DEL GOLFO PERSICO A ASIA, EUROPA Y ESTADOS UNIDOS

 La economía mundial en la encrucijada

        

             Tras los bombardeos y la destrucción en Irán, que están llevando a cabo Israel y el imperialismo estadounidense, el epicentro de toda la economía mundial se ha trasladado desde Wall Street a la estrecha Vía Fluvial del Estrecho de Ormuz, la boca del golfo Pérsico, que además de ser sitio en donde se bucea por el mejillón perla, en aguas territoriales de Irán y Omán, un informe de 2007 del “Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales” indica que diariamente salían unos 17 millones de barriles de petróleo, cifra que era a principios de este 2026 ya unos 20 millones de barriles, desde el golfo Pérsico, a través del Estrecho, al mundo, lo cual representa aproximadamente el 40 % de todo el petróleo que se comercializa en el mundo.

Como una onda expansiva económica hacia el mundo​, la intervención imperialista sobre Irán ha paralizado el Estrecho de Ormuz, lo cual traslada de inmediato las consecuencias sobre la economía mundial, desde el Golfo Persico hacia Asia, Europa y Estados Unidos.

Estamos ya asistiendo a turbulencias en los mercados internacionales, que están siendo sacudidos por el impacto de esta nueva aventura militar imperialista de los Estados Unidos e Israel en contra Irán. Los efectos crecientes del cierre del Estrecho se acabarán imponiendo y ya los estrategas más perspicaces de la clase dominante ven el riesgo de una ruptura en la económica global.

               El volumen del petróleo que sale por el Estrecho de Ormuz representa, ni más ni menos, que una quinta parte del consumo mundial de petróleo, una cuarta parte de todo el comercio marítimo de petróleo. Además del petróleo, por el citado Estrecho también circula una parte significativa del gas natural licuado mundial.

               En palabras sencillas: el flujo de energía se detiene, aunque nos quieran decir que será una cuestión de poco tiempo, y ello esta ocurriendo ante nuestros ojos, las consecuencias serán sísmicas para los mercados financieros, para las cadenas de suministro y, como siempre, quienes pagaremos los platos rotos seremos las familias trabajadoras en todo el mundo.

Los llamados mercados financieros ya han comenzado a notar los primeros efectos de los vientos de la crisis, que presagia no una tormenta, sino un huracán que podría llevarse por delante a toda la económica mundial. Según informes, el mercado financiero de Dubái, en una sola sesión, perdió 12.000 millones de dólares, con los inversores huyendo espantados de los llamados “activos en riesgos”. Pero entramos en una situación en donde todos los activos serán de riesgos.

Esta carrera hacia la huida de los llamados “inversores”, parásitos de las ganancias rápidas, fáciles y seguras, en Asia Oriental protagonizaron una situación de ventas aún más fuertes. En tan solo 3 días, las acciones en Corea del Sur perdieron más del 20 por ciento de su valor, en donde se evaporaron más de 450.000 millones de dólares, según valores del mercado. En Japón los mercados perdieron unos 650.000 millones de dólares, descapitalizándose.

Sin embargo, todo esto no fue lo peor, como un síntoma anticipado de lo que veremos desarrollarse. En los Estados Unidos el impacto fue todavía aún mayor e inmediato. Las acciones estadounidenses vieron como sus valores se esfumaron en más de UN BILLON DE DOLARES, con los inversores evaluando las expectativas de crecimiento, d ellos costes energéticos y de nuevos escenarios de crisis en la llamada geopolítica mundial.

 Bajo el dominio del mercado mundial sobre cada país, todos los sectores económicos dependen de forma directa, o indirecta, del suministro estable de energía. Las fábricas, la agricultura, el transporte, la logística, …. Todo este atado con miles de lazos visibles e invisibles al suministro de energía mundial, que desempeña un papel crucial en la economía capitalista actual.

