ANTE EL COLAPSO Y CAIDA DE KEIR STARMER


UNA NUEVA FASE DE LA LUCHA DE CLASES

 

Por Salvador Pérez

         Estamos asistiendo a un verdadero colapso del liderazgo de “Sir” Keir Starmer, que está a punto de caer estrepitosamente, en un barco inundado por la crisis, que se ha manifestado en el terreno electoral, pero que claramente trasciende al ámbito social y político. El tremendo varapalo electoral de Starmer, de la dirección de derechas del Partido Laborista, en Inglaterra, Escocia y Gales. Desde una lectura marxista, se nos presenta mucho más allá de un simple problema de liderazgo, es todo un síntoma que nos asoma al precipicio de una profunda crisis de representación en términos de clase.

      En este contexto tenemos la obligación de analizar todo el proceso que esta ocurriendo en su conjunto. Es necesario volver a las ideas fundamentales de la teoría marxista, a reafirmarlas en el análisis concreto, con el objetivo de que los acontecimientos no nos pillen por sorpresa, como esta ocurriendo con el conjunto de las tendencias reformistas y sectarias en el movimiento.

        El Partido Laborista esta históricamente ligado a la clase trabajadora, la cual siempre que comienza a moverse comienza expresándose a través del Partido Laborista y los sindicatos. Como explico una y otra vez Ted Grant, el teórico del trotskismo británico, es por ello por lo que “los revolucionarios deben trabajar dentro, fuera y alrededor de las organizaciones de masas porque los trabajadores comienzan a movilizarse a través de sus organizaciones de masas tradicionales y porque fuera del movimiento obrero no hay nada”.     

        Y esto es una ley histórica, que no ha sido suprimida por los acontecimientos que estamos viendo en la actualidad, en donde la dirección del Partido Laborista aparece cada vez más como un brutal aparato burocrático, manejado por las manos de la clase dominante, desconectado de su base social, incapaz de ofrecer alternativas serias, de articular un proyecto coherente, frente a la cada vez más deteriorada, materialmente, condiciones de vida de amplios sectores de la clase trabajadora. 

        Los síntomas también se están mostrando en el terreno electoral, que desde luego anticipa profundos cambios en la situación de la lucha de clases en Gran Bretaña. Estamos a las vísperas de enormes tormentas sociales, para las cuales los marxistas debemos estar preparados.

         En las recientes elecciones celebradas hemos visto el sonado fracaso, en el terreno en el cual los reformistas de derechas siempre dicen sentirse superiores, de la dirección del Partido Laborista, dirigido por el Primer Ministro Keir Starmer, un individuo que perfectamente podría estar en la dirección del Partido Conservador, los tories, el partido de la clase dominante británica.     

        El Laborismo ha perdido más de 1.500 concejales y se ha derrumbado en Gales y Escocia, de lo cual podemos hacer una clara lectura en el sentido de: 

·       El laborismo de derechas ha mostrado su completo fracaso, incapaz de responder desde el punto de vista de los trabajadores a las contradicciones generadas por la crisis del capitalismo británico.

·       La clase trabajadora británica muestra rechazo hacia la derecha del Partido Laborista, cuya dirección es vista y percibida como “gestores del orden social existente”.

DIVISION EN LAS ESFERAS DE DIRECCION DEL LABORISMO: REFLEJO DE LA LUCHA POR EL APARATO Y LOS INTERESES DE CLASE

        Los vientos de la revolución siempre comienzan expresándose, notándose primero, por arriba, ne las "copas altas de los arboles", en la dirección y en la propia clase dominante, que se “divide” en torno a la respuesta de ¿Qué hacer, como evitar una explosión en la sociedad?

         Por tanto, no tiene nada de casual que ante los resultados obtenidos, fruto de las políticas derechistas de la dirección en el gobierno, estemos viendo los inicios de un verdadero motín interno dentro del Partido Laborista, que en última instancia refleja la lucha de clases hacia el interior del partido. En gran medida el Partido Laborista ha sido medio vaciado de su base social, en donde los dirigentes de derechas llevan años intentando desvincular al partido de la clase trabajadora. Pero, como no podía ser de otra forma, como ha expresado los propios resultados electorales, en la clase obrera y la juventud se acumula más y mas cabreo, rabia y frustración ante el sistema y ello en un momento dado se manifiesta también en el interior del partido.

