paz social esta en un equilibrio inestable y no será restaurada, porque la burguesía necesita imponer su agenda de ataques al movimiento obrero.

               Por el momento, ante el miedo a que la represión salvaje pudiera hacer escalar el movimiento de luca de los oprimidos hasta niveles que no pudieran controlar ni siquiera los dirigentes reformistas, el gobierno siguiendo las ordenes de la oligarquía ha optado por primar la negociación con los dirigentes de la burocracia sindical. Pero la paz social tenemos que descartarla, ante las necesidades de atacar por arte de las elites, la respuesta de los trabajadores se vuelve inevitable.

               Irónicamente, algunos de los nuevos ataques que el gobierno plantea afecta a la misma COB, pues el gobierno plantea atacar la financiación de los sindicatos modificando las bonificaciones a las cuotas sindicales. En este sentido todo indica que desde el gobierno se está promoviendo la creación de una nueva central sindical pro- gobierno. Y es que como siempre hemos explicado los marxistas, en última instancia “la debilidad siempre invita a la agresión”, y mientras más débil se muestran los dirigentes reformistas, más se animan en las elites en propiciarles ataques.

       Podemos decir que gracias al papel cobarde jugado por los dirigentes de la COB el gobierno Paz a recuperado, temporalmente, la tranquilidad en las calles. Pero las perspectivas no provocan tranquilidad en las elites dominantes, que son conscientes de que todos los factores que llevaron a crear la crisis prerrevolucionaria estos meses atrás se mantienen en pie.

La economía de Bolivia vive una profunda crisis, que hunde sus raíces en el carácter absolutamente parasitario de su clase dominante, que no es muy distinto del carácter parasito y reaccionario del conjunto de las elites dominantes en toda Latinoamérica. La función que cumple la burguesía boliviana es la de suministrar materias primas, al tiempo que mano de obra barata, a los imperialistas norteamericanos, al tiempo que intentan colaborar con ellos para frenar los avances de penetración de China en la región.

Bolivia vivió 20 años de gobiernos del MAS, con Evo Morales, que concluyeron en un sonoro fracaso, en la medida en que fueron incapaces de tomar medidas serias de carácter socialistas, que se mostraron incapaces de enfrentar decisivamente a la oligarquía. En 2025 gano las elecciones el títere de Trump, Rodrigo Paz, cuyo gobierno hasta ahora se ha visto incapaz de afrontar soluciones a los problemas de fondo del capitalismo boliviano, que será incapaz de encontrar esas soluciones ante un capitalismo débil y atrasado.

Las exportaciones gasísticas vivieron un boom que permitió un periodo de crecimiento económico entre los años 2006 al 2012, el cual como vemos ahora fue un puro y simple espejismo de la realidad cruda, que puso sobre la mesa la incapacidad del reformismo de lograr construir una Bolivia en beneficio de las masas, dentro de los estrechos límites del capitalismo. Los gobiernos del MAS demostraron que sin derrocar a la burguesía es inviable políticas de reformas que mejoren sustancialmente los niveles y las condiciones de vida de los trabajadores y los campesinos.

Desde 2013 hemos visto en todo el continente, y en este caso concreto en Bolivia, como las ondas expansivas de la crisis económica del capitalismo mundial de 2008 se está expresando violentamente. El boom gasístico se volvió en su contrario en Bolivia, pasando las exportaciones desde los 6.011 millones de dólares en 2014, hasta los escasos 2.050 millones en 2024.

En ello está la base de que la economía boliviana no haya levantado cabeza desde entonces, en un contexto en donde además las inversiones están llegando al país a cuentagotas. En estas condiciones objetivas está descartado que las condiciones de vida de las masas mejoren lo más mínimo, extendiéndose la precariedad para la inmensa mayoría de los trabajadores y campesinos, la aplastante mayoría de la población.

En Bolivia tenemos ahora el peor de los mundos para las masas, padeciendo la crisis económica capitalista, la parálisis de la producción, las exportaciones y una situación en donde repunta con fuerza la inflación. En 2026 el incremento de la inflación interanual será superior al 20%. En una situación en donde ya en octubre de 2025, en el momento en el que gano las elecciones Paz, había 2,2 millones de personas padeciendo “inseguridad alimenticia” (el 19 % total de la población).

