ANIVERSARIO GOLPE ESTADO 23-F
Lecciones para el presente
Como comentábamos con mi amigo y
compañero en Bogotá, es necesario volver a realizar un análisis de aquellos
acontecimientos, en su contexto de los momentos que se vivían en España y sobre
todo, porque aquellos acontecimientos nos ofrecen enormes lecciones para el
presente y el futuro, a todos los que nos planteamos una lucha por una sociedad
en la cual podamos darle la vuelta a toda la situación, preparándonos para una transformación
en la cual los trabajadores y los oprimidos de la sociedad pongan a funcionar
la economía en aras al beneficio colectivo de la aplastante mayoría.
El contexto
El fin del
franquismo fue presentado como la agonía y muerte del dictador. Sin embargo, la
realidad es que ello tenía bases objetivas mucho más profunda, como la pérdida
del miedo de las masas a luchar y un ascendente movimiento huelguístico y de
movilización social, en donde se unieron las reivindicaciones económicas con
las políticas, comenzando por las propias libertades democráticas a
organización y manifestación.
El primer
gobierno que sucedió al régimen Franquista fue dirigido por personajes que
procedían desde dentro de las propias entrañas de la dictadura, como el que fue
su presidente, Adolfo Suarez. Los viejos y nuevos representantes de la
burguesía española no dudaron en ponerse la ropa de trabajo de demócratas de
toda la vida, al fin de engañar a las masas, e intentar encarrilar toda la
situación para evitar una ruptura radical, que pondría en riesgo el
mantenimiento al frente de las grandes empresas y bancos de los de siempre. No
solo la dictadura estaba condenada, sino que la propia pervivencia del
capitalismo se veía comprometida.
Tras la
aprobación de la Constitución española de 1978, se celebraron elecciones
generales en marzo de 1979, en donde a pesar del papel jugado por los
dirigentes socialdemócratas del PSOE y del PCE, que lejos de mantener un
programa claro que cuestionara el capitalismo, transmitían a cada paso miedo a
la clase obrera, haciendo llamamientos a la “tranquilidad social”, al pacto y
más pactos con la burguesía, la UCD de Adolfo Suarez solo logro vencer con una
exigua minoría parlamentaria, que a cada paso amenazaba con hacer caer al
gobierno, sino hubiera sido porque de forma permanente era apuntalado por los
propios dirigentes reformistas, a través de la constante política de pactos
sociales, que siempre consistían en lo mismo: los capitalistas lograban mantener
y aumentar sus cuotas de beneficios, a costa de topes y ataques a los niveles
de vida de las masas.
Todo ello en
un contexto económico y social auténticamente dramático, con el capitalismo
fuertemente golpeado por la crisis, que hacía que los grandes empresarios y
banqueros siempre estuvieran exigiendo al gobierno más y más ataques
económicos, sociales y laborales.
Adolfo Suarez,
que era un político del régimen, por tanto, un sinvergüenza consumado,
comprendía a la perfección que su gobierno no podía emprender los niveles de
ataques a las condiciones de vida de las masas que le exigían los poderes
económicos, lo cual podría generar unas consecuencias imprevisibles, a pesar de
las llamadas “políticas de compromisos de las direcciones del PSOE1, PCE2, UGT3 y CCOO4. El año 1979 fue
particularmente álcido en las luchas obreras, con movilizaciones impresionantes
de norte a sur, de esta a oeste.
Suarez tenía
que depender de los acuerdos sociales constantes, en donde implicaba a los
dirigentes obreros y de paso los desprestigiaba ante las masas por esa política
de desmovilización y aceptación de echar sobre los hombros de la clase obrera
los efectos de la crisis del capitalismo. La política de “parches y medios
remedios” del gobierno de la derecha, de la UCD 5, no podía satisfacer a nadie: ni a la burguesía
que exigía más y más ataques a los niveles de vida de las masas, para
embolsarse ellos todos los recursos, ni a la clase obrera, que con promesas de
que cuando mejorara la situación lograría recuperar lo que hoy estaban
perdiendo a cada paso.
