ORGANIZAR LA LUCHA CONTRA ABELARDO DE LA ESPRIELLA

        Los estallidos sociales de 2019 y 2021 abrieron un nuevo periodo y ofrecen una referencia para la necesaria lucha

Por:  Editor Blog

    "Se puede juzgar hasta qué punto ha retrocedido el movimiento obrero no sólo a través del estado de las organizaciones de masas, sino también estudiando los reagrupamientos ideológicos en curso y las investigaciones teóricas que han emprendido tantos grupos".   (León Trotsky)

        Cualquier persona mínimamente informada sabe que las elites dominantes no destacan por sus dotes intelectuales de inteligencia, ni por ser precisamente grandes humanistas, dotados de grandes valores de valores morales, sino por todo lo contrario, aunque algunos destacados miembros de esas elites dominantes les guste aparecer socialmente como grandes filántropos. El escritor y dramaturgo francés Honoré de Balzac afirmo una vez que “detrás de cada gran fortuna siempre hay un crimen”.

     Y hablando de crímenes y criminales, estas elites dominantes controlan todo lo fundamental que ocurre en la sociedad, comenzando por las ideas dominantes, que reflejan las ideas de la clase dominante, al igual que también controlan por miles de lazos directos e indirectos todos los resortes del poder del Estado burgués.

      De esta forma, un delincuente que actúa en contra de la propiedad privada de los ricos es considerado un marginado con un problema individual frente al orden social establecido. Mientras, los delincuentes económicos, en cuyo gremio están estas elites de los megáricos, por el contrario, no son marginados, ni tiene que enfrentarse al sistema, al cual pertenece. Estos “delincuentes” son aceptados y tolerados, puestos de ejemplo cotidianamente.

  Por décadas y décadas, todos estos multimillonarios son símbolos de poder económico y ejemplos de éxito empresarial. Y llegamos a la cumbre, cuando en los últimos años han surgido toda una nueva categoría dentro de las elites dominantes: los supermilmillonarios, el grupo selecto de individuos cuyas fortunas personales superan los USD 50 mil millones. “The Wall Street Journal” informa que desde 2024 esta elite de la elite la componen solo 24 personas en todo el mundo, que poseen unas riquezas combinada de más de USD 3,3 billones, más que todo el Producto Interior Bruto de una nación como Francia.

      En Colombia, la lista de los supermilmillonarios que mantienen a la mayoría en una situación de enormes necesidades la encabeza Jaime Gilinski Bacal, con una fortuna de 14.700 millones de dólares. Le siguen a corta distancia David Vélez, con unos US$14.500 millones, Luis Carlos Sarmiento Angulo, con unos US$10.000 millones, Beatriz Dávila de Santo Domingo, con unos US$4.700 millones, …  

    Mientras todos estos vampiros sociales continúen al frente de la economia del pais, dominando la sociedad gracias a ello, los trabajadores y los campesinos colombianos jamás podrán aspirar a unas condiciones de vida dignas y auténticamente humana.

        Es evidente que este tipo de "club selecto" necesita de sus propios representantes políticos, que no tienen porque destacar por honrados e inteligentes, sino modelados a imagen de ese club, precisamente solo deben estar dispuestos “a lo que sea” por y para defender los intereses de las elites dominantes, con los métodos y medios que sean. En el pasado esos representantes estaban, fundamentalmente, en el uribismo, con Álvaro Uribe Vélez como cabeza visible y posteriormente con el hombre gris, Iván Duque. 

        Pero en estos momentos,  mayormente desde el estallido social de 2021, con el uribismo en plena crisis existencial y absolutamente desprestigiado socialmente, han necesitado, y han puesto, a un reaccionario como Abelardo De la Espriella, al cual casi solo se le conoce por haber hecho su fortuna personal como abogado de criminales, de paramilitares asesinos y narcotraficantes, no menos asesinos. Este es, en groso modo, el personajillo que ha sido investido como nuevo presidente de Colombia, el hombre que quiere "destripar a la izquierda (a más de la mitad del pais) y que pretende con urgencia reconstruir a los grupos paramilitares, comenzando en las principales ciudades del pais.

De Petro a De la Espriella: ¿Qué sigue?

        Abelardo de la Espriella asumió la presidencia de Colombia, 7 de agosto de 2026, en ceremonia celebrada en Cali, en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, en una ceremonia caracterizada por un fuertísimo despliegue de seguridad, con medidas especiales y más de 11.100 uniformados, entre militares y policías. El acto, presidido por Honorio Henríquez, recién nombrado presidente del Congreso, que tomó juramento a De la Espriella y le puso la banda presidencial, con la presencia de 2.500 invitados, entre congresistas, autoridades nacionales e invitados internacionales, además de estar acompañado por su esposa, Ana Lucía Pineda y sus cuatro hijos: Lucía, Salvador, Filippo y Francesca.

Asistentes

   Algunos expresidentes colombianos estuvieron presentes, como César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque. Los viejos exponentes de la clase dominante colombiana, que se reúnen para festejar. Juan Manuel Santos y Ernesto Samper no fueron invitados. Y entre las "autoridades internacionales", aquellos que se caracterizan por ser fieles lacayos del imperialismo estadounidense, no faltaron los exponentes reaccionarios de la región: Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), José Antonio Kast (Chile), José Raúl Mulino (Panamá) y Luis Abinader (República Dominicana). 

        Tampoco podía faltar ese gran democrata, que jamás se ha presentado a ninguna elección, el ínclito rey de España, Felipe VI. También asistieron representaciones de Panamá, Curazao, Costa Rica, Honduras, Israel y delegados del Gobierno y Congreso de Estados Unidos, con el Fiscal General interino, Todd Blanche al frente, el Director de la DEA, Terry Cole y el reconocido congresista reaccionario Mario Diaz-Balart.

Como si se tratara de una función de circo, De la Espriella en su primer discurso hablo, por llamarlo de alguna forma, de “la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, al tiempo que anunció “un gobierno enfocado en seguridad, austeridad, descentralización y fortalecimiento de la educación y la salud”. En unas palabras  mal pronunciadas, enfatizó en la importancia de “la reconciliación, la defensa de las víctimas y la protección de mujeres y niños, la implementación de medidas energéticas y económicas estratégicas, del “fracking responsable y eliminación del impuesto al patrimonio” (a los ricos).

Abelardo continuó llamándose "elTigre”, pero a uno su imagen y sus palabras le producía la misma impresión que cuando ve un plato en lo alto de una mesa con una tortilla de patatas hecha semanas antes. Al margen de las palabras, a la galeria, intentando decir algo que ni el mismo creía, nada más pudimos escuchar en el flamante nuevo presidente de la República de Colombia.

El Pacto Histórico, partido del gobierno saliente, no asistió a la ceremonia, sino que también presente en Cali, participo en diferentes manifestaciones populares, mientras que Iván Cepeda estaba en Barranquilla en una concentración. Gustavo Petro tampoco asistió al acto de Abelardo, quien es calificado como  “presidente ilegitimo y agente de los servicios de EE.UU."

"NI REIR NI LLORAR, COMPRENDER"

        El texto que presentamos a continuación es una contribución critica para el debate en las bases del Pacto Histórico en Colombia, para el análisis político en la izquierda colombiana y del conjunto de Latinoamérica.

        La izquierda está aturdida por una enorme paradoja y contradicción: el capitalismo, el sistema económico en el que esta basadas las relaciones de explotación y destrucción de la naturaleza y del propio trabajo humano, está sumido mundialmente en una profunda crisis global, sin duda la más grave de toda su historia. Ello debería haber servido para que se fortaleciera una alternativa anticapitalista, en base a que la experiencia histórica nos muestra la necesidad del socialismo. Sin embargo, las formaciones políticas mayoritarias de la izquierda, como el Pacto Histórico en Colombia, han sido incapaces de aprovechar minimamente estas condiciones objetivas favorables, y se han anclado en el papel de ser "los mejores del capitalismo", defendiendo que desean desarrollarlo en el preciso momento en el que el Sistema hace aguas por todos sus poros. Ello produce resultados nefastos, derrotas e incertidumbres sobre la militancia y los activistas del movimiento obrero.