El cierre del Estrecho de Ormuz no es solo una amenaza que está provocando una subida de los precios, sino que desestabiliza el sistema energético global, en el cual se fundamenta todo el comercio mundial. Los mercados petroleros ya están mostrando la verdadera gravedad de la interrupción del flujo de petróleo y gas por el Estrecho de Ormuz, en donde el precio del crudo Brent se disparó por encima de los 90 a 100 dólares barril. Algunos analistas están planteados una posibilidad más que real, que “en caso de que la guerra desatada contra Irá se prolongue los precios superarían rápidamente los 120 a 140 dólares por barril, y por encima de esto si la interrupción del Estrecho es más larga”.

En esta espiral alcista d ellos precios siempre es la mayoría de la sociedad quien paga los platos rotos de la crisis capitalista. Y esta creciente espiral inflacionista parece b podrá evitarla la burguesía y sus gobiernos: una subida de los precios del petróleo, y otros productos de energía, tienen una repercusión directa en los costes de producción en general, comenzando por los costes en el transporte, en la fabricación.  Todo ello es trasladado al consumidor, comiéndose la inflación mayores partes de los salarios exiguos de la clase trabajadora, en todos los continentes.

Por primera vez desde el mes de noviembre en los Estados Unidos el precio de la gasolina ha superado los 3 dólares por galón. Algunos analistas ya están planteados que es previsible que el precio llegue casi a los 5 dólares por galón. La clase obrera norteamericana también pagara por adelantado las políticas bélicas de los imperialistas norteamericanos y su representante, Donald J. Trump.

Y es que realizar y mantener el despliegue militar, las operaciones logísticas a lo largo de todo el Golfo Persico, con las patrullas navales incluidas, exigen de grandes recursos, que los imperialistas imponen sobre los hombros de la clase trabajadora para que paguen las facturas de sus aventuras bélicas. Y cada “nueva aventura” en la agresiva política bélica del imperialismo norteamericano supone nuevas y mayores cargas fiscales y de precios sobre los raquíticos salarios de las familias trabajadoras, en los propios EEUU y el resto del mundo. El desarrollo de la inflación supondrá un mayor empobrecimiento para la mayoría.

En Washington están comenzando a estar nerviosos por toda la situación, que en sus inicios está provocando serias divisiones en las elites dominantes, que ven como la subida de los combustibles y las crecientes turbulencias en los mercados financieros añaden nuevo material explosivo en la sociedad. Todas las revoluciones comienzan con divisiones en las copas altas de la clase dominante.

Las ambiciones peligrosas del sionista Benjamin Netanyahu, junto a las ansias de los imperialistas estadounidenses de lucha contra el avance económico de sus principales rivales, chinos y rusos, han llevado a Trump a una escalada bélica en Irán, que no ha calculado bien. Si pensaba que en Irán podía repetir el patrón utilizado en Venezuela, ahora comprueba cual tamaño ha sido su error. De entrada esta guerra le esta suponiendo un tremendo coste que tampoco evaluó bien. Aumentan los costos de las necesidades más básicas y también esta aumentando a un fuerte ritmo los presupuestos militares para estas aventuras, que solo persiguen beneficios a las grandes empresas.

También el Gas Natural Licuado de Catar salen del Golfo Pérsico por el Estrecho de Ormuz, que como decimos está cerrado. Y ese gas es el de uno de los mayores exportadores a nivel mundial. Y esas exportaciones de gas catarí deben pasar por ese Estrecho para poder llegar a los mercados asiáticos y europeos.

El propio coste del transporte de los petroleros está escalando a niveles insostenibles. Los precios en el Atlántico se dispararon, superando los 200.000 dólares diarios, con aumentos en los propios seguros y provocando una escasez de buques, que no quieren, o no pueden, entrar en las zonas de conflicto. Ello esta provocando una paralización, incluso entre los productores, que ven reducidas sus posibilidades de exportar la producción. La misma Catar ya anuncio que suspende sus exportaciones de varios de sus productos, incluyendo polímeros, metanol, aluminio y fertilizantes.