Sin lugar a
duda que la semi parálisis, una autentica impotencia del gobierno de Suarez
ante los efectos de la crisis del capitalismo provocaba un serio malestar en
los sectores fundamentales de la clase dominante, que solo veía una
posibilidad: profundizar más y más en las reducciones de los niveles de vida de
las familias obreras, con el objetivo central de recomponer la tasa de
beneficio que decaía a cada paso. Y ello comprendían era posible lograrlo sin
la participación, sin los acuerdos con los dirigentes obreros, los cuales por
supuesto exigían y pedían contrapartidas con el objetivo de no perder
totalmente el control sobre el movimiento obrero. Las necesidades de los
trabajadores eran obviadas a cada paso, pero la burguesía no veía sus
aspiraciones satisfechas nunca: siempre querían mayores cuantías del reparto de
la tarta de la riqueza nacional para ellos.
Tras la caída
de la dictadura, con el sistema capitalista en crisis, la situación objetiva
mostro que el gobierno de la burguesía, el gobierno de la UCD, estaba
suspendido en el aire, realmente apuntalado por los propios dirigentes
socialdemócratas del movimiento obrero, que hacía que todo el gobierno fuera de
crisis en crisis, durante todos los años que duro el gobierno de Adolfo Suarez,
de la UCD., que nació como un gobierno débil, de crisis en crisis y tuvo su
entierro en el aplastante triunfo del PSOE en octubre de 1982, por una
aplastante mayoría absoluta.
La política
económica de la UCD era de auténtica locura, con una dinámica de políticas
inflacionarias, que estimulaban la emisión y circulación de dinero ficticio en
sus intentos de poder relanzar la economía, todo ello mezclándolo con políticas
deflacionistas de constantes recortes en los gastos sociales y de limitación de
la propia circulación monetaria que pudiera combatir el proceso inflacionista.
En
este periodo las direcciones sindicales y políticas de la clase obrera fue
propiciando una desmovilización de la clase trabajadora, que provoco
posteriormente un periodo de reflujo en el movimiento obrero. Pero una vez que
la presión de los trabajadores disminuyo, la presión de la clase dominante
sobre el gobierno de la UCD fue en aumento. Los grandes empresarios y banqueros
cada vez aparecían más exigente e irritados con Suares y su gobierno, al cual
exigían más y más, en sus ansias permanentes de más beneficios para sus
bolsillos.
En aquel periodo, en los momentos más álcidos de la economía, esta crecía a raquíticos 1,5%, cuando no al 0,5%. Y todo ello tenía efectos sociales brutales, con crecimientos del desempleo hasta el 20%. Qué duda cabe que detrás de toda esta situación objetiva estaban los deseos de la clase dominante de buscar UN HOMBRE FUERTE, todo lo contrario de lo que era en realidad Adolfo Suarez. La clase dominante comprendía que tenía la necesidad de provocar un recambio desde dentro de las propias filas de la UCD, en donde rápidamente comenzaron a surgir esas diferencias y la búsqueda del recambio.
Toda
la situación objetiva le estaba explotando a la burguesía en su cara. En ese
mismo año, en 1979, se aprobaron los Estatutos de Autonomía de dos de las
regiones históricas del Estado español, los de Euskadi y de Cataluña. Aun con
las limitaciones y recortes a los derechos nacionales, como el no contemplarse
el DERECHO A LA AUTODETERMINACION DE LOS PUEBLOS, ambos Estatutos fueron
aprobados en referéndum, no sin una abstención del 40 por ciento de los
electores en Euskadi, por ejemplo.
Los dirigentes reformistas,
socialdemócratas y entregados a las políticas de pactos con la burguesía,
pagaron un gran precio electoral, por su abandono a defender los derechos
democráticos de los pueblos. En 1980, en las elecciones autonómicas de Euskadi,
el PSOE paso de ser el partido más votado en 1977 a ser la tercera fuerza
electoral, pagando así su abandono a la defensa de los derechos nacionales,
cediendo su posición hacia el PNV y hacia HB, organización que aparecía
políticamente vinculada al nacionalismo de izquierdas de ETA. En este mismo
año, 1979, el PSOE perdió igualmente su posición de primera fuerza política en
Cataluña, en favor de los nacionalistas burgueses de CiU.
Paradójicamente
la cuestión del Estatuto en Andalucia también polarizo en aquel año toda la
vida política del Estado español. Frente a los intentos del gobierno y la clase
dominante de otorgar un Estatuto de autonomía limitado para Andalucia, la clase
obrera, los campesinos pobres, la juventud y el conjunto de los oprimidos
andaluces protagonizaron una gran lucha en pro de un Estatuto por la Vía del artículo
151 de la Constitución, como eran los Estatutos para Euskadi, Cataluña y
Galicia, no por la vía del artículo 143 que había sido previsto para el resto
de las regiones.