        Es necesario indicar que en la actual coyuntura el capitalismo se encuentra en una profunda crisis y que como sistema socioeconómico, desde hace ya tiempo agotó cualquier posibilidad de poder ofrecer un futuro a la humanidad. Y sin embargo lejos de extraer las conclusiones de todo ello, los dirigentes del Pacto, con Cepeda y Petro al frente, continúan empeñados en buscar una burguesia colombiana progresista, que en realidad no existe ni puede existir ya, para que desarrolle la economia del pais.

       Desde un punto de vista objetivo estamos en una verdadera encrucijada histórica, en donde el resultado final no está predeterminado de antemano. El resultado que tengamos será el producto de la lucha de fuerzas vivas en la sociedad: la lucha por un lado de la oligarquía y la clase dominante, de los grandes empresarios y banqueros, empeñados en perpetuar su dominio absoluto sobre la sociedad, y frente a ellos y sus lacayos políticos, los trabajadores, los campesinos, la juventud y el conjunto de los oprimidos en el pais, que aspiramos a sacudirnos ese dominio que ejercen las elites, un dominio que es la base material que condena a la aplastante mayoría a condiciones de vida precarias y miseras. 

Existe un creciente ambiente de polarización social, que expresa esa lucha de intereses de clases antagónicas y que se desarrolla a traves de todos los poros de la sociedad. Este es un fenómeno que vemos expandirse en todos los países, en una u otra medida. En Colombia el proceso ha cristalizado también en las ultimas elecciones presidenciales y refleja claramente las tensiones de una lucha por intereses contrapuestos e irreconciliables, entre los oprimidos y los opresores, que finalmente se ha reflejado entorno a las candidaturas de Iván Cepeda por un lado y Abelardo De la Espriella, por el otro.

Los explotadores y opresores basan la acumulación brutal de riquezas en el mantenimiento y profundización cada vez más de condiciones para la mayoría en una absoluta precariedad, en mantener a millones en condiciones de miseria generalizada. Por otra parte es claro que para esta mayoría de la sociedad, bajo las condiciones que impone un reaccionario y caduco capitalismo, el único camino que nos queda abierto es el de la lucha y la movilización, para sacudirnos ese dominio de la clase dominante. La historia nunca se ha desarrollado en línea recta, sino mediante cambios, con avances y también retrocesos, que reflejan las etapas concretas de la lucha de clases, en un desarrollo siempre dialectico.

Durante todo este ultimo periodo lo que hemos visto es esto. La lucha social, los ESTALLIDOS SOCIALES, alumbraron avances, o la posibilidad de los mismos, en favor de los oprimidos. Pero también hay que constatar que en la medida en la que no seamos capaces de asestar golpes decisivos y fundamentales a esas elites dominantes, para consolidar y afianzar los avances, estas elites se reorganizar y preparan la vuelta a un periodo de retroceso y reacción. Una y otra vez intentarán devolvernos al periodo anterior a nuestros avances. Este es el verdadero significado del triunfo de Abelardo.

Después de haber vivido los últimos cuatros años Colombia bajo la esperanza de que el llamado gobierno del cambio podría llevar a cabo las necesarias reformas sociales que necesitamos, en las ultimas elecciones hemos visto (si, con todo el fraude que se quiera argumentar) la victoria de un reaccionario llamado Abelardo De la Espriella, que representa fielmente los intereses materiales de la oligarquía, de la clase dominante colombiana y de sus amos los imperialistas estadounidenses. 

¿Cómo ha sido posible que haya pasado esto en Colombia, después del triunfo electoral de Gustavo Petro en 2022? El gran filosofo Spinoza decía que se trata de “ni reír ni llorar, sino de comprender”. En esta tarea fundamental nos inspiramos para escribir las líneas siguientes, en la esperanza de que Abelardo solo suponga un breve paréntesis y que como fruto de la lucha de clases podamos retomar el camino de la esperanza en la lucha por una sociedad basada en la justicia y la igualdad, de hombres y mujeres libres, en donde los graves problemas sociales que padecemos pasen a formar parte de los recuerdos de cuando existía un Sistema bárbaro, llamado capitalismo.

Desde el principio e incluyendo los cuatro años de gobierno del Presidente Gustavo Petro, había que extraer una conclusión fundamental: no es posible vencer haciendo una revolución a medias, porque ellos nos lleva directamente a una situación peor incluso que antes. Los trabajadores y los oprimidos deben poder derrocar a la oligarquía (a los terratenientes, empresarios y banqueros) con todas las conclusiones, o sino ellos nos derrotaran de forma firme, como la noche sigue al día y la victoria ahora De la Espriella muestra. Por tanto la responsabilidad de que Abelardo este en la presidencia de la Republica no es de las masas, sino de aquellos dirigentes que lo quieren arreglar todo con "acuerdos, pactos y paz social con los poderosos". 

LA LUCHA PARA  NO RETROCEDER, PARA AVANZAR

 El teórico revolucionario ruso León Trotsky escribió el 26 de noviembre de 1926 las “Tesis sobre la revolución y la contrarrevolución”, donde explico como siempre en los procesos históricos las revoluciones, dialécticamente, son seguidas de procesos de contrarrevoluciones, siendo estas antesalas para llevar a la sociedad al retroceso, en una lucha donde estos periodos reaccionarios no logran llevar la situación al punto, previo, al inicio de la revolución. 

La debilidad siempre invita a la agresión. ¡¡Basta de politicas de conciliación de clases que practica la dirección!!

Las bases del Pacto Histórico; los militantes, activistas y luchadores, que lograron obtener los casi 13 millones de votos, deben imponer un genuino programa para luchar por transformar la sociedad, acabando con el oasis de riqueza en el que viven el 1% de los ricos, acabando con las lacras que sufrimos bajo el capitalismo.

El triunfo electoral del Pacto Histórico en 2022 supuso una continuación de los meses de lucha en las calles de las masas colombianas, que protagonizaron el Paro Nacional de 2021, en el cual durante meses enfrentaron a la reacción uribista del gobierno de Iván Duque, casi logrando derribarlo, debilitándolo al máximo, siendo la antesala del triunfo electoral al año siguiente, que llevo a la presidencia de Colombia a Gustavo Petro, quien se convirtió en la práctica en el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia. 

De toda aquella experiencia histórica solo podemos concluir que cualquier avance serio, en línea a implementar los intereses de las masas en la práctica, solo es posible mediante la participación de las masas, las cuales toman en sus manos la lucha por sacudirse las cadenas reaccionarias que sobre sus vidas supone la existencia del reaccionario sistema capitalista. 

De todo ello solo podemos deducir que la propia participación, en la lucha de las masas, solo es posible conseguirla cuando las masas oprimidas vinculan directamente sus esperanzas por mejorar su futuro con la idea de la necesidad de luchar, de superar el capitalismo en si mismo, con la idea de imponer un gobierno de los oprimidos mediante la lucha por la revolución.

         De esta forma dialéctica la participación de las masas se convierte en algo esencial para la lucha social y política para los millones y millones de trabajadores, jóvenes, campesinos pobres y oprimidos por el capitalismo. En la evolución de la propia lucha se genera una sensación de fuerza y empuje que hace que las masas venzan las resistencias de las clases dominantes, abonando el terreno social para los avances producto de la propia lucha. 

Como decimos, todo esto fue confirmado brillantemente en el periodo previo al Paro Nacional colombiano de 2021, y en su desarrollo, que preparo un avance en el terreno electoral, permitiendo la derrota política de la oligarquía y la burguesía colombiana en las elecciones presidenciales de 2022. 

