ORGANIZAR LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO
“El
Imperialismo,
fase
superior del capitalismo”
Nota Editor:
Cuando el siguiente articulo llevaba unos dias colgado en el Blog, "misteriosamente" se borro del mismo, sin que exista una aparente razón para ello. Ante este hecho hemos procedido a colgarlo de nuevo. Creemos que el mismo ha despertado una importante atención de nuestros lectores/as. Pedimos disculpas por este "fallo", ajeno a nuestra voluntad.
En la primavera de 1916, en Zúrich, en plena I Guerra Mundial, Vladimir Illich Ulianov, conocido por Lenin, escribió un texto que ha llegado hasta nuestros días con más actualidad si cabe que cuando fue escrito: “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”. En esta obra Lenin analiza y explica el imperialismo moderno como el resultado inexorable del desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo, como un proceso objetivo que surge del desarrollo mismo del capitalismo. El imperialismo no es el resultado de ideas, intenciones, de valores o producto de las políticas militaristas, chovinistas, ni supremacistas, sino que expresa el desarrollo de la economía y de las propias necesidades materiales.
Por Salvador Pérez - Editor "Lucha CONTRACORREINTE"
Parece de cajón de pino que las ideas, la propia cultura y tradiciones de los pueblos tienen su impacto e influyen en los acontecimientos, pero en última instancia son las bases materiales de la sociedad, la economía y el desarrollo de las fuerzas productivas, las que finalmente determinan en general los acontecimientos. Las razones materiales concretas condicionan finalmente todo lo demás.
Lenin comprendió que en nuestra época, a diferencia de las experiencias del pasado de los distintos imperios que vimos, el imperialismo actual no se basa solo en el saqueo y la conquista, sino que encierra todas las contradicciones del desarrollo y expansión de las fuerzas productivas creadas por el capitalismo, en la producción de mercancías y en ultima instancia la propia acumulación de capital. Todo ello en un momento dado de su desarrollo entra en contradicción con los propios limites del capitalismo: la propiedad privada y el Estado nación, que limita los márgenes del propio mercado capitalista, empujado a la necesidad de conquistar nuevos mercados en donde vender la producción mediante el mecanismo de la exportación de las mercancías y del propio capital.
En los periodos de auges económicos prolongados, en donde prima la expansión capitalista en general, por ejemplo, el último periodo de ello tras el final de la II Guerra Mundial, los capitalistas y sus grandes potencias, lograron y consiguieron repartirse el pastel del mercado mundial mediante la utilización de las negociaciones, la diplomacia y los acuerdos. Sin embargo, desde principio del siglo XX, cuando la crisis capitalista sopla fuerte, cuando el pastel de los mercados mundiales se reduce, siempre hemos visto como los medios de la negociación, los acuerdos, la diplomacia y las formas “democráticas” decaen y hemos visto siempre la aparición de las guerras. Como decía Carl Von Clausewitz, “la guerra aparece como la continuación de la política por otros medios”.
En el siglo XX fuimos testigos de cómo el capitalismo abocaba a la humanidad a las puertas del exterminio, con el desarrollo de dos guerras mundiales de carácter imperialistas, que marcaban la lucha entre si de las potencias por el reparto del mundo, por el control de los mercados y de las materias primas. Ahora, tras el colapso económico y financiero de 2007-08, con el desarrollo de China y Rusia como potencias imperialistas, de nuevo vemos el surgimiento de las guerras por todo el planeta.
Aquellos que se llenan la boca de “principios democráticos”, que sostienen como ideal de los seres humanos el desarrollo de la sociedad basado en el respeto y la armonía, en donde civilizadamente los humanos dilucidan sus diferencias entre igualdad entre sus pares y en el respeto por el medio ambiente y el entorno, no hacen más que vivir en un gran ensueño irreal, que bajo el capitalismo en crisis no volverá al presente, ni al futuro de la sociedad.
