EL CHE, ¿UN ICONO?
"Aunque mucho sea tomado, mucho permanece; y aunque no somos ahora esa fuerza que en los viejos tiempos movía tierra y cielo, lo que somos, somos"
"Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo,
si en el empeño ponemos coraje y esperanza".
Alfred Tennyson
Nota Editor Blog
Los acontecimientos que estamos viviendo en estos momentos, en donde el imperialismo estadounidense esta empeñado en intervenir allí donde lo estima oportuno, con el objetivo de volver a convertir a pueblos enteros, a naciones, nuevamente en colonias subordinadas al imperialismo, en particular los pasos que están dando para cambiar el destino de la revolución cubana, provocando un cambio de fondo del régimen y devolver a la Isla a la economia capitalista, pone sobre la mesa la necesidad de que los trabajadores y la juventud nos rearmemos con las ideas y el programa de lucha revolucionaria, de las ideas del internacionalismo.
Sin lugar a dudas que El Che Guevara fue una figura revolucionaria que inspiro durante décadas a los revolucionarios en todo el mundo. Con sus aciertos y errores, sin duda lucho y dio su vida en la lucha por la emancipación de los oprimidos del mundo, especialmente en Latinoamérica. Como una forma de rendirle un merecido homenaje, también de quitar los velos del romanticismo que han pretendido poner sobre su figura, para convertirlo en un mero icono inofensivo para la lucha, publicamos el siguiente texto, escrito por el teórico marxista Alan Woods, que pensamos pone los puntos en su correcto lugar.
El Che, ¿un icono?
Por: ALAN WOODS - 08 - 10 - 2008 (www.aporea.org)
Lenin en “El Estado y la revolución” escribió:
"Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la
historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y
de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de
los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes
persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más
furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su
muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por
decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para 'consolar'
y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina
revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola".
Después de su muerte, Guevara se convirtió en un icono de los movimientos revolucionarios socialistas y una figura clave de la cultura pop moderna en todo el mundo. La fotografía del Che de Alberto Korda se ha hecho famosa, aparece en camisetas y pancartas de protesta en todo el mundo. De este modo, el Che se ha convertido en un icono de nuestra época. Después de la muerte de Lenin, la camarilla dirigente de Stalin y Zinoviev crearon un culto alrededor de su figura. Contra los deseos de Krupskaya, su cuerpo fue embalsamado y expuesto al público en el mausoleo de la Plaza Roja. Más tarde Krupskaya diría: "Durante toda su vida Vladimir Ilych estuvo en contra de los iconos y ahora le han convertido a él en un icono".
En
noviembre de 2005, la revista alemana Der Spiegel escribía sobre los
"revolucionarios pacíficos" de Europa a quienes describía como los
herederos de Gandhi y Guevara [!]. Es una absoluta farsa. Deberíamos crear la
"Sociedad para la protección del Che Guevara" frente a esas personas
que no tienen nada que ver con el marxismo, la lucha de clases o la revolución
socialista y que desean pintar una imagen completamente falsa del Che, como si
fuera una especie de santo revolucionario, un pequeño burgués romántico, un
anarquista, un pacifista gandhiano o alguna otra estupidez por el estilo.
Nuestra actitud hacia este extraordinario revolucionario es similar a
la actitud que tuvo Lenin hacia Rosa Luxemburgo. No
ocultaba sus críticas a los errores de Rosa Luxemburgo, pero Lenin tenía un
gran concepto de Rosa Luxemburgo como revolucionaria e internacionalista. Aquí
está lo que escribió sobre Rosa para defender su memoria contra los reformistas
y mencheviques:
"A
esto responderemos con una frase de una vieja fábula rusa: 'Suele suceder que
las águilas vuelen más bajo que las gallinas, pero una gallina jamás puede
remontar vuelo como un águila'. Rosa Luxemburgo [...] a pesar de sus errores
fue -y para nosotros sigue siendo- un águila. Y no sólo los comunistas de todo
el mundo venerarán su memoria, sino que su biografía y sus obras completas
(cuya publicación los comunistas alemanes están demorando excesivamente, con la
única excusa parcial de las tremendas pérdidas que están sufriendo) serán
manuales útiles para la educación de muchas generaciones de comunistas de todo
el mundo. 'Desde el 4 de agosto de 1914 la socialdemocracia alemana es un
cadáver putrefacto': esa frase hará famoso el nombre de Rosa Luxemburgo en la
historia del movimiento obrero. Y desde luego, en el patio de atrás del
movimiento obrero, entre los montones de estiércol, las gallinas tipo Paul
Levi, Scheidemann y Kautsky cacarean en torno a los errores de la gran
comunista". (Lenin. Notas de un periodista. Obras Completas. Vol. 33. p. 210. En la
edición inglesa).
