ANIVERSARIO GOLPE ESTADO 23-F

 


 Lecciones para el presente

             En estos días que internacionalmente ha trascendido la desclasificación por parte del gobierno de Pedro Sánchez de los documentos sobre el golpe de Estado del 23 de Febrero de 1981 en el Estado español, junto con el fallecimiento de uno de los protagonistas, en segunda fila del mismo, el Teniente Coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, a los 93 años y según uno de sus hijos, “hoy, 25 de febrero del 2026, mi padre, Antonio Tejero Molina ha fallecido en compañía de todos sus hijos, habiendo recibido los últimos sacramentos y la Bendición de Su Santidad León XIV. Doy infinitas Gracias a Dios por su vida entregada y generosa para con Dios, España y su familia”.

Como comentábamos con mi amigo y compañero en Bogotá, es necesario volver a realizar un análisis de aquellos acontecimientos, en su contexto de los momentos que se vivían en España y sobre todo, porque aquellos acontecimientos nos ofrecen enormes lecciones para el presente y el futuro, a todos los que nos planteamos una lucha por una sociedad en la cual podamos darle la vuelta a toda la situación, preparándonos para una transformación en la cual los trabajadores y los oprimidos de la sociedad pongan a funcionar la economía en aras al beneficio colectivo de la aplastante mayoría.

El contexto

El fin del franquismo fue presentado como la agonía y muerte del dictador. Sin embargo, la realidad es que ello tenía bases objetivas mucho más profunda, como la pérdida del miedo de las masas a luchar y un ascendente movimiento huelguístico y de movilización social, en donde se unieron las reivindicaciones económicas con las políticas, comenzando por las propias libertades democráticas a organización y manifestación.

El primer gobierno que sucedió al régimen Franquista fue dirigido por personajes que procedían desde dentro de las propias entrañas de la dictadura, como el que fue su presidente, Adolfo Suarez. Los viejos y nuevos representantes de la burguesía española no dudaron en ponerse la ropa de trabajo de demócratas de toda la vida, al fin de engañar a las masas, e intentar encarrilar toda la situación para evitar una ruptura radical, que pondría en riesgo el mantenimiento al frente de las grandes empresas y bancos de los de siempre. No solo la dictadura estaba condenada, sino que la propia pervivencia del capitalismo se veía comprometida.

Tras la aprobación de la Constitución española de 1978, se celebraron elecciones generales en marzo de 1979, en donde a pesar del papel jugado por los dirigentes socialdemócratas del PSOE y del PCE, que lejos de mantener un programa claro que cuestionara el capitalismo, transmitían a cada paso miedo a la clase obrera, haciendo llamamientos a la “tranquilidad social”, al pacto y más pactos con la burguesía, la UCD de Adolfo Suarez solo logro vencer con una exigua minoría parlamentaria, que a cada paso amenazaba con hacer caer al gobierno, sino hubiera sido porque de forma permanente era apuntalado por los propios dirigentes reformistas, a través de la constante política de pactos sociales, que siempre consistían en lo mismo: los capitalistas lograban mantener y aumentar sus cuotas de beneficios, a costa de topes y ataques a los niveles de vida de las masas.

Todo ello en un contexto económico y social auténticamente dramático, con el capitalismo fuertemente golpeado por la crisis, que hacía que los grandes empresarios y banqueros siempre estuvieran exigiendo al gobierno más y más ataques económicos, sociales y laborales.

Adolfo Suarez, que era un político del régimen, por tanto, un sinvergüenza consumado, comprendía a la perfección que su gobierno no podía emprender los niveles de ataques a las condiciones de vida de las masas que le exigían los poderes económicos, lo cual podría generar unas consecuencias imprevisibles, a pesar de las llamadas “políticas de compromisos de las direcciones del PSOE1, PCE2, UGT3 y CCOO4. El año 1979 fue particularmente álcido en las luchas obreras, con movilizaciones impresionantes de norte a sur, de esta a oeste.

Suarez tenía que depender de los acuerdos sociales constantes, en donde implicaba a los dirigentes obreros y de paso los desprestigiaba ante las masas por esa política de desmovilización y aceptación de echar sobre los hombros de la clase obrera los efectos de la crisis del capitalismo. La política de “parches y medios remedios” del gobierno de la derecha, de la UCD 5, no podía satisfacer a nadie: ni a la burguesía que exigía más y más ataques a los niveles de vida de las masas, para embolsarse ellos todos los recursos, ni a la clase obrera, que con promesas de que cuando mejorara la situación lograría recuperar lo que hoy estaban perdiendo a cada paso.