Y es una ley histórica, cuando las masas colombianas llevaron al gobierno, a la presidencia, a la izquierda, si no se proseguía con firmeza y claridad la implementación de un claro programa que diera solución a los problemas fundamentales de las masas, la propia existencia de un gobierno que estas masas identificaban como suyo, llevaría irremediablemente a un periodo y estado de  desilusión, a un aumento de la apatía y retorno a la rutina, fenómenos comunes a todo periodo álcido de post-revolución. 

Los trabajadores, la juventud, los campesinos pobres, las comunidades indígenas y el conjunto de los oprimidos de Colombia necesitan de un análisis con la verdad y solo la verdad de la situación. Ello constituye la única forma de poder preparar la defensa de nuestros intereses y de preparar que podamos avanzar en el próximo periodo. En este sentido la verdad es revolucionaria, mientras las mentiras, las medias verdades, los bulos y mentiras constituyen el arsenal de la derecha, de la extrema derecha, de las oligarquías y la clase dominante. 

En el terreno concreto, para las masas las palabras, las promesas y las frases grandilocuentes sobre democracia, libertad, paz y libertades tienen un significado concreto: pan, comidas en las mesas, condiciones de vida dignas, empleos para poder mantener la existencia de las familias trabajadoras. 

En nuestra opinión, tenemos la obligación política de contestar y celebrar un debate a fondo, con un análisis serio a todos los interrogantes sobre el estado y el papel que ha jugado y juega nuestra clase, nuestras organizaciones y las direcciones en las mismas. Quien no aprende de los errores esta condenado a repetirlo de forma tragica.

Las debilidades y errores políticos del Pacto Histórico, más en concreto de sus dirigentes, nos han traído hasta aquí, a la propia derrota electoral frente a Abelardo de la Espriella, en las recientes elecciones presidenciales. No es posible explicar, ni siquiera argumentando el fraude electoral, que ello haya ocurrido ocultando que desde el gobierno presidido por Gustavo Petro se quedaron en segundo plano la implementación de políticas radicales en beneficio de la aplastante mayoría, de que se alcanzaron “alianzas” con políticos y representantes de las clases dominantes, los cuales continuaron haciendo sus chanchullos bajo el paragua del gobierno del Pacto Histórico. 

En lo fundamental ha sido todo ello lo que ha propiciado, junto a las medias tintas y políticas de promesas de futuro descafeinadas de la candidatura del compañero Iván Cepeda, que por menos de 250.000 votos Abelardo se haya permitido aparecer como vencedor en las elecciones, de presentarse como presidente electo. Ello, claramente, significa que la reacción, la contrarrevolución se está preparando para infringir fuertes golpes a los intereses de las masas, que de nuevo podemos volver a los tiempos oscuros en donde todo activista social, sindical o político de las masas está en peligro de ser destripado, como afirmo De la Espriella en la campaña. 

Y frente a todo ello nosotros necesitamos prepararnos para devolver golpe por golpe, que os previstos ataques contrarrevolucionarios, aunque serán dolorosos, nos permitan protagonizar un nuevo “despertar” de la lucha de clases, de la lucha de los oprimidos de Colombia por conquistar el futuro que merecemos. 

En este sentido necesitamos revaluar cual es y debe ser el papel de nuestra dirección, de nuestra organización, permitiéndonos corregir, sustituyendo o reemplazando todo aquello que no esté a la altura de las necesidades. Ello es la única forma para poder consolidar y asegurar las conquistas logradas, dando la batalla completa por lograr todas aquellas pendientes de ser implementadas. 

Es evidente, con los propios datos de las elecciones en la mano, que estas han reflejado también un estado de ánimo anti-establishment que se ha extendido en la sociedad, junto a una clarísima polarización en términos de clase. Esta situación no es exclusiva de Colombia, sino que podríamos hablar de procesos parecidos que se han extendido a nivel mundial. 

Con todos los elementos que queramos condicionar, matizar y relativizar, los dos candidatos que quedaron para la segunda vuelta de las presidenciales en Colombia han sido vistos por las amplias masas como dos candidatos de los partidos tradicionales, que en una u otra forma no dejan de representar a sectores de la oligarquía y las clases dominantes, aún a pesar de representar dos polos opuestos, operan desde dentro de los límites y márgenes del sistema capitalista. 

Dicho esto, debemos comprender que fundamentalmente la clase obrera colombiana se ha expresado electoralmente a través del Pacto Histórico, con su candidato Iván Cepeda, visto como una continuación del gobierno saliente de Gustavo Petro. Los 12 millones de votos permiten, claramente, trazar una ruta de resistencia al programa más que previsible de Abelardo de la Espriella, que será de ataque a fondo de los intereses de las familias trabajadoras. Que además de resistir podamos organizar una respuesta contundente a Abelardo, más que en el terreno de las posibilidades y el ambiente entre las masas, es algo que está determinado por el papel que pueden o quieran jugar los propios dirigentes del Pacto Histórico. Es necesario como el agua que la mayoría de ellos, que han destacado durante toda la campaña electoral por sus contradicciones y falacias, no cuestionando en ningún momento el Sistema capitalista, sino que por el contrario han buscado inútilmente algo que no existe, una cara progresista del capitalismo. 

Con todos los cantos de sirena de todos aquellos que nos quieren decir que los “ciudadanos tenemos el gobierno que nos merecemos”, que en última instancia solo pretende colocar la responsabilidad del avance de la extrema derecha en las masas, la verdad es que aquí lo que vemos es que en realidad la victoria electoral de Abelardo, más allá de las injerencias y fraudes por parte de los Estados Unidos e Israel, denunciados públicamente por los dirigentes del Pacto Histórico, es a todas luces una victoria pírrica, extremadamente débil, por menos de 250000 votos. Abelardo no logro ni siquiera al 50%, una ventaja inferior al 1%, que hace que su hipotético gobierno nazca herido de muerte, que se posesione en un ambiente y situación de crisis, de la cual no saldrán. 

A propósito de la derrota electoral de los continuadores del gobierno Petro y la victoria de la reacción, que representa totalmente un proceso dialectico, deberíamos tener muy en cuenta las ideas que León Trotsky escribió en su texto inacabado titulado “Clase, partido y dirección”, escrito en 1940 tras la derrota de la clase obrera española, publicado en “New International”, que es un serio análisis de las relaciones dialécticas entre la clase obrera, su partido de vanguardia y su dirección, en donde finalmente se convierte en esencial la falta de un liderazgo revolucionario sólido. 

En el citado texto León Trotsky escribió: 

“Existe un viejo dicho que refleja la concepción evolucionista y liberal de la historia: un pueblo tiene el gobierno que se merece. La historia nos demuestra, no obstante, que un solo y mismo pueblo puede tener durante un período relativamente breve, gobiernos muy diferentes (Rusia, Italia, Alemania, España, etc.) y además que el orden en que éstos se suceden no tiene siempre el mismo sentido, del despotismo hacia la libertad, como creen los liberales evolucionistas. El secreto de este estado de cosas reside en que un pueblo está compuesto de clases hostiles y que estas mismas clases están formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas a otras y que tienen diferentes orientaciones. Y además, todos los pueblos sufren la influencia de otros pueblos, compuestos a su vez de clases. 

Los gobiernos no son la expresión de la "madurez" siempre creciente de un "pueblo", sino el producto de la lucha entre las diferentes clases y las diferentes capas en el interior de una sola y misma clase y, además, de la acción de fuerzas exteriores -alianzas, conflictos, guerras, etc.-. Hay que añadir que un gobierno, desde el momento en que se establece, puede durar mucho más tiempo que la relación de fuerzas del cual ha sido producto. Es a partir de estas contradicciones históricas que se producen las revoluciones, los golpes de estado, las contrarrevoluciones. 

