3 MARZO 1976 – 3 MARZO 2026
A 50 años de la matanza en Vitoria-Gasteiz
Se cumplen 50
años de la terrible matanza que ensangrentó las calles de Gasteiz, el 3 de
marzo de 1976.
Pedro María
Martínez Ocio, trabajador de Forjas Alavesas, de 27 años; Francisco
Aznar Clemente, obrero de panaderías y estudiante, de 17 años; Romualdo
Barroso Chaparro, de 19 años; José Castillo, empleado del Grupo
Arregui, de 32 años, y Bienvenido Pereda, trabajador de grupos
Diferenciales, con 30 años, fueron asesinados por la policía mientras
participaban en una asamblea de 4.000 trabajadores en la iglesia de San
Francisco del barrio obrero de Zaramaga.
Según se sabe
con total certeza, las fuerzas represivas policiales, con órdenes directas de
hacer uso de fuego real, dispararon no menos de 2.000 balas, dejando un reguero
de sangre en las calles, con los muertos por disparos y no menos 150 heridos.
La policía estaba al mando del entonces Ministro de la Gobernación franquista,
Manuel Fraga Iribarne, quien fundaría Alianza Popular, origen del
actual Partido Popular y quien fue el determinador para aquella actuación
criminal de la policía.
La clase trabajadora se levantó
El trasfondo económico y social está detrás del levantamiento de la clase obrera, ante una evidente descomposición total del régimen dictatorial franquista, que abrió las puertas a un periodo álcido de la lucha de clases en todo Euskadi, en el conjunto del Estado español.
Meses después
de la muerte del dictador Francisco Franco (noviembre de 1975) la crisis
económica del capitalismo español estaba en pleno apogeo. Los cálculos modestos
indican que entre enero y mayo del 76 España sufría una sangria de
descapitalización, en donde las fortunas del país estaban evadiendo del país
cantidades brutales. Nos dicen las estadísticas que no menos de 60.000 millones
de pesetas fueron sacados en esos meses por los capitalistas.
Mientras la
crisis estaba fracturando a las familias trabajadoras, con subidas brutales de
los precios (inflación al 20 por ciento y unos niveles de desempleo que se
desbocaron, pasando en muy poco tiempo, relativamente, desde los 300.000
desempleados en 1973, hasta los más de 1.000.000 de parados en el año 1976.
La inflación
se comía, literalmente, los sueldos de las familias trabajadoras, que
masivamente se veían enfrentadas a las colas del desempleo. En este contexto
los trabajadores aprenden y lo hacen en el sentido de que no les dejan otro
camino que no sea el de la lucha y la movilización. En esa línea avanzo a pasos
de gigantes el proceso molecular de la toma de conciencia de la clase obrera,
que se había recompuesto de la represión de la dictadura militar, aumentando en
numero y aprendiendo que debía de luchar unida contra la odiada dictadura.
Y en contra de
la burguesía, de los empresarios llenos de avaricia por aumentar sus beneficios
privados, dejaba a los trabajadores en situación de salarios de miseria. Vimos
el aumento de los procesos de luchas, de acciones huelguísticas, desde las
846.000 jornadas de trabajo perdidas por huelgas entre 1970 al 1972, hasta las
mas de 12 millones de jornadas que se perdieron en el año 1976.
Datos como
estos nos muestran un claro ascenso en el desarrollo de la lucha de clases,
mostrando un claro periodo de efervescencia en todos los rincones del país,
desde Madrid a Barcelona, desde Euskadi hasta Andalucía, obviamente con el
epicentro más importante en aquellos territorios en donde el peso de la clase
obrera era más fuerte, como eran Madrid, Barcelona, Bilbao,… Haciendo una
analogía podemos decir que estamos ante un periodo de auge de la guerra de
clases. Y como era previsible ante un gobierno de crisis, el gobierno del
“carnicerito de Málaga”, Arias Navarro, este tomo la decisión de provocar un
escarmiento represivo, hacer pagar a los trabajadores con sangre la lucha
obrera.
VITORIA - GASTEIZ 1976
El día 9 de
enero de 1976 los trabajadores de la emblemática empresa “Forjas Alavesas” se
declararon en huelga, lo cual fue el pistoletazo de salida para que un numero
importante de las empresas de Gasteiz siguieran a Forjas: Orbegozo, Aranzabal, Mevosa,
Gabilondo, Ugo, … junto con otras muchas. De esta forma, más de 6.000
trabajadores, más de 35 empresas, comenzaron a coordinar sus acciones de lucha,
en la forma más democrática que existe, la democracia de los trabajadores en
sus Asambleas. Ello fue una confrontación radical y decisiva de enfrentamiento
del movimiento obrero contra el régimen y los capitalistas que lo sustentaban.