Sin lugar a duda que la semi parálisis, una autentica impotencia del gobierno de Suarez ante los efectos de la crisis del capitalismo provocaba un serio malestar en los sectores fundamentales de la clase dominante, que solo veía una posibilidad: profundizar más y más en las reducciones de los niveles de vida de las familias obreras, con el objetivo central de recomponer la tasa de beneficio que decaía a cada paso. Y ello comprendían era posible lograrlo sin la participación, sin los acuerdos con los dirigentes obreros, los cuales por supuesto exigían y pedían contrapartidas con el objetivo de no perder totalmente el control sobre el movimiento obrero. Las necesidades de los trabajadores eran obviadas a cada paso, pero la burguesía no veía sus aspiraciones satisfechas nunca: siempre querían mayores cuantías del reparto de la tarta de la riqueza nacional para ellos.

Tras la caída de la dictadura, con el sistema capitalista en crisis, la situación objetiva mostro que el gobierno de la burguesía, el gobierno de la UCD, estaba suspendido en el aire, realmente apuntalado por los propios dirigentes socialdemócratas del movimiento obrero, que hacía que todo el gobierno fuera de crisis en crisis, durante todos los años que duro el gobierno de Adolfo Suarez, de la UCD., que nació como un gobierno débil, de crisis en crisis y tuvo su entierro en el aplastante triunfo del PSOE en octubre de 1982, por una aplastante mayoría absoluta.

La política económica de la UCD era de auténtica locura, con una dinámica de políticas inflacionarias, que estimulaban la emisión y circulación de dinero ficticio en sus intentos de poder relanzar la economía, todo ello mezclándolo con políticas deflacionistas de constantes recortes en los gastos sociales y de limitación de la propia circulación monetaria que pudiera combatir el proceso inflacionista.

            En este periodo las direcciones sindicales y políticas de la clase obrera fue propiciando una desmovilización de la clase trabajadora, que provoco posteriormente un periodo de reflujo en el movimiento obrero. Pero una vez que la presión de los trabajadores disminuyo, la presión de la clase dominante sobre el gobierno de la UCD fue en aumento. Los grandes empresarios y banqueros cada vez aparecían más exigente e irritados con Suares y su gobierno, al cual exigían más y más, en sus ansias permanentes de más beneficios para sus bolsillos.

            En aquel periodo, en los momentos más álcidos de la economía, esta crecía a raquíticos 1,5%, cuando no al 0,5%. Y todo ello tenía efectos sociales brutales, con crecimientos del desempleo hasta el 20%. Qué duda cabe que detrás de toda esta situación objetiva estaban los deseos de la clase dominante de buscar UN HOMBRE FUERTE, todo lo contrario de lo que era en realidad Adolfo Suarez. La clase dominante comprendía que tenía la necesidad de provocar un recambio desde dentro de las propias filas de la UCD, en donde rápidamente comenzaron a surgir esas diferencias y la búsqueda del recambio.

            Toda la situación objetiva le estaba explotando a la burguesía en su cara. En ese mismo año, en 1979, se aprobaron los Estatutos de Autonomía de dos de las regiones históricas del Estado español, los de Euskadi y de Cataluña. Aun con las limitaciones y recortes a los derechos nacionales, como el no contemplarse el DERECHO A LA AUTODETERMINACION DE LOS PUEBLOS, ambos Estatutos fueron aprobados en referéndum, no sin una abstención del 40 por ciento de los electores en Euskadi, por ejemplo.

Los dirigentes reformistas, socialdemócratas y entregados a las políticas de pactos con la burguesía, pagaron un gran precio electoral, por su abandono a defender los derechos democráticos de los pueblos. En 1980, en las elecciones autonómicas de Euskadi, el PSOE paso de ser el partido más votado en 1977 a ser la tercera fuerza electoral, pagando así su abandono a la defensa de los derechos nacionales, cediendo su posición hacia el PNV y hacia HB, organización que aparecía políticamente vinculada al nacionalismo de izquierdas de ETA. En este mismo año, 1979, el PSOE perdió igualmente su posición de primera fuerza política en Cataluña, en favor de los nacionalistas burgueses de CiU.

