ORGANIZAR LA LUCHA CONTRA DE LA ESPRIELLA
Por: Editor - Blog “Lucha ContraCorriente”
El texto que presentamos a continuación pretende ser una contribución critica para el debate en las bases del Pacto Histórico en Colombia, para el analisis político en la izquierda colombiana y del conjunto de Latinoamérica.
Desde un punto de vista objetivo estamos en una auténtica encrucijada histórica, en donde el resultado final no está predeterminado de antemano, sino que será el producto de la lucha de fuerzas vivas en la sociedad, la oligarquía, los empresarios y banqueros desean perpetuar su dominio sobre la sociedad y frente están los trabajadores, los campesinos, la juventud y el conjunto de los oprimidos, que aspiran a sacudirse el dominio que ejercen las elites, un dominio que condena a la mayoría a condiciones de vida miseras.
Un ambiente de creciente polarización social se desarrolla en la sociedad. En todos los países vemos este proceso, en una u otra medida, lo que representa la creciente tensión entre las clases, la lucha por intereses contrapuestos e irreconciliables, entre oprimidos y opresores
Los explotadores y opresores basan sus riquezas en mantener cada vez más en condiciones de absoluta precariedad y necesidad a la aplastante mayoría. La mayoría, la clase trabajadora solo encuentra el camino de la lucha para no parecer bajo el dominio de la clase dominante.
La historia nunca se ha desarrollado en línea recta, sino mediantes cambios de avances y retrocesos, determinados por la evolución de la lucha de clases en su desarrollo dialectico.
En este periodo hemos visto, y veremos más, estoy mismo. Avances en la lucha de los oprimidos, pero también, en la medida en la que no seamos capaces de asestar golpes definitivos para garantizar nuestra victoria de forma clara, veremos retrocesos y avances de la reacción, que pretende devolvernos a puntos que creíamos superados en los años y época anterior.
Después de haber vivido los últimos cuatros años en Colombia bajo la esperanza de que el llamado gobierno del cambio podría llevar a cabo las necesarias reformas sociales que necesitamos, en las ultimas elecciones hemos visto (si, con todo el fraude que se quiera argumentar) la victoria de un reaccionario llamado Abelardo De la Espriella, que representa fielmente los intereses materiales de la oligarquía, de la clase dominante colombiana y de sus amos los imperialistas estadounidenses.
¿Cómo ha sido posible que haya pasado esto en
Colombia, después del triunfo electoral de Gustavo Petro en 2022? El gran
filosofo Spinoza decía que se trata de “ni reír, ni llorar, sino comprender”.
En esta tarea fundamental nos inspiramos para escribir las líneas siguientes,
en la esperanza de que Abelardo solo suponga un breve paréntesis y que como
fruto de la lucha de clases podamos retomar el camino de la esperanza en la
lucha por una sociedad basada en la justicia y la igualdad, de hombres y
mujeres libres, en donde los graves problemas sociales que padecemos pasen a
formar parte de los recuerdos de cuando existía un Sistema bárbaro, llamado
capitalismo.
LA LUCHA PARA AVANZAR Y NO RETROCEDER
El teórico revolucionario ruso León Trotsky escribió el 26 de noviembre de 1926 las “Tesis sobre la revolución y la contrarrevolución”, donde explico como siempre en los procesos históricos las revoluciones, dialécticamente, son seguidas de procesos de contrarrevoluciones, siendo estas antesalas para llevar a la sociedad al retroceso, en una lucha donde estos periodos reaccionarios no logran llevar la situación al punto, previo, al inicio de la revolución.
El triunfo electoral del Pacto Histórico en 2022 supuso una continuación de los meses de lucha en las calles de las masas colombianas, que protagonizaron el Paro Nacional de 2021, en el cual durante meses enfrentaron a la reacción uribista del gobierno de Iván Duque, casi logrando derribarlo, debilitándolo al máximo, siendo la antesala del triunfo electoral al año siguiente, que llevo a la presidencia de Colombia a Gustavo Petro, quien se convirtió en la práctica en el primer presidente de izquierdas de la historia de Colombia.
De toda aquella experiencia histórica solo podemos concluir que cualquier avance serio, en línea a implementar los intereses de las masas en la práctica, solo es posible mediante la participación de las masas, las cuales toman en sus manos la lucha por sacudirse las cadenas reaccionarias que sobre sus vidas supone la existencia del reaccionario sistema capitalista.
De todo ello solo podemos deducir que la
propia participación, en la lucha de las masas, solo es posible conseguirla
cuando las masas oprimidas vinculan directamente sus esperanzas por mejorar su
futuro con la idea de la necesidad de luchar, de superar el capitalismo en si
mismo, con la idea de imponer un gobierno de los oprimidos mediante la lucha
por la revolución.
De esta forma dialéctica la participación de las masas se convierte en algo esencial para la lucha social y política para los millones y millones de trabajadores, jóvenes, campesinos pobres y oprimidos por el capitalismo. En la evolución de la propia lucha se genera una sensación de fuerza y empuje que hace que las masas venzan las resistencias de las clases dominantes, abonando el terreno social para los avances producto de la propia lucha.
Como decimos, todo esto fue confirmado brillantemente en el periodo previo al Paro Nacional colombiano de 2021, y en su desarrollo, que preparo un avance en el terreno electoral, permitiendo la derrota política de la oligarquía y la burguesía colombiana en las elecciones presidenciales de 2022.
