DEL GOLFO PERSICO A ASIA, EUROPA Y ESTADOS UNIDOS
La economía mundial en la encrucijada
Como una onda expansiva económica hacia
el mundo, la intervención imperialista sobre Irán ha paralizado el Estrecho de
Ormuz, lo cual traslada de inmediato las consecuencias sobre la economía
mundial, desde el Golfo Persico hacia Asia, Europa y Estados Unidos.
Estamos ya
asistiendo a turbulencias en los mercados internacionales, que están siendo
sacudidos por el impacto de esta nueva aventura militar imperialista de los Estados
Unidos e Israel en contra Irán. Los efectos crecientes del cierre del Estrecho
se acabarán imponiendo y ya los estrategas más perspicaces de la clase
dominante ven el riesgo de una ruptura en la económica global.
El
volumen del petróleo que sale por el Estrecho de Ormuz representa, ni más ni
menos, que una quinta parte del consumo mundial de petróleo, una
cuarta parte de todo el comercio marítimo de petróleo. Además del petróleo,
por el citado Estrecho también circula una parte significativa del gas
natural licuado mundial.
En
palabras sencillas: el flujo de energía se detiene, aunque nos quieran decir
que será una cuestión de poco tiempo, y ello esta ocurriendo ante nuestros
ojos, las consecuencias serán sísmicas para los mercados financieros, para las
cadenas de suministro y, como siempre, quienes pagaremos los platos rotos
seremos las familias trabajadoras en todo el mundo.
Los llamados
mercados financieros ya han comenzado a notar los primeros efectos de los
vientos de la crisis, que presagia no una tormenta, sino un huracán que podría
llevarse por delante a toda la económica mundial. Según informes, el mercado
financiero de Dubái, en una sola sesión, perdió 12.000 millones de dólares, con
los inversores huyendo espantados de los llamados “activos en riesgos”. Pero
entramos en una situación en donde todos los activos serán de riesgos.
Esta carrera
hacia la huida de los llamados “inversores”, parásitos de las ganancias
rápidas, fáciles y seguras, en Asia Oriental protagonizaron una situación de
ventas aún más fuertes. En tan solo 3 días, las acciones en Corea del Sur
perdieron más del 20 por ciento de su valor, en donde se evaporaron más de 450.000
millones de dólares, según valores del mercado. En Japón los mercados perdieron
unos 650.000 millones de dólares, descapitalizándose.
Sin embargo,
todo esto no fue lo peor, como un síntoma anticipado de lo que veremos
desarrollarse. En los Estados Unidos el impacto fue todavía aún mayor e
inmediato. Las acciones estadounidenses vieron como sus valores se esfumaron en
más de UN BILLON DE DOLARES, con los inversores evaluando las expectativas de
crecimiento, d ellos costes energéticos y de nuevos escenarios de crisis en la
llamada geopolítica mundial.
Bajo el dominio del mercado mundial sobre cada
país, todos los sectores económicos dependen de forma directa, o indirecta, del
suministro estable de energía. Las fábricas, la agricultura, el transporte, la
logística, …. Todo este atado con miles de lazos visibles e invisibles al
suministro de energía mundial, que desempeña un papel crucial en la economía
capitalista actual.
El cierre del
Estrecho de Ormuz no es solo una amenaza que está provocando una subida de los
precios, sino que desestabiliza el sistema energético global, en el cual se
fundamenta todo el comercio mundial. Los mercados petroleros ya están mostrando
la verdadera gravedad de la interrupción del flujo de petróleo y gas por el
Estrecho de Ormuz, en donde el precio del crudo Brent se disparó por encima de
los 90 a 100 dólares barril. Algunos analistas están planteados una posibilidad
más que real, que “en caso de que la guerra desatada contra Irá se prolongue
los precios superarían rápidamente los 120 a 140 dólares por barril, y por
encima de esto si la interrupción del Estrecho es más larga”.
En esta
espiral alcista d ellos precios siempre es la mayoría de la sociedad quien paga
los platos rotos de la crisis capitalista. Y esta creciente espiral
inflacionista parece b podrá evitarla la burguesía y sus gobiernos: una subida
de los precios del petróleo, y otros productos de energía, tienen una
repercusión directa en los costes de producción en general, comenzando por los costes
en el transporte, en la fabricación.
Todo ello es trasladado al consumidor, comiéndose la inflación mayores
partes de los salarios exiguos de la clase trabajadora, en todos los
continentes.
Por primera
vez desde el mes de noviembre en los Estados Unidos el precio de la gasolina ha
superado los 3 dólares por galón. Algunos analistas ya están planteados que es
previsible que el precio llegue casi a los 5 dólares por galón. La clase obrera
norteamericana también pagara por adelantado las políticas bélicas de los imperialistas
norteamericanos y su representante, Donald J. Trump.