            Paradójicamente la cuestión del Estatuto en Andalucia también polarizo en aquel año toda la vida política del Estado español. Frente a los intentos del gobierno y la clase dominante de otorgar un Estatuto de autonomía limitado para Andalucia, la clase obrera, los campesinos pobres, la juventud y el conjunto de los oprimidos andaluces protagonizaron una gran lucha en pro de un Estatuto por la Vía del artículo 151 de la Constitución, como eran los Estatutos para Euskadi, Cataluña y Galicia, no por la vía del artículo 143 que había sido previsto para el resto de las regiones.

En Andalucia los dirigentes del POSE y del PCE no tuvieron otra alternativa, por la indudable presión de las masas, que ponerse al frente de la lucha por la Autonomía con más reconocimiento de derechos y autogobierno.

            Esta cuestión polarizo toda la vida social en Andalucia, con la convocatoria de movilizaciones de masas pro toda la región, que significo un claro y fuerte enfrentamiento entre las masas y los planes del gobierno del presidente Suarez, que se vio obligado a tener que someter el asunto a referéndum, que se celebró en febrero de 1980 y en donde los trabajadores y la juventud derrotaron claramente los planes de la UCD.

            A pesar del despliegue propagandístico del gobierno de la UCD, que gasto millones y millones en desacreditar las ideas que abrazaron los millones y millones de trabajadores, intentando al menos que hubiera una gran abstención en el referéndum, los planes del gobierno fueron derrotados claramente, a pesar de la represión que el gobierno desato y que provoca el asesinato, el 4 de diciembre de 1979, de Manuel José García Caparros, en Málaga.

            Tras este referéndum el gobierno de la UCD quedo absolutamente desacreditado y suspendido en el aire. Siempre ocurre que cuando el viento de la revolución comienza a producirse, en donde primero se nota es en las copas altas de los árboles. En este sentido la clase dominante comenzó a sufrir nítidamente divisiones profundas, que se vieron concretadas en el seno del propio gobierno de la UCD y que se trasladaban en todos los medios de comunicación de la burguesía. Un día si, y otro también.

            Es en este contexto en el cual el ruido de los sables, de planes golpistas en la cúpula militar, comienza a producirse, con noticias entre sectores de la clase dominante, los oficiales del Ejército, que no habían tenido una limpieza de su procedencia del régimen de la dictadura y como no, de la propia Casa Real, de la monarquía. Juan Carlos I había sido designado rey de España directamente por el dictador Francisco Franco, y ante la total inestabilidad existente en el país, el mismo se puso al frente para intentar reconducir toda la crisis del gobierno de derechas hacia UN GOBIERNO DE CONCENTRACIÓN NACIONAL, dirigido por militares y con la participación de destacados dirigentes políticos no solo de la derecha, sino también de la “izquierda”.

            Como ocurriera en los años 30 en el Estado español, los reaccionarios ponían “Operaciones de Golpes de Estado” en marcha. A pesar de las insistentes y estúpidas afirmaciones del gobierno de la UCD y de los dirigentes socialdemócratas al frente del PSOE, PCE y los sindicatos UGT y CCOO, que afirmaban todos los días “el compromiso con la democracia de los militares”, estos ya habían planeado una intentona, conocida por la “Operación Galaxia” y pusieron en marcha el Golpe del 23 de febrero de 1981, ocupando el Congreso de los Diputados.

            Entre los claramente participantes en el Golpe de Estado 23F, además del que estuvo al frente en la ocupación del Congreso, el teniente coronel de la Guardia Civil, ANTONIO TEJERO, estaban ALFONSO ARMADA, General de División del Ejército de Tierra y que había sido el designado en la conspiración para ser el presidente del Gobierno de Concentración; JAIME MILANS DEL BOSCH, Capitán General de la II Región Militar; RICARDO PARDO ZANCADA. Comandante de Infantería; JOSÉ IGNACIO SAN MARTÍN, jefe de Estado Mayor de la División Acorazada Brunete; JUAN GARCÍA CARRÉS, que figuro de los 30 inculpados como el único civil; estaba por supuesto el Rey JUAN CARLOS I; SABINO FERNÁNDEZ CAMPO, secretario general de la Casa del Rey; JOSÉ LUIS ARAMBURU TOPETE. Director General de la Guardia Civil; JOSÉ SÁENZ DE SANTAMARÍA TINTURE, Inspector General de la Policía Nacional; GUILLERMO QUINTANA LACACI, Capitán General de la I Región Militar; JOSÉ LUIS CORTINA PRIETO, comandante de Infantería y jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales del CESID, el Servicio de Inteligencia (de los menos inteligentes del planeta); JOSÉ GABEIRAS MONTERO, teniente General y jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra; …

            Cualquiera que no quiera creer simplemente en cuentos infantiles sabe que detrás de esta lista estaba la burguesía, los grandes empresarios y banqueros del país, al igual que los servicios de inteligencia de Estados Unidos y otros países. Y nadie en su sano juicio duda de la participación activa y en primera línea de Juan Carlos I, quien dos días antes de la toma del Congreso por parte de la Guardia Civil, en conversación telefónica que ha transcendido públicamente, le contaba a su amante de aquellos momentos, Barbara Rey, que dos días después comenzaba la operación del Golpe.