Los
trabajadores en lucha se organizaron en torno a COMISIONES REPRESENTATIVAS, que
suponían un rechazo frontal al aparato sindical de la dictadura, el Sindicato
Vertical. Las Comisiones Representativas representaban en esencia, en estos
comienzos en una forma embrionaria, verdaderos ORGANOS DE PODER OBRERO, que
venían en el fondo a cuestionar el poder de la dictadura y de la propia clase
capitalista.
Y estas
Comisiones Representativas igualmente representaban un cuestionamiento de los
propios dirigentes de la izquierda reformista, empeñados en la búsqueda de
acuerdos por arriba, la política de pactos sociales, con los herederos de la
dictadura franquista. Estos dirigentes, bajo las banderas de la
socialdemocracia y el eurocomunismo (la variante socialdemócrata que crearon
los viejos dirigentes estalinistas de los Partidos Comunistas), que se oponían
con uñas y dientes a propiciar una ruptura revolucionaria de las masas con el
franquismo y el capitalismo, a una lucha por la transformación socialista de la
sociedad.
Los debates
democráticos de los trabajadores en las fabricas y en los barrios obreros
cuestionaban abiertamente las pretensiones de los dirigentes burocráticos de
los sindicatos de contener el movimiento de lucha de los trabajadores. En esas
Asambleas en las bases del movimiento se acordaban las acciones de lucha, en
donde el movimiento obrero se doto de dirigentes naturales para ampliar la
movilización obrera.
En estas
Asambleas de fábricas, las Comisiones Representativas comenzaron a defender sus
democráticos acuerdos, que en términos generales incluyeron asuntos como:
•Aumento salarial igual para
todos. Este punto era fundamental, pues en lugar de plantear subidas
porcentuales hacía de las subidas lineales un eje de la huelga.
•100% del salario real en caso de
enfermedad o accidente.
•Jubilación a los 60 años con el
salario real.
•Reducción de la jornada laboral.
•Ninguna empresa negocia si hay
un solo detenido en Gasteiz.
•Ninguna empresa entra a trabajar
si hay un solo despedido en Gasteiz.
•No se negocia si no es con los
representantes elegidos en asamblea y directamente con la patronal.
Mientras la
patronal y el régimen respondieron con despidos en las fábricas, en las
empresas y con represión cada vez más dura, esto solo servía en aquellos
momentos para radicalizar aún más al movimiento obrero, que respondía con más
amplitud de la lucha y más unidad desde abajo. Una vez que el movimiento d
elucha llevaba desarrollándose ya durante dos meses en Vitoria, las Asambleas
decidieron la convocatoria de una HUELGA GENERAL el día 3 de marzo.
De forma
unánime el movimiento obrero, detrás de sus Comisiones Representativas
paralizaron absolutamente la ciudad: los obreros en las fábricas, los
trabajadores en los comercios, los estudiantes, … y hasta las amas de casa
salieron a la huelga general, frente a movimientos represivos desde el primer
minuto por parte de las fuerzas represivas, siguiendo órdenes del gobierno,
enfrentando a las manifestaciones con fuego real.
El régimen y la patronal ordenan la masacre
El 3 de marzo,
a las 3 de la tarde, se con voco una masiva ASAMBLEA GENERAL en la Iglesia de
San Francisco. Horas antes de la Asamblea la Iglesia ya estaba abarrotada de
asistentes, en un ambiente de lucha total en la ciudad, con barricadas en una
ciudad totalmente paralizada por la huelga general. Desde todos los barrios
obreros de Vitoria miles de trabajadores, de jóvenes, de familias al completo
acudían a la Iglesia para asistir a la Asamblea.
Como ha
quedado acreditado fehacientemente, siguiendo ordenes del Ministerio del
Interior y de los jefes policiales, las fuerzas represivas recibían a los
asistentes con porrazos, golpes con los fusiles, y una vez la Iglesia estaba
llena, las fuerzas policiales cerraron sus puertas, rompieron los cristales de
las ventanas y arrojaron masivamente gases lacrimógenos, creando una situación
de autentico terror. Cuando los trabajadores que estaban dentro de la Iglesia
lograron abrir las puertas, en un ambiente en donde no podían respirar, cuando salían de
San Francisco, la Policía procedió a masacrarlos, disparando
indiscriminadamente, matando en el acto a cinco trabajadores y dejando heridos
por decenas.