Sus primeros años
Ernesto Guevara de la Serna (14 de junio de 1928 - 9 de octubre de 1967), conocido como Che Guevara, fue un marxista revolucionario, argentino de nacimiento, pero internacionalista hasta la médula. Sus antepasados, como de la mayoría de la población de América Latina, eran muy variados. Guevara es la forma castellanizada del vasco Gebara, que significa "de la provincia vasca de Araba (Álava)". Uno de los nombres de su familia, Lynch, era irlandés (la familia Lynch fue una de las 14 tribus de Galway). ¡La mezcla de sangre irlandesa y vasca es explosiva!
Nacido en el seno de una familia de clase media, no sufrió la pobreza ni el
hambre como otros muchos niños de América Latina. Pero sí padeció una mala
salud. Su naturaleza aventurera y espíritu rebelde estaban relacionados con el
hecho de que en su infancia había padecido una enfermedad asmática. Pasó toda
su vida intentando superar este problema poniéndose deliberadamente al límite.
Su inflexible determinación para remontar todas las dificultades también se podría
achacar a esta circunstancia.
Sus
instintos humanitarios le llevaron primero al terreno de la medicina y
consiguió hacerse médico. Su especialidad era la dermatología y estaba
interesado particularmente en la lepra. En aquel momento, sus horizontes no
eran más amplios que los de otros jóvenes de clase media: trabajar duro,
graduarse en medicina, conseguir un buen empleo, quizá realizar una
investigación original en la ciencia médica y un avance del conocimiento humano
con algún descubrimiento asombroso. En este período de su vida escribió:
"Cuando
comencé a estudiar medicina, la mayoría de los conceptos que ahora tengo como
revolucionario estaban ausentes en mi arsenal de ideales. Quería triunfar, como
todos. Solía soñar con ser un investigador famoso, trabajar incansablemente
para conseguir algo que pudiera, indudablemente, ser puesto al servicio de la
humanidad, pero en aquella época todo era sobre el triunfo personal. Yo era,
como todos, un producto de mi entorno".
Como
la mayoría de los jóvenes, Ernesto amaba viajar. Estaba embargado por lo que
califican los alemanes como "Wanderlust" [NdT. Ganas de conocer
mundo]. Escribió lo siguiente: "Ahora sé por una coincidencia increíble
del destino, que estoy destinado a viajar". Lo lejos que viajaría y la
dirección que emprendería aún era un libro sellado para él. No hay duda de que
habría sido un médico concienzudo, pero el Wanderlust iba más con él. Tomó la
carretera y no regresó a Argentina durante muchos años. Su naturaleza
aventurera le llevó a emprender un largo viaje en motocicleta por toda
Sudamérica.
El
vínculo entre la medicina y sus ideales políticos surgió en un discurso que
pronunció en la leprosería de San Pablo en Perú, con ocasión de su veinticuatro
cumpleaños:
"Aunque
somos demasiado insignificantes para ser portavoces de una causa tan noble,
creemos, y esta jornada sólo ha servido para confirmar esta creencia, que la
división de América en naciones inestables e ilusorias es una absoluta ficción.
Sólo somos una raza mestiza con similitudes etnográficas extraordinarias, desde
México hasta el Estrecho de Magallanes. Y así, en un intento de liberar todo el
provincialismo intolerante, propuse un brindis por Perú y una América
unida". (Diario
de una motocicleta. p. 135).
Primer despertar
Este viaje fue el
principio de una prolongada odisea que lentamente le abrió los ojos a la
realidad del mundo en el que vivía. Por primera vez en su vida entró en
contacto directo con las masas empobrecidas y oprimidas del continente.
Presenció de primera mano las espantosas condiciones en las que vivía la
mayoría de la población. La pobreza tan terrible que existía en medio de toda
la riqueza natural y belleza de este maravilloso continente causó en su mente
una impresión profunda.
Estas
contradicciones conmovieron su naturaleza apasionada y sensible, le hicieron
meditar en sus causas. El Che siempre tuvo una mente viva e inquieta. Ese mismo
fervor intelectual que demostró en su estudio de la medicina, lo trasladó al
estudio de la sociedad. Las experiencias y observaciones que hizo durante sus
viajes dejaron en su conciencia una marca duradera.