En Andalucia los dirigentes del
POSE y del PCE no tuvieron otra alternativa, por la indudable presión de las
masas, que ponerse al frente de la lucha por la Autonomía con más
reconocimiento de derechos y autogobierno.
Esta
cuestión polarizo toda la vida social en Andalucia, con la convocatoria de
movilizaciones de masas pro toda la región, que significo un claro y fuerte
enfrentamiento entre las masas y los planes del gobierno del presidente Suarez,
que se vio obligado a tener que someter el asunto a referéndum, que se celebró
en febrero de 1980 y en donde los trabajadores y la juventud derrotaron
claramente los planes de la UCD.
A
pesar del despliegue propagandístico del gobierno de la UCD, que gasto millones
y millones en desacreditar las ideas que abrazaron los millones y millones de
trabajadores, intentando al menos que hubiera una gran abstención en el
referéndum, los planes del gobierno fueron derrotados claramente, a pesar de la
represión que el gobierno desato y que provoca el asesinato, el 4 de diciembre
de 1979, de Manuel José García Caparros, en Málaga.
Tras
este referéndum el gobierno de la UCD quedo absolutamente desacreditado y
suspendido en el aire. Siempre ocurre que cuando el viento de la revolución
comienza a producirse, en donde primero se nota es en las copas altas de los
árboles. En este sentido la clase dominante comenzó a sufrir nítidamente
divisiones profundas, que se vieron concretadas en el seno del propio gobierno
de la UCD y que se trasladaban en todos los medios de comunicación de la
burguesía. Un día si, y otro también.
Es
en este contexto en el cual el ruido de los sables, de planes golpistas en la
cúpula militar, comienza a producirse, con noticias entre sectores de la clase
dominante, los oficiales del Ejército, que no habían tenido una limpieza de su
procedencia del régimen de la dictadura y como no, de la propia Casa Real, de
la monarquía. Juan Carlos I había sido designado rey de España directamente por
el dictador Francisco Franco, y ante la total inestabilidad existente en el
país, el mismo se puso al frente para intentar reconducir toda la crisis del
gobierno de derechas hacia UN GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN NACIONAL,
dirigido por militares y con la participación de destacados dirigentes
políticos no solo de la derecha, sino también de la “izquierda”.
Como
ocurriera en los años 30 en el Estado español, los reaccionarios ponían
“Operaciones de Golpes de Estado” en marcha. A pesar de las insistentes y
estúpidas afirmaciones del gobierno de la UCD y de los dirigentes
socialdemócratas al frente del PSOE, PCE y los sindicatos UGT y CCOO, que
afirmaban todos los días “el compromiso con la democracia de los militares”, estos
ya habían planeado una intentona, conocida por la “Operación Galaxia” y
pusieron en marcha el Golpe del 23 de febrero de 1981, ocupando el Congreso de
los Diputados.
Entre
los claramente participantes en el Golpe de Estado 23F, además del que estuvo
al frente en la ocupación del Congreso, el teniente coronel de la Guardia Civil,
ANTONIO TEJERO, estaban ALFONSO ARMADA, General de División del Ejército de
Tierra y que había sido el designado en la conspiración para ser el presidente
del Gobierno de Concentración; JAIME MILANS DEL BOSCH, Capitán General de la II
Región Militar; RICARDO PARDO ZANCADA. Comandante de Infantería; JOSÉ IGNACIO
SAN MARTÍN, jefe de Estado Mayor de la División Acorazada Brunete; JUAN GARCÍA
CARRÉS, que figuro de los 30 inculpados como el único civil; estaba por
supuesto el Rey JUAN CARLOS I; SABINO FERNÁNDEZ CAMPO, secretario general de la
Casa del Rey; JOSÉ LUIS ARAMBURU TOPETE. Director General de la Guardia Civil; JOSÉ
SÁENZ DE SANTAMARÍA TINTURE, Inspector General de la Policía Nacional; GUILLERMO
QUINTANA LACACI, Capitán General de la I Región Militar; JOSÉ LUIS CORTINA
PRIETO, comandante de Infantería y jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales
del CESID, el Servicio de Inteligencia (de los menos inteligentes del planeta);
JOSÉ GABEIRAS MONTERO, teniente General y jefe del Estado Mayor del Ejército de
Tierra; …
Cualquiera
que no quiera creer simplemente en cuentos infantiles sabe que detrás de esta
lista estaba la burguesía, los grandes empresarios y banqueros del país, al
igual que los servicios de inteligencia de Estados Unidos y otros países. Y
nadie en su sano juicio duda de la participación activa y en primera línea de
Juan Carlos I, quien dos días antes de la toma del Congreso por parte de la
Guardia Civil, en conversación telefónica que ha transcendido públicamente, le
contaba a su amante de aquellos momentos, Barbara Rey, que dos días después
comenzaba la operación del Golpe.