         Aunque por arriba las criticas a Starmer se hacen en torno a “sus errores”, el “estilo de gobierno” o simplemente por “la falta de determinación”, una lectura atenta de la situación no deja de ofrecernos el cuadro de que todo se reduce a una critica ante la entrega total y absoluta de Starmer y su gobierno a los intereses de la clase dominante, por tanto todo tiene una lectura en términos de clase: frente a la política “tibia”, pero en favor de la burguesía, lo que hace falta es una “política clara y firme, en defensa de los trabajadores.

         En el “motín interno” contra Starmer aparecen hoy en primera línea diputados, concejales, cuadros del partido y hasta ministros, que de forma clara están pidiendo la dimisión de “Sir” Keir Starmer. Solo debemos pensar seriamente cual seria el recibimiento de Starmer en una asamblea de trabajadores o de jóvenes, fuertemente castigados por la crisis del capitalismo, sostenido firmemente por el gobierno del laborismo de derechas. Y en el fondo los dirigentes de derechas del laborismo saben que finalmente deberán acudir a la clase trabajadora, porque como ya vemos en los primeros días, una vez sean utilizados y desprestigiados por la burguesía, para llevar adelante sus políticas, serán irremediablemente expulsados del gobierno, siendo sustituidos por los políticos que directamente representan a la clase dominante, los Conservadores.

    Por ahora Starmer ha insistido en que no tiene ninguna intención de dimitir voluntariamente, de marcharse por las buenas. En el Partido hay normas, dificultosas, para echarle por las malas. Pero esas normas en el Partido Laborista están también para "evitar una revolución". No basta conseguir un 20% de firmas en contra del líder actual, sino que, como en una moción de censura en España, tienen que proponer a un candidato alternativo. Y la votación no sería un voto a favor o en contra del líder actual, sino que sería una elección entre mantenerle o cambiarlo por ese otro candidato alternativo. ¿Quien le pone el cascabel al gato?.

      Starmer confia en que la recogida de firmas, para un candidato "alternativo" a él, no sea tarea fácil, pues esos candidatos pueden generar al mismo tiempo bastante rechazo también, lo cual podría provocar que la gente "se tape la nariz" y acabe aceptando que Starmer continue un poco más, como "mal menor". Y es aqui en donde radica la importancia de la defensa de las ideas y de un programa claro de lucha por cambiar la sociedad, no solo a Starmer.

         Pero no tenemos dudas de que a diferentes ritmos, veremos desarrollarse la crisis interna dentro del Partido Laborista. Lo que hoy no está sobre la mesa del debate, lo estará en el próximo periodo, porque la propia supervivencia del aparato burocrático de la dirección del Partido Laborista estará en juego.

         Por mucho que intente despolitizar las críticas y la crisis interna, trasladando todo el debate a una cuestión de personas, finalmente para dar respuesta ante las preguntas, el debate es político y en términos de clase: ¿los problemas son por personas en el liderazgo o son por la necesidad de abordar una política para cambiar la sociedad?, ¿Qué partido laborista es el que la clase trabajadora necesita?

         La actual lucha entre sectores de las elites dirigentes del partido en un momento del desarrollo de la crisis dará paso al verdadero debate: ¿un partido para transformar la sociedad o para gestionar la crisis de un sistema que no representa a los trabajadores?

         Aquellos que desearían que las cosas no vayan más allá del debate de personas, a quien poner al frente de la dirección o del gobierno, pueden seguir haciendo afirmaciones sutiles y de críticas morales, como Jess Phillips, quien en una carta que ha escrito afirma a Starmer que “eres un buen hombre, pero eso no es suficiente”. Claro está, esto lo escribe ahora, después de haber dimitido como PPS  “en protesta por el liderazgo de Corbyn, afirmando entonces que “me resultaría increíblemente difícil continuar como diputada si Corbyn es reelegido líder laborista”.