De
repente, todas sus tempranas ambiciones de avance personal parecían algo
pequeño y falto de interés. Al fin y al cabo, un médico puede curar a pacientes
individuales, pero ¿quién puede curar la enfermedad terrible de la pobreza, el
analfabetismo, la falta de techo y la opresión? No se puede curar el cáncer con
una aspirina, no se pueden curar las enfermedades subyacentes de la sociedad
con paliativos y paños calientes.
Poco
a poco, en la mente de este joven maduró y se desarrolló una idea
revolucionaria. No se convirtió inmediatamente en un marxista. ¿Qué hizo? Pensó
y leyó mucho, una costumbre que no abandonaría hasta el final de su vida.
Comenzó a estudiar el marxismo. De manera lenta e imperceptible, pero con una
inevitabilidad inflexible, se convenció de que los problemas de las masas sólo
se podrían solucionar a través de métodos revolucionarios.
Guatemala
Su conversión al marxismo consciente
recibió un impulso decisivo cuando llegó a Guatemala para conocer las reformas
implantadas por el presidente Jacobo Arbenz Guzmán. En diciembre de 1953 el Che
llegó a Guatemala, en este país Guzmán encabezaba un gobierno reformista que
intentaba llevar a cabo la reforma agraria y acabar con el sistema
latifundista.
Ya
antes de llegar a Guatemala, Guevara ya era un revolucionario comprometido,
aunque sus ideas todavía estaban en una etapa de formación. Esta circunstancia
se puede ver en una carta escrita en Costa Rica el 10 de diciembre de 1953 en
la que dice: "En Guatemala me perfeccionará y lograré lo que me falta para
ser un auténtico revolucionario". (Guevara Lynch, Ernesto. Aquí va un
soldado de América. Barcelona. Plaza y Janés Editores. 2000. p. 26).
Pero
la United Fruit Company y la CIA tenían otras ideas. Organizaron un intento de
golpe de estado encabezado por Carlos Castillo Armas, con apoyo aéreo
norteamericano. Guevara, inmediatamente, se unió a la milicia armada organizada
por las Juventudes Comunistas, pero se sintió frustrado por la inacción del
grupo. Después del golpe, comenzaron las detenciones y el Che tuvo que buscar
refugio en el consulado argentino, donde permaneció hasta que recibió un
salvoconducto. Después decidió seguir su camino hacia México.
Su
experiencia con el golpe apoyado por la CIA contra Arbenz, confirmaron sus
ideas y le llevaron a sacar algunas conclusiones. La mente del Che Guevara se
concentró en el papel de EEUU en América Latina. Era una potencia imperialista
y era el baluarte de todas las fuerzas reaccionarias en el continente.
Cualquier gobierno que intentara cambiar la sociedad, de modo inevitable, se
enfrentaría a la oposición implacable de un enemigo poderoso y despiadado.
Después
del triunfo del golpe inspirado por la CIA, el Che tuvo que huir a México
donde, en 1956, se unió al revolucionario Movimiento 26 de Julio de Fidel
Castro, que llevaba a cabo una lucha feroz contra la dictadura del general
Fulgencio Batista en Cuba. Los dos hombres parece que inmediatamente entablaron
una buena relación. Castro necesitaba hombres de confianza y el Che una
organización y una causa por la que luchar.
El Che había visto por sus propios ojos la funesta debilidad del
reformismo y le confirmó en su creencia de que el socialismo sólo se podía
conseguir mediante la lucha armada. Llegó a Ciudad de
México a principios de septiembre de 1954 y entró en contacto con exiliados
cubanos que había conocido en Guatemala. En junio de 1955, se encontró por
primera vez con Raúl Castro, y después con su hermano Fidel, que había recibido
la amnistía y salido de prisión en Cuba, donde le habían encerrado después del
fracaso del asalto al Cuartel de Moncada.
El
Che, inmediatamente, se unió al Movimiento 26 de Julio que estaba planificando
derrocar la dictadura de Fulgencio Batista. Al principio, el Che se suponía que
cumpliría un papel médico, su mala salud (sufrió durante toda su vida de asma)
no sugerían que tuviera una constitución de combatiente. Sin embargo, participó
en el entrenamiento militar junto con los otros miembros del movimiento y
demostró su valía.