Y es que
realizar y mantener el despliegue militar, las operaciones logísticas a lo
largo de todo el Golfo Persico, con las patrullas navales incluidas, exigen de
grandes recursos, que los imperialistas imponen sobre los hombros de la clase
trabajadora para que paguen las facturas de sus aventuras bélicas. Y cada
“nueva aventura” en la agresiva política bélica del imperialismo norteamericano
supone nuevas y mayores cargas fiscales y de precios sobre los raquíticos
salarios de las familias trabajadoras, en los propios EEUU y el resto del
mundo. El desarrollo de la inflación supondrá un mayor empobrecimiento para la
mayoría.
En Washington
están comenzando a estar nerviosos por toda la situación, que en sus inicios
está provocando serias divisiones en las elites dominantes, que ven como la
subida de los combustibles y las crecientes turbulencias en los mercados
financieros añaden nuevo material explosivo en la sociedad. Todas las
revoluciones comienzan con divisiones en las copas altas de la clase dominante.
Las ambiciones
peligrosas del sionista Benjamin Netanyahu, junto a las ansias de los
imperialistas estadounidenses de lucha contra el avance económico de sus
principales rivales, chinos y rusos, han llevado a Trump a una escalada bélica
en Irán, que no ha calculado bien. Si pensaba que en Irán podía repetir el
patrón utilizado en Venezuela, ahora comprueba cual tamaño ha sido su error. De
entrada esta guerra le esta suponiendo un tremendo coste que tampoco evaluó
bien. Aumentan los costos de las necesidades más básicas y también esta
aumentando a un fuerte ritmo los presupuestos militares para estas aventuras,
que solo persiguen beneficios a las grandes empresas.
También el Gas
Natural Licuado de Catar salen del Golfo Pérsico por el Estrecho de Ormuz, que
como decimos está cerrado. Y ese gas es el de uno de los mayores exportadores a
nivel mundial. Y esas exportaciones de gas catarí deben pasar por ese Estrecho
para poder llegar a los mercados asiáticos y europeos.
El propio
coste del transporte de los petroleros está escalando a niveles insostenibles.
Los precios en el Atlántico se dispararon, superando los 200.000 dólares
diarios, con aumentos en los propios seguros y provocando una escasez de
buques, que no quieren, o no pueden, entrar en las zonas de conflicto. Ello
esta provocando una paralización, incluso entre los productores, que ven
reducidas sus posibilidades de exportar la producción. La misma Catar ya
anuncio que suspende sus exportaciones de varios de sus productos, incluyendo
polímeros, metanol, aluminio y fertilizantes.
Y toda esta
situación esta exponiendo, a primera vista, uno de los talones de Aquiles del
modelo económico reinante en el Golfo pérsico, que, sin contar con el paso
seguro de su producción por el Estrecho de Ormuz, se quedan paralizados. No
pueden entregar sus mercancías a los mercados mundiales. Todos estos países han
construido sus economías impulsadas en las exportaciones que pasan por un acceso
marítimo, el Estrecho, que ahora se ve ininterrumpido de golpe. Kuwait, Irak, Emiratos
Árabes Unidos y Arabia Saudí se ven paralizados, países que junto a Irán sacan
al 100 por cien su petróleo por ese Estrecho.
Para las
economías del Golfo Pérsico toda esta situación hace que vean arrastradas sus
economías al completo, incluyendo los propios presupuestos estatales. Sin los
ingresos de sus exportaciones petroleras y de gas, quedan al desnudo. Los
propios programas sociales que tienen dependen en ultima instancia de sus
exportaciones de energía. En cuestión de días, con el cierre del Estrecho,
están absolutamente atrapados. La estabilidad financiera y hasta monetaria esta
en entredicho en esta situación. Esto para los productores de energía.
De la misma
forma los grandes consumidores de energía están bajo fuego. Las consecuencias
de la ruptura del suministro amenazan a toda la economía mundial, como vemos.
Europa, desde que estallo hace cuatro años la guerra en Ucrania, ha intentado
compensar sus consumos de energía, petróleo y gas, que suministraba Rusia,
intentando sustituirlo por el del Golfo Persico. Por tanto, aunque los EEUU han
levantado el embargo a la energía rusa, ahora con el cierre del Estrecho Europa
ve no solo la subida de los precios, sino incluso la aparición de la escasez,
que pondera aun más en peligro a la economía europea expuesta a la crisis.
Y los primeros
síntomas de esta crisis energética ya estamos viéndolos en Europa, en donde los
precios de las gasolinas han subido entre un 50 y un 90 por ciento. Las
empresas europeas se enfrentan directamente a esta subida brutal de los
precios, que encarece sustancialmente los costes de su producción: acero,
cemento, petroquímicas, … todos se ven
afectados. En la débil y raquítica economía europea, frente a sus rivales
estadounidenses y chinos, estos sectores funcionan con estrechos márgenes y si
continúan soportando los efectos de la guerra en contra de Irán, muchas de
estas empresas europeas se verán abocadas a reducir producción y a despedir a
sectores de sus plantillas, de sus trabajadores.
Y una y otra
vez vemos el mismo fenómeno. El agravamiento y encarecimiento en las
posibilidades de acceder a las fuentes de energías conduce a efectos en las
cadenas de producción, que finalmente trasladan sus efectos a las condiciones
de trabajo y de vida de las familias trabajadoras. Esto es una receta acabada
para explosiones sociales, que veremos desarrollarse a diferentes ritmos en los
cinco continentes.