El materialismo dialectico se basa en el mundo real, en el análisis de las bases materiales de la sociedad y de su relación con la lucha de clases como motor histórico. Mientras la clase dominante lucha por aumentar sus mercados, dominar las fuerzas productivas y colocar en los mercados sus mercancías, todo con el objetivo mezquino de aumentar y aumentar sus tasas de beneficios y con ello mantener y aumentar constantemente sus privilegios, la clase trabajadora basa su lucha en lograr mejorar sus cuotas de la exigua parte de la tarta, que recibe en forma de salarios directos e indirectos. Y en última instancia la lucha de clases se deriva de la lucha por el reparto de la plusvalía engendra la fuerza de trabajo y la lucha por el control y propiedad de las propias fuerzas productivas.
Dialécticamente podemos afirmar que una vez la clase obrera logre tomar el poder, crear su propio Estado obrero y a el pase la propiedad colectiva de las palancas fundamentales de la economía, de las fuerzas productivas, ejerciendo el control obrero democrático sobre ellas, se podrá planificar el conjunto de la economía sobre la base de satisfacer el conjunto de las necesidades sociales existentes. Ello permitirá dar un salto gigantesco en todo lo que conocemos hoy en día, con las fuerzas productivas funcionando no para satisfacer el beneficio privado del 1% de los privilegiados de la sociedad. Ello presupondrá un Estado obrero, en donde se desarrolle una genuina democracia, a todos los niveles, una democracia real, lejos de la pantomima que vemos hoy en dia bajo el Estado burgués existente.
Agresión Imperialista de EEUU a Venezuela
El año nuevo ha sido recibido por Donald J. Trump ordenando el bombardeo de Caracas y otras ciudades de Venezuela, consumando el acto altamente democrático de secuestrar al presidente del país y a su mujer, Nicolas Maduro y Cilia Flores, cuando estaban en pijama e indefensos. Después de llevar meses acusándolos de narcoterrorismo y de dirigir un pretendido Cartel de drogas, el de "Los Soles".
Pocos días después de su secuestro el propio Ministerio de Justicia estadounidense ahora ha tenido que reconocer la no existencia de ese cartel y lo infundado de las acusaciones de narcotraficantes. Pero todo da igual, Maduro y su mujer ya están condenados, y serán condenados a largo periodo de cárcel por el Tribunal, de antemano y la verdad no le arruinará a Trump el sueño.
En su pasado juvenil y revolucionaria, la burguesía lucho para enterrar al feudalismo absolutista la bandera de la lucha por la democracia, a la que llamaban liberal. En aquel entonces, fundamentalmente en Europa, la burguesía encabezo la lucha de las masas en esa pretendida “democracia liberal” para ensanchar los mercados para su producción, liberándolos de los frenos del feudalismo. Ello permitió el desarrollo y la ampliación del intercambio comercial, mediante un mayor alcance de ese intercambio comercial, que le permia a la burguesía ampliar la colocación de mercancías, de bienes de uso y de cambio. De esta forma el capitalismo incorporaba a nuevos mercados y permitía el desarrollo de una mayor división internacional del trabajo, mediante la acumulación en sus manos de masas de capital.
Que buenos tiempos aquellos, nos dirán muchos románticos burgueses y sus estrategas y apologistas. Que tiempos lejanos y nada que ver con la actualidad. Y es que como los clásicos del marxismo habían previsto, ya en la época juvenil del capitalismo, la división del trabajo internacional, con la creación de un solo mercado mundial, ha permitido una tremenda acumulación de capital, pero también la inevitable aparición de las disputas entre las diferentes burguesías, y en especial entre sus centros de poder imperialista, por los territorios, las zonas de influencias y las rutas marítimas, todo ello entrelazado con conflictos por el acceso al control de los recursos naturales, los recursos estratégicos, las nuevas tecnologías y el control también de la mano de obra calificada, todo lo cual constituye asuntos vitales para potenciar los propios medios de producción y por tanto el propio desarrollo capitalista.
En esta época de la que hablamos, los centros de poder imperialistas estaban situados en Europa, lo cual nos permite comprender por qué la I y la II Guerra Mundial se desarrollaron fundamentalmente en el siglo XX en terreno europeo. En aquel contexto pudimos ver como desde finales del siglo XIX y principios del siglo XX se vivió un claro desplazamiento del imperialismo dominante en aquel momento, el británico, a manos del nuevo poder imperialista emergente, el de los EEUU.