         Por ahora hemos visto las renuncias de Miatta Fahnbulleh, Alex Davies-Jones, Jess Phillips y Zubir Ahmed, que han supuesto un duro golpe contra el liderazgo de Starmer, que aún se resiste a dimitir, pese al creciente malestar en su propio grupo parlamentario. De hecho toda la situación muestra un Partido Laborista en autentica ruina, con 81 diputados que exigen públicamente la renuncia de Starmer, en donde seis de sus ministros le pedirán dimitir hoy mismo.

         Sin embargo, estas presiones chocan frontalmente con las intenciones de Keir Starmer, quien mientras escribimos estas líneas manifiesta “su intención de mantenerse al frente del Ejecutivo de Londres, haciendo caso omiso a las voces críticas que piden su dimisión y abriendo una guerra interna en el seno del Partido Laborista entre sus aliados y detractores”. (EFE, Londres, 12 mayo).

 ATRAPADOS EN LA GESTION DEL CAPITALISMO

        Las cada vez más fuertes peticiones de dimisión de Starmer se están viendo acompañadas de críticas a las políticas del gobierno, desde donde el laborismo está centrado en gestionar un capitalismo que aparece en crisis por todos sus poros. Algunos críticos de Starmer están haciendo mención a asuntos como los “recortes a presupuestos como los subsidios al combustible para pensionistas y personas con discapacidad”.

         La política de los dirigentes reformistas de derechas en el gobierno en Gran Bretaña es una confirmación absoluta de la afirmación que los marxistas hemos hecho, una confirmación brillante de la tesis marxista, de que “los reformistas en el gobierno son simples gestores del capitalismo, que huyen de cualquier idea de tomar políticas firmes en defensa de la base social que los llevo hasta el gobierno y acaban aplicando a pies juntillas las políticas de austeridad que imponen las clases dominantes en todos los países. Y precisamente son esas políticas aplicadas las que provocan un creciente divorcio entre la base social y los dirigentes reformistas de derechas, como Starmer. En este sentido es la coherencia de la afirmación que algunos críticos a Starmer están haciéndole en estos días, cuando afirman que los votantes, los trabajadores, “han perdido la confianza en él”.

 UNA ALTERNATIVA SOCIALISTA AL SISTEMA EN CRISIS

Durante décadas los marxistas británicos se habían estado preparando, con un sólido y serio trabajo hacia el interior del Partido Laborista, para los acontecimientos que estamos viendo, que reflejan la incapacidad de los dirigentes laboristas para ofrecer una alternativa a las políticas del neoliberalismo, a las políticas llamadas de “austeridad”, que consisten en un gran robo a la mayoría, para transferir los recursos a las balanzas económicas de la clase dominante.

         Si bien Starmer representa la misma ala de derechas, que en su momento represento Tony Blair, hoy el Partido Laborista aparece dividido internamente y frente a esa ala de derechas solo es apreciable “un ala de izquierda moderada”, incapaz también de oponer frente a la derecha del partido un programa genuinamente socialista claro.

         En su momento la tendencia marxista represento un enorme potencial, con influencia real, dentro y fuera del Partido Laborista. Hoy todo el trabajo de construcción de una dirección marxista para los trabajadores británicos debe tener muy en cuenta la construcción de una tendencia marxista dentro del Partido Laborista y los sindicatos. Y el camino está en sus inicios.

        Como explico Ted Grant, para construir  la necesaria dirección revolucionaria que los trabajadores necesitan para luchar con éxito, es necesario construirla en el seno del movimiento obrero. Esto significa que es necesario hacer un trabajo serio en el Partido Laborista. Ted lo explico así: 

        Para los grupos sectarios el problema se plantea en términos sencillos: La socialdemocracia y el estalinismo han traicionado a la clase trabajadora; por lo tanto, debe construirse inmediatamente un partido independiente de la clase trabajadora. Ellos reclamar la independencia del Partido Revolucionario como principio, ya sea que el partido esté formado por dos o dos millones.

        No tienen en cuenta el desarrollo histórico del movimiento de la clase trabajadora, que condiciona las tácticas, manteniendo a la vez principios de los marxistas. Sin tácticas flexibles es imposible ganar o entrenar las fuerzas que deben ganarse antes de que se pueda formar un partido revolucionario.