Y es una ley histórica, cuando las masas colombianas llevaron al gobierno, a la presidencia, a la izquierda, si no se proseguía con firmeza y claridad la implementación de un claro programa que diera solución a los problemas fundamentales de las masas, la propia existencia de un gobierno que estas masas identificaban como suyo, llevaría irremediablemente a un periodo y estado de desilusión, a un aumento de la apatía y retorno a la rutina, fenómenos comunes a todo periodo álcido de post-revolución.
Los trabajadores, la juventud, los campesinos pobres, las comunidades indígenas y el conjunto de los oprimidos de Colombia necesitan de un análisis con la verdad y solo la verdad de la situación. Ello constituye la única forma de poder preparar la defensa de nuestros intereses y de preparar que podamos avanzar en el próximo periodo. En este sentido la verdad es revolucionaria, mientras las mentiras, las medias verdades, los bulos y mentiras constituyen el arsenal de la derecha, de la extrema derecha, de las oligarquías y la clase dominante.
En el terreno concreto, para las masas las palabras, las promesas y las frases grandilocuentes sobre democracia, libertad, paz y libertades tienen un significado concreto: pan, comidas en las mesas, condiciones de vida dignas, empleos para poder mantener la existencia de las familias trabajadoras.
En nuestra opinión firme, tenemos la obligación política de contestar con nuestro análisis, en un amplio debate social, a todas las interrogantes sobre el estado y el papel que ha jugado y juega nuestra clase, nuestras organizaciones y las direcciones en las mismas.
Las debilidades y errores políticos del Pacto Histórico, más en concreto de sus dirigentes, nos han traído hasta aquí, a la propia derrota electoral frente a Abelardo de la Espriella, en las recientes elecciones presidenciales. No es posible explicar, ni siquiera argumentando el fraude electoral, que ello haya ocurrido ocultando que desde el gobierno presidido por Gustavo Petro se quedaron en segundo plano la implementación de políticas radicales en beneficio de la aplastante mayoría, de que se alcanzaron “alianzas” con políticos y representantes de las clases dominantes, los cuales continuaron haciendo sus chanchullos bajo el paragua del gobierno del Pacto Histórico.
En lo fundamental ha sido todo ello lo que ha propiciado, junto a las medias tintas y políticas de promesas de futuro descafeinadas de la candidatura del compañero Iván Cepeda, que por menos de 250.000 votos Abelardo se haya permitido aparecer como vencedor en las elecciones, de presentarse como presidente electo. Ello, claramente, significa que la reacción, la contrarrevolución se está preparando para infringir fuertes golpes a los intereses de las masas, que de nuevo podemos volver a los tiempos oscuros en donde todo activista social, sindical o político de las masas está en peligro de ser destripado, como afirmo De la Espriella en la campaña.
Y frente a todo ello nosotros necesitamos prepararnos para devolver golpe por golpe, que os previstos ataques contrarrevolucionarios, aunque serán dolorosos, nos permitan protagonizar un nuevo “despertar” de la lucha de clases, de la lucha de los oprimidos de Colombia por conquistar el futuro que merecemos.
En este sentido necesitamos revaluar cual es y debe ser el papel de nuestra dirección, de nuestra organización, permitiéndonos corregir, sustituyendo o reemplazando todo aquello que no esté a la altura de las necesidades. Ello es la única forma para poder consolidar y asegurar las conquistas logradas, dando la batalla completa por lograr todas aquellas pendientes de ser implementadas.
Es evidente, con los propios datos de las elecciones en la mano, que estas han reflejado también un estado de ánimo anti-establishment que se ha extendido en la sociedad, junto a una clarísima polarización en términos de clase. Esta situación no es exclusiva de Colombia, sino que podríamos hablar de procesos parecidos que se han extendido a nivel mundial.
Con todos los elementos que queramos condicionar, matizar y relativizar, los dos candidatos que quedaron para la segunda vuelta de las presidenciales en Colombia han sido vistos por las amplias masas como dos candidatos de los partidos tradicionales, que en una u otra forma no dejan de representar a sectores de la oligarquía y las clases dominantes, aún a pesar de representar dos polos opuestos, operan desde dentro de los límites y márgenes del sistema capitalista.
Dicho esto, debemos comprender que fundamentalmente la clase obrera colombiana se ha expresado electoralmente a través del Pacto Histórico, con su candidato Iván Cepeda, visto como una continuación del gobierno saliente de Gustavo Petro. Los 12 millones de votos permiten, claramente, trazar una ruta de resistencia al programa más que previsible de Abelardo de la Espriella, que será de ataque a fondo de los intereses de las familias trabajadoras. Que además de resistir podamos organizar una respuesta contundente a Abelardo, más que en el terreno de las posibilidades y el ambiente entre las masas, es algo que está determinado por el papel que pueden o quieran jugar los propios dirigentes del Pacto Histórico. Es necesario como el agua que la mayoría de ellos, que han destacado durante toda la campaña electoral por sus contradicciones y falacias, no cuestionando en ningún momento el Sistema capitalista, sino que por el contrario han buscado inútilmente algo que no existe, una cara progresista del capitalismo.