            Pero es claro que no en todo momento, bajo cualquier circunstancia, los reaccionarios pueden llevar adelante un golpe de Estado militar e implantar una dictadura, con formas mas o menos represivas o con apariencias mas democráticas. Como ocurrió en julio de 1936, un golpe de Estado puede provocar incluso la reacción, mas o menos espontanea incluso de las masas, que oponiéndose a dicho golpe pueden iniciar un proceso de revolución, que no solo imposibilite dicho golpe, sino que ponga en cuestión la propia existencia del sistema socioeconómico que auspicia, fomenta y planea estos intentos de imponer las bayonetas al pueblo.

            En febrero de 1981 hacia a penas 6 años de la muerte del dictador Franco, los efectos sangrientos de la dictadura estaban muy frescos en la memoria de las masas, que no estaban dispuestas a tolerar una nueva dictadura abierte d ellos militares. La crisis económica, social y política del sistema capitalista provocaba aún un fermento de enorme polarización entre las clases y empujaba a los trabajadores a la lucha. Por tanto, no existían condiciones objetivas para que un golpe de Estado pudiera triunfar. Como los marxistas el mismo día calificamos a estos acontecimientos, estábamos ante una “Sanjurjada”, un golpe condenado al fracaso.

            Tal y como había ocurrido en 1932, cuando bajo la Republica el General José Sanjurjo Sacanell (Pamplona, 28/marzo/1872 - Caceres, 20/julio/1936) protagonizó un golpe de Estado, que paso a ser conocido como una “Sanjurgada”, este fue fallido y los reaccionarios tuvieron que esperar hasta 1936 para ejecutar otro, que provoco una guerra civil abierta y que si no hubiera sido por el papel traidor de los dirigentes del Frente Popular, también hubiera sido posible derrotarlo por la lucha de las masas y haber dado pasos serios hacia la transformación socialista de la sociedad.

            Todos aquellos meses estuvieron caracterizados por un ambiente y un clima de enorme polarización social, que no explotaba por la propia cobardía y entrega a las políticas de pactos y más pactos de los dirigentes de la izquierda. En esta situación los dirigentes del PSOE se vieron forzados a presentar una MOCION DE CENSURA al gobierno de la UCD en mayo de 1980. Permanentemente el gobierno de la burguesía pendía de un filo hilo, que amenazaba con romperse en cualquier momento. Adolfo Suarez respondió con un intento de dar algo de cohesión a su gobierno, incorporando al mismo a los propios dirigentes críticos de su partido, la UCD. Pero lejos de solucionar nada, Suarez arrojo más material inflable hacia el interior de su gobierno, que cada vez aparecía como una autentica jaula de grillos, mostrando diferencias internas insalvables. En febrero de 1981 Suarez se vio obligado a dimitir.

            El día en el cual entraron los Guardia Civiles tomando el Congreso estaba prevista la votación para elegir nuevo presidente del gobierno de UCD a Calvo Sotelo. Y todo el mundo era consciente de que la sustitución de Adolfo Suárez por Leopoldo Calvo Sotelo no iba a servir para nada, comenzando por salvar los restos del naufragio que significo la UCD. Leopoldo Calvo Sotelo experimento un brutal desprestigio, de semana en semana, que estaba preparando las condiciones para que el partido de la derecha volara por los aires. Las elecciones autonómicas en Galicia fue un primer pistoletazo de salida, con una derrota clara de la UCD, que acelero su crisis y descomposición interna.

            Casi siempre vemos como estos procesos de crisis en organizaciones de la clase dominante reflejan la existencia de fuertes diferencias en la propia burguesía, en torno a como actuar, ¿Qué hacer ante la situación? Podemos decir que los sectores claves de la clase dominante ya en aquellos momentos habían decidido da por finiquitada la utilidad de la UCD y comenzaban apostar todo al fortalecimiento por una organización claramente de derechas, que nucleaba un antiguo ministro de Franco, Manuel Fraga, que dirigía hasta entonces un pequeño partido, Alianza Popular y que acabaría convertido en el partido de referencia de la derecha, el Partido Popular.