Pero
es claro que no en todo momento, bajo cualquier circunstancia, los reaccionarios
pueden llevar adelante un golpe de Estado militar e implantar una dictadura,
con formas mas o menos represivas o con apariencias mas democráticas. Como
ocurrió en julio de 1936, un golpe de Estado puede provocar incluso la
reacción, mas o menos espontanea incluso de las masas, que oponiéndose a dicho
golpe pueden iniciar un proceso de revolución, que no solo imposibilite dicho
golpe, sino que ponga en cuestión la propia existencia del sistema
socioeconómico que auspicia, fomenta y planea estos intentos de imponer las
bayonetas al pueblo.
En
febrero de 1981 hacia a penas 6 años de la muerte del dictador Franco, los
efectos sangrientos de la dictadura estaban muy frescos en la memoria de las
masas, que no estaban dispuestas a tolerar una nueva dictadura abierte d ellos
militares. La crisis económica, social y política del sistema capitalista
provocaba aún un fermento de enorme polarización entre las clases y empujaba a
los trabajadores a la lucha. Por tanto, no existían condiciones objetivas para
que un golpe de Estado pudiera triunfar. Como los marxistas el mismo día
calificamos a estos acontecimientos, estábamos ante una “Sanjurjada”, un golpe
condenado al fracaso.
Tal
y como había ocurrido en 1932, cuando bajo la Republica el General José
Sanjurjo Sacanell (Pamplona, 28/marzo/1872 - Caceres, 20/julio/1936)
protagonizó un golpe de Estado, que paso a ser conocido como una “Sanjurgada”,
este fue fallido y los reaccionarios tuvieron que esperar hasta 1936 para
ejecutar otro, que provoco una guerra civil abierta y que si no hubiera sido
por el papel traidor de los dirigentes del Frente Popular, también hubiera sido
posible derrotarlo por la lucha de las masas y haber dado pasos serios hacia la
transformación socialista de la sociedad.
Todos
aquellos meses estuvieron caracterizados por un ambiente y un clima de enorme
polarización social, que no explotaba por la propia cobardía y entrega a las
políticas de pactos y más pactos de los dirigentes de la izquierda. En esta
situación los dirigentes del PSOE se vieron forzados a presentar una MOCION DE
CENSURA al gobierno de la UCD en mayo de 1980. Permanentemente el gobierno de
la burguesía pendía de un filo hilo, que amenazaba con romperse en cualquier
momento. Adolfo Suarez respondió con un intento de dar algo de cohesión a su
gobierno, incorporando al mismo a los propios dirigentes críticos de su
partido, la UCD. Pero lejos de solucionar nada, Suarez arrojo más material
inflable hacia el interior de su gobierno, que cada vez aparecía como una autentica
jaula de grillos, mostrando diferencias internas insalvables. En febrero de
1981 Suarez se vio obligado a dimitir.
El día en el cual entraron los Guardia Civiles
tomando el Congreso estaba prevista la votación para elegir nuevo presidente
del gobierno de UCD a Calvo Sotelo. Y todo el mundo era consciente de que la sustitución
de Adolfo Suárez por Leopoldo Calvo Sotelo no iba a servir para nada,
comenzando por salvar los restos del naufragio que significo la UCD. Leopoldo Calvo
Sotelo experimento un brutal desprestigio, de semana en semana, que estaba
preparando las condiciones para que el partido de la derecha volara por los
aires. Las elecciones autonómicas en Galicia fue un primer pistoletazo de salida,
con una derrota clara de la UCD, que acelero su crisis y descomposición
interna.
Casi
siempre vemos como estos procesos de crisis en organizaciones de la clase
dominante reflejan la existencia de fuertes diferencias en la propia burguesía,
en torno a como actuar, ¿Qué hacer ante la situación? Podemos decir que los
sectores claves de la clase dominante ya en aquellos momentos habían decidido
da por finiquitada la utilidad de la UCD y comenzaban apostar todo al
fortalecimiento por una organización claramente de derechas, que nucleaba un
antiguo ministro de Franco, Manuel Fraga, que dirigía hasta entonces un pequeño
partido, Alianza Popular y que acabaría convertido en el partido de referencia
de la derecha, el Partido Popular.