Aparentemente Paz ganó las elecciones presidenciales en oposición a Tuto Quiroga, que defendía una “agenda trumpista clara”, de aparente “capitalismo para todos”, con promesas de ayudas a los pequeños propietarios, a los sectores populares y al autoempleo. Y Paz en cuanto gano las elecciones comenzó a aplicar la única agenda que sirve a los capitalistas bolivianos, colocando a su gobierno a las órdenes de los grandes latifundistas, empresarios y banqueros. Esto unido a colocarse a las órdenes de la Casa Blanca, de las multinacionales estadounidenses.

En realidad, bajo el capitalismo no existe otra posibilidad. Como explico Pablo Iglesias Posse, fundador del socialismo español, “no se puede estar al mismo tiempo con los opresores y los oprimidos. O con los trabajadores y su emancipación o con la burguesía y su opresión de clase”, “El Partido Socialista es la entera emancipación de la clase trabajadora: es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes”.

Extraer las lecciones de la lucha

        Los planes de saqueo, de burda y pura dominación por parte del imperialismo yanqui, aliado a las burguesías latinoamericanas han provocado, están provocando y provocaran ESTALLIDOS SOCIALES, que en muchas ocasiones los veremos convertirse en verdaderas crisis revolucionarias en los diferentes países. Bolivia está siendo el espejo en el que se mira ahora toda América Latina. Y en esto radica la importancia de que analicemos y extraigamos las conclusiones completas de los recientes acontecimientos.

El movimiento de lucha se desarrolló y cristalizo en crisis prerrevolucionaria en unas muy pocas semanas. Esto confirma lo que hemos explicado de que hemos entrado en una situación caracterizada por los cambios bruscos y repentinos en toda la situación, en donde la conciencia y el nivel avanza en 24 horas lo que en otros momentos costaba meses y años.

Los trabajadores y campesinos sentían distintas reivindicaciones, que reflejaban directamente los problemas que las masas padecen. Todas estas reivindicaciones fueron confluyendo, unificándose, dando paso a un verdadero movimiento insurreccional, el cual se doto de una reivindicación central y general: PONER FIN AL GOBIERNO DE PAZ, AL GOBIERNO DE LOS OLIGARCAS BOLIVIANOS Y DEL IMPERIALISMO ESTADOUNIDENSE.

Echar al gobierno de Rodrigo Paz concentro la misma fuerza que en 1917 tuvieron consignas como “agua caliente para él Te”, o “Paz, Pan y Trabajo”, que resumía con su simplicidad un genuino programa revolucionario, con el reflejo de las aspiraciones de las masas de trabajadores y campesinos, en su lucha por una sociedad más justa y equitativa.

El ambiente entre las masas bolivianas se resumía perfectamente en la reivindicación central: “ECHAR AL GOBIERNO DE PAZ”. Ello obligo a los dirigentes de la COB a intentar dar un cauce organizado a la lucha. Pero en realidad lo que vimos fue como la lucha se organizó desde abajo, con la propia resistencia de los dirigentes sindicales, lo cuales en cada momento y ocasión podían intentaban frenar el propio desarrollo de la lucha de clases.

Esto ya lo hicieron a principios de año, en enero, cuando de forma rápida y apresurada firmaron un acuerdo con el gobierno, que 15 minutos después ese mismo gobierno incumplió. Ahora, en mayo, fruto de la enorme presión desde abajo, estos dirigentes de la COB se vieron obligados a convocar, sin organizar, la HUELGA GENERAL INDEFINIDA, que realmente fue el pistoletazo de salida del movimiento de lucha por hacer caer al gobierno Paz.

Como los marxistas hemos explicado reiteradamente, toda huelga general, aun de forma embrionaria, saca a la luz del día una pregunta fundamental y central en la sociedad: ¿Quién tiene el poder en la sociedad?