Con todos los cantos de sirena de todos aquellos que nos quieren decir que los “ciudadanos tenemos el gobierno que nos merecemos”, que en última instancia solo pretende colocar la responsabilidad del avance de la extrema derecha en las masas, la verdad es que aquí lo que vemos es que en realidad la victoria electoral de Abelardo, más allá de las injerencias y fraudes por parte de los Estados Unidos e Israel, denunciados públicamente por los dirigentes del Pacto Histórico, es a todas luces una victoria pírrica, extremadamente débil, por menos de 250000 votos. Abelardo no logro ni siquiera al 50%, una ventaja inferior al 1%, que hace que su hipotético gobierno nazca herido de muerte, que se posesione en un ambiente y situación de crisis, de la cual no saldrán.
A propósito de la derrota electoral de los continuadores del gobierno Petro y la victoria de la reacción, que representa totalmente un proceso dialectico, deberíamos tener muy en cuenta las ideas que León Trotsky escribió en su texto inacabado titulado “Clase, partido y dirección”, escrito en 1940 tras la derrota de la clase obrera española, publicado en “New International”, que es un serio análisis de las relaciones dialécticas entre la clase obrera, su partido de vanguardia y su dirección, en donde finalmente se convierte en esencial la falta de un liderazgo revolucionario sólido.
En este texto Trotsky escribió:
“Existe un viejo dicho que refleja la concepción evolucionista y liberal de la historia: un pueblo tiene el gobierno que se merece. La historia nos demuestra, no obstante, que un solo y mismo pueblo puede tener durante un período relativamente breve, gobiernos muy diferentes (Rusia, Italia, Alemania, España, etc.) y además que el orden en que éstos se suceden no tiene siempre el mismo sentido, del despotismo hacia la libertad, como creen los liberales evolucionistas. El secreto de este estado de cosas reside en que un pueblo está compuesto de clases hostiles y que estas mismas clases están formadas por capas diferentes, parcialmente opuestas unas a otras y que tienen diferentes orientaciones. Y además, todos los pueblos sufren la influencia de otros pueblos, compuestos a su vez de clases.
Los gobiernos no son la expresión de la "madurez" siempre creciente de un "pueblo", sino el producto de la lucha entre las diferentes clases y las diferentes capas en el interior de una sola y misma clase y, además, de la acción de fuerzas exteriores -alianzas, conflictos, guerras, etc.-. Hay que añadir que un gobierno, desde el momento en que se establece, puede durar mucho más tiempo que la relación de fuerzas del cual ha sido producto. Es a partir de estas contradicciones históricas que se producen las revoluciones, los golpes de estado, las contrarrevoluciones.
El mismo método dialéctico debe emplearse para tratar la cuestión de la dirección de una clase. Al igual que los liberales, nuestros sabios admiten tácitamente el axioma según el cual cada clase tiene la dirección que merece. En realidad, la dirección no es, en absoluto, el "simple reflejo" de una clase o el producto de su propia potencia creadora. Una dirección se constituye en el curso de los choques entre las diferentes clases o de las fricciones entre las diversas capas en el seno de una clase determinada. Pero tan pronto como aparece, la dirección se eleva inevitablemente por encima de la clase y por este hecho se arriesga a sufrir la presión y la influencia de las demás clases.
El proletariado puede "tolerar" durante bastante tiempo a una dirección que ya ha sufrido una total degeneración interna, pero que no ha tenido la ocasión de manifestarlo en el curso de los grandes acontecimientos. Es necesario un gran choque histórico para revelar de forma aguda, la contradicción que existe entre la dirección y la clase.
Los choques históricos más potentes son las guerras y las revoluciones. Por esta razón la clase obrera se encuentra a menudo cogida de sorpresa por la guerra y la revolución. Pero incluso cuando la antigua dirección ha revelado su propia corrupción interna, la clase no puede improvisar inmediatamente una nueva dirección, sobre todo si no ha heredado del período precedente los cuadros revolucionarios sólidos, capaces de aprovechar el derrumbamiento del viejo partido dirigente. La interpretación marxista, es decir dialéctica, y no escolástica, de las relaciones entre una clase y su dirección no deja piedra sobre piedra de los sofismas legalistas …”
El papel de los reformistas – progresistas en Colombia
Tras cuatro años de gobierno del Pacto Histórico, que despertó y cosecho un enorme apoyo social del conjunto de los oprimidos de Colombia, en la medida que prometía llevar adelante un programa de mejoras sustanciales en las condiciones generales de vida de las masas, estas apreciaron en el terreno concreto de la práctica, que acaba convertido en el decisivo, que aunque el Pacto Histórico desde el gobierno pretendía, decía, querer mejorar las condiciones de la clase obrera, con medidas como aumentos en los salarios y la aprobación parcial de la “reforma laboral”, la política reformista choco con los límites de la propia existencia del capitalismo colombiano, demostrando los limites objetivos que impedían implementar el resto del programa, que era bloqueado por las elites mediantes argucias institucionales o legales.
Durante toda la campaña electoral de Iván Cepeda este nunca tuvo respuesta clara y contundente a esta contradicción objetiva, ofreciendo más política de “consensos y actos con la oligarquía”, la misma política que había demostrado su bancarrota para cumplir con los objetivos de satisfacer las demandas de las masas colombianas.
Los resultados del 8 de marzo parecían ofrecer un panorama de optimismo a los dirigentes del Pacto Histórico. El partido obtuvo la mayor votación para un partido en unas legislativas, desde la llamada “reforma política de 2002”.