ETA
Y LA ULTRADERECHA
En el contexto
real de aquellos años debemos entender que es una ley social el hecho de que la
pequeña burguesía, que no juega nunca un papel independiente, es la que pasa a
jugar un papel aparentemente central en la escena de los acontecimientos en la
medida en que la clase obrera se repliega de sus posiciones de lucha.
En el periodo
de los años 1979 al 1982 esto estuvo claro. Tras las políticas constantes de
pactos sociales de los dirigentes tradicionales, se vio el emerger a primera
escena con un crecimiento de las acciones de ETA, por un lado, al tiempo que
las acciones salvajes y violentas de las bandas fascista por otro lado.
En aquellos
años veíamos en el interior de la banda ETA unos fuertes debates sobre la
necesidad o no de abandonar los métodos de lucha armada. Ello era el producto
de la situación de la lucha de clases, que estaba en retroceso y el callejón
sin salida en el cual se encontraban.
El fenómeno
del terrorismo individual, analizado por los teóricos del marxismo, es la
demostración de que la situación no aguanta más, pero las masas no logran
encontrar el camino en la búsqueda de una salida a los problemas centrales. La
pequeño-burguesía encuentra su razón de ser individuales en tales métodos.
Tres factores
centrales “justificaban”, POR ASI DECIRLO, la existencia de ETA: la brutal,
indiscriminada, represión por parte de los
cuerpos represivos del Estado, redoblados en aquellos años, que hacía
crecer el odio hacia estas fuerzas represivas por parte de amplios sectores de
la población; el abandono total por parte de las direcciones de los partidos
obreros de una defensa clara y nítida de los derechos democráticos nacionales,
especialmente en el caso de Euskadi, del derecho a la autodeterminación, lo
cual hubiera eliminado los argumentos políticos de los abertzales; y por último
la dramática situación social y económica en la que vivíamos, consecuencia de
la profunda crisis económica y social del capitalismo español.
En el periodo
de los años 1974 al 1077 los atentados de ETA provocaron 63 muertos y en el
periodo de 1978-81 fueron 265. Sin embargo, el Estado burgués puede sustituir
fácilmente a los individuos, manteniendo la esencia de sus políticas.
Así mismo el
terrorismo de las bandas fascista también creció, alimentado por los propios
aparatos del Estado burgués, de los sectores mas distinguidos de los sectores
fascistas del mismo. En ese periodo no solamente varias decenas de trabajadores
murieron a manos de los fascistas, sino que era cotidiano que jóvenes y también
miembros de la izquierda abertzale cayeran en manos de esta jauría de las
bandas fascistas.
Agresiones, palizas, atentados eran cotidianos
para trabajadores, jóvenes y oprimidos, por parte de estas bandas fascistas,
atentos maratones del Capital, que eran compuestos fundamentalmente por hijos
de militares, policías, guardias civiles y lúmenes desclasados. Decenas de
locales de las organizaciones obreras eran atacados sistemáticamente.
Sin embargo,
los dirigentes de las organizaciones obreras tradicionales, lejos de llamar a
la lucha, a movilizarse en contra de las bandas fascistas, para en base a la
movilización de masas poder aplastar a las bandas fascistas, se limitaban una y
otra vez a “llamar a la calma, a no caer en provocaciones”, que solo tenían el
efecto de envalentonar a estas bandas fascistas, que por supuesto contaban con
el beneplácito y los apoyos de los aparatos policiales del Estado burgués.
LOS GOLPISTAS DEL 23-F
Desde la
muerte de Franco España vivía un contexto de constante inestabilidad. Por un
lado, asistimos a poderosas movilizaciones de la clase trabajadora, que, ante
la falta de una dirección clara, basada en un programa para transformar la
sociedad, estas luchas no acababan en un éxito claro frente a los grandes
empresarios y banqueros, que continuaban dominando la vida económica del país,
como habían hecho najo 40 años de la dictadura militar de Franco.
Pero el
ambiente, las luchas de los trabajadores, en cierta forma paralizaban los
deseos de la clase dominante de arrasar para sus bolsillos con todo. La burguesía a cada paso mostraba su
debilidad histórica, incapaz de asegurar la tranquilidad social que necesitan
para hacer negocios y negocios. En cada paso necesitaban del concurso y apoyo
de los dirigentes obreros, de los socialdemócratas del POSE y del PCE, pero
sobre todo de los dirigentes sindicales de CCOO y la UGT. En realidad, la
situación mostraba una visión absoluta de desgobierno en el país, que arreció
con fuerza en todo el año 1980 y así comenzó también en 1981.