Gran Bretaña, pese a los estúpidos sueños de grandeza de gran parte de su clase dominante actual y de sus voceros políticos, estaba condenada, sumida en el conservadurismo y mostrando ser impotente ante el claro avance que vivía los Estados Unidos, como nueva potencia, que acabaría después de la II Guerra Mundial siendo la potencia dominante en el planeta.
Por cierto, y sobre todo para refrescar los pensamientos a algunos pretendidos “teóricos de la nada”, solo un auténtico ciego es capaz de no ver los paralelismos de aquel periodo de cambio del centro del poder imperialista de Europa hasta América, con la situación actual, en donde el poder hegemónico de los EEUU ha sido y está siendo cuestionado a todos los niveles por la nueva potencia imperialista, que en estas dos décadas y media del siglo XXI está llevando a China a convertirse en la potencia imperialista dominante, en ascenso.
Estamos asistiendo a un profundo cambio histórico, en el cual la potencia imperialista hegemónica esta dejando de serlo y acaba convertida en un gigante (armado hasta los dientes) con los pies profundamente de barro, que a cada paso muestra sus debilidades. En estas últimas décadas hemos visto a China, ahora en unidad con Rusia (otra potencia militar), comerles trozos cada vez más grandes del mercado mundial a los EEUU, incluyendo Centro y Sudamérica, región que siempre ha sido considerada como “el patio trasero” del imperialismo yankee.
Desde luego los imperialistas norteamericanos, con Trump al frente, no pueden reconciliarse con esa idea que transmite la realidad. Donald J. Trump, claramente aconsejado por algún que otro personaje siniestro y reaccionario, como Marco Rubio, con el falso y mentiroso argumento de la lucha contra las drogas y el terrorismo, puso en la diana de su objetivo a Venezuela, a pesar de que llevaba meses negociando con Nicolas Maduro y de que este estaba cediendo a todas las exigencias norteamericanas, incluyendo el acceso de las multinacionales petroleras yankees al petróleo. Donald Trump fijo en sus ojos en Venezuela y vio un pais latinoamericano que cuenta con enormes reservas de petroleo, de oro, coltán, de tierras raras y otros magníficos minerales, estratégicos para la transformación digital y para la industria de guerra. Mirando entusiasmado dijo: "Oro, oro negro, oro azul: Venezuela es una gigantesca mina que voy a regalar a los oligopolios de EEUU. Voy a convertir a Venezuela en una colonia estadounidense. con un gobierno totalmente dirigido por nosotros"
Pero como hemos visto en algunas ocasiones, Trump prescinde de los formalismos y de los rodeos en los asuntos importantes para EEUU: las multinacionales estadounidenses quieren todo el petróleo, todos los recursos naturales de Venezuela y además los quiere absolutamente gratis. Primero mando buques de guerra al Mar Caribe, portaviones incluidos, para lanzar misiles a pequeños barquitos de pesca, ocupados por indefensos pescadores, a los cuales directamente Trump acusaba, (sin aportar una sola, ni una, prueba de ello) de ser narcotraficantes.
Luego el presidente de la Casa Blanca de EE.UU hizo la advertencia, el sábado 29 de noviembre, de la entrada en vigor de un total bloqueo aéreo de Venezuela. Con la “elegancia” de quien escribe en la red X la política exterior del país, en un mensaje en su red Truth Social, dijo que: “A todas las aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas (sic), por favor consideren que el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela está cerrado en su totalidad”.
Todo ello nos trae a la mente "El Cándido”, de Voltaire, esa novela del llamado Siglo de las Luces, en donde se mencionaba el sueño del mítico "El Dorado", totalmente lleno de oro por todos lados. Decían que ese territorio estaría enclavado en lo que fue el Virreinato de Nueva Granada, que englobaría a los países actuales de Panamá, Ecuador, Colombia y Venezuela, entre otros. Donal J. Trump está soñando con El Dorado moderno y lo quiere todo para las grandes empresas de los oligopolios de EEUU. Para un hombre como Trump, dicho y hecho, dice el importante hombre del Despacho Oval, recordando que también en Venezuela hay una ciudad que se llama El Dorado, en el Estado Bolívar, llamada así porque está rodeada de minas de oro. Bueno, piensa Trump, mirado con ojos traviesos de reojo por Marco Rubio, si "el oro negro es nuestro, el oro amarillo también.