        Desgraciadamente, el movimiento de la clase trabajadora no avanza en una línea recta. De lo contrario, solo haría falta proclamar desde las esquinas de la calle la necesidad de un partido revolucionario – como ha hecho el SPGB proclamó durante 50 años la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, pero con resultados completamente vacíos.

        Tenemos que empezar por entender a la clase trabajadora y al Labour, el movimiento tal como surge históricamente, con la conciencia determinada por condiciones objetivas, por un lado, y la traición al estalinismo y la socialdemocracia, que para nosotros son factores objetivos, en cambio; y la debilidad de las fuerzas revolucionarias, que también se convierte en un factor importante de El proceso histórico. Cómo superar la debilidad y el aislamiento del movimiento revolucionario, manteniendo intactos sus principios, es la base tarea de esta época.

        ¡Ay! El movimiento de la clase trabajadora rara vez se mueve en línea recta. De lo contrario, el capitalismo habría sido derrocado hace décadas. La traición de la La revolución de la socialdemocracia en 1914-20 llevó a la formación del Partido Comunista Internacional, que estaba destinada como órgano de la Revolución Mundial. El la degeneración de la Revolución y la posterior traición al estalinismo tuvieron su consecuencia de que el proletariado mundial se desorientara”. (“Problemas del Entrismo” - marzo 1959)

        El conflicto en estos momentos este concentrado en las esferas de los círculos de las elites de los parlamentarios y cargos institucionales. Pero el vacío actual, por la falta de participación de la clase trabajadora en este “debate” será llenado. La naturaleza aborrece el vacío y la lucha de clases también.

        En la actual ala de “izquierdas” en el laborismo no hay mucha mejor alternativa que en el ala de “derechas”, que representa abiertamente la lucha del aparato por lograr una “despolitización, una desideologización del laborismo”, en su intento de ser útiles a la clase dominante, evitando el fortalecimiento de un ala izquierda, marxista, en el partido laborista que ofrezca una alternativa de ruptura con el capitalismo.

        El “vacío existente debe ser llenado”. El giro hacia la autoproclamación y hacia el sectarismo de los que hasta hace poco querían ser un factor determinante como “ala marxista” en el laborismo, exige que se comience desde ya un trabajo sistemático serio de construcción de la tendencia marxista en el partido laborista y el movimiento obrero británico.

STARMER SERA MANDADO A LA PAPELERA

        En estos momentos aun Starmer está intentando aferrarse al cargo, como primer ministro y máximo dirigente del Partido Laborista. Para ello está haciendo uso de todos los mecanismos antidemocráticos que internamente pusieron en marcha el sector de derechas, para luchar contra la izquierda en el partido.

         Pero el liderazgo de Starmer no solo esta cuestionado, sino que se basa exclusivamente en el apoyo burocrático que mantiene del ala de derechas, totalmente alejado de cualquier tipo de apoyo de masas, lejos de la movilización social. Esto está muy bien para un partido que ha sido predispuesto para funcionar exclusivamente como maquina electoral. Pero electoralmente también a Starmer le están dando bofetadas por todas las esquinas. Nuevos episodios de crisis están servidos.

         La paz y tranquilidad en el interior del Partido Laborista llega a su final. Es un partido sumido en una fuerte crisis orgánica y en si mismo el Partido Laborista no tiene sentido de ser sino es porque continue reflejando las aspiraciones de la clase trabajadora. Sino no es útil ni siquiera a la clase dominante. La lucha de clases se reflejará cada vez más en el propio partido.

         En las actuales batallas internas entre fracciones de la propia burocracia del laborismo, veremos giros y contra giros de todo tipo. Pero en última instancia somos de la opinión, basándonos en toda la experiencia histórica, que los trabajadores, la juventud, tomara el asunto en sus manos e intentara, en todo un proceso dialectico, “recuperar al Partido Laborista” como instrumento de lucha, la lucha por la transformación socialista de la sociedad.

         Es necesario que el desarrollo de una potente tendencia marxista haga acto de presencia en toda esta situación, en donde la lucha final será resuelta por la lucha entre las clases.

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