Y toda esta situación esta exponiendo, a primera vista, uno de los talones de Aquiles del modelo económico reinante en el Golfo pérsico, que, sin contar con el paso seguro de su producción por el Estrecho de Ormuz, se quedan paralizados. No pueden entregar sus mercancías a los mercados mundiales. Todos estos países han construido sus economías impulsadas en las exportaciones que pasan por un acceso marítimo, el Estrecho, que ahora se ve ininterrumpido de golpe. Kuwait, Irak, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí se ven paralizados, países que junto a Irán sacan al 100 por cien su petróleo por ese Estrecho.

Para las economías del Golfo Pérsico toda esta situación hace que vean arrastradas sus economías al completo, incluyendo los propios presupuestos estatales. Sin los ingresos de sus exportaciones petroleras y de gas, quedan al desnudo. Los propios programas sociales que tienen dependen en ultima instancia de sus exportaciones de energía. En cuestión de días, con el cierre del Estrecho, están absolutamente atrapados. La estabilidad financiera y hasta monetaria esta en entredicho en esta situación. Esto para los productores de energía.

De la misma forma los grandes consumidores de energía están bajo fuego. Las consecuencias de la ruptura del suministro amenazan a toda la economía mundial, como vemos. Europa, desde que estallo hace cuatro años la guerra en Ucrania, ha intentado compensar sus consumos de energía, petróleo y gas, que suministraba Rusia, intentando sustituirlo por el del Golfo Persico. Por tanto, aunque los EEUU han levantado el embargo a la energía rusa, ahora con el cierre del Estrecho Europa ve no solo la subida de los precios, sino incluso la aparición de la escasez, que pondera aun más en peligro a la economía europea expuesta a la crisis.

Y los primeros síntomas de esta crisis energética ya estamos viéndolos en Europa, en donde los precios de las gasolinas han subido entre un 50 y un 90 por ciento. Las empresas europeas se enfrentan directamente a esta subida brutal de los precios, que encarece sustancialmente los costes de su producción: acero, cemento, petroquímicas, …  todos se ven afectados. En la débil y raquítica economía europea, frente a sus rivales estadounidenses y chinos, estos sectores funcionan con estrechos márgenes y si continúan soportando los efectos de la guerra en contra de Irán, muchas de estas empresas europeas se verán abocadas a reducir producción y a despedir a sectores de sus plantillas, de sus trabajadores.

Y una y otra vez vemos el mismo fenómeno. El agravamiento y encarecimiento en las posibilidades de acceder a las fuentes de energías conduce a efectos en las cadenas de producción, que finalmente trasladan sus efectos a las condiciones de trabajo y de vida de las familias trabajadoras. Esto es una receta acabada para explosiones sociales, que veremos desarrollarse a diferentes ritmos en los cinco continentes.

               Los efectos en las grandes redes de transporte y de logística se están viendo rápida y claramente. Pero no solo eso, los efectos en las aerolíneas, que están viéndose obligadas a cancelar centenares, miles, de vuelos en toda la región, que por motivos de seguridad en un solo día han tenido más de 3.400 vuelos suspendidos, de tan solo siete aeropuertos regionales. Y todos estos efectos se ven agravados y multiplicados encada día que pasa. Para hacernos una idea aproximada, se calcula que tan solo el cierre de la aviación de Dubái supone diariamente mas de 1.000 millones de dólares en ingresos y de actividad económica perdida.

Y hemos visto parte de los efectos iniciales en los EEUU, pero los efectos económicos en el propio Israel están siendo devastadores.  En tan solo los dos primeros días de bombardeos sobre Irán, según los propios responsables financieros del Estado israelita cifran en más de 3.000 millones de dólares las pérdidas para su economía. Todo ello esta aumentando las criticas y oposición, también dentro de Israel al régimen de Benjamín Netanyahu.