Prácticamente un mes después, el 3 de enero, a las 2 de la madrugada, en una clara política “democrática y de derechos humanos”, Trump ordena la invasión y el bombardeo de Venezuela, ordenando que Nicolas Maduro y Cilia Flores sean secuestrados (aunque es claro que lo que hicieron fue invitarlos amablemente a que acudieran a Nueva York, en pijama ambos), confirmando así la veracidad de las denuncias previas hechas por Maduro, cuando afirmaba de que los EEUU atacarían la soberanía venezolana y procederían a colonizar el territorio.
Estos que exigen al prójimo el respeto estricto a las internas y externas, a la llamada legislación internacional, o sea a “las normas” que ellos mismos elaboran e impusieron a todo el mundo tras la II Guerra Mundial, son los mismos que en su actuar hacen saltar por los aires esas mismas leyes y normas.
En su intervención en Venezuela, por cierto, ello es una constante por parte del imperialismo norteamericano desde siempre, Trump se ha comportado como un genuino criminal de guerra, violando con crímenes de lesa humanidad todo el llamado orden internacional. No es casualidad que ayer mismo el presidente yanke haya firmado una orden presidencial para sacar a los EEUU de 66 organismos internacionales, 31 de ellos ligados a la ONU.
Como representante de los imperialistas estadounidenses, Trump es consciente de que no puede limitar sus acciones a si son legales o ilegales, si están bendecidas por los demás o no. Los beneficios de los superricos están por encima de cualquier consideración de tipo legal o moral, y esto no lo detendrán lo más mínimo. Toda esa vieja cantinela de las “normas establecidas” no lo pararan a la hora de defender a las grandes empresas norteamericanas frente a sus principales rivales imperialistas, los chinos y rusos, a los cuales no les va a permitir sigan superando a los EEUU de forma tan fácil.
Lo primero que ha dicho Trump tras el secuestro de Maduro es que el petróleo es suyo y que se acabaron los negocios con los demás. En una entrevista reciente al New York Times, Donald Trump lo ha dejado claro, afirmando que “no me siento limitado por ninguna ley, norma, control o equilibrio internacionales. No necesito el derecho internacional”, afirmó.
Lenin demostró en su obra, escrita en 1916, que valores abstractos como “democracia, el derecho o la paz”, que ninguna ley va a ser tenida en cuenta, en la lucha de los imperialistas por los mercados. A principio del siglo XX ello llevo al desarrollo de la I Guerra Mundial, y luego la II. Ahora el bombardeo de Caracas y al secuestro de Maduro. Quien no quiera comprender esto, jamás comprenderá nada de nada. El imponer por la fuerza bruta de las armas los intereses de unos sectores de los imperialistas sobre otros ha sido y será una constante y ello expresa crudamente las contradicciones latentes en un sistema social, el capitalismo, en una profunda crisis existencial.
Donald J. Trump puede parecer para muchos un “loco”. Pero es un loco tremendamente sincero para defender a la clase dominante estadounidense, hasta tal extremo que cuando habla todos los demás se echan a temblar, porque ya han aprendido que lo que dice lo lleva a cabo, lejos de hipócritas formas elegantes de la que siempre han hecho gala sus predecesores. Los dirigentes europeos ya lo han aprendido bien, soportando el desprecio al cual suelen someterlos Trump.
Después de Venezuela el Pentágono está analizando sus próximos pasos. A todas luces parece evidente que la persona que más presiono a Trump para la intervención en Venezuela es, ni más ni menos, que Marco Rubio, de origen cubano y con un tío preso por narcotraficante. La mala conciencia en ocasiones habla por sí sola. Rubio es enemigo natural de Cuba y por tanto sus antipatías por Venezuela estaban fuera de toda duda. Lo primero es lo primero y tras la intervención ha prohibido que Venezuela entregue una sola gota de petróleo a Cuba.