El mismo método dialéctico debe emplearse para tratar la cuestión de la dirección de una clase. Al igual que los liberales, nuestros sabios admiten tácitamente el axioma según el cual cada clase tiene la dirección que merece. En realidad, la dirección no es, en absoluto, el "simple reflejo" de una clase o el producto de su propia potencia creadora. Una dirección se constituye en el curso de los choques entre las diferentes clases o de las fricciones entre las diversas capas en el seno de una clase determinada. Pero tan pronto como aparece, la dirección se eleva inevitablemente por encima de la clase y por este hecho se arriesga a sufrir la presión y la influencia de las demás clases. 

El proletariado puede "tolerar" durante bastante tiempo a una dirección que ya ha sufrido una total degeneración interna, pero que no ha tenido la ocasión de manifestarlo en el curso de los grandes acontecimientos. Es necesario un gran choque histórico para revelar de forma aguda, la contradicción que existe entre la dirección y la clase. 

Los choques históricos más potentes son las guerras y las revoluciones. Por esta razón la clase obrera se encuentra a menudo cogida de sorpresa por la guerra y la revolución. Pero incluso cuando la antigua dirección ha revelado su propia corrupción interna, la clase no puede improvisar inmediatamente una nueva dirección, sobre todo si no ha heredado del período precedente los cuadros revolucionarios sólidos, capaces de aprovechar el derrumbamiento del viejo partido dirigente. La interpretación marxista, es decir dialéctica, y no escolástica, de las relaciones entre una clase y su dirección no deja piedra sobre piedra de los sofismas legalistas …” 

El papel de los reformistas - progresistas en Colombia y el mundo

         Tras cuatro años de gobierno del Pacto Histórico, que despertó y cosecho un enorme apoyo social del conjunto de los oprimidos de Colombia, en la medida que prometía llevar adelante un programa de mejoras sustanciales en las condiciones generales de vida de las masas, estas apreciaron en el terreno concreto de la práctica, que acaba convertido en el decisivo, que aunque el Pacto Histórico desde el gobierno pretendía, decía, querer mejorar las condiciones de la clase obrera, con medidas como aumentos en los salarios y la aprobación parcial de la “reforma laboral”, la política reformista choco con los límites de la propia existencia del capitalismo colombiano, demostrando los limites objetivos que impedían implementar el resto del programa, que era bloqueado por las elites mediantes argucias institucionales o legales. 

Durante toda la campaña electoral de Iván Cepeda este nunca tuvo respuesta clara y contundente a esta contradicción objetiva, ofreciendo más política de “consensos y actos con la oligarquía”, la misma política que había demostrado su bancarrota para cumplir con los objetivos de satisfacer las demandas de las masas colombianas. 

Los resultados del 8 de marzo parecían ofrecer un panorama de optimismo a los dirigentes del Pacto Histórico. El partido obtuvo la mayor votación para un partido en unas legislativas, desde la llamada “reforma política de 2002”. 

Estas consultas presidenciales consolidaron de forma firme a Iván Cepeda cómo candidato de toda la izquierda colombiana, aun a pesar de que hubo diversos intentos desde dentro del “establishment” de utilizar la oportunidad para presentarse como alternativa interna, en lo que llamaban una “corriente de centro izquierda”, como fue la proyección que hicieron de individuos como Roy Barreras. 

En toda esta situación la dirección del Pacto Histórico no respondió a una pregunta central de las masas: ¿Cómo consolidar y avanzar decididamente en un programa de cambio de la sociedad colombiana? 

               Gustavo Petro e Iván Cepeda: necesitamos que las bases, la clase obrera y la juventud sean escuchados, defendiendo frontalmente sus intereses.

        En estos momentos decisivos y fundamentales, en vez de ofrecer un claro programa de transformación social, los dirigentes del Pacto Histórico comenzaron a dudar, a vacilar, a querer remarcar que eran mayores defensores del capitalismo, mas incluso que los propios capitalistas. Ivan Cepeda y la mayoría de los dirigentes del Pacto Histórico se instalaron en un discurso en el cual decían querer modernizar el capitalismo colombiano, al tiempo que plantearon la incorrecta idea de que el partido iba a vencer en la primera vuelta, basándose en meras encuestas de tendencias electorales. 

        Aunque tenemos que decir que esa posibilidad estaba al alcance de las manos, sobre todo y ante todo si el Pacto Histórico desplegaba un claro programa de ruptura con el podrido capitalismo y planteaba una lucha abierta por la transformación de la economía y la sociedad en términos de clase, en beneficio de los trabajadores, los campesinos pobres y el conjunto de los oprimidos de la sociedad. 

       Pero precisamente este es el punto en el cual los dirigentes del Pacto Histórico, como reformistas, dicen ser progresistas, flaqueaban abiertamente: en vez e explicar la idea de luchar por cambiar la sociedad, los dirigentes se arrinconaron bajo el paraguas de un pretendido capitalismo progresista, que no existe en realidad, confiando plenamente en que la débil recuperación económica del capitalismo colombiano, tras la pandemia, junto a las reformas limitadas que se lograron bajo el gobierno Petro, ello sería suficiente para ganar las elecciones.

         Debemos insistir, que pese a la idea “romántica” de como lo ven los reformistas, los cuales siempre se deslumbran por las etiquetas y los términos grandilocuentes de “democracia, libertad, paz,…”,  para las masas todo ello tiene sentido en la medida en que suponga al menos mejorar significativamente las condiciones materiales de vida existentes: ¿libertad está muy bien, pero esta debe comenzar con la posibilidad de poder poner alimentos en la mesa para que la familia pueda vivir, tener posibilidad concreta y real de tener asistencia médica cuando caemos enfermos, o garantizar una educación digna a nuestros hijos, que podamos vivir bajo un techo digno,…? 

        Y la aplastante mayoría de la sociedad, los trabajadores, los jóvenes en las Comunas, los campesinos empobrecidos, los indígenas, los oprimidos de Colombia, saben que todo ello deja de ser viable para la aplastante mayoría de la sociedad en la medida en que esas necesidades chocan con la sed creciente de los multimillonarios, como los Jaime Gilinski Bacal , David Vélez, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Beatriz Dávila de Santo Domingo, Alejandro Santo Domingo, Andrés Santo Domingo, Vera Rechulski Santo Domingo, … que mantienen en la miseria a la población para ellos seguir amasando cientos de miles de millones de pesos en sus cuentas bancarias. 

          A pesar de los grandilocuentes discursos “progresistas” desde el gobierno de Petro, con este a la cabeza, lo que en la práctica ha comprobado la aplastante mayoría de la población es que, pese a que las prometidas reformas se atascaban, eran bloqueadas en los organismos por los representantes de las elites dominantes, desde el gobierno del cambio no se planteó ni una sola medida que en la practica tocara el poder real de estas elites dominantes.

         Por mucho que se empeñen los reformistas, al final todo consiste en una lucha a tumba abierta entre los intereses materiales de la oligarquía y la burguesía frente a los intereses materiales de las masas. Y en ello el reformismo siempre coge el camino de Enmedio, que pretende buscar acuerdos con los poderosos para que concedan algunas migajas a las masas, cosa que rara vez logran, porque hablando claro, la clase dominante no está dispuesta a repartir nada de sus abundantes y crecientes beneficios y riquezas opulentas.

          Y tenemos que decir que fue, y es, nefasto el empeño de Iván Cepeda y la mayoría de la dirección del Pacto Histórico, la misma política que practicaron como dirección del Polo Democrático, en querer presentarse a cada paso como los mayores y mejores defensores de un pretendido, e inexistente, “capitalismo progresista”, más defensores publicamente del  capitalismo que la propia clase dominante, que sabe el papel de freno social y económico que juegan. 

        La oligarquia, los grandes empresarios y banqueros son plenamente conscientes de su papel reaccionario, como freno absoluto de la sociedad, y por ello intentan, cuando pueden, ocultar ante las masas sus repugnantes riquezas, manchadas de explotación, sudor y sangre de los trabajadores.  Cepeda en sus propuestas no cuestionaba en ningún momento esas riquezas de unos pocos, sino que permanentemente hablaba de "reunirse y acordar" con las elites, en “Mesas de Acuerdos nacionales”. 