ETA Y LA ULTRADERECHA

En el contexto real de aquellos años debemos entender que es una ley social el hecho de que la pequeña burguesía, que no juega nunca un papel independiente, es la que pasa a jugar un papel aparentemente central en la escena de los acontecimientos en la medida en que la clase obrera se repliega de sus posiciones de lucha.

En el periodo de los años 1979 al 1982 esto estuvo claro. Tras las políticas constantes de pactos sociales de los dirigentes tradicionales, se vio el emerger a primera escena con un crecimiento de las acciones de ETA, por un lado, al tiempo que las acciones salvajes y violentas de las bandas fascista por otro lado.

En aquellos años veíamos en el interior de la banda ETA unos fuertes debates sobre la necesidad o no de abandonar los métodos de lucha armada. Ello era el producto de la situación de la lucha de clases, que estaba en retroceso y el callejón sin salida en el cual se encontraban.

El fenómeno del terrorismo individual, analizado por los teóricos del marxismo, es la demostración de que la situación no aguanta más, pero las masas no logran encontrar el camino en la búsqueda de una salida a los problemas centrales. La pequeño-burguesía encuentra su razón de ser individuales en tales métodos.

Tres factores centrales “justificaban”, POR ASI DECIRLO, la existencia de ETA: la brutal, indiscriminada, represión por parte de los  cuerpos represivos del Estado, redoblados en aquellos años, que hacía crecer el odio hacia estas fuerzas represivas por parte de amplios sectores de la población; el abandono total por parte de las direcciones de los partidos obreros de una defensa clara y nítida de los derechos democráticos nacionales, especialmente en el caso de Euskadi, del derecho a la autodeterminación, lo cual hubiera eliminado los argumentos políticos de los abertzales; y por último la dramática situación social y económica en la que vivíamos, consecuencia de la profunda crisis económica y social del capitalismo español.

En el periodo de los años 1974 al 1077 los atentados de ETA provocaron 63 muertos y en el periodo de 1978-81 fueron 265. Sin embargo, el Estado burgués puede sustituir fácilmente a los individuos, manteniendo la esencia de sus políticas.

Así mismo el terrorismo de las bandas fascista también creció, alimentado por los propios aparatos del Estado burgués, de los sectores mas distinguidos de los sectores fascistas del mismo. En ese periodo no solamente varias decenas de trabajadores murieron a manos de los fascistas, sino que era cotidiano que jóvenes y también miembros de la izquierda abertzale cayeran en manos de esta jauría de las bandas fascistas.

 Agresiones, palizas, atentados eran cotidianos para trabajadores, jóvenes y oprimidos, por parte de estas bandas fascistas, atentos maratones del Capital, que eran compuestos fundamentalmente por hijos de militares, policías, guardias civiles y lúmenes desclasados. Decenas de locales de las organizaciones obreras eran atacados sistemáticamente.

Sin embargo, los dirigentes de las organizaciones obreras tradicionales, lejos de llamar a la lucha, a movilizarse en contra de las bandas fascistas, para en base a la movilización de masas poder aplastar a las bandas fascistas, se limitaban una y otra vez a “llamar a la calma, a no caer en provocaciones”, que solo tenían el efecto de envalentonar a estas bandas fascistas, que por supuesto contaban con el beneplácito y los apoyos de los aparatos policiales del Estado burgués.

LOS GOLPISTAS DEL 23-F

Desde la muerte de Franco España vivía un contexto de constante inestabilidad. Por un lado, asistimos a poderosas movilizaciones de la clase trabajadora, que, ante la falta de una dirección clara, basada en un programa para transformar la sociedad, estas luchas no acababan en un éxito claro frente a los grandes empresarios y banqueros, que continuaban dominando la vida económica del país, como habían hecho najo 40 años de la dictadura militar de Franco.

Pero el ambiente, las luchas de los trabajadores, en cierta forma paralizaban los deseos de la clase dominante de arrasar para sus bolsillos con todo.  La burguesía a cada paso mostraba su debilidad histórica, incapaz de asegurar la tranquilidad social que necesitan para hacer negocios y negocios. En cada paso necesitaban del concurso y apoyo de los dirigentes obreros, de los socialdemócratas del POSE y del PCE, pero sobre todo de los dirigentes sindicales de CCOO y la UGT. En realidad, la situación mostraba una visión absoluta de desgobierno en el país, que arreció con fuerza en todo el año 1980 y así comenzó también en 1981.