Parece clarísimo que Marco Rubio disfrutaría como un niño el poder atacar ahora a Cuba. Debe tener bellos recuerdos de cuando jugaba en casa de tu tio narcotraficante. Pero parece también evidente que fruto de experiencias pasadas, el Pentágono no está muy por la labor, ya que son conscientes de que los cubanos están preparados para una contingencia de estas, y además tienen fuertes lazos y alianzas con Rusia y China. "Maldición", se escucha gritar a Trump, que tiene a su lado a Marco Rubio, y se limita a decirle, "otra vez será chico".
¿Y si atacamos Colombia?, le dice al oído Marco Rubio a Trump, después de haberse reunido con todos los representantes de Álvaro Uribe Vélez y de los carteles colombianos del narcotráfico asentados en La Florida. La idea de bombardear Bogotá y otras ciudades colombianas, entrar en La Casa de Nariño y secuestrar a Gustavo Petro les debe resultar muy atractiva.
Pero independientemente de que consideremos a todos
estos tipos unos perros sarnosos, ellos no se mueven por diversión, sino por
negocios puros y duros. Y la CIA y el resto de los organismos de Inteligencia
de la Administración Trump son conscientes de que Petro no es Maduro, de que en
estos momentos Gustavo Petro cuenta con el apoyo firme de grandes sectores de
la sociedad, de los oprimidos, de Colombia y que no se estarían con los brazos
cruzados mientras ellos bombardean Bogotá.
Además, los norteamericanos que son expertos en el tráfico de armas también, saben que Colombia es un país lleno de armas y que existe una clara voluntad de la mayoría de su población de resistir una embestida del imperialismo. Por tanto, Donald J. Trump debe estar sonriendo y diciéndole a Marco Rubio, “tranquilo majete, dejemos este asunto tranquilo, por ahora”.
Luego está el asunto de México, país al que Trump
también está amenazando con bombardear, dice que enclaves de grupos narcos.
Pero más allá de las amenazas, iniciar una guerra en la misma frontera de los
EEUU, con una basta población latina y mexicana en los propios EEUU, en una
situación en donde arrecian ya los primeros conatos de la lucha de clases, son
motivos suficientes como para que el gobierno Trump también decida dejar
aparcada, para otro momento dicen, el asunto de México.
A por Groenlandia
Por tanto, problemas para Europa. Hay otra posibilidad, mucho más apetecible: la isla de Groenlandia, que hasta no hace mucho era prácticamente desconocida. Después de Australia, Groenlandia es la segunda isla más grande del mundo, a las orillas del océano Ártico, habitado fundamentalmente por puñado pequeño de personas, que se dedican tradicionalmente a la pesca, enlatan, también congelan bacalao y camarones. La caza de focas, que era tradicional también, disminuyo en el siglo XX. Las imágenes nevadas y heladas irradian una inmensa paz natural, en un territorio con apenas una población de 57.000 habitantes, donde las tres cuartas partes viviendo en Nuuk, la capital. Groenlandia recibe fondos públicos del gobierno danés, y casi la mitad de la población trabaja en el sector público, lo que hace que no quieran saber nada de ser estadounidense.
La isla depende formalmente, desde 1814, al reino de Dinamarca, estando a la cabeza del Estado la reina danesa, María (Mary Elizabeth Donaldson), aunque tiene gobierno propio. Desde hace ya meses Donald Trump está dejando claro que la isla debe integrarse al esquema de seguridad estadounidense, cuestionando el control danés sobre el territorio. Los llamados lideres europeos comenzaron desde hace meses a sentir sudores fríos, gritando que Dinamarca es un país de la OTAN, mientras continúan a cada paso escuchado al jefe de la Casa Blanca, a Donald J. Trump, decir que “Groenlandia es parte de los Estados Unidos. Quiero Groenlandia. Es nuestro. Pertenece legítimamente a Estados Unidos. Es esencial para la seguridad nacional".