Estas consultas presidenciales consolidaron de forma firme a Iván Cepeda cómo candidato de toda la izquierda colombiana, aun a pesar de que hubo diversos intentos desde dentro del “establishment” de utilizar la oportunidad para presentarse como alternativa interna, en lo que llamaban una “corriente de centro izquierda”, como fue la proyección que hicieron de individuos como Roy Barreras.
En toda esta situación la dirección del Pacto Histórico no respondió a una pregunta central de las masas: ¿Cómo consolidar y avanzar decididamente en un programa de cambio de la sociedad colombiana?
En estos momentos decisivos y fundamentales, en vez de ofrecer un claro programa de transformación social, los dirigentes del Pacto Histórico comenzaron a dudar, a vacilar, a querer remarcar que eran mayores defensores del capitalismo, mas incluso que los propios capitalistas. Ivan Cepeda y la mayoría de los dirigentes del Pacto Histórico se instalaron en un discurso en el cual decían querer modernizar el capitalismo colombiano, al tiempo que plantearon la incorrecta idea de que el partido iba a vencer en la primera vuelta, basándose en meras encuestas de tendencias electorales.Aunque tenemos que decir que esa posibilidad estaba al alcance de las manos, sobre todo y ante todo si el Pacto Histórico desplegaba un claro programa de ruptura con el podrido capitalismo y planteaba una lucha abierta por la transformación de la economía y la sociedad en términos de clase, en beneficio de los trabajadores, los campesinos pobres y el conjunto de los oprimidos de la sociedad.
Pero precisamente este es el
punto en el cual los dirigentes del Pacto Histórico, como reformistas, dicen
ser progresistas, flaqueaban abiertamente: en vez e explicar la idea de luchar
por cambiar la sociedad, los dirigentes se arrinconaron bajo el paraguas de un
pretendido capitalismo progresista, que no existe en realidad, confiando
plenamente en que la débil recuperación económica del capitalismo colombiano,
tras la pandemia, junto a las reformas limitadas que se lograron bajo el
gobierno Petro, ello sería suficiente para ganar las elecciones.
Debemos insistir, que pese a la idea “romántica” de como lo ven los reformistas, los cuales siempre se deslumbran por las etiquetas y los términos grandilocuentes de “democracia, libertad, paz,…”, para las masas todo ello tiene sentido en la medida en que suponga al menos mejorar significativamente las condiciones materiales de vida existentes: ¿libertad está muy bien, pero esta debe comenzar con la posibilidad de poder poner alimentos en la mesa para que la familia pueda vivir, tener posibilidad concreta y real de tener asistencia médica cuando caemos enfermos, o garantizar una educación digna a nuestros hijos, que podamos vivir bajo un techo digno,…?
Y la aplastante mayoría de la sociedad, los trabajadores, los jóvenes en las Comunas, los campesinos empobrecidos, los indígenas, los oprimidos de Colombia, saben que todo ello deja de ser viable para la aplastante mayoría de la sociedad en la medida en que esas necesidades chocan con la sed creciente de los multimillonarios, como los Jaime Gilinski Bacal , David Vélez, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Beatriz Dávila de Santo Domingo, Alejandro Santo Domingo, Andrés Santo Domingo, Vera Rechulski Santo Domingo, … que mantienen en la miseria a la población para ellos seguir amasando cientos de miles de millones de pesos en sus cuentas bancarias.
A pesar de los grandilocuentes
discursos “progresistas” desde el gobierno de Petro, con este a la cabeza, lo
que en la práctica ha comprobado la aplastante mayoría de la población es que,
pese a que las prometidas reformas se atascaban, eran bloqueadas en los
organismos por los representantes de las elites dominantes, desde el gobierno
del cambio no se planteó ni una sola medida que en la practica tocara el poder
real de estas elites dominantes.
Por mucho que se empeñen los reformistas, al final todo consiste en una lucha a tumba abierta entre los intereses materiales de la oligarquía y la burguesía frente a los intereses materiales de las masas. Y en ello el reformismo siempre coge el camino de Enmedio, que pretende buscar acuerdos con los poderosos para que concedan algunas migajas a las masas, cosa que rara vez logran, porque hablando claro, la clase dominante no está dispuesta a repartir nada de sus abundantes y crecientes beneficios y riquezas opulentas.
Y hemos de decir que el empeño de Iván Cepeda en presentarse como más defensor de un pretendido e inexistente “capitalismo progresista” que la propia clase dominante, quien consciente del papel reaccionario que juega en la sociedad intenta muchas veces ocultar a las masas partes de sus riquezas. Todo ello hacía que Cepeda en sus propuestas no cuestionara nunca, por ningún lado, esas riquezas de unos pocos, sino que constantemente decía querer reunirse en “Mesas para Acuerdos nacionales” con las elites para discutir y acordar programas sociales.
Y tenemos que decir que esta política, que dice querer pretender “reformar progresistamente el capitalismo” no cae del cielo azul, ni mucho menos. Es el producto de una visión política procedente del pasado, cuando el capitalismo aun podía jugar algún papel progresista en desarrollar la economía y la sociedad, pero que traducida al presente es una política errática, incorrecta y alejada totalmente de la realidad objetiva, en cualquier punto del mundo y mucho más en países económicamente atrasados como lo es Colombia. Los intentos de todos los reformistas de convertirse en los mejores gestores del capitalismo, un Sistema socioeconómico que se ha vuelto absolutamente reaccionario, un obstáculo absoluto para el avance progresivo de la sociedad, que impide el desarrollo de las fuerzas productivas y junto a ellas de la sociedad misma, están condenados al fracaso, como vemos en todos los países y hemos comprobado en los últimos cuatro años en Colombia.