        Podemos asegurar, sin ningún tipo de dudas, que jamás los oprimidos verán avances sustanciales con esa politica de pactos sociales, que solo sirven y han servido para que los trabajadores paguen las facturas de los pudientes.

     Esta politica de la dirección de pretender querer “reformar progresistamente el capitalismo” no cae del cielo azul, ni mucho menos. Es el producto de una visión política procedente del pasado, cuando el capitalismo internacionalmente aun podía jugar un papel progresista en la medida en que desarrollaba las fuerzas productivas, la economía y la sociedad. Pero ahora el capitalismo es AUSTERIDAD, CRISIS, ATAQUES SOCIALES Y LABORALES, GUERRAS IMPERIALISTAS, MISERIA Y DESOLACIÓN PARA LA APLASTANTE MAYORIA DE LA POBLACION EN TODO EL MUNDO, COMENZANDO POR EUROPA Y CONTINUANDO POR PAISES DE ECONOMIAS ATRASADAS, COMO COLOMBIA.

         Los intentos de los reformistas de convertirse en los mejores gestores del capitalismo, un Sistema socioeconómico que es absolutamente reaccionario, que representa un obstáculo absoluto para el avance progresivo de la sociedad, impidiendo el desarrollo de las fuerzas productivas, y junto a ellas de la sociedad misma, están condenados al fracaso, como vemos en todos los países y hemos comprobado en los últimos cuatro años en Colombia.

       Lejos de extraer las conclusiones pertinentes de todo ello, planteando un programa claro de lucha, para cambiar la sociedad, expropiando la riqueza que acumulan los vampiros de la clase dominante, como la única forma de poder satisfacer las necesidades de la aplastante mayoría de la población, la dirección del Pacto Histórico se empeñó en presentar a Iván Cepeda como a un “candidato institucional”, continuador de la política del gobierno Petro en su idea de los “acuerdos nacionales con todos”, esto es con esos mismos vampiros y sus propios representantes políticos, como el alicaído uribismo.

      Frente a todo ello fue emergiendo Abelardo, quien transmite la misma impresión que puede transmitir una tortilla de patatas hecha semanas, pero que baso su campaña como un “outsider”, dispuesto a “romper las reglas para salvar al país”. Curiosamente la dirección del Pacto Histórico dejo a Abelardo aparecer como el “antisistema”, cuando precisamente el éxito de la campaña de Gustavo Petro en 2022, cuando fue elegido presidente, fue precisamente porque era visto como el representante de la izquierda, el representante de la ruptura con el establishment político colombiano.

      Como los marxistas habíamos previsto por anticipado, la política estratégica de la campaña de Cepeda de apelar una y otra vez “al centro y a sectores progresistas de la derecha”, abandonando definitivamente la idea de una constituyente, fue la puntilla final para la derrota de Cepeda, quien llevo con sus pretendidas ideas progresistas y reformistas a convertir al Pacto Histórico del “partido del cambio”, al partido de la institucionalidad colombiana.

         Los reformistas, que gustan de llamarse “progresistas” han ido de error en error en sus acciones: el pasado enero Petro correctamente desafío a la Administración reaccionaria estadounidense de Donald Trump, que dejaba implícita incluso una confrontación militar. Y ello cosecho un gran apoyo social frente al imperialismo. Sin embargo, acto seguido vimos como Gustavo Petro acudió a la Casa Blanca a reunirse con Trump, al cual infantilmente pretendía convencer con argumentos, datos e ideas, entre otras cosas de que los EEUU no intervinieran en el proceso electoral colombiano.

     Como era lógico deducir, esta idea era lo mismo que el buen hombre que intenta convencer a un tigre que en vez de suculenta carne, como lechugas. Las predicas de Petro tuvieron los mismos efectos en Trump que tendría esos intentos de convencer al tigre de comer verduras: Los imperialistas en Washington hicieron un “alto el fuego en su campaña contra Petro, en espera de los resultados de la Primera Vuelta. Acto seguido Donald Trum para la Segunda Vuelta anuncio a bombo y platillo su apuesta de apoyo por Abelardo de la Espriella. ¿Alguien con un mínimo de seriedad política podía pensar que ocurriría otra cosa?

     Ante esta situación se imponía la defensa de un claro programa antiimperialista, que llegara de forma nítida hasta el ultimo trabajador, joven, campesino pobre, indígena y oprimido de Colombia. Pero de nuevo vimos a los dirigentes reformistas recurrir a argucias y argumentos “de legalidad institucional y morales” frente a la situación, en vez de llamamientos claros y radicales a las masas. 

        Aun, después de “reconocer la victoria de Abelardo” los dirigentes del Pacto, con Cepeda al frente, continúan argumentando la “ilegalidad de la elección por la ciudadanía estadounidense De la Espriella, y aun vemos a Gustavo Petro hablar de la pretendida “deshonestidad de Trump”. Tenemos que recordar a los reformistas que una de las lecciones fundamentales de toda la historia, en particular de Latinoamérica, es que jamás la política del imperialismo ha estado condicionada por argumentos morales o legales, como vimos incluso en la implementación de dictaduras militares país por país, por décadas, con Pinochet en Chile apoyado por la CIA, la dictadura militar argentina, o los propios gobiernos de Álvaro Uribe en Colombia.

          La situación objetiva impone no denuncia legales sobre la ciudadanía de Abelardo, sino atacarlo políticamente como lo que es: un lacayo del imperialismo norteamericano que persigue imponer políticas diseñadas para poder explotar más ampliamente a la clase obrera colombiana con el único objetivo de acumular más fortunas, llenando aun mas las arcas de los cómplices estadounidenses en Colombia, la mayoría de los cuales residen en Miami.

           Y llegados a este punto debemos de valorar también en la situación que pese a todos los errores de la dirección reformista del Pacto Histórico, sin una nítida política de lucha social, en la Segunda Vuelta de las presidenciales lograron el apoyo de casi trece millones. Ha sido, en cierta forma, una derrota relativa, cuyo resultado debería poder hacer posible fortalecer una dirección que conecte, se funda socialmente con los intereses de los oprimidos y podamos dar una batalla a cada ataque que plantee Abelardo desde el Gobierno. Estas batallas deben poder prepararnos para ganar la guerra.

       Y aunque la victoria de Abelardo se haya producido, la clase dominante y el imperialismo no dejan de mirar el próximo periodo con profunda preocupación. Hay victoria que saben a derrotas, y esta es una de ellas. El gobierno de las elites, del imperialismo, representado por De la Espriella nace tocado y se sumergirá en la crisis, que podrá provocar su caída, a los primeros vientos del florecimiento de la lucha de clases en Colombia, que por otra parte es la perspectiva que debemos de tener en mente.

         Abelardo de la Espriella en marzo estaba proyectado con uso resultados en encuestas en torno al 33%. En aquellos momentos aun la proyección social del Pacto Histórico no era tan elocuentemente como la de un partido del establishment. Insistimos, en ello radicaban las grandes posibilidades de que el Pacto Histórico pudiera recibir el apoyo activo de la creciente polarización social existente, que denota y expresa rabia y frustración con la situación existente.

         Ello significaba que la dirección debía tomar el camino de canalizar esa rabia social en contra de las instituciones, que habían bloqueado por años las reformas sociales. Y ello solo se podía hacer con un programa militante y de lucha social claro y nítido: es claro que ello incluía la lucha contra el apoyo imperialista de los EE. UU., de Trump, a un retorno de la reacción en Colombia, en la figura de Abelardo. 

Como los reformistas en esencia son incapaces orgánicamente de entablar cualquier lucha seria y hasta sus últimas consecuencia en contra de las clases dominante y el imperialismo, la candidatura de Cepeda no paso jamás de las criticas legales y morales a Abelardo, dejándolo aparecer como el hombre que quería romper con la situación existente.