Creemos que el
siguiente relato que se produjo por las radios policiales es clarificador de la
situación, por lo cual lo reproducimos para dejar constancia de lo que ocurrió:
“— Vamos a ver, J-2 haga lo que le había dicho. Cambio.
—...Me han puesto aquí cuatro coches en medio; los tendré que
quitar, pero de todos modos si nos marchamos de aquí se nos van a escapar de la
iglesia. Cambio.
— J-1. No interesa que Charli se marche del sitio donde está
porque entonces se nos escapan de la Iglesia. Cambio.
—...Hemos entrado dentro, pero esto está muy mal. Si no, si
no, vamos a tener que emplear armas de fuego. Cambio.
— Vamos a ver; Charli 0 para Charli, entonces el Charli que
está ahí, J2, J3 desalojen la iglesia y como sea. Cambio.
— Pero no podemos desalojar porque entonces está repleta de
tíos, repleta de tíos, entonces por las afueras estamos rodeados de personal.
Vamos a tener que emplear las armas de fuego. Cambio.
— Gasead la iglesia. Cambio.
— Date prisa. Que vengan los Charlis porque estamos rodeados
de personal; al salir de la iglesia aquí va a haber un pataleo. Vamos a tener
que usar las armas de fuego. Seguro además, eh?
— Intervenid los tres juntos J-2, J3 y Charli 3 sacarlos como
sea. Cambio.
— Qué tal está el asunto ahora por ahí? Cambio.
— Te puedes imaginar; después de tirar igual mil, mil tiros
pues y romper toda la iglesia de San Francisco, pues ya me contarás como está
toda la calle y está todo. Cambio.
— Muchas gracias ¿eh? Y buen servicio, Bueno espera un
momentito por ahí a ver si os podéis dirigir de un momento al punto cero.
Cambio
—... en la plaza de Salinas y hemos contribuido a la paliza
más grande de la historia. Cambio.
— Por cierto, aquí ha habido una masacre. Cambio.
— De acuerdo, de acuerdo. Cambio.
— Oye, pero de verdad, una masacre, eh?
—... Ya tenemos, ya tenemos munición; ya tenemos dos camiones
de munición, eh? O sea que a mansalva...
a por ellos, sin tregua de ninguna clase. Cambio”.
Acto seguido,
el gobierno creyendo que habían logrado una clara victoria sobre el movimiento
obrero, se daban felicitaciones en todos los rincones de Euskadi y el resto del
país. Pero confirmando que el movimiento obrero estaba en una etapa de auge,
que realmente se vivía una situación prerrevolucionaria, el día del entierro de
los mártires de Gasteiz, que en 1976 tenia una población de 175.000 habitantes,
más de 100.000 personas acudieron al entierro y posteriormente recorrieron las
calles de Vitoria-Gasteiz, desde el Gobierno Civil hasta el Hospital en donde
se encontraban los heridos del 3 de marzo.
Y no solo en
Vitoria, no solo en el conjunto de Euskal Herria, sino que los sucesos del 3 de
marzo en Vitoria provocaron una autentica oleada de solidaridad de clase en
conjunto del Estado, en donde en muchas empresas y fabricas por todo el país
hicieron huelga y manifestaciones de apoyo al pueblo trabajador alavés. El 8 de
marzo se celebro una huelga general en Euskal Herria, con mas de 500.000
trabajadores en huelga, la mayor movilización desde los años 30.
Frente a las
posturas absolutamente incorrectas de los dirigentes sindicales reformistas,
que piensan que siendo buenos negociadores pueden obtener buenos acuerdos con
la patronal y el gobierno, la lucha de clases, la movilizaciones y las huelgas
generales de todo aquel periodo, en donde Euskadi jugo un papel central,
permitieron que la clase obrera vasca ganara los mejores convenios, las mejores
condiciones de trabajo y salariales, del conjunto del Estado, que aún hoy 50
años después perviven en muchos casos.
En aquellos
momentos las perspectivas que tenia la propia clase dominante era de la
posibilidad implícita en la situación de un autentico estallido social
revolucionario, que no solo acabara con todos los restos de la dictadura
franquista, sino que pusiera en tela de juicio la propia pervivencia del
capitalismo en España. Y acontecimientos como los del 3 de marzo en
Vitoria-Gazteiz hacia más probables esas perspectivas.