Lejos de extraer las conclusiones pertinentes de todo ello, planteando un claro programa de lucha por cambiar la sociedad, expropiando la riqueza que acumulan los vampiros de la clase dominante, única forma de poder satisfacer las necesidades de la aplastante mayoría de la población, la dirección del Pacto Histórico se empeñó en presentar a Iván Cepeda como a un “candidato institucional”, continuador de la política del gobierno Petro en su idea de los “acuerdos nacionales con todos”, esto es con esos mismos vampiros y sus propios representantes políticos, como el alicaído uribismo.
Frente a todo ello fue emergiendo Abelardo, quien transmite la misma impresión que puede transmitir una tortilla de patatas hecha semanas, pero que baso su campaña como un “outsider”, dispuesto a “romper las reglas para salvar al país”. Curiosamente la dirección del Pacto Histórico dejo a Abelardo aparecer como el “antisistema”, cuando precisamente el éxito de la campaña de Gustavo Petro en 2022, cuando fue elegido presidente, fue precisamente porque era visto como el representante de la izquierda, el representante de la ruptura con el establishment político colombiano.
Como los marxistas habíamos previsto por anticipado, la política estratégica de la campaña de Cepeda de apelar una y otra vez “al centro y a sectores progresistas de la derecha”, abandonando definitivamente la idea de una constituyente, fue la puntilla final para la derrota de Cepeda, quien llevo con sus pretendidas ideas progresistas y reformistas a convertir al Pacto Histórico del “partido del cambio”, al partido de la institucionalidad colombiana.
Los reformistas, que gustan de llamarse “progresistas” han ido de error en error en sus acciones: el pasado enero Petro correctamente desafío a la Administración reaccionaria estadounidense de Donald Trump, que dejaba implícita incluso una confrontación militar. Y ello cosecho un gran apoyo social frente al imperialismo. Sin embargo, acto seguido vimos como Gustavo Petro acudió a la Casa Blanca a reunirse con Trump, al cual infantilmente pretendía convencer con argumentos, datos e ideas, entre otras cosas de que los EEUU no intervinieran en el proceso electoral colombiano.
Como era lógico deducir, esta idea era lo mismo que el buen hombre que intenta convencer a un tigre que en vez de suculenta carne, como lechugas. Las predicas de Petro tuvieron los mismos efectos en Trump que tendría esos intentos de convencer al tigre de comer verduras: Los imperialistas en Washington hicieron un “alto el fuego en su campaña contra Petro, en espera de los resultados de la Primera Vuelta. Acto seguido Donald Trum para la Segunda Vuelta anuncio a bombo y platillo su apuesta de apoyo por Abelardo de la Espriella. ¿Alguien con un mínimo de sensate podía pensar que ocurriría otra cosa?
Ante esta situación se imponía la defensa de un claro programa antiimperialista, que llegara de forma nítida hasta el ultimo trabajador, joven, campesino pobre, indígena y oprimido de Colombia. Pero de nuevo vimos a los dirigentes reformistas recurrir a argucias y argumentos “de legalidad institucional y morales” frente a la situación, en vez de llamamientos claros y radicales a las masas.
Aun, después de “reconocer la
victoria de Abelardo” los dirigentes del Pacto, con Cepeda al frente, continúan
argumentando la “ilegalidad de la elección por la ciudadanía estadounidense De
la Espriella, y aun vemos a Gustavo Petro hablar de la pretendida “deshonestidad
de Trump”. Tenemos que recordar a los reformistas que una de las lecciones
fundamentales de toda la historia, en particular de Latinoamérica, es que jamás
la política del imperialismo ha estado condicionada por argumentos morales o
legales, como vimos incluso en la implementación de dictaduras militares país
por país, por décadas, con Pinochet en Chile apoyado por la CIA, la dictadura
militar argentina, o los propios gobiernos de Álvaro Uribe en Colombia.
La situación objetiva impone no denuncia legales sobre la ciudadanía de Abelardo, sino atacarlo políticamente como lo que es: un lacayo del imperialismo norteamericano que persigue imponer políticas diseñadas para poder explotar más ampliamente a la clase obrera colombiana con el único objetivo de acumular más fortunas, llenando aun mas las arcas de los cómplices estadounidenses en Colombia, la mayoría de los cuales residen en Miami.
Y llegados a este punto debemos de valorar también en la situación que pese a todos los errores de la dirección reformista del Pacto Histórico, sin una nítida política de lucha social, en la Segunda Vuelta de las presidenciales lograron el apoyo de casi trece millones. Ha sido, en cierta forma, una derrota relativa, cuyo resultado debería poder hacer posible fortalecer una dirección que conecte, se funda socialmente con los intereses de los oprimidos y podamos dar una batalla a cada ataque que plantee Abelardo desde el Gobierno. Estas batallas deben poder prepararnos para ganar la guerra.
Y aunque la victoria de Abelardo se haya producido, la clase dominante y el imperialismo no dejan de mirar el próximo periodo con profunda preocupación. Hay victoria que saben a derrotas, y esta es una de ellas. El gobierno de las elites, del imperialismo, representado por De la Espriella nace tocado y se sumergirá en la crisis, que podrá provocar su caída, a los primeros vientos del florecimiento de la lucha de clases en Colombia, que por otra parte es la perspectiva que debemos de tener en mente.