Los
efectos en las grandes redes de transporte y de logística se están viendo
rápida y claramente. Pero no solo eso, los efectos en las aerolíneas, que están
viéndose obligadas a cancelar centenares, miles, de vuelos en toda la región,
que por motivos de seguridad en un solo día han tenido más de 3.400 vuelos
suspendidos, de tan solo siete aeropuertos regionales. Y todos estos efectos se
ven agravados y multiplicados encada día que pasa. Para hacernos una idea
aproximada, se calcula que tan solo el cierre de la aviación de Dubái supone
diariamente mas de 1.000 millones de dólares en ingresos y de actividad económica
perdida.
Y hemos visto
parte de los efectos iniciales en los EEUU, pero los efectos económicos en el
propio Israel están siendo devastadores.
En tan solo los dos primeros días de bombardeos sobre Irán, según los
propios responsables financieros del Estado israelita cifran en más de 3.000
millones de dólares las pérdidas para su economía. Todo ello esta aumentando
las criticas y oposición, también dentro de Israel al régimen de Benjamín
Netanyahu.
Mientras el
gobierno israelí habla de que tiene reservas para otras tres semanas de
bombardeos sobre Irán, para los mercados mundiales la cuestión del factor
tiempo es algo decisivo. Y es que los sistemas energéticos funcionan sobre la
base de flujos continuos de energía, no con reservas. Con unas pocas semanas de
interrupción en esos flujos todas las cadenas de suministros, que se mueven a
nivel de los continentes, se rompen, se desestabilizan. Los diferentes
gobiernos pueden pretender aliviar algo la situación liberando sus reservas de
petróleo, pero ello solo puede ser visto como una aspirina intentando curar un cáncer.
La burguesía
mundial comienza a hacer cálculos de los efectos de toda esta situación apara
sus beneficios, para sus empresas. Todo el panorama que ven no puede ser más
preocupante. Y ello al final supone un cálculo determinante para la burguesía y
los imperialistas: Lo que está
ocurriendo en el Estrecho de Ormuz, producto de las políticas agresivas de EEUU
e Israel, está haciendo tambalear al conjunto de los mercados energéticos en
todo el mundo, efectos que se están trasladando rápidamente al Sistema financiero
mundial y a las propias cadenas de suministros industriales, que tendrá efectos
en todos los países, en los cinco continentes.
Pero como dice
el viejo proverbio ruso, “la vida enseña”. Y detrás del horror de la guerra
imperialista se manifiesta la propia debilidad orgánica de la clase capitalista
en todo el mundo. La clase obrera aprenderá, de nuevo, como detrás de toda esta
barbarie del capitalismo imperialista están las políticas de la burguesía y sus
políticos para endosándole el pago de las facturas de la crisis de un sistema
que no es el nuestro.
Y estamos
viendo como toda la economía capitalista mundial depende de un corredor
marítimo, que ha sido abocado al cierre por las bombas lanzadas contra Irán por
un régimen sionista, fascista, que para evitar la caída de su corrupto líder,
manchado con la sangre del pueblo palestino, por escándalos de corrupción y por
los propios escándalos de pederastia del caso Epstein, para desviar la atención
del mundo y del propio pueblo israelí sobre toda esta criminal corrupción
moral, ahora lanza miles de kilos en bombas contra la población inocente iraní.
En realidad, hablamos
de que la clase obrera mundial debe aprender en estas lecciones rápidas que el principal
enemigo de los trabajadores lo tenemos en casa, nuestra propia clase burguesa.
La clase
trabajadora aprende necesariamente por medio de su experiencia, de los
acontecimientos. Las guerras, las crisis, el control de toda la economía
mundial por un puñado insignificante de superricos, la explotación, la
precariedad, los bajos salarios, la inflación, los despidos, el desempleo
masivo… y todo ello acumulado, bajo la superficie va enseñando a las masas en
el sentido de que es inevitable el enfrentamiento entre las clases y las
explosiones revolucionarias.
Si todo esto
se desarrolla con enormes contradicciones, si el aprendizaje de los
trabajadores es más lento y contradictorio, evidentemente la culpa no es de la
clase trabajadora, sino de la propia debilidad de lo que los marxistas llamamos
el factor subjetivo de la revolución, una organización o partido
revolucionario, basado en las ideas y el programa del marxismo, que ayude hacer
consciente las ideas inconscientes de la clase obrera, las ideas de la
transformación socialista.
En realidad,
no hay alternativa, sino queremos hundirnos en la barbarie del capitalismo en
su etapa de decadencia histórica. Parar las guerras del imperialismo, evitar
hundirnos en el fango de un sistema social caduco, implica que la clase
trabajadora se levante en lucha, por encima del idioma, de la raza, del color
de su piel, y dotándonos de una dirección digna de tal nombre, expropiemos a la
burguesía de su dominio absoluto de la economía, situando esta al servicio de
los intereses de la aplastante mayoría de la sociedad.
¡¡Socialismo o Barbarie !!




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