Tras ello Trump dice que "EEUU se reunirá con Dinamarca para negociar la compra de Groenlandia, pero no descarta la intervención militar".
Pero en esta nueva época que se ha abierto, en palabras de Marco Rubio, “la diplomacia ha muerto”, en un mundo en donde el uso de la fuerza es el argumento supremo y en ello los EEUU aun cuentan con superioridad frente al resto. En un futuro esta situación también puede cambiar, como señal del declive económico norteamericano.
El nuevo orden mundial se asemeja cada vez más a una tremenda pesadilla para los pueblos de todo el mundo. Donald Trump quiere Groenlandia, dice que bombardeara también México (al Golfo de Mexico ya le ha cambiado el nombre por el de Golfo de América) y por supuesto, aunque ha hablado por teléfono con Gustavo Petro, continuará amenazando a Colombia, a Brasil, … En sí mismo él es una amenaza como el rostro visible del imperialismo estadounidense.
Desde principios de septiembre los EEUU han bombardeado pequeñas embarcaciones en las Costas de Venezuela, han enviado al Mar Caribe al todo poderoso portaaviones “USS Gerald R Ford”, a los destructores “USS Gravely” y “USS Stockdale”, junto a Cruceros, Buques Anfibios y demás medios de destrucción masiva marítimos. El gobierno imperial de Trump bloqueo el espacio aéreo y el tráfico marítimo de Venezuela, ha realizado clara piratería, han literalmente robado el petróleo que llevaban Petroleros de otros países, … Y como cena de fin de año Trump mando bombardear Nigeria,…
El imperialismo estadounidense tiene todos los frentes abiertos: Oriente Medio, África, Asia, Latinoamérica y Europa del Este: todo ello para “convencer a diestro y siniestro” que deben aceptar lo que el diga, todas y cada una de sus condiciones imperialistas que impone a todos los demás.
VENCER AL IMPERIALISMO CON LA LUCHA DE CLASES
Sin lugar a duda, como decíamos, los EEUU es una enorme potencia militar, ni más ni menos que la mayor que la humanidad ha conocido hasta ahora. Sin embargo, por sus propias acciones podemos afirmar que ellos mismos son conscientes de que no son invencibles, ni mucho menos. Si, han bombardeado Caracas, han secuestrado a Maduro y si fuera por los deseos de Trump y compañía. Ya en estos momentos Maduro y Cilia estarían acompañados por Gustavo Petro (Colombia) por Claudia Sheinbaum (México), y posiblemente por Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil).
Pero una cosa es querer algo y otra, un poco más diferente, es poder realmente hacerlo. Por ahora somos de la opinión de que Trump evitara meterse en “esas aventuras deseadas”, sobre todo porque los propios informes de la CIA y el Pentágono, deben estar alertándole de que si continua por esa vía, los propios intereses del imperialismo estadounidense se pueden ver comprometidos, ante la posibilidad existente en la situación de que produzcan estallidos sociales en uno o varios países, que pueden incendiar a todo el continente.
Los acontecimientos que analizamos, insistimos, han abierto y abrirán cada vez más fuertemente, todo un nuevo periodo en la sociedad, con acontecimientos que se desarrollarán al calor de la profundización de la crisis económica, social y política del capitalismo internacional, que tendrá dramáticas consecuencias en todos los países más atrasados económicamente del mundo. Y todo ello va ha ofrecer nuevas oportunidades en el desarrollo y el resurgimiento de la lucha de clases, que es finalmente el verdadero motor de los desarrollos históricos.
Todos estos repugnantes panoramas animarán y fortalecerán los deseos, como necesidad objetiva, de que la clase trabajadora, al frente del conjunto de los oprimidos de la sociedad, luche firmemente por cambiar la situación, en la cual no tenemos nada que perder, que no sean las cadenas que las oligarquías y el imperialismo nos coloca en el cuello para condenarnos a condiciones miseras de existencia.
El análisis de toda la situación también nos muestra la enorme necesidad, para conducir la lucha en la que entramos, de que forjemos internacionalmente una nueva dirección que este verdaderamente a la altura de las circunstancias, que no vacile y dude a cada paso, sobre todo en los momentos decisivos de la lucha.