Y existe un
termómetro, muchas veces fiable, del estado en el cual se encuentra la clase
dominante, mirando hacia la Casta de Oficiales del Ejército, que como los
oficiales de la Guardia Civil y de la Policía, están plagados de elementos
fascistas y reaccionarios, que han sido instruidos históricamente en un odio
visceral hacia la clase trabajadora, en un odio hacia las organizaciones
obreras, de la izquierda y que en cada etapa son y representan “el brazo armado
de la burguesía, de los poderosos”. Es por ello que siempre que la burguesía da
síntomas claros de no poder controlar la situación, con “métodos normales”,
esta Casta de oficiales del Ejercito se sienten ellos mismo atraídos y llamados
al objetivo de “poner orden”, como hipócritamente dicen en cada rincón,
“llamados a salvar la patria” de los poderosos, porque “los políticos son
incapaces”.
En
realidad, toda la llamada “Transición española” fue un constante manantial de
conspiraciones y movimientos golpistas entre los militares, acostumbrados a
“mandar con mano de hierro” por décadas bajo Franco. Ya en 1978 el mismo
Antonio Tejero y otro oficial de la Guardia Civil, llamado Sáenz de
Ynestrillas, muy conocidos por sus ideas fascistas, fueron pillados con la mano
en la maza, planificando el Golpe de Estado de la citada más arriba “Operación
Galaxia”, que destaco no por ser novedosa, sino sobre todo por el elevado
número de oficiales implicados en ella. Una vez detenidos, en unos pocos meses
fueron escandalosamente puestos en libertad.
Y,
sin embargo, increíblemente, los dirigentes obreros en vez de organizar y
batallar claramente por el conjunto d ellos derechos democráticos, laborales y
sociales, especialmente los llamados eurocomunistas del PCE, dedicaban todos
sus esfuerzos a asustar a las masas con la cantinela estéril “del peligro de
una involución militar, del golpismo”, para asustar a los trabajadores de que
no fueran más allá en sus luchas. Con ello justificaban sus políticas cobardes
de colaboración de clase, que desarmaba y dejaban atados de pies y manos a la
clase trabajadora.
Es
de vergüenza toda la campaña mediática y de los propios dirigentes que en
aquellos momentos se decían de izquierdas, como Felipe González, Alfonso Guerra
y demás, que aun en día continúen intentando lavar la cara, con alabanzas a
Adolfo Suarez y al propio Rey Juan Carlos I, personajes que abandonaron la
historia siendo odiados, maldecidos y despreciados por los millones y millones
de trabajadores y jóvenes que padecieron sus políticas.
Adolfo
Suarez llego a unto en donde fue aislado dentro de su propio partido, la UCD y
por supuesto despreciado por su incapacidad por la propia burguesía española,
al igual que por las cloacas del Estado heredado del régimen franquista. Y
fueron estos factores lo que le hicieron presentar su dimisión a principios del
mes de febrero de 1981, con claros indicios de que habría movimientos para el
golpe de Estado. Nadie puede creer que si hasta la vedette Barbara Rey, amante
de Juan Carlos conocía del Golpe, ¿como no lo iba a conocer Suárez? En el
momento de su dimisión, según encuentras de los medios en aquel momento, el 85%
de la población estaba en contra del gobierno de UCD.
Mientras
“sus Señorías” votaban la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente
del Gobierno de UCD, decenas de guardias civiles entraron y ocuparon el
Congreso de los Diputados, disparando sus metralletas al techo. Sincronizado,
el General Milans del Bosch ordenaba y sacaba los Tanques por las calles de Valencia,
tomando el control de la ciudad y emitiendo la orden de prohibición de los Partidos
y los Sindicatos obreros.
Comenzó
así, de esta forma, el Golpe de Estado más serio, por llamarlo de alguna forma,
de todos los que proyectaron durante la modélica Transición, periodo que dejo
un auténtico reguero de muertos, a manos de la reacción y las fuerzas
represivas, entre la clase trabajadora y la juventud española. Y pueden
continuar contándonos mentiras, pero es claro y evidente que todos y cada uno
de los jefes Militares estuvieron siempre al tanto, al detalle, de los
preparativos del Golpe de Estado, INCLUYENDO EL CIRCULO PROXIMO E INTIMO DEL
REY JUAN CARLOS, cuyo consejero y tutor desde su juventud, el General Armada,
era precisamente uno de los principales estrategas del Golpe y se había postulado
para presidir el futuro gobierno d ellos golpistas.