Y existe un termómetro, muchas veces fiable, del estado en el cual se encuentra la clase dominante, mirando hacia la Casta de Oficiales del Ejército, que como los oficiales de la Guardia Civil y de la Policía, están plagados de elementos fascistas y reaccionarios, que han sido instruidos históricamente en un odio visceral hacia la clase trabajadora, en un odio hacia las organizaciones obreras, de la izquierda y que en cada etapa son y representan “el brazo armado de la burguesía, de los poderosos”. Es por ello que siempre que la burguesía da síntomas claros de no poder controlar la situación, con “métodos normales”, esta Casta de oficiales del Ejercito se sienten ellos mismo atraídos y llamados al objetivo de “poner orden”, como hipócritamente dicen en cada rincón, “llamados a salvar la patria” de los poderosos, porque “los políticos son incapaces”.

            En realidad, toda la llamada “Transición española” fue un constante manantial de conspiraciones y movimientos golpistas entre los militares, acostumbrados a “mandar con mano de hierro” por décadas bajo Franco. Ya en 1978 el mismo Antonio Tejero y otro oficial de la Guardia Civil, llamado Sáenz de Ynestrillas, muy conocidos por sus ideas fascistas, fueron pillados con la mano en la maza, planificando el Golpe de Estado de la citada más arriba “Operación Galaxia”, que destaco no por ser novedosa, sino sobre todo por el elevado número de oficiales implicados en ella. Una vez detenidos, en unos pocos meses fueron escandalosamente puestos en libertad.

            Y, sin embargo, increíblemente, los dirigentes obreros en vez de organizar y batallar claramente por el conjunto d ellos derechos democráticos, laborales y sociales, especialmente los llamados eurocomunistas del PCE, dedicaban todos sus esfuerzos a asustar a las masas con la cantinela estéril “del peligro de una involución militar, del golpismo”, para asustar a los trabajadores de que no fueran más allá en sus luchas. Con ello justificaban sus políticas cobardes de colaboración de clase, que desarmaba y dejaban atados de pies y manos a la clase trabajadora.

            Es de vergüenza toda la campaña mediática y de los propios dirigentes que en aquellos momentos se decían de izquierdas, como Felipe González, Alfonso Guerra y demás, que aun en día continúen intentando lavar la cara, con alabanzas a Adolfo Suarez y al propio Rey Juan Carlos I, personajes que abandonaron la historia siendo odiados, maldecidos y despreciados por los millones y millones de trabajadores y jóvenes que padecieron sus políticas.

            Adolfo Suarez llego a unto en donde fue aislado dentro de su propio partido, la UCD y por supuesto despreciado por su incapacidad por la propia burguesía española, al igual que por las cloacas del Estado heredado del régimen franquista. Y fueron estos factores lo que le hicieron presentar su dimisión a principios del mes de febrero de 1981, con claros indicios de que habría movimientos para el golpe de Estado. Nadie puede creer que si hasta la vedette Barbara Rey, amante de Juan Carlos conocía del Golpe, ¿como no lo iba a conocer Suárez? En el momento de su dimisión, según encuentras de los medios en aquel momento, el 85% de la población estaba en contra del gobierno de UCD.

            Mientras “sus Señorías” votaban la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno de UCD, decenas de guardias civiles entraron y ocuparon el Congreso de los Diputados, disparando sus metralletas al techo. Sincronizado, el General Milans del Bosch ordenaba y sacaba los Tanques por las calles de Valencia, tomando el control de la ciudad y emitiendo la orden de prohibición de los Partidos y los Sindicatos obreros.

            Comenzó así, de esta forma, el Golpe de Estado más serio, por llamarlo de alguna forma, de todos los que proyectaron durante la modélica Transición, periodo que dejo un auténtico reguero de muertos, a manos de la reacción y las fuerzas represivas, entre la clase trabajadora y la juventud española. Y pueden continuar contándonos mentiras, pero es claro y evidente que todos y cada uno de los jefes Militares estuvieron siempre al tanto, al detalle, de los preparativos del Golpe de Estado, INCLUYENDO EL CIRCULO PROXIMO E INTIMO DEL REY JUAN CARLOS, cuyo consejero y tutor desde su juventud, el General Armada, era precisamente uno de los principales estrategas del Golpe y se había postulado para presidir el futuro gobierno d ellos golpistas.

            Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Incluso que los pulpos son animales de compañía y ponerlos en el jardín. Pero en una situación de enorme convulsión social, con decenas de guardias civiles armados pegando gritos y tiros en el Congreso, si ese personaje que desde joven destaco por sus pleitesías al franquismo, su avaricia por el dinero ajeno, sino hubiera estado implicado hasta la médula, como explicar que Antonio Tejero entrara al Congreso a las 18:30 horas y Juan Carlos no apareciera públicamente, en TV, para decir ni mus sobre el Golpe, ¿hasta que habían pasado las 12 de la noche?

            Es más claro que el agua que el Golpe Militar fracaso, seguro que provocándole un disgusto al monarca y no fue porque el mismo tuviera ningún tipo de convicciones democráticas, ni nada por el estilo. Los sectores fundamentales y claves de la burguesía entendieron que no podían cumplimentar el Golpe, sin provocar una explosión social y que ello encendiera las llamas de la revolución, que podría en cuestión el control y propiedad que ejercen desde siempre de los medios de producción la tierra y los bancos. La “Sanjurjada” de Tejero y los militares implicaba el riesgo de que la clase dominante lo pudiera perder todo.

            Sin lugar a dudas que Antonio Tejero era el elemento menos importante del Golpe. ´detrás de él existían figuras mucho mejor dotadas de visión a medio y largo plazo, entre los que estaba el General Armada, que se había postulado para ser el nuevo bonapartista en el país, con bastante parecido a lo que fue la dictadura de Primo de Rivera en 1923. Y detrás de Armada y Jaime Milans del Bosch, estaba ese vividor llamado Juan Carlos.

            En el periodo posterior al 23F se filtró que antes del Golpe se habían celebrado multitud de reuniones, entre otras una del General Alfonso Armada y Enrique Múgica (entonces un importante dirigente socialdemócrata de derechas del PSOE) donde Mújica coincidía y no descartaba la necesidad de formar un “gobierno fuerte”, incluyendo dirigentes de la UCD, el PSOE y en el cual participaran los militares, como siempre hipócritamente dicen, “para salvar a España”.

            Que ahora Felipe González, entonces secretario general del PSOE, intente limpiar y salvar la cara de Juan Carlos no nos extraña, de este personaje que se mueve en los Consejos de Administración de las grandes multinacionales energéticas del país y que, seguro que estuvo y esta en nominas de agencias tan “democráticas”, como la CIA estadounidense.

            Todo esto solo viene a confirmar que la degeneración política y moral de la Socialdemocracia no es un fenómeno nuevo, ni mucho menos.  Que no solo perdieron las ideas del genuino socialismo, sino que están tan entregados al mantenimiento del capitalismo, que incluso participaron en todos los asuntos reaccionarios de las cloacas del Estado burgués, como luego el propio Felipe González demostró durante su gobierno con la creación, conformación y financiación de bandas reaccionarias como los GAL. Todo ello tuvo enormes consecuencias dramáticas para la clase trabajadora y sus organizaciones tradicionales.

            Al principio la clase obrera española fue cogida por sorpresa por el Golpe de Estado del 23F, pero recuperando sus mejores tradiciones de lucha, de forma espontanea y guiados por sus instintos de clase revolucionarios, en el transcurso de las horas posteriores llegaron a la conclusión de que necesitaban armarse para defenderse de los fascistas, de los golpistas. Este proceso pudimos verlo entre los Jornaleros andaluces, en donde comenzaron a organizarse en grupos de vigilancia para controlar las entradas y salidas de los pueblos, intercambiándose estos jornaleros escopetas de caza y los pocos cartuchos con los que contaban.    De forma muy parecida ocurrió entre los mineros de las cuencas asturianas.

            Y todo ello en medio de los dirigentes del PCE, del PSOE y de los sindicatos, que desde sus direcciones solo hacían “llamamientos a la calma, a la normalidad”, sin proporcionar ningún plan de lucha, ni consignas que ayudaran a organizar a los trabajadores en todo el país. El día siguiente, el 24 de febrero, fue decisivo: los trabajadores en las fábricas, en los centros de trabajo se declararon en huelga y celebraban Asambleas en centenares de empresas, desde Álava, Sevilla, Navarra, Barcelona, Hunosa, Málaga, Gijón, Avilés, Santander, y Madrid). Para el 24 de febrero CCOO en Cataluña preveía convocar HUELGA GENERAL. Para los sectores de la burguesía que aun dudaban, todo ello fue clave para que el Golpe de Estado fracasara.