Abelardo de la Espriella en marzo estaba proyectado con uso resultados en encuestas en torno al 33%. En aquellos momentos aun la proyección social del Pacto Histórico no era tan elocuentemente como la de un partido del establishment. Insistimos, en ello radicaban las grandes posibilidades de que el Pacto Histórico pudiera recibir el apoyo activo de la creciente polarización social existente, que denota y expresa rabia y frustración con la situación existente.
Ello significaba que la dirección debía tomar el camino de canalizar esa rabia social en contra de las instituciones, que habían bloqueado por años las reformas sociales. Y ello solo se podía hacer con un programa militante y de lucha social claro y nítido: es claro que ello incluía la lucha contra el apoyo imperialista de los EE. UU., de Trump, a un retorno de la reacción en Colombia, en la figura de Abelardo.
Como los reformistas en esencia son incapaces
orgánicamente de entablar cualquier lucha seria y hasta sus últimas
consecuencia en contra de las clases dominante y el imperialismo, la
candidatura de Cepeda no paso jamás de las criticas legales y morales a
Abelardo, dejándolo aparecer como el hombre que quería romper con la situación
existente.
UN TIGRE CIEGO
La oligarquía colombiana piensa que en la figura de un personaje siniestro como Abelardo de la Espriella tiene a un hombre que podrá ejecutar sus planes, sus proyectos de recortes y ajustes, lo cuales necesitan de una forma casi desesperada para aforntar la situación de la DEUDA NACIONAL, que está ubicada en el 65% del Producto Interior Bruto, con un DEFICIT FISCAL del 5.8%. Sin embargo, de entrada, el gobierno de Abelardo nace sin ningún tipo de autoridad social real. Los propios resultados electorales lo deslegitiman para afrontar ataques serios a la mayoría: De la Espriella gano con apenas la voluntad del 37% del electorado.
El propio Abelardo ya sabe, junto a la clase dominante, que conformara un gobierno que estará suspendido literalmente en el aire ante cada medida que quiera tomar, que lo expondrá peligrosamente a colapsar y caer: si desea imitar la política de Javier Milei, su “motosierra y recortes” puede romperse de forma rápida, fruto de las movilizaciones y la lucha social. Algunos en los Consejos de Administración de las grandes empresas y bancos están recordando los últimos meses del gobierno de Iván Duque y al ESTALLIDO SOCIAL al cual se enfrentó en 2021.
Por otra parte, a Abelardo le exigen las elites poner fin a los programas de reformas, a los programas sociales, aprobados por el gobierno Petro. Pero también son conscientes de que ello también encenderá la llama de la lucha social, en una sociedad extremadamente polarizada. Pero sino actúa contra esas reformas, será la oligarquía la que ponga en cuestión la utilidad del gobierno de Abelardo. La clase dominante necesita de Abelardo solo como instrumento para poder romper el verdadero nudo gordiano de la situación, lo que hace que el gobierno que entra este 7 de agosto, “camine por donde camine, vera ante sí el precipicio”.
El autollamado “Tigre”, por mucho que haya pretendido rechazar la política de los partidos tradicionales del sistema, incluyendo por supuesto al uribismo que se encuentra bajo mínimo históricos, en el fondo no deja de ser un tipo formado en los ambientes y entrañas de la oligarquía colombiana, ligado a todo lo peor de ella, con claros nexos con el paramilitarismo, el narcotráfico y los ambientes de la corrupción.
El mismo Abelardo fue abogado defensor de Álvaro Uribe Vélez y recibió grandes sumas de dineros de los paramilitares mediante su Fundación Iniciativas para la Paz. En la zona norte fue apoyado firmemente por la familia Char, que a través de la gobernación y el Partido Cambio Radical, controlan la región Atlántico (Barranquilla). Aunque populistamente quiso marcar distancias con todo el establishment político, es obvio que Abelardo siente autentica admiración por figuras siniestras de la derecha como Uribe Vélez.
“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Abelardo se quiso postular como candidato outsider, pero pretende gobernar con mano de hierro imponiendo el programa de la oligarquía, que ha estado los últimos dos años haciendo constante agitación por una política de recortes presupuestarios y sociales. Nada nuevo bajo el sol, mientras hace constantes afirmaciones que “gobernará para todos”, su política estará inspirada desde el primer día en una constante promoción de la austeridad económica, los recortes y el acabar con todas las medidas aprobadas bajo el gobierno de Petro.
En las últimas semanas, viendo la enorme presión social que se esta acumulando, Abelardo ha tenido verbalmente que dar media vuelta en algunas de sus ideas, como cuando afirmo que su objetivo era “destripar a la izquierda”, para mas tarde decir que solo quería “destripar la ideología de izquierdas”. Ante el resultado electoral del Pacto Histórico, igualmente paso a afirmar que respetaría y daría garantías pa Cepeda para hacer oposición, aunque había afirmado previamente que su objetivo era llevar a la cárcel a Petro y a Cepeda.
Por muy torpes, necios e ignorantes que sean, que sin duda lo son, los estrategas de la clase dominante colombiana comprenden perfectamente los peligros latentes en la situación, que no solo tienen referencias al panorama interno colombiano, sino que enlazan con la creciente crisis del capitalismo mundial, que enfrenta una tendencia hacia la subida inflacionaria y que comenzando en el corazón del propio imperialismo norteamericano, se gesta una profunda recesión de la economía mundial, que arrastrara a todos los países: la política armamentística y las guerras como las de Irán son verdaderas parteras de esta situación en la que entramos.