Mientras el gobierno israelí habla de que tiene reservas para otras tres semanas de bombardeos sobre Irán, para los mercados mundiales la cuestión del factor tiempo es algo decisivo. Y es que los sistemas energéticos funcionan sobre la base de flujos continuos de energía, no con reservas. Con unas pocas semanas de interrupción en esos flujos todas las cadenas de suministros, que se mueven a nivel de los continentes, se rompen, se desestabilizan. Los diferentes gobiernos pueden pretender aliviar algo la situación liberando sus reservas de petróleo, pero ello solo puede ser visto como una aspirina intentando curar un cáncer.

La burguesía mundial comienza a hacer cálculos de los efectos de toda esta situación apara sus beneficios, para sus empresas. Todo el panorama que ven no puede ser más preocupante. Y ello al final supone un cálculo determinante para la burguesía y los imperialistas:  Lo que está ocurriendo en el Estrecho de Ormuz, producto de las políticas agresivas de EEUU e Israel, está haciendo tambalear al conjunto de los mercados energéticos en todo el mundo, efectos que se están trasladando rápidamente al Sistema financiero mundial y a las propias cadenas de suministros industriales, que tendrá efectos en todos los países, en los cinco continentes.

Pero como dice el viejo proverbio ruso, “la vida enseña”. Y detrás del horror de la guerra imperialista se manifiesta la propia debilidad orgánica de la clase capitalista en todo el mundo. La clase obrera aprenderá, de nuevo, como detrás de toda esta barbarie del capitalismo imperialista están las políticas de la burguesía y sus políticos para endosándole el pago de las facturas de la crisis de un sistema que no es el nuestro.

Y estamos viendo como toda la economía capitalista mundial depende de un corredor marítimo, que ha sido abocado al cierre por las bombas lanzadas contra Irán por un régimen sionista, fascista, que para evitar la caída de su corrupto líder, manchado con la sangre del pueblo palestino, por escándalos de corrupción y por los propios escándalos de pederastia del caso Epstein, para desviar la atención del mundo y del propio pueblo israelí sobre toda esta criminal corrupción moral, ahora lanza miles de kilos en bombas contra la población inocente iraní.

En realidad, hablamos de que la clase obrera mundial debe aprender en estas lecciones rápidas que el principal enemigo de los trabajadores lo tenemos en casa, nuestra propia clase burguesa.

La clase trabajadora aprende necesariamente por medio de su experiencia, de los acontecimientos. Las guerras, las crisis, el control de toda la economía mundial por un puñado insignificante de superricos, la explotación, la precariedad, los bajos salarios, la inflación, los despidos, el desempleo masivo… y todo ello acumulado, bajo la superficie va enseñando a las masas en el sentido de que es inevitable el enfrentamiento entre las clases y las explosiones revolucionarias.

Si todo esto se desarrolla con enormes contradicciones, si el aprendizaje de los trabajadores es más lento y contradictorio, evidentemente la culpa no es de la clase trabajadora, sino de la propia debilidad de lo que los marxistas llamamos el factor subjetivo de la revolución, una organización o partido revolucionario, basado en las ideas y el programa del marxismo, que ayude hacer consciente las ideas inconscientes de la clase obrera, las ideas de la transformación socialista.

En realidad, no hay alternativa, sino queremos hundirnos en la barbarie del capitalismo en su etapa de decadencia histórica. Parar las guerras del imperialismo, evitar hundirnos en el fango de un sistema social caduco, implica que la clase trabajadora se levante en lucha, por encima del idioma, de la raza, del color de su piel, y dotándonos de una dirección digna de tal nombre, expropiemos a la burguesía de su dominio absoluto de la economía, situando esta al servicio de los intereses de la aplastante mayoría de la sociedad.

¡¡Socialismo o Barbarie !!

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