El 25 de noviembre de 1956, el yate crucero Granma zarpó de Tuxpan, Veracruz, rumbo a Cuba, cargado de revolucionarios. Era un viejo barco y llevaba a más personas de las que estaba permitido. Casi se hunde con el mal tiempo y muchos de los pasajeros sufrieron mareos severos. Sólo fue el principio de sus problemas.
La expedición casi queda destruida al principio. Desembarcaron en el lugar equivocado y se quedaron atascados en los pantanos. Fueron atacados por tropas gubernamentales poco después de desembarcar y aproximadamente la mitad de los rebeldes fueron asesinados o ejecutados después de ser capturados, sólo sobrevivieron 15-20. Esta fuerza agotada y magullada de algún modo consiguió reagruparse y escapar a las montañas de Sierra Maestra, desde donde iniciaron una guerra de guerrillas contra la dictadura de Batista.
A
pesar del revés inicial, los rebeldes consiguieron dar un golpe valiente que
resonó en los corazones y las mentes de las masas y, especialmente, de la
juventud. Sus filas mermadas se llenaron con nuevos reclutas, la guerra de
guerrillas se extendió por todo el este de Cuba. El Che participaba como
médico, pero en el fragor de la batalla tuvo que decidir si serviría mejor a la
causa como médico o como guerrillero. Y decidió:
"Quizás
esa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi
dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante
de mi una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho
peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la
mochila...".
La
fuerza principal de la rebelión residía en la debilidad crónica del viejo
régimen, internamente podrido de corrupción y decadencia. A pesar del apoyo,
dinero y armas del imperialismo norteamericano, Batista fue incapaz de detener
el avance de la revolución. Sus soldados estaban poco dispuestos a arriesgar
sus vidas para defender un régimen enfermo. Debilitados y desmoralizados por
una serie de emboscadas en las cimas de Sierra Maestra, en Guisa y en los
claros de Cauto, el ejército estaba totalmente desmoralizado cuando se lanzó la
ofensiva final.
En
esta campaña el Che se convirtió en comandante, consiguió reputación por su
coraje, bravura y habilidad militar. En ese momento ya era el segundo del
propio Fidel Castro. En los últimos días de diciembre de 1958, el comandante
Guevara y su columna de guerrilleros se dirigieron al oeste para el avance
final hacia La Habana. Esta columna llevó a cabo las tareas más peligrosas en
el ataque decisivo a Santa Clara. En un discurso pronunciado en Palma Soriano
el 27 de diciembre de 1958, Castro señaló la importancia de esta ofensiva:
"Establecimos nuestra línea defensiva en el río Cautillo. Teníamos rodeado
Mapo pero aún quedaba Palma. Aproximadamente había 300 soldados enemigos.
También estábamos ansiosos por tomar las armas que había en Palma, porque
cuando dejamos La Plata, en Sierra Maestra, debido a la última ofensiva, nos
quedamos con 25 soldados armados y 1.000 reclutas desarmados. Armamos a estas
tropas a lo largo del camino, les armamos durante el combate, pero en realidad
no terminamos totalmente de armarles hasta Palma".
Las órdenes finales para el ejército rebelde fueron emitidas desde Palma el 1
de enero de 1959. Pero el golpe final que acabó con la dictadura fue la huelga
general de los trabajadores de La Habana. Todo el edificio colapsó como un
castillo de naipes. Los generales de Batista intentaron negociar una paz
separada con los rebeldes. Cuando se enteró de esto, el dictador se dio cuenta
de que el juego había terminado y huyó a la República Dominicana el día de Año
Nuevo de 1959.
En el poder
El
viejo Estado burgués fue aplastado y se formó un nuevo poder, o más bien se
improvisó, sobre la base del ejército guerrillero. El poder pasó ahora a manos
del ejército guerrillero. Los marxistas de todo el mundo se alegraron del
triunfo de la Revolución Cubana. Fue un golpe duro para el imperialismo, el
capitalismo y el latifundismo en la puerta de atrás del estado imperialista más
poderoso de la historia. Dio esperanza a las masas oprimidas en todas partes.
Pero tuvo lugar de una manera diferente a la Revolución Rusa de octubre de
1917. No había soviets y la clase obrera, aunque garantizó la victoria final de
la revolución mediante una huelga general, no jugó un papel de dirección.
Algunos
defienden que este hecho es irrelevante, que cada revolución es diferente, que
no existe un modelo aplicable a todos los casos, y otras cosas por el estilo.