La clase obrera mediante la huelga general desafía el poder de la clase dominante y en su movimiento de lucha muestra, aunque sea de forma embrionaria, su fuerza y potencial para construir un poder obrero. El capitalismo sin el amable permiso de los trabajadores no funciona, queda paralizado. Es la clase obrera la que hace funcionar las fábricas, las empresas, las cosechas en el campo, … todo: sin el permiso de los trabajadores no se encienden las bombillas, ni suenan los teléfonos, ni emiten las televisiones.

Por cierto, en el momento en el cual estamos escribiendo esto se están convocando las primeras movilizaciones generales en contra del gobierno de Abelardo De la Espriella en Colombia, que asumió la presidencia tan solo el pasado 7 de agosto. En Brasil entramos en un proceso electoral, en el cual el imperialismo yanki intervendrá si o si, en apoyo al reaccionario Bolsonaro y para obligar a Lula a agachar completamente la cabeza ante Trump.

 En Chile hemos visto igualmente las primeras luchas contra del nuevo gobierno reaccionario de José Antonio Kast. En Argentina las masas se han movilizado en contra del gobierno Milei y continuaran luchando, con una latente crisis del peronismo que pone al orden del día la autoorganización desde abajo para construir autentico poder obrero, …

La realidad es que miremos a donde miremos comienza en todos los países a gestarse una situación explosiva, en la cual todo se decidirá en la lucha de clases. La pretendida fuerza que dicen tener los gobiernos reaccionarios en Latinoamérica, en eso que llaman los imperialistas estadounidenses el  “Escudo de la Americas”, en realidad es puro y simple humo, que pude ser barrido en cualquier momento en el escenario ascendente de la lucha de la clase trabajadora, los campesinos y los sectores oprimidos por el capitalismo. Si los trabajadores movilizados encuentran una dirección, digna de tal nombre, estos gobiernos pueden, serán, ser barridos de la escena.

Con la Huelga General en Bolivia los dirigentes de la COB querían tranquilizar, calmar a sus bases, intentando conseguir algunas pequeñas concesiones del gobierno, en su siempre papel de “negociadores y garantes de la paz social”. De hecho, lo que vimos fueron maniobras claras desde la dirección de la COB, que al tiempo que decían querer convocar, se dedicaron a intentar sabotear el éxito e la convocatoria: se negaron a organizar ASAMBLEAS POR ABAJO, en los centros de trabajo, en los centros de estudio, se negaron a dotar al movimiento de un plan coordinado de lucha, e incluso que desde abajo se pudieran discutir las demandas y exigencias, con un programa discutido y votado asamblea por asamblea.

Sin embargo, con un claro instinto de clase, las masas tomaron con ambas manos la convocatoria oficial de la huelga, y en un ambiente cada vez más indignado y de rabia, los trabajadores y los campesinos desde abajo pasaron por encima de los dirigentes. Fue desde abajo en donde se impusieron la paralización de las empresas, de los barrios y pueblos, en donde se aprobaron los bloqueos de las vías y en donde se paralizo el conjunto de la economía. Es claro que, pese a la voluntad en contra de los dirigentes, la clase obrera boliviana retomo sus viejas y correctas tradiciones de lucha del pasado, entrenadas en otras insurrecciones anteriores

Como prueba de todo ello vimos las manifestaciones mas radicalizadas y combativas con la participación masiva de la clase obrera, de la juventud, de los campesinos y los sectores más oprimidos por el capitalismo boliviano. Fue nuestra clase desde abajo la que impuso las asambleas, la que retomo a la construcción de los CABILDOS ABIERTOS, las que organizaron las manifestaciones y los piquetes de cortes de las carreteras.

Algunos analistas burgueses, algunos dirigentes reformistas asustados, han tratado de decirnos que, en los centros industriales más importantes, en las zonas industriales con más proletariado, este se mantuvo pasivo, indiferente a la huelga: ello solo es UNA MENTIRA DESCARADA E INTERESADA, al objeto de menospreciar el movimiento de lucha de los trabajadores.

En realidad lo que vimos fue que miles de trabajadores afiliados a la COB, como los del sector minero, de las fábricas y otros, jugaron un papel de primer orden en la lucha, en los bloqueos y en los propios cabildos abiertos, en donde en muchas ocasiones abuchearon y recriminaron a sus propios dirigentes, participaron en organizar acciones de lucha espontaneas para contraponerlas a los planes y acciones de esos dirigentes que pretendían una y otra vez desactivar la movilización con todo tipo de maniobras burocráticas, en sus pretensiones ya desde mayo, el inicio de la lucha, de sentarse a negociar y firmar cualquier cosa con el gobierno de Paz.