El gobierno de
Arias Navarro era la encarnación de los últimos vestigios del franquismo y ante
el miedo a la revolución social, si le quedaban ilusiones en mantenerse en el
poder estas se frustraron. Arias Navarro presento la dimisión y las Cortes
franquistas designaron a Juan Carlos I, en julio de 1976, Rey de España, quien
designo a un esbirro también del franquismo nuevo presidente del gobierno, a
Adolfo Suarez.
Bajo las
directrices de la CIA estadounidense, en planes elaborados en los despachos del
poder en Madrid y Washington, marcaron una política de “Pactos Sociales”, con
los cuales desarmar a la clase obrera, con los conocidos como Pactos de la Transición,
en los que los dirigentes del PSOE, con Felipe González al frente, y también los dirigentes del PCE, en cabeza
de Santiago Carrillo, que era el principal partido político de la clase
trabajadora y que dirigía un sindicato obrero de masas, como era CCOO, jugaron un
papel clave de sostenimiento y apuntalamiento del capitalismo español.
Estos
dirigentes de izquierdas ayudaron a lavar la cara a los herederos del
franquismo, se negaron a convocar una HUELGA GENERAL EN TODO EL PAIS PARA
DERRIBAR AL GOBIERNO DE ARIAS NAVARRO Y LE DIERON CREDENCIALES DE DEMOCRATAS A
ADOLFO SUAREZ, A MANUEL FRAGA IRIBARNE, A MARTIN VILLA Y AL, RESTO DE
REPUGNANTES PARTICIPANTES EN LA DICTADURA FRANQUISTA.
Aquellos
acontecimientos, ocurridos hace ahora 50 años, son de la mayor importancia,
para extraer conclusiones y aprendizajes de cara al futuro, para los
trabajadores españoles y a nivel internacional. A partir de 1975 se abrió un
proceso revolucionario en España, que acabo con la dictadura franquista y si no
acabo con el propio capitalismo fue por el papel que jugaron los dirigentes
reformistas, en todas sus variedades, que prefirieron ponerse las medallas de
“traer la democracia”, dándole constantes balones de oxígenos a un sistema de
opresión de clase, que nos trajo hasta un presente en donde de nuevo la clase
obrera debe buscar el camino hacia la revolución socialista, frente al mundo de
crisis y crecente barbarie del capitalismo.
De como
acabaron los gobiernos de la UCD de Suarez, de como el PSOE gano el gobierno en
1982 y de como hemos llegado hasta el momento actual, son merecedores de otros
textos.
A 50 años de
la matanza del 3 de marzo en Vitoria-Gasteiz, honor y gloria, JUSTICIA Y
REPARACION A LAS VICTIMAS. Recordémoslos todos, porque sus ejemplos
alumbraran un futuro de JUSTICIA SOCIAL, un futuro en donde la explotación y la
represión burguesa sobre la clase obrera queda en el pasado bárbaro de la
humanidad.
Escribe Arturo Val del Olmo*
www.porelsocialismo.net
*Miembro de las “Comisiones Representativas del 3 de marzo de 1976” - de la Asociación de Víctimas 3 de marzo / Martxoak 3 Elkartea.
No ha sido un
camino fácil, durante años partidos mayoritarios e instituciones intentaron
pasar página y silenciar la lucha y la matanza de Vitoria en 1976 porque
contradecían su relato de una Transición que ni fue modélica ni pacífica. Hoy
hay consenso en considerar que esa lucha, y la solidaridad que generó, fue
determinante para hacer fracasar los intentos de reformar el franquismo e
impulsó de forma decisiva las libertades. Sin embargo, los dirigentes obreros
renunciaron a la ruptura democrática propiciando una Transición que mantuvo
intactos resortes del poder franquista y legitimó la injusticia y la impunidad
con las víctimas.
Cien mil
personas participamos en el funeral de los tres primeros asesinados aquel
aciago día, la mayor manifestación contra la dictadura fascista que se resistía
a morir matando. Durante el recorrido, miles de brazos se alzaban haciendo el
signo de victoria.
La brutal
intervención policial no pudo empañar el éxito de una huelga general que
consiguió el apoyo de todo el pueblo de Vitoria con una clase trabajadora que
durante dos meses demostró su capacidad de lucha y sacrificio enfrentándose a
una patronal intransigente enriquecida bajo la dictadura gracias a leyes
criminales y una represión sistemática del movimiento obrero. Pagamos un precio
muy alto, pero los asesinatos de Pedro María, Francisco, Romualdo, José, y
Bienvenido, acribillados a quemarropa al disolver la policía una asamblea
obrera, concitaron la solidaridad de medio millón de personas en la huelga
general más importante de Euskal Herría, y amplia contestación en el estado y
en el mundo, con dos nuevos asesinatos en Basauri y Tarragona.