De la Espriella seguramente se está mirando en el espejo de Argentina ahora mismo, con el gobierno de Milei sometido a constantes presiones desde las elites y el imperialismo, por un lado, y por otro a una creciente marea de movilizaciones sociales y laborales, que amenazan constantemente el conjunto de la estabilidad política en el país.
De la Espriella es consciente de que su presidencia estará marcada desde el comienzo por una enorme turbulencia en toda la situación social y política, que si prende en un estallido social lo podría mandar al baúl de los recuerdos de forma rápida. Estamos convencidos de que un frio sudor corre ya en estos momentos por las frentes de los principales estrategas de la clase dominante y del imperialismo, que mirando hacia Abelardo apuestan a cuál breve puede ser su presidencia.
ORGANIZAR, ORGANIZAR Y ORGANIZAR … RESISTIR / COMBATIR ABELARDO
Los llamados progresistas, los dirigentes reformistas del Pacto Histórico, desperdiciaron la oportunidad histórica que brindo la victoria electoral de 2022, una verdadera continuación del estallido social vivido un año antes en las calles de Colombia, que creo una situación prerrevolucionaria en el país, que debilito y puso en retirada a la derecha uribista, que desde entonces no han levantado cabeza.
En vez de basarse en la fuerza de la movilización de las masas colombianas para imponer las reformas en la sociedad, los reformistas se creyeron más inteligentes que los propios estrategas de la clase dominante e intentaron implementar esas reformas por la vía del cretinismo institucional. Y en el Congreso y en el Senado se vieron bloqueados por los clanes corruptos de representantes que están ahí situados para defender los intereses de las elites, de la clase dominante. Pero como cegados por los faros de un vehículo, los reformistas se limitaron hacer “llamamientos puntuales a las masas para que apoyaran las reformas”. Y a cada paso las masas respondieron saliendo a las calles y plazas de forma masiva.
Pero las masas comenzaron a cansarse de esos llamamientos que no tenían continuidad para imponer las mencionadas reformas, que los reformistas continuaban una y otra vez lograr con acuerdos y pactos con las elites dominantes. Como decíamos antes, jamás convencerán a los tigres de que coman verduras, ni a la clase dominante colombiana a que repartan sus riquezas y poder con las masas.
En una declaración que no solo denota ingenuidad, sino que encierra todo el drama que hemos vivido en Colombia, hace un día Gustavo Petro en la red X afirmo “Que lo sepan los empresarios, quien desarrollo el capitalismo, fue mi gobierno: más riqueza, más empresas, más asalariados”.
En verdad estas son las cosas que nos llevan a pensar que pese a quien pese, los reformistas en realidad siempre se muestran como los campeones olímpicos de preparar derrotas para los oprimidos. Si, es cierto que los empresarios saben que la política practica del gobierno Petro supuso “más riquezas, más empresas y más asalariados”, a los cuales explotar laboralmente y poner el conjunto de la riqueza creada directamente en los bolsillos de los más ricos de Colombia.
Aunque nunca hemos dudado de las buenas intenciones de los reformistas como Petro o Cepeda, aun siendo de lejos los dos más brillantes dirigentes de izquierdas en Colombia, siempre les hemos advertido de forma compañera de que “el camino del infierno estaba impregnado de buenas intenciones”. Pero de forma constante, “los dirigentes reformistas siempre acaban caracterizándose como incapaces orgánicamente de organizar una borrachera en una bodega”.
En dirección contraria, no dudamos como decimos de las buenas voluntades, siempre intentando ser grandes hombres de Estado, respetables negociadores del pacto social de la colaboración de clases. Y todo ello siempre conduce a lo mismo, a dar tiempo a la reacción a reorganizarse y dar pasos para llegar al poder a imponer sus políticas. Y esto es justo lo que hemos visto.
Nunca en ningún sitio la clase obrera a logrado avances sustanciales por las políticas de pactos con la clase dominante, sino mediante la lucha y la movilización social y en las calles por imponer un programa en beneficio de la mayoría. Y cuatro años de gobierno del Pacto Histórico colaboran que en esta ocasión la realidad no ha sido otra.
La experiencia de estos últimos años demuestra la enorme necesidad histórica de imponer las reformas que las masas colombianas requieren y necesitan. Fue esta necesidad la que posibilito el triunfo electoral de la izquierda en 2022 y la formación del primer gobierno por fuera de los representantes directos de la oligarquía y la burguesía colombiana. Si el gobierno Petro se hubiera basado en la lucha de las masas, el conjunto de las reformas se hubiera implementado, en una situación en donde las clases dominantes estaban semiparalizadas por la derrota ante el Estallido social del 2021 y las elecciones presidenciales del año siguiente.
En la urgente necesidad del debate político de este periodo que planteamos, es necesario llamar a las cosas por su verdadero nombre y esencia. Seguir empecinados en los errores solo nos conducirá a nuevas derrotas, que desde luego los marxistas revolucionarios no deseamos.
Los errores cometidos bajo el gobierno de Gustavo Petro, junto con el empecinamiento en ellos por parte de la campaña de Iván Cepeda, nos llevaron directamente a la pírrica victoria de Abelardo, que supone en la práctica un duro revés para la lucha por lograr las reformas pendientes. Corregir esos errores cometidos, establecer un claro programa de lucha, es la única forma que nos permitirá abordar una lucha seria contra el gobierno reaccionario De la Espriella y nos permitirá preparar los próximos avances en el periodo en el que entramos.
