BOLIVIA: TODO EL PODER A LA CLASE OBRERA
Toda la situación está dando un salto cualitativo en Bolivia. Una profunda crisis social y política se ha abierto en el país, en donde amplios sectores populares —sindicatos, organizaciones indígenas, trabajadores urbanos y rurales— se están movilizando en contra del gobierno de Rodrigo Paz. De forma clara estamos ante un conflicto clásico entre clases dominantes aliadas al capital transnacional y las clases subalternas, que están luchando para resistir a las profundizaciones de las políticas del modelo neoliberal.
El bloque de poder burgués‑empresarial
El gobierno de Rodrigo Paz es característico de un proyecto
político abiertamente alineado con las élites económicas. El presidente “conformó
su gabinete con dirigentes empresariales reaccionarios que aportaron cifras
millonarias para la campaña electoral”, dejando sin representación a las
comunidades indígenas, a los obreros y campesinos pobres. Con el gobierno
de Rodrigo Paz hemos asistido a la captura del Estado por la fracción del
capital más concentrado, que utiliza el aparato estatal para garantizar
sus intereses.
El neoliberalismo reconfigura el territorio y concentra la
riqueza
El gobierno abolió el impuesto al patrimonio y aprobó una ley
de tierras que facilita la apropiación empresarial y la explotación
multinacional de territorios de los indígenas y los campesinos más pobres. Con
esta política persiguen aumentar el proceso de acumulación capitalista por
desposesión, donde la clase dominante utiliza abiertamente al Estado como
instrumento para transferir recursos colectivos hacia el capital privado.
La resistencia popular multiforme
Como en muchos casos de los procesos revolucionarios, las protestas
comenzaron con demandas y reivindicaciones económicas inmediatas —“salarios
docentes”, “combustible contaminado”, “defensa de la tierra”— pero rápidamente
han evolucionado hacia exigencias políticas de mayor alcance: la renuncia del
presidente Paz es una de ellas. La presencia de sindicatos, organizaciones
indígenas y sectores urbanos empobrecidos indica que desde abajo en la sociedad
se confluye hacia un Frente Unico de clase, frente al capitalismo.
Intervención imperialista y disputa geopolítica
Es claro el respaldo explícito de Estados Unidos al gobierno
de Rodrigo Paz, como demuestran las declaraciones del Subsecretario Landau,
denunciando supuestos intentos de desestabilización y vinculando a los
manifestantes con el crimen organizado. Esto presagia de forma nítida una
intervención clásica del imperialismo estadounidense, que actúa en líneas a una
intervención imperialista clásica, con el objetivo de sostener a sus
gobernantes aliados en los intereses económicos y estratégicos de los EEUU en
la región.
La situación en Bolivia está dejando claro la existencia de
un bloque reaccionario regional, con el envió de Milei de material represivo,
al objeto de contener el levantamiento popular en curso.
Crisis orgánica del régimen
La crisis social ha abierto en primer lugar una clara
división también en el poder: el vicepresidente se ha posicionado en contra de
Pax y ha abierto una crisis parlamentaria, que viene a poner luz sobre la
crisis orgánica del régimen boliviano:
- el
bloque en el poder pierde cohesión,
- las
masas dejan de reconocer la legitimidad del gobierno,
- y
se ha abierto la posibilidad de una reconfiguración del orden político.
Síntesis
El escenario del Estado neoliberal, sostenido y
sosteniendo a las élites empresariales y los intereses del imperialismo
norteamericano, está en estos momentos enfrentado a una genuina insurrección
popular, que esta combinando desde las reivindicaciones materiales más
inmediatas, con otras claramente que cuestionan el poder de gobierno y la clase
dominante.
No estamos ante una lucha meramente institucional.
Estamos ante una disputa abierta por el control del territorio y del poder, una
disputa de clases en torno a como se destina la riqueza y la propia soberanía
política del país.
La clase obrera, los oprimidos de Bolivia, están demostrando
una vez más que tienen fuerzas para tomar y retener el poder en sus manos.
Crear, fortalecer y ampliar órganos de poder obrero, dotándolos de capacidad de
cisión sobre los próximos pasos a dar en la lucha es la tarea del momento.
Los trabajadores deben tomar todo el poder de la sociedad en
sus manos, sin medias tintas, hay que expropiar a la oligarquía, a los grandes
empresarios y banqueros, para que los trabajadores aborden un plan económico
democrático, que de solución a los problemas existentes para las masas.
La clase obrera boliviana debe hacer un llamamiento urgente
de solidaridad a la clase trabajadora de todo el continente para evitar y poner
fin a las injerencias del imperialismo norteamericano. Es el momento de
extender la llama de la revolución.

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