Cada
uno es libre de pensar lo que quiera. Incluso que los pulpos son animales de
compañía y ponerlos en el jardín. Pero en una situación de enorme convulsión
social, con decenas de guardias civiles armados pegando gritos y tiros en el
Congreso, si ese personaje que desde joven destaco por sus pleitesías al
franquismo, su avaricia por el dinero ajeno, sino hubiera estado implicado
hasta la médula, como explicar que Antonio Tejero entrara al Congreso a las
18:30 horas y Juan Carlos no apareciera públicamente, en TV, para decir ni mus
sobre el Golpe, ¿hasta que habían pasado las 12 de la noche?
Es
más claro que el agua que el Golpe Militar fracaso, seguro que provocándole un
disgusto al monarca y no fue porque el mismo tuviera ningún tipo de
convicciones democráticas, ni nada por el estilo. Los sectores fundamentales y
claves de la burguesía entendieron que no podían cumplimentar el Golpe, sin
provocar una explosión social y que ello encendiera las llamas de la
revolución, que podría en cuestión el control y propiedad que ejercen desde
siempre de los medios de producción la tierra y los bancos. La “Sanjurjada” de
Tejero y los militares implicaba el riesgo de que la clase dominante lo pudiera
perder todo.
Sin
lugar a dudas que Antonio Tejero era el elemento menos importante del Golpe.
´detrás de él existían figuras mucho mejor dotadas de visión a medio y largo
plazo, entre los que estaba el General Armada, que se había postulado para ser
el nuevo bonapartista en el país, con bastante parecido a lo que fue la
dictadura de Primo de Rivera en 1923. Y detrás de Armada y Jaime Milans del Bosch,
estaba ese vividor llamado Juan Carlos.
En
el periodo posterior al 23F se filtró que antes del Golpe se habían celebrado
multitud de reuniones, entre otras una del General Alfonso Armada y Enrique
Múgica (entonces un importante dirigente socialdemócrata de derechas del PSOE)
donde Mújica coincidía y no descartaba la necesidad de formar un “gobierno
fuerte”, incluyendo dirigentes de la UCD, el PSOE y en el cual participaran los
militares, como siempre hipócritamente dicen, “para salvar a España”.
Que
ahora Felipe González, entonces secretario general del PSOE, intente limpiar y
salvar la cara de Juan Carlos no nos extraña, de este personaje que se mueve en
los Consejos de Administración de las grandes multinacionales energéticas del
país y que, seguro que estuvo y esta en nominas de agencias tan “democráticas”,
como la CIA estadounidense.
Todo
esto solo viene a confirmar que la degeneración política y moral de la
Socialdemocracia no es un fenómeno nuevo, ni mucho menos. Que no solo perdieron las ideas del genuino
socialismo, sino que están tan entregados al mantenimiento del capitalismo, que
incluso participaron en todos los asuntos reaccionarios de las cloacas del
Estado burgués, como luego el propio Felipe González demostró durante su
gobierno con la creación, conformación y financiación de bandas reaccionarias
como los GAL. Todo ello tuvo enormes consecuencias dramáticas para la clase
trabajadora y sus organizaciones tradicionales.
Al
principio la clase obrera española fue cogida por sorpresa por el Golpe de
Estado del 23F, pero recuperando sus mejores tradiciones de lucha, de forma
espontanea y guiados por sus instintos de clase revolucionarios, en el
transcurso de las horas posteriores llegaron a la conclusión de que necesitaban
armarse para defenderse de los fascistas, de los golpistas. Este proceso
pudimos verlo entre los Jornaleros andaluces, en donde comenzaron a organizarse
en grupos de vigilancia para controlar las entradas y salidas de los pueblos,
intercambiándose estos jornaleros escopetas de caza y los pocos cartuchos con
los que contaban. De forma muy parecida
ocurrió entre los mineros de las cuencas asturianas.