            El 26 de febrero se convocaron manifestaciones masivas en todo el país, teóricamente convocadas por todos los partidos. Pero la presencia en las manifestaciones era de familias obreras al completo, imprimiéndoles el sello de lucha de la clase obrera contra los intentos reaccionarios de volver a una tenebrosa dictadura. En Madrid una columna de más de un millón y medio de manifestantes, junto a Barcelona con más de medio millón, dejaron claro a la burguesía que por ahí la clase obrera española no pasaba.

            Fue la lucha de los trabajadores lo que hizo “volver al discurso de los valores democráticos” a toda esta pandilla de reaccionarios, con el emérito Juan Carlos en cabeza.

            Tras aquellos acontecimientos, en el mes de mayo de 1981, al gobierno de Calvo Sotelo le estallo en las narices el “escándalo del aceite de Colza”, que supuso un envenenamiento masivo de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, a manos de elementos burgueses ávidos de mayores beneficios, que provocaron la muerte a más de dos mil personas y más de doce mil afectados con secuelas de por vida. Los grandes aceiteros del país, en complicidad con funcionarios del Gobierno, estuvieron detrás de la estafa del adulteramiento del aceite. Este escandalo fue realmente un punto y final para el gobierno agonizante de la UCD y Calvo Sotelo, que además se caracterizó por sus ataques a los derechos democráticos y a los recortes constantes a los niveles de competencias de las Autonomías de las regiones, aprobando para ello en los primeros meses de 1982 la nefasta LOAPA6.

            En realidad, el acontecimiento que puso cierre al mal llamado periodo de la Transición española ocurrió en octubre de 1982, cuando en octubre se convocaron elecciones generales, en donde el hasta entonces partido del gobierno de España, la UCD, desapareció del mapa político español y el PSOE obtuvo una victoria histórica, con mas de 10 millones de votantes y mayoría absoluta.

            Si en vez de dirigentes como Felipe González hubiera existido una dirección genuinamente de izquierdas, la clase trabajadora española podría haber transformado la sociedad casi de forma pacífica. Tras la victoria electoral del PSOE los sectores decisivos de la clase dominante quedaron absolutamente paralizados y nada hubiera impedido que el gobierno aprobara la nacionalización de los sectores fundamentales de la economía, los bancos y entidades financieras, al igual que la expropiación de los grandes latifundios de la tierra en regiones como Andalucía. Una vez hecho esto, se procedería al control de los trabajadores de las empresas, para gestionarlas democráticamente y hacer funcionar todo en base a satisfacer las enormes y crecientes necesidades sociales.

En esa lucha es en la que continua con sus tareas pendientes, la clase obrera, jornaleros, la juventud y los oprimidos de la península ibérica. Es la lucha por un futuro digno y en igualdad.

 NOTAS:

1.-            P.S.O.E.  (Partido Socialista Obrero Español, fundado por Pablo Igelesias, que tuvo tradición marxista y se asentó en las posturas y las prácticas de la Socialdemocracia)

2.-           PCE (Partido Comunista de España, que surgió de una escisión el PSOE en 1921 y que tuvo escasa influencia en España, en donde arraigo como partido estalinista y se mantuvo como minoritario en los años 30, hasta que mediante su participación y dirección en el Frente Popular tomo gran influencia. Durante la dictadura de Franco, en su trabajo clandestino, emergió como el principal partido de la izquierda en España, participando activamente en las políticas de “pactos sociales, que le llevo hasta su cuasi desaparición en los años 80)

3.-           UGT (Union General de trabajadores, el sindicato obrero ligado al PSOE, que mantuvo un papel como principal sindicato de los trabajadores españoles en la lucha por el fin de la dictadura)

4.-           CC.OO. (Comisiones Obreras, organización sindical predominante en el Estado español, surgido del trabajo clandestino de los militantes comunistas en los antiguos Sindicatos Verticales del régimen franquista y que jugo un papel predominante en el movimiento obrero tras la caída de la dictadura de Franco)

5.-           UCD (Unión del Centro Democrático, partido fundado por antiguos miembros de la dictadura militar franquista, liderado por Adolfo Suarez, que pretendían jugar el papel de “partido de centro”.)

6.-           LOAPA (Ley Orgánica de Amortización del Proceso Autonómico), impulsada por la UCD y el PSOE EN 1982. Con esta Ley pretendieron homogeneizar y limitar el ritmo de las transferencias de competencias a las Autonomías, por “la vía lenta”. Fue parcialmente declarada inconstitucional en 1983, tras lo cual el gobierno del PSOE la convirtió en Leu en diciembre de 1983.)

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