 UN "TIGRE" CIEGO E IGNORANTE

        La oligarquía colombiana piensa que en la figura de un personaje siniestro como Abelardo de la Espriella tiene a un hombre que podrá ejecutar sus planes, sus proyectos de recortes y ajustes, lo cuales necesitan de una forma casi desesperada para afrontar la situación de la DEUDA NACIONAL, que está ubicada en el 65% del Producto Interior Bruto, con un DEFICIT FISCAL del 5.8%. Sin embargo, de entrada, el gobierno de Abelardo nace sin ningún tipo de autoridad social real. Los propios resultados electorales lo deslegitiman para afrontar ataques serios a la mayoría: De la Espriella gano con apenas la voluntad del 37% del electorado.

          El propio Abelardo ya sabe, junto a la clase dominante, que conformara un gobierno que estará suspendido literalmente en el aire ante cada medida que quiera tomar, que lo expondrá peligrosamente a colapsar y caer: si desea imitar la política de Javier Milei, su “motosierra y recortes” puede romperse de forma rápida, fruto de las movilizaciones y la lucha social. Algunos en los Consejos de Administración de las grandes empresas y bancos están recordando los últimos meses del gobierno de Iván Duque y al ESTALLIDO SOCIAL al cual se enfrentó en 2021.

         Por otra parte, a Abelardo le exigen las elites poner fin a los programas de reformas, a los programas sociales, aprobados por el gobierno Petro. Pero también son conscientes de que ello también encenderá la llama de la lucha social, en una sociedad extremadamente polarizada. Pero sino actúa contra esas reformas, será la oligarquía la que ponga en cuestión la utilidad del gobierno de Abelardo. La clase dominante necesita de Abelardo solo como instrumento para poder romper el verdadero nudo gordiano de la situación, lo que hace que el gobierno que entra este 7 de agosto, “camine por donde camine, vera ante sí el precipicio”.

         El autollamado “Tigre”, por mucho que haya pretendido rechazar la política de los partidos tradicionales del sistema, incluyendo por supuesto al uribismo, que se encuentra bajo sus mínimo históricos, en realidad no deja de ser un torpe, ciego e ignorante, formado en las entrañas y los ambientes de la oligarquía, en el paramilitarismo, el narcotráfico y las ollas de corrupción.

         El mismo Abelardo fue abogado defensor de Álvaro Uribe Vélez y recibió grandes sumas de dineros de los paramilitares mediante su Fundación Iniciativas para la Paz. En la zona norte fue apoyado firmemente por la familia Char, que a través de la gobernación y el Partido Cambio Radical, controlan la región Atlántico (Barranquilla). Aunque populistamente quiso marcar distancias con todo el establishment político, es obvio que Abelardo siente autentica admiración por figuras siniestras de la derecha como Uribe Vélez.

         Dice un refrán que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Abelardo se postuló como "candidato outsider", pero quiere gobernar con los métodos y la inspiración de las elites dominantes, con "mano de hierro" para imponer el programa que le dicta la oligarquía, que durante los dos últimos años ha estado haciendo una constante agitación por la aplicación de una política de recortes presupuestarios y sociales

        Y en ello no existe nada nuevo bajo el sol. Mientras Abelardo afirma que "gobernará a para todos", la única verdad es que su politica esta inspirada, desde el primer día, en una constante promoción e imposición de la llamada "austeridad económica", que no es otra cosa que recortes sociales, laborales. En la medida en que pueda no dejara piedra sobre piedra de las reformas y medidas aprobadas estos cuatro años últimos por el gobierno Petro.

       En las últimas semanas, viendo la enorme presión social que se esta acumulando, Abelardo ha tenido verbalmente que dar media vuelta en algunas de sus ideas, como cuando afirmo que su objetivo era “destripar a la izquierda”, para mas tarde decir que solo quería “destripar la ideología de izquierdas”. Ante el resultado electoral del Pacto Histórico, igualmente paso a afirmar que respetaría y daría garantías a Cepeda para hacer oposición, aunque previamente había afirmado que llevaría a la cárcel a Gustavo Petro y a Iván Cepeda. No hace falta mucha imaginación para saber que si eso quiere con los dirigentes más reconocidos de la izquierda, lo que desea hacer a las masas es pura politica de terror.

        De forma casi matemática, en todo proceso de revolución y contrarrevolución siempre aparecen las voces de los que sin perspectivas de lucha que ofrecer introducen en las filas de los trabajadores y la juventud más luchadores la idea que pretende "meter miedo" en la mente de los oprimidos, asuntando con los espectros de la violencia, el derramamiento de sangre y la "inevitabilidad de la guerra civil". Esto estamos viendo que esta haciendolo un sector de los dirigentes del Pacto Histórico, lo cual constituye un nuevo y tremendo error, ya que en vez de prepararnos para la lucha contra Abelardo, nos intentan convencer de que no debemos de luchar.

        Estas eran las ideas durante la revolución rusa de 1917 de Kámenev y Zinoviev, que hablaban exactamente de lo mismo en visperas de la insurrección de Octubre para oponerse a que los trabajadores tomaran el poder. Son las mismas ideas que durante años esgrimió individuos como Heinz Dieterich, junto a los reformistas en Venezuela, para que Hugo Chávez no fuera más lejos en la lucha por el socialismo, ejerciendo de freno a la revolución venezolana, con las consecuencias que ahora vemos.

        La única politica que da alas a los reaccionarios en Colombia, con Abelardo al frente, es aquella que intenta contener la lucha de los oprimidos a los marcos de la existencia del capitalismo colombiano, el sistema que nos condena a las terribles condiciones materiales de existencia en las que vivimos. La única politica seria para extirpar la violencia en Colombia es plantear un claro programa de expropiación de la oligarquia en su conjunto (terratenientes, empresarios y banqueros), que son los mismos que financian y controlan los grupos paramilitares y mafiosos en todo el pais.

        Ahora bien, existe otro argumento "favorito" de los reformistas, que siempre vemos junto al de "asustar con el coco de la violencia". Este segundo argumento lo vimos ampliamente desarrollado en la llamada Transición española, y más recientemente en la revolucion venezolana: estos reformistas nos dicen a menudo "que es necesario ganar a la clase media, al "centro político" y, por tanto, no debemos ir en dirección a atacar al capitalismo. Debemos decirles con toda sinceridad que la primera mitad de este planteamiento es correcto, pero que contradice de una forma directa a la segunda parte: es posible y es necesario ganar a una gran parte de la clase media para la lucha de los trabajadores, pero nunca lo lograremos si aceptamos la política de los reformistas de limitarnos a los margenes del capitalismo, que solo logra alienar a las masas de la pequeña burguesía, empujándolas a los brazos de los contrarrevolucionarios.  Y lo que llaman Centro politico no es otra cosa que la sombra politica de la burguesía, a la cual intentan dar voz estos de "centro", que solo se representan a si mismos.

            Por muy torpes, necios e ignorantes que sean, que sin duda lo son, los estrategas de la clase dominante colombiana comprenden perfectamente los peligros latentes en la situación, que no solo tienen referencias al panorama interno colombiano, sino que enlazan con la creciente crisis del capitalismo mundial, que enfrenta una tendencia hacia la subida inflacionaria y que comenzando en el corazón del propio imperialismo norteamericano, se gesta una profunda recesión de la economía mundial, que arrastrara a todos los países: la política armamentística y las guerras como las de Irán son verdaderas parteras de esta situación en la que entramos.

         De la Espriella seguramente se está mirando en el espejo de Argentina ahora mismo, con el gobierno de Milei sometido a constantes presiones desde las elites y el imperialismo, por un lado, y por otro a una creciente marea de movilizaciones sociales y laborales, que amenazan constantemente el conjunto de la estabilidad política en el país.

         De la Espriella es consciente de que su presidencia estará marcada desde el comienzo por una enorme turbulencia en toda la situación social y política, que si prende en un estallido social lo podría mandar al baúl de los recuerdos de forma rápida. Estamos convencidos de que un frio sudor corre ya en estos momentos por las frentes de los principales estrategas de la clase dominante y del imperialismo, que mirando hacia Abelardo apuestan a cuál breve puede ser su presidencia.