Una dirección capaz de enfrentar con firmeza y claridad al imperialismo, junto a sus marionetas de las oligarquías y miserables clases dominantes en todos los países, capaz de trazar un programa con la perspectiva de que los trabajadores tomen el poder en sus manos, cambiando el funcionamiento de la sociedad de abajo hacia arriba.
En estas perspectivas tenemos que partir de la verdad, de la realidad tal cual es, combatiendo las mentiras oficiales que nos presentan a diario las elites dominantes, sus lacayos políticos, sus estrategas y los medios de comunicación del sistema. Hoy por hoy los trabajadores carecen de una dirección correcta, o es demasiado débil para las necesidades. Pero la naturaleza aborrece el vacío y el propio desarrollo de los acontecimientos nos deben permitir ir construyéndola y fortaleciéndola. No hay otra alternativa.
Lamentablemente las actuales direcciones con influencia entre las masas solo están ofreciendo ambigüedad y confusión a los trabajadores, en general claudicando ante las presiones de nuestros enemigos en los momentos claves. Los reformistas de todo tipo intentan convencernos de que se puede luchar por llegar a compromisos con sectores más “progresistas” de las oligarquías, de los grandes empresarios y banqueros, finalmente a compromisos con el imperialismo. Como escribió Shakespeare, en El rey Lear, “Su manera de sembrar la discordia y de arrojar leña al fuego, sus serviles complacencias; yo sé cómo, tal cual los perros, corren tras los amos”.
Generalmente muestran desconfianza en la capacidad de lucha de las masas oprimidas y se limitan a explicar “lo mal que están las cosas”, mientras hacen esporádicamente algunas críticas al comportamiento de los yankes, para acto seguido abrazarse al mundo de “la legalidad internacional para solventar los problemas”.
Se esfuerzan por llamar a las cosas con palabras que suenan “nuevas”, pero que esconden el mismo funcionamiento y las mismas políticas reaccionarias de siempre. Con ello solo consiguen aumentar la incomprensión de sectores de los trabajadores sobre los verdaderos acontecimientos. Así intentan en el fondo ocultar los crímenes del Imperialismo, llamándolo con el modismo de "neoimperialismo" (¿suena más romántico?:
Nos dicen, “El neoimperialismo de EEUU planta su bota en Latinoamérica, amenaza a Irán y Europa, y alerta a China y Rusia. Trump ultima el saqueo de Venezuela y se apresta a atacar Irán y fagocitar Groenlandia. China y Rusia hinchan músculo militar, pero eluden, de momento, el choque directo con EEUU” (www.publico.es, 11/01/2026).
Como siempre Lenin insistió, “la verdad siempre es concreta” y como como William Shakespeare escribió, “una rosa la llames como la llames huele bien, pero una m…, la llames como la llames, huele igual de mal”. Tras rebautizar al imperialismo, acto seguido Donald Trump nos ilumina a todos, afirmando de nuevo que "No necesito leyes internacionales para decidir qué hacer con el mundo". Tras atacar a Venezuela y secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro, esta ya preparado para saquear el conjunto de las riquezas petrolíferas y continúa amenazando con bombardear México para acabar con los cárteles de la droga, mientras hace lo propio advirtiendo con intervenir en Colombia, Cuba e Irán, y como decíamos, afirma categórico que "por las buenas o por las malas arrebatará Groenlandia a Dinamarca" (entrevista en The New York Times).
Con todo ello solo pueden conseguir que cada vez más capas de los mejores activistas y luchadores de la clase trabajadora y de la juventud y los oprimidos, terminen frustrándose y caigan en la desmoralización, o peor aún, que comiencen a moverse en la búsqueda de atajos lejos de la necesaria lucha de masas en toda Latinoamérica, que constituye la única forma de encontrar una salida a la situación existente, el único camino para poder vencer.
Como complemento a esta política de los llamados “reformistas”, están en la otra acera todo tipo de grupúsculos sectarios, que con sus constantes “gritos e insultos a todo”, solo logran convencerse a ellos mismos, manteniéndose aislados del grueso de la clase trabajadora.