Una y otra vez hemos visto los intentos de los trabajadores y campesinos bolivianos de organizar y extender la huelga general indefinida. ... Diferentes colectivos de trabajadores, entre ellos cientos, miles, de militantes de la COB también, desde abajo, discutieron y aprobaron en votación en las asambleas resoluciones en donde exigían la continuidad y la organización de la huelga general, dirigirla con éxito hacia la caída del gobierno de Rodrigo Paz. Mientras tenían enfrente no solo a ese gobierno, sino también a los dirigentes sindicales empeñados en una solo cosa: “negociar y negociar acuerdos con ese mismo gobierno.

Como decíamos, para demostración de la importancia que juega, en positivo o negativo, la dirección del movimiento obrero, en Bolivia hemos visto de nuevo como ha sido un factor decisivo en el desenlace la actitud de la burocracia sindical de la COB, que finalmente logro imponer su estrategia de acuerdos, enfrentándose para ello a su propia base militante y en contra de la voluntad firme de millones de trabajadores, campesinos y oprimidos de toda Bolivia.

Pese a esa firme voluntad de las masas, los dirigentes descarrilaron el movimiento y prestaron un firme balón de oxígeno a la supervivencia del gobierno del presidente Paz, el gobierno de la oligarquía boliviana. Por su parte, es una injuria decir que las masas no hicieron todo lo posible y casi imposible por continuar la lucha, por obtener una victoria con la misma.

Sin duda el papel que hemos visto jugando a la burocracia sindical tampoco ha sido algo nuevo. Lo hemos visto en esencia en otros movimientos de luchas, de crisis revolución arias, que tienen el papel de paralizar, de asustar a estos cobardes reformistas, incapaces de tener ni una sola perspectiva de lucha por transformar la sociedad, que siempre se contentan con ser elementos auxiliares al servicio de las clases dominantes, que los sientan en pretendidas mesas de negociaciones, en donde le dan el papel de descarrilar las luchas, a cambio casi siempre de nada. Ello es lo que ha permitido en esta ocasión a la clase dominante infringir una derrota momentánea al movimiento obrero y campesino.

En estos momentos miles de trabajadores, de jóvenes, en Bolivia están extrayendo conclusiones de todos los acontecimientos. Los sectores más avanzados están llegando a la conclusión, cien por cien correcta, de que es necesario para tener éxito en la lucha por acabar con el raquítico y podrido capitalismo boliviano construir una dirección basada en las ideas y el programa de la independencia de clase, que pueda situarse al frente de las próximas luchas y darles una dirección para transformar radicalmente las bases de la sociedad.

Evidentemente este no será un camino fácil. El viejo orden capitalista se resiste a dejar la escena de la historia. Pero la lucha por cambiar la sociedad finalmente es la única alternativa real que tenemos frente a nosotros. Nuestros enemigos son poderosos y entrenados en el arte de oprimirnos por siglos. Y como tenemos que comenzar por un punto concreto, las tareas que tenemos por delante ahora son las de desbancar, tirar a la basura de los elementos inservibles a las direcciones reformistas, cobardes y traidoras, sustituyéndolas por los trabajadores, campesinos y jóvenes más conscientes y firmes en los principios de la lucha por cambiar la sociedad, la lucha por un programa internacionalista, que una de una vez la lucha de los trabajadores y oprimidos de Bolivia a las de sus hermanos en el resto de los países de América Latina.

Las ansias de poder del imperialismo, de las oligarquías en todos los países, los llevan a afrontar nuevos, y más severos, ataques a nuestras condiciones de vida y existencia. La lucha se hace inevitable, de ella depende nuestra vida o muerte, en última instancia. Para enfrentar las ofensivas de la clase dominante, para avanzar en nuestros objetivos,

¡¡CONSTRUIMOS UNA DIRECCION REVOLUCIONARIA PARA VENCER!!

 

 

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