ORGANIZARNOS, ORGANIZARNOS Y ORGANIZARNOS … PARA LUCHAR, RESISTIR Y COMBATIR  AL GOBIERNO DE ABELARDO

         Los llamados progresistas, los dirigentes reformistas que por ahora controlan el Pacto Histórico, desperdiciaron oportunidades históricas, como las que les brindo la victoria electoral de 2022, continuación y fruto del estallido social vivido un año antes en las calles de Colombia, que creo una situación prerrevolucionaria en el país, que debilito y puso en retirada a la derecha uribista, que desde entonces no han levantado cabeza.

         
        En vez de basarse en la fuerza de la movilización de las masas colombianas para imponer las reformas en la sociedad, los reformistas se creyeron más inteligentes que los propios estrategas de la clase dominante e intentaron implementar esas reformas por la vía del cretinismo institucional. Y en el Congreso y en el Senado se vieron bloqueados por los clanes corruptos de representantes que están ahí situados para defender los intereses de las elites, de la clase dominante. Pero como cegados por los faros de un vehículo, los reformistas se limitaron hacer “llamamientos puntuales a las masas para que apoyaran las reformas”. Y a cada paso las masas respondieron saliendo a las calles y plazas de forma masiva.

         Pero las masas comenzaron a cansarse de llamamientos que no tenían continuidad con el objetivo de imponer e implementar las necesarias reformas sociales, que los reformistas aparcaban una y otra vez a conseguir acuerdos y pactos con las elites dominantes. Como decíamos antes, no se trata de buena o mala voluntad, sino de que jamás lograran los reformistas convencer a los tigres y leones para que cambien su alimentación a las verduras. Jamás la clase dominante renunciara por iniciativa propia a sus crecientes y abultadas riquezas, aunque ello signifique tener a millones pasando hambre.

         En una declaración que no solo denota ingenuidad, sino que encierra todo el drama que hemos vivido en Colombia, hace un día Gustavo Petro en la red X afirmo “Que lo sepan los empresarios, quien desarrollo el capitalismo, fue mi gobierno: más riqueza, más empresas, más asalariados”. Pero no se trata de desarrollar el capitalismo, sino de abolirlo por ser el origen de todos los problemas que padecemos la mayoría en la sociedad.

         En verdad estas son las cosas que nos llevan a pensar que pese a quien pese, los reformistas en realidad siempre se muestran como los campeones olímpicos de preparar derrotas para los oprimidos. Si, es cierto que los empresarios saben que la política practica del gobierno Petro supuso “más riquezas, más empresas y más asalariados”, a los cuales explotar laboralmente y poner el conjunto de la riqueza creada directamente en los bolsillos de los más ricos de Colombia.

         Aunque nunca hemos dudado de las buenas intenciones de los reformistas como Petro o Cepeda, aun siendo de lejos los dos más brillantes dirigentes de izquierdas en Colombia, siempre les hemos advertido de forma compañera de que “el camino del infierno estaba impregnado de buenas intenciones”. Pero de forma constante, “los dirigentes reformistas siempre acaban caracterizándose como incapaces orgánicamente de organizar una borrachera en una bodega”.

         En dirección contraria, no dudamos como decimos de las buenas voluntades, siempre intentando ser grandes hombres de Estado, respetables negociadores del pacto social de la colaboración de clases. Y todo ello siempre conduce a lo mismo, a dar tiempo a la reacción a reorganizarse y dar pasos para llegar al poder a imponer sus políticas. Y esto es justo lo que hemos visto.

         Nunca en ningún sitio la clase obrera a logrado avances sustanciales por las políticas de pactos con la clase dominante, sino mediante la lucha y la movilización social y en las calles por imponer un programa en beneficio de la mayoría. Y cuatro años de gobierno del Pacto Histórico colaboran que en esta ocasión la realidad no ha sido otra.

         La experiencia de estos últimos años demuestra la enorme necesidad histórica de imponer las reformas que las masas colombianas requieren y necesitan. Fue esta necesidad la que posibilito el triunfo electoral de la izquierda en 2022 y la formación del primer gobierno por fuera de los representantes directos de la oligarquía y la burguesía colombiana. Si el gobierno Petro se hubiera basado en la lucha de las masas, el conjunto de las reformas se hubiera implementado, en una situación en donde las clases dominantes estaban semiparalizadas por la derrota ante el Estallido social del 2021 y las elecciones presidenciales del año siguiente.

         Es urgente y una necesidad objetiva perentoria, el desarrollar un debate politico que llegue al conjunto de las masas colombianas. Es necesario llamar a las cosas con su verdadero nombre, corrigiendo los errores cometidos. Si no esos errores serán repetidos en este próximo periodo. Posicionarnos claramente en las ideas, las perspectivas y el programa en beneficio de nuestra clase es la única forma de prevenir seguir empecinados en errores que solo conducen a preparar nuevas derrotas, que por supuesto los marxistas revolucionarios somos los primeros no queremos y deseamos.

         Los errores cometidos bajo el gobierno de Gustavo Petro, junto con el empecinamiento en ellos por parte de la campaña de Iván Cepeda, nos llevaron directamente a la pírrica victoria de Abelardo, que supone en la práctica un duro revés para la lucha por lograr las reformas pendientes. Corregir esos errores cometidos, establecer un claro programa de lucha, es la única forma que nos permitirá abordar una lucha seria contra el gobierno reaccionario De la Espriella y nos permitirá preparar los próximos avances en el periodo en el que entramos.

         Con el resultado electoral de las presidenciales podemos afirmar que el Pacto Histórico, si resuelve sus contradicciones políticas, tiene la fuerza y los números para preparar asestar golpe a golpe al gobierno de Abelardo y prepararnos para desarrollar la lucha por la transformación socialista de la sociedad. No despreciamos el papel a jugar en el Congreso y en el Senado, pero no somos cretinos de las políticas institucionales.

       Este próximo periodo se determinará en su desarrollo en la lucha en cada Departamento, en cada ciudad y pueblo, en cada Comuna y barrio popular, en las movilizaciones y luchas en las empresas y en las calles. El papel que deben jugar ahí los trabajadores, la juventud y el conjunto de los oprimidos de Colombia aquí se convierte en clave e toda la situación.

         Cuando Petro llamo a la Consulta Popular para aprobar las reformas sociales, según todos los barómetros de opinión gozaba de un apoyo social de más del 57% de la población. Pese a la raquítica victoria de Abelardo, Petro deja el gobierno con un apoyo y aprobación superior al 45%. Estos datos también demuestran el enorme potencial para desarrollar una amplia y masiva revuelta social en contra de las más que previsibles políticas de ataques que suframos por parte del gobierno de Abelardo.

         Como decíamos antes, casi 13 millones apoyaron al Pacto Historico frente a la reacción abelardista. En esas cifras evidentemente nos encontramos con diferentes capas, más conscientes activas, con otras que pueden ser menos. Pero es una base social enorme para con una política correcta desde la dirección preparar el camino de la lucha y resistencia al gobierno de Abelardo. Entre esta gran masa de oprimidos está el material humano con el cual construir la lucha contra la oligarquía y sus gobernante abelardistas, el material humano para poder poner punto final pronto al gobierno títere de Trump en Colombia.

         Y como siempre, en este contexto el papel que debe jugar una dirección política es clave. Si los dirigentes del Pacto Histórico quieren ser llamados verdaderamente dirigentes de las masas colombianas, deben ponerse manos a la obra para organizar, estructurar y movilizar a las masas de forma activa y consciente, educando políticamente a los mejores activistas, que desde luego desde ya afirmamos no están dispuesto a tolerar ni un solo ataque por parte de la extrema derecha.