Y
todo ello en medio de los dirigentes del PCE, del PSOE y de los sindicatos, que
desde sus direcciones solo hacían “llamamientos a la calma, a la normalidad”,
sin proporcionar ningún plan de lucha, ni consignas que ayudaran a organizar a
los trabajadores en todo el país. El día siguiente, el 24 de febrero, fue
decisivo: los trabajadores en las fábricas, en los centros de trabajo se
declararon en huelga y celebraban Asambleas en centenares de empresas, desde Álava,
Sevilla, Navarra, Barcelona, Hunosa, Málaga, Gijón, Avilés, Santander, y
Madrid). Para el 24 de febrero CCOO en Cataluña preveía convocar HUELGA
GENERAL. Para los sectores de la burguesía que aun dudaban, todo ello fue clave
para que el Golpe de Estado fracasara.
El
26 de febrero se convocaron manifestaciones masivas en todo el país,
teóricamente convocadas por todos los partidos. Pero la presencia en las
manifestaciones era de familias obreras al completo, imprimiéndoles el sello de
lucha de la clase obrera contra los intentos reaccionarios de volver a una
tenebrosa dictadura. En Madrid una columna de más de un millón y medio de
manifestantes, junto a Barcelona con más de medio millón, dejaron claro a la
burguesía que por ahí la clase obrera española no pasaba.
Fue
la lucha de los trabajadores lo que hizo “volver al discurso de los valores
democráticos” a toda esta pandilla de reaccionarios, con el emérito Juan Carlos
en cabeza.
En
realidad, el acontecimiento que puso cierre al mal llamado periodo de la
Transición española ocurrió en octubre de 1982, cuando en octubre se convocaron
elecciones generales, en donde el hasta entonces partido del gobierno de
España, la UCD, desapareció del mapa político español y el PSOE obtuvo una
victoria histórica, con mas de 10 millones de votantes y mayoría absoluta.
Si
en vez de dirigentes como Felipe González hubiera existido una dirección
genuinamente de izquierdas, la clase trabajadora española podría haber
transformado la sociedad casi de forma pacífica. Tras la victoria electoral del
PSOE los sectores decisivos de la clase dominante quedaron absolutamente
paralizados y nada hubiera impedido que el gobierno aprobara la nacionalización
de los sectores fundamentales de la economía, los bancos y entidades
financieras, al igual que la expropiación de los grandes latifundios de la
tierra en regiones como Andalucía. Una vez hecho esto, se procedería al control
de los trabajadores de las empresas, para gestionarlas democráticamente y hacer
funcionar todo en base a satisfacer las enormes y crecientes necesidades
sociales.
En esa lucha
es en la que continua con sus tareas pendientes, la clase obrera, jornaleros,
la juventud y los oprimidos de la península ibérica. Es la lucha por un futuro
digno y en igualdad.
1.- P.S.O.E.
(Partido Socialista Obrero Español, fundado por Pablo Igelesias, que
tuvo tradición marxista y se asentó en las posturas y las prácticas de la
Socialdemocracia)
2.- PCE
(Partido Comunista de España, que surgió de una escisión el PSOE en 1921 y que
tuvo escasa influencia en España, en donde arraigo como partido estalinista y
se mantuvo como minoritario en los años 30, hasta que mediante su participación
y dirección en el Frente Popular tomo gran influencia. Durante la dictadura de
Franco, en su trabajo clandestino, emergió como el principal partido de la
izquierda en España, participando activamente en las políticas de “pactos
sociales, que le llevo hasta su cuasi desaparición en los años 80)
3.- UGT (Union
General de trabajadores, el sindicato obrero ligado al PSOE, que mantuvo un
papel como principal sindicato de los trabajadores españoles en la lucha por el
fin de la dictadura)
4.- CC.OO.
(Comisiones Obreras, organización sindical predominante en el Estado español,
surgido del trabajo clandestino de los militantes comunistas en los antiguos
Sindicatos Verticales del régimen franquista y que jugo un papel predominante
en el movimiento obrero tras la caída de la dictadura de Franco)
5.- UCD (Unión
del Centro Democrático, partido fundado por antiguos miembros de la dictadura
militar franquista, liderado por Adolfo Suarez, que pretendían jugar el papel
de “partido de centro”.)
6.- LOAPA (Ley
Orgánica de Amortización del Proceso Autonómico), impulsada por la UCD y el
PSOE EN 1982. Con esta Ley pretendieron homogeneizar y limitar el ritmo de las
transferencias de competencias a las Autonomías, por “la vía lenta”. Fue
parcialmente declarada inconstitucional en 1983, tras lo cual el gobierno del
PSOE la convirtió en Leu en diciembre de 1983.)



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