Defendemos la necesidad de luchar por un claro
programa que enfrente cara a cara a la clase dominante en casa y al
imperialismo. Los ataques que estamos recibiendo debemos contestarlo con un
programa de lucha en las calles de todas las ciudades de Venezuela, Colombia,
México, Brasil y el resto de Centro y Sudamérica.
Este programa debería incluir como mínimo las siguientes reivindicaciones inmediatas:
- Por la retirada total e inmediata del ejército estadounidense del Caribe y de cualquier lugar que utilice para la intervención en Venezuela y cualquier otro país de la zona.
- No a los planes de convertir en una colonia total a Venezuela, controlando su industria petrolera. Expropiación sin indemnización de todos los activos de las multinacionales estadounidenses en Venezuela.
- Nacionalización de los bancos y grandes empresas venezolanas y extranjeras bajo el control y la gestión socialista de la clase obrera para hacer frente a la crisis económica garantizando salarios, vivienda, pensiones, educación y sanidad públicas dignas.
- Fin de todas las medidas represivas y de la persecución contra los luchadores y activistas de la clase trabajadora y la juventud, contra la izquierda clasista. Libertad de todos los militantes de la izquierda detenidos.
- Organizar ya una huelga general en todo el Continente en contra de la agresión imperialista al pueblo de Venezuela y los planes de Donald Trump.
- Por la revolución socialista y la Federación
Socialista de América Latina. Expropiación de los grandes latifundios,
empresas, bancos y el conjunto del sector financiero, expropiación de las
multinacionales, para poner las palancas fundamentales de la economía bajo el
control de los trabajadores y poder planificar democráticamente toda la
producción con el objetivo de erradicar el conjunto de las necesidades sociales
existentes.
Necesitamos organizar ciudad a ciudad, pueblo a pueblo esta lucha, bajo una política de Frente Único de Lucha, de la clase trabajadora, la juventud, los campesinos pobres y en general al conjunto de los oprimidos, celebrando Asambleas democráticas y constituyendo Comités de lucha que nos permita organizar y extender la movilización en todos los rincones de Latinoamérica, haciendo un llamamiento firme a la clase trabajadora norteamericana a luchar junto a nosotros, en contra de su clase opresora reaccionaria.
Y no tenemos dudas de que una cosa es Donald J. Trump y sus fanáticos acompañantes y otra bien distinta la clase obrera y los oprimidos de los EEUU, que ante un movimiento de masas contra la clase dominante se sumaría de buen grado. Existen las condiciones, económicas, sociales y políticas para ello, como lo demuestran los miles de personas que este sábado se han manifestado en Minneapolis, en protesta por el asesinato a tiros realizados por un agente federal del ICE (Migración) de una mujer, Rene Good, activista por los Derechos Civiles y los Derechos de los Migrantes. Grupos de activistas han surgido por todo el pais para organizar la lucha: "Indivisible" ha surgido como organización social, que ha sido creada para RESISTIR AL GOBIERNO DE TRUMP y ya ha convocado manifestaciones en Texas, Kansas, Nuevo México, Ohio, Florida y otros Estados.
Por ahora están exigiendo LA CONDENA DEL INCIDENTE/ASESINATO DE GOOD, AL TIEMPO QUE EXIGEN LA RETIRADA DE LOS AGENTES DEL ICE DE LAS CALLES EN LAS CIUDADES EN DONDE ESTAN PRESENTES. Aquel que no vea el enorme potencial de levantar una lucha de masas antiimperialista por todo América Latina y los Estados Unidos, jamás será capaz de ver en realidad nada. La motivación política, dotarnos de una clara perspectiva y un claro programa es al menos el 50 por ciento del éxito que tendremos con nuestra necesaria lucha.
También movilizaciones en contra de la agresión a Venezuela. Un llamamiento consciente de los oprimidos de América Latina prendera la lucha de masas también en los EEUU. Organizarlas y potenciarlas es el objetivo:
¡¡Manos a la obra, es nuestra tarea!!
¡¡JUNTOS Y ORGANIZADOS, VENCEREMOS!!


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