         Desde ya podemos asegurar que, en el contexto de la enorme polarización social existente, y ante las dudas y medias tintas de los dirigentes del Pacto Histórico, existirá también una capa de activistas y luchadores que buscaran y pelearan por construir una dirección alternativa, que plantee una lucha firme y decidida por el conjunto de las reformas y por hacer caer lo antes posible al presidente títere de los Estados Unidos, a Abelardo De la Espriella. Si los dirigentes del Pacto continúan empecinados en seguir siendo dirigentes desde dentro del establishment, podemos afirmar que se verán empujados por la propia lucha de las masas y sus necesidades objetivas.

         En abril de 1917, en el tránsito de una etapa de la revolución rusa hacia otra, a su llegada a Petrogrado Lenin planteo que la tarea más importante del momento de los bolcheviques era “explicar pacientemente”, las ideas y las tareas del momento, con el objetivo de GANAR LA MAYORIA DE LAS MASAS AL PROGRAMA PARA LA TRANSFORMACIÓN RADICAL DE LA SOCIEDAD.

         No existen terceras vías: o con los ricos y sus privilegios, o con los trabajadores, la juventud y los campesinos  para luchar por cambiar la sociedad

        Y precisamente esa es en nuestra opinión la tarea más importante y primordial que tenemos ahora por delante en Colombia. Es una necesidad urgente del momento que los marxistas revolucionarios encuentren las necesarias vías de dialogo, de explicación de las tareas, ante los cientos de miles de activistas, de luchadores que en estos momentos existen en Colombia. HAY QUE EXPLICAR PACIENTEMENTE QUE SIN UN CLARO PROGRAMA QUE PLANTEE LA NECESIDAD DE QUE EXPROPIEMOS A LA PARASITA CLASE DOMINANTE DE LA RIQUEZA QUE DURANTE DECADAS HAN ROBADO A LOS OPRIMIDOS, QUE, SIN DOTARNOS DE UN GOBIERNO BASADO EN ESE PROGRAMA, como ha demostrado toda la experiencia de estos últimos años, será inviable construir una sociedad de justicia e igualdad social.

 Estas son las tareas del momento para la clase obrera, para e campesinado y para la juventud en Colombia. La lucha que permita empalmar nuestra oposición a los recortes que plantea abiertamente Abelardo, con un programa de transición al socialismo. Y dejamos claro que los métodos de lucha que proponemos son los métodos clásicos de la lucha del proletariado y los oprimidos: huelgas, manifestaciones, ocupaciones de las empresas y fábricas, para poner la economía y la sociedad a funcionar sobre la base del control de los trabajadores y el interés general de los millones que solo tenemos nuestras manos para luchar por lo alimentos a nuestras mesas en el día a día.

         Estos próximos cuatro años estarán marcados, necesariamente, de una fuerte lucha en contra del gobierno de Abelardo y de la oligarquía, en su empeño en querer devolvernos a los años oscuros del paramilitarismo, a las masacres e imposiciones de silencio para que no protestáramos contra las mesas vacías en nuestras casas. 

        Ahora este periodo que se abre es también el de la oportunidad de poder aprender las lecciones de este periodo reciente, de dotarnos del único arma que verdaderamente puede garantizar la victoria de nuestra lucha: un genuino programa que enfoque correctamente la tarea de transformar radicalmente la sociedad, sacudirnos del dominio que tienen las elites sobre todos los aspectos centrales y podamos construir una sociedad de hombres y mujeres verdaderamente libres e iguales en oportunidades y condiciones de vida: esta tarea recae en los hombros de los trabajadores y la juventud colombiana, comenzando por sus sectores de vanguardia más conscientes. Y en esta lucha estaremos hombro con hombro los marxistas revolucionarios con nuestra clase, por el futuro que verdaderamente merecemos y necesitamos.

        De una forma honesta y clara tenemos que decir que la única alternativa de futuro progresista para Colombia y Latinoamérica pasa por exigir en la lucha todo aquello que nos dicen que es imposible: lo único verdaderamente imposible de seguir soportando es la creciente barbarie a la que nos condena el capitalismo. Transformarlo, acabar con el, es nuestro objetivo y nuestra meta en este periodo en el que entramos.

        Como explico el dirigente de la izquierda socialista en los años 30 en España, Largo Caballero, "no se puede curar el cáncer con aspirinas". Los problemas fundamentales de la sociedad no van ha tener solución mientras las decisiones fundamentales y claves sean tomadas por la pequeña minoría de banqueros y capitalistas. Resulta una increíble paradoja que justo en estos momentos, en los cuales el sistema capitalista muestra de forma clara su bancarrota total, su incapacidad para resolver los problemas fundamentales de la mayoría, que veamos en todos los países, en Colombia también, como los dirigentes de los partidos de izquierdas y sindicales, se empeñen en agarrarse con las dos manos, como si fuera un clavo ardiendo, ofreciendo sus manos gran Capital en una constante búsqueda de lo que llaman “unidad nacional y paz social".

        Por desgracia los trabajadores, en general aprenden en base a su experiencia y tienen, en principio depositadas sus esperanzas en estos dirigentes reformistas. Cada generación aprende de los acontecimientos prácticos y debe aprender, a costa de sudores, lagrimas y sangre, las lecciones que hace ya muchas décadas ya aprendieron sus padres y abuelos. Pero como dice el proverbio rusos, "la vida enseña". Para economizar en el aprendizaje hace falta cuadros políticos, dirigentes formados en la teoria, que haga más rápido ese aprendizaje del momento actual. Esa es una gran tarea del presente que tenemos.

        Con nuestra lucha debemos ser capaces de derribar el monstruoso Estado burgués, que en Colombia adquiere todo el dramatismo de estar unido intrínsicamente a las mafias corruptas, criminales y violentas del paramilitarismo. Este Estado no sirve desde ningún punto de vista a los intereses de los trabajadores y no se puede reformar para que sirva. Es necesario construir un Estado obrero, el cual será infinitamente mucho más democrático y se guiara por el interés colectivo de la aplastante mayoría de la sociedad. Este Estado de los trabajadores funcionara desde el principio, en palabras de Lenin, con las siguientes condiciones:

            1) Elecciones libres, con revocabilidad de todos los funcionarios por quienes los eligieron en cualquier momento.

            2) Ningún funcionario podrá recibir un salario más alto que el de un obrero cualificado.

            3) Ningún ejército permanente, organizar milicias del pueblo trabajador para defender nos de los reaccionarios criminales.

          4) De forma gradual todas las tareas de administración del Estado serán realizadas por toda la población de forma rotativa. “Cuando todo el mundo es un burócrata por turnos, nadie es un burócrata”.

        En estos momentos plantearnos seriamente la lucha contra Abelardo, contra el gobierno de la oligarquia (los terratenientes, empresarios y banqueros) y el imperialismo estadounidense supone ni más ni menos que ESTABLECER COMITES DE OBREROS Y CAMPESINOS EN CADA FABRICA, EN CADA PUEBLO, EN CADA CIUDAD, AL OBJETO DE ORGANIZAR DEMOCRATICAMENTE DESDE ABAJO LAS FUERZAS DE NUESTRA LUCHA DE RESISTENCIA Y COMNBATE A LOS REACCIONARIOS, MAFIOSOS Y PARACOS, todos ellos al servicio de la clase dominante. 

        Tenemos que unificar todos esos comités de trabajadores, campesinos, jóvenes e indígenas en un Comité Central, unificado a nivel de todo el pais, para dar a nuestra lucha  un carácter general contra la reacción y por nuestras demandas y reivindicaciones más urgentes y sentidas.

           De esta forma, mientras luchamos contra el gobierno reaccionario de Abelardo pondremos las bases de construir el tipo de Estado que los trabajadores y oprimidos necesitamos en Colombia hoy, planteándonos cara a cara la tarea de caminar y construir una verdadera sociedad basada en la justicia y la igualdad social. Una verdadera DEMOCRACIA OBRERA que ponga fin a los horrores crecientes a los que el capitalismo nos condena, con sus lacayos como Abelardo De la Espriella al frente.

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