Hasta cierto punto es verdad. Toda revolución tiene sus propias características
concretas que corresponden con condiciones determinadas diferentes, la
correlación de fuerzas de clase, la historia y las tradiciones de los distintos
países. Pero esta observación no agota toda la cuestión.
"La dictadura del proletariado"
Marx
explicaba que los trabajadores no sólo deben controlar el viejo aparato del
estado y utilizarlo para cambiar la sociedad, desarrolló también su teoría del
poder obrero en La guerra civil en Francia. Manifiesto del Consejo General de
la Asociación Internacional de Trabajadores 1871. ¿Cuál es la esencia de la
teoría? Marx explicaba que el viejo Estado no podía servir como un
instrumento para cambiar la sociedad. Debía ser destruido y sustituido por un
nuevo poder estatal, un estado obrero, que sería totalmente diferente de la
vieja maquinaria estatal, "el poder estatal centralizado, con sus
órganos omnipresentes de ejército permanente, policía, clero y
judicatura".
Sería
un semi-estado, por utilizar una expresión de Marx, dedicado a su propia
desaparición:
"La
Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio
universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y
revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente,
obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. La Comuna no había
de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y
legislativa al mismo tiempo. En vez de continuar siendo un instrumento del
Gobierno central, la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos
políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y
revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás
ramas de la administración. Desde los miembros de la Comuna para abajo,
todos los servidores públicos debían devengar salarios de obreros. Los
intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del
Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. Los cargos públicos
dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del Gobierno central. En
manos de la Comuna se pusieron no solamente la administración municipal, sino
toda la iniciativa ejercida hasta entonces por el Estado.
"Una
vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de
la fuerza física del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente
para destruir la fuerza espiritual de represión, el 'poder de los curas',
decretando la separación de la Iglesia y el Estado y la expropiación de todas
las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos al
retiro de la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus
antecesores, los apóstoles. Todas las instituciones de enseñanza fueron
abiertas gratuitamente al pueblo y al mismo tiempo emancipadas de toda
intromisión de la Iglesia y del Estado. Así, no sólo se ponía la enseñanza al
alcance de todos, sino que la propia ciencia se redimía de las trabas a que la
tenían sujeta los prejuicios de clase y el poder del Gobierno". (Carlos
Marx. La Guerra Civil en Francia. Manifiesto del Consejo General de la
Asociación Internacional de los Trabajadores).
Estas
ideas no guardan ninguna relación con el régimen totalitario burocrático de la
Rusia estalinista donde el Estado era un monstruoso poder opresor situado por
encima de la sociedad. Incluso la palabra "dictadura" en la época de
Marx tenía una connotación totalmente diferente a la que hoy tiene. Después de
la experiencia de Stalin, Hitler, Mussolini, Franco y Pinochet, la palabra
dictadura significa campos de concentración, Gestapo y la KGB. Pero, en
realidad, Marx tenía en mente la dictadura de la República Romana, mediante la
cual en un estado de excepción (normalmente la guerra) los mecanismos
habituales de la democracia temporalmente se suspendían y un dictador
gobernaban durante un tiempo temporal con poderes excepcionales.
Lejos
de un monstruo totalitario, la Comuna de París era una forma muy democrática
de gobierno popular. Era un estado construido que pretendía desaparecer, un
semi-estado, por utilizar la expresión de Engels. Lenin y los bolcheviques
modelaron el estado soviético en las mismas líneas tras la Revolución de
Octubre. Los trabajadores tomaron el poder a través de los soviets, que eran
los órganos más democráticos de representación popular que se han inventado
jamás.
A
pesar de las terribles condiciones de atraso que existían en Rusia, la clase
obrera disfrutaba de derechos democráticos. El programa del partido de 1919
especificaba lo siguiente: "todas las masas trabajadoras sin excepción
deben ser inducidas a tomar parte en el trabajo de la administración del
Estado". La dirección de la economía planificada principalmente estaba
en manos de los sindicatos. Este documento fue traducido inmediatamente a todas
las lenguas principales del mundo y distribuido ampliamente. Sin embargo,
cuando llegaron las purgas de 1936 fue considerado un documento peligroso y
todas las copias se eliminaron silenciosamente de todas las bibliotecas y
librerías de la URSS.