Los asesinatos
de Vitoria fueron Terrorismo de Estado y no una “respuesta policial abusiva”,
como ha declarado recientemente una dirigente del partido socialista. Esa sutil
diferencia impide que se consideren delitos de lesa humanidad, que ni
prescriben ni pueden ser amnistiados, y establece víctimas de primera y de
segunda categoría. Sin ordenes o autorización del gobierno franquista el
gobernador civil no hubiera violado el concordato de 1953 con la Santa Sede,
que prohibía entrar en las iglesias, ni la policía hubiera intervenido tan fría
y premeditadamente.
Además, las
instrucciones de “no os importe matar”, dadas cuando Fraga y Martin Villa eran
ministros de interior, avalan que fueron crímenes de Estado. No fueron los
únicos, más de cien asesinatos de trabajadores y personas de izquierdas, como
el de San Fermines 78, desde la muerte de Franco hasta que se aprobó la
Constitución. Por eso, es necesario que el Gobierno de España reconozca,
pública y políticamente, que existió violencia de Estado.
Defendiendo lo
más básico; poder elegir a nuestros representantes, un sueldo decente, y una
jornada laboral digna, conquistamos las libertades ejerciéndolas, y nos
enfrentamos al poder económico que tenía a su servicio el sindicato vertical,
las instituciones, las leyes, los medios de comunicación y la policía. Nos
golpearon, nos despidieron, nos detuvieron, nos torturaron, nos balearon, nos
asesinaron, pero no pudieron doblegarnos. No nos regalaron nada, todo hubo que
conquistarlo. Conseguimos romper los topes salariales, mejoras laborales,
reconocimiento de asambleas y Comisiones Representativas, readmisión de
despedidos, garantizar el puesto de trabajo a los detenidos, que se potenciarán
las asociaciones de vecinos y se pusiera en pie un movimiento propio de las
mujeres, pero después hubo que seguir luchando porque bajo el capitalismo
ninguna mejora es estable ni permanente.
Arturo Val del Olmo durante una entrevista en 2024 | Foto:
porelsocialismo.net
Hoy sobran
razones para seguir peleando. El constante incremento de los ritmos de trabajo
aumenta las bajas laborales por trastornos mentales, la subida de los precios
adelgaza los salarios en favor de los beneficios del capital. Interminables
cadenas de subcontrataciones recaen en las empresas con empleos más precarios,
las mujeres ganan un 30% menos que los hombres, la jornada aumenta porque se
obliga a meter horas extras que en muchos casos no se pagan, los precios de la
vivienda están por las nubes debido a la especulación, la sanidad, la educación
o la dependencia se deterioran y se privatizan, el fraude y la elusión fiscal
de las grandes empresas son endémicos, y la desigualdad es creciente.
La crisis del
capitalismo y la disputa por la hegemonía imperialista incrementan el
militarismo y la agresividad, las migraciones masivas, el negacionismo
climático de la extrema derecha, la dictadura de las plataformas digitales, la
degradación del planeta, o los planes para hacer negocios con los genocidios y
el sufrimiento de millones de personas, mientras se aplican leyes, como la ley
mordaza, que criminalizan la protesta y atacan de raíz derechos que han costado
sangre, sudor, y lágrimas conseguir. Sin embargo, la clase trabajadora seguimos
ocupando la centralidad social y económica, y la historia enseña que podemos
ocupar también la centralidad política, impulsando cambios profundos en la
sociedad.
Ahora mismo, en Euskadi, más de 50 empresas o sectores afectando a miles de trabajadores están en huelga. El movimiento pensionista lucha para mejorar las pensiones de miseria de miles de mujeres que no cotizaron lo suficiente por dedicarse a tareas de cuidados, de menores y personas dependientes, porque el PSE y PNV ni siquiera permiten que se debata en el Parlamento Vasco, a pesar de haber recogido más de 145.000 firmas de apoyo. El próximo día 17 de marzo hay una convocatoria de huelga general en Euskal Herria en favor de un salario mínimo de 1.500 euros, compatible con el SMI estatal, lo que beneficiará a mujeres, personas migradas y jóvenes, y reducirá la pobreza y la precariedad. Buen momento para recuperar lecciones del 3 de marzo; la organización, la solidaridad, la unidad de acción o la extensión y coordinación de las luchas, mientras seguimos defendiendo la verdad, la justicia, la reparación y un Memorial del 3 de marzo que contribuya a conseguir esos objetivos.




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