Con el resultado electoral de las presidenciales podemos afirmar que el Pacto Histórico, si resuelve sus contradicciones políticas, tiene la fuerza y los números para preparar asestar golpe a golpe al gobierno de Abelardo y prepararnos para desarrollar la lucha por la transformación socialista de la sociedad. No despreciamos el papel a jugar en el Congreso y en el Senado, pero no somos cretinos de las políticas institucionales.
Este próximo periodo se determinará en su desarrollo en la lucha en cada Departamento, en cada ciudad y pueblo, en cada Comuna y barrio popular, en las movilizaciones y luchas en las empresas y en las calles. El papel que deben jugar ahí los trabajadores, la juventud y el conjunto de los oprimidos de Colombia aquí se convierte en clave e toda la situación.
Cuando Petro llamo a la Consulta Popular para aprobar las reformas sociales, según todos los barómetros de opinión gozaba de un apoyo social de más del 57% de la población. Pese a la raquítica victoria de Abelardo, Petro deja el gobierno con un apoyo y aprobación superior al 45%. Estos datos también demuestran el enorme potencial para desarrollar una amplia y masiva revuelta social en contra de las más que previsibles políticas de ataques que suframos por parte del gobierno de Abelardo.
Como decíamos antes, casi 13 millones apoyaron al Pacto Historico frente a la reacción abelardista. En esas cifras evidentemente nos encontramos con diferentes capas, más conscientes activas, con otras que pueden ser menos. Pero es una base social enorme para con una política correcta desde la dirección preparar el camino de la lucha y resistencia al gobierno de Abelardo. Entre esta gran masa de oprimidos está el material humano con el cual construir la lucha contra la oligarquía y sus gobernante abelardistas, el material humano para poder poner punto final pronto al gobierno títere de Trump en Colombia.
Y como siempre, en este contexto el papel que debe jugar una dirección política es clave. Si los dirigentes del Pacto Histórico quieren ser llamados verdaderamente dirigentes de las masas colombianas, deben ponerse manos a la obra para organizar, estructurar y movilizar a las masas de forma activa y consciente, educando políticamente a los mejores activistas, que desde luego desde ya afirmamos no están dispuesto a tolerar ni un solo ataque por parte de la extrema derecha.
Desde ya podemos asegurar que, en el contexto de la enorme polarización social existente, y ante las dudas y medias tintas de los dirigentes del Pacto Histórico, existirá también una capa de activistas y luchadores que buscaran y pelearan por construir una dirección alternativa, que plantee una lucha firme y decidida por el conjunto de las reformas y por hacer caer lo antes posible al presidente títere de los Estados Unidos, a Abelardo De la Espriella. Si los dirigentes del Pacto continúan empecinados en seguir siendo dirigentes desde dentro del establishment, podemos afirmar que se verán empujados por la propia lucha de las masas y sus necesidades objetivas.
En abril de 1917, en el tránsito de una etapa de la revolución rusa hacia otra, a su llegada a Petrogrado Lenin planteo que la tarea más importante del momento de los bolcheviques era “explicar pacientemente”, las ideas y las tareas del momento, con el objetivo de GANAR LA MAYORIA DE LAS MASAS AL PROGRAMA PARA LA TRANSFORMACIÓN RADICAL DE LA SOCIEDAD.
Y precisamente esa es en nuestra opinión la tarea más importante y primordial que tenemos ahora por delante en Colombia. Es una necesidad urgente del momento que los marxistas revolucionarios encuentren las necesarias vías de dialogo, de explicación de las tareas, ante los cientos de miles de activistas, de luchadores que en estos momentos existen en Colombia. HAY QUE EXPLICAR PACIENTEMENTE QUE SIN UN CLARO PROGRAMA QUE PLANTEE LA NECESIDAD DE QUE EXPROPIEMOS A LA PARASITA CLASE DOMINANTE DE LA RIQUEZA QUE DURANTE DECADAS HAN ROBADO A LOS OPRIMIDOS, QUE, SIN DOTARNOS DE UN GOBIERNO BASADO EN ESE PROGRAMA, como ha demostrado toda la experiencia de estos últimos años, será inviable construir una sociedad de justicia e igualdad social.
Estas son las tareas del momento para la clase obrera, para e campesinado y para la juventud en Colombia. La lucha que permita empalmar nuestra oposición a los recortes que plantea abiertamente Abelardo, con un programa de transición al socialismo. Y dejamos claro que los métodos de lucha que proponemos son los métodos clásicos de la lucha del proletariado y los oprimidos: huelgas, manifestaciones, ocupaciones de las empresas y fábricas, para poner la economía y la sociedad a funcionar sobre la base del control de los trabajadores y el interés general de los millones que solo tenemos nuestras manos para luchar por lo alimentos a nuestras mesas en el día a día.
Estos próximos cuatro años serán de fuerte lucha contra Abelardo y la oligarquía, en su empeño en devolvernos a los oscuros años del paramilitarismo y las mesas vacías en nuestras casas. El futuro no está escrito, ni mucho menos. Lo vamos a escribir entre todos los oprimidos de Colombia, comenzando por la vanguardia más consciente y activa. Ahí estaremos hombro con hombro, por el futuro que merecemos.






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