En
cualquier revolución donde el papel dirigente no lo juega la clase obrera sino
otras fuerzas, inevitablemente fluyen determinadas situaciones. Siempre existe
una tendencia a que el Estado se eleve por encima del resto de la sociedad e
incluso que las personas más dedicadas puedan ser corrompidas o perder el
contacto con las masas en determinadas circunstancias. Por esa razón Lenin
planteó sus famosas cuatro condiciones para el poder obrero:
•1) Elecciones libres y democráticas con derecho a revocación de todos los funcionarios.
•2) Ningún funcionario puede recibir un salario superior al de un trabajador
cualificado.
•3) No al ejército permanente sino el pueblo en
armas.
•4) Gradualmente,
todas las tareas de administración de la sociedad deben ser hechas por todos a
turnos (cuando todos son burócratas nadie es un burócrata).
Estas
condiciones no eran un capricho o una idea arbitraria de Lenin. En una economía
nacionalizada planificada es absolutamente necesario garantizar el máximo de
participación de las masas en la dirección de la industria, la sociedad y el
Estado. Sin eso, inevitablemente aparecerán tendencias hacia el burocratismo,
la corrupción y la mala gestión, que, al final, pueden socavar y destruir la
economía planificada desde dentro. Eso es lo que ocurrió en la URSS. Los puntos
planteados por Lenin tienen importancia con relación a los acontecimientos en
Cuba y en la propia evolución del Che.
Ministro revolucionario
El Che ocupó varios puestos en la administración revolucionaria.
Trabajó en el Instituto Nacional de Reforma Agraria, fue presidente del Banco
Nacional de Cuba, cuando firmó los billetes con su apodo: "Che". En todo este período, Guevara, se negó a cobrar el salario oficial
y recibió únicamente el bajo salario de comandante del ejército.
Este
es un pequeño detalle que nos dice mucho sobre el hombre. Decía que lo hacía
para dar "ejemplo revolucionario". En realidad, seguía la letra
del principio establecido por Lenin en El Estado y la revolución, que ningún
funcionario recibiera un salario superior al de un trabajador cualificado. Era
una medida antiburocrática. Lenin, como Marx, era bien consciente del
peligro del Estado elevándose sobre la sociedad y que este peligro también
existía en un estado obrero.
Tomando
como punto de partida el análisis de Marx y Engels de la Comuna de París, Lenin
planteó cuatro puntos clave para luchar contra la burocracia en un estado
obrero en 1917 al que nos hemos referido anteriormente:
"Reduciremos
a los funcionarios del Estado a ser simples ejecutores de nuestras directivas,
'inspectores y contables' responsables, amovibles y modestamente retribuidos
(en unión, naturalmente, de técnicos de todas clases, de todos los tipos y
grados): he ahí nuestra tarea proletaria, he ahí por dónde se puede y se debe
empezar al llevar a cabo la revolución proletaria". (Lenin. El Estado y la
revolución).
Durante
los primeros meses de gobierno soviético, el salario de un Comisario del Pueblo
(incluido el mismo Lenin) sólo era dos veces el salario mínimo de subsistencia
para un ciudadano corriente. En los siguientes años, los precios y el valor del
rublo con frecuencia cambiaban muy rápidamente y los salarios se alteraban de
acuerdo con estas subidas. Algunas veces, las cifras eran asombrosas, cientos
de miles y millones de rublos. Pero incluso en estas condiciones, Lenin
garantizó que la relación entre los salarios más bajos y los más altos en las
organizaciones estatales no superaran el límite fijado, mientras vivió el
diferencial parece que nunca fue superior a 1:5.
Por
supuesto, en unas condiciones de atraso, se tuvieron que hacer muchas
excepciones que representaban una amenaza de los principios de la Comuna de
París. Para convencer a los "especialistas burgueses" (spetsy) y que
trabajaran para el Estado soviético, era necesario pagarles salarios más
elevados. Estas medidas eran necesarias hasta que la clase obrera creara a su
propia intelectualidad. Además, se pagaban tipos especiales al "trabajador
de choque" en ciertas categorías fabriles y oficinas.
Sin embargo, estos acuerdos no se aplicaban a los comunistas. Estaba
prohibido estrictamente recibir más que un trabajador cualificado. Cualquier ingreso que recibieran y que superara esa cifra debía
ser pagado al partido. El presidente del Consejo de Diputados del Pueblo
recibía 500 rublos, comparables a los ingresos de un trabajador cualificado.
Cuando el gerente del Consejo de Diputados del Pueblo, V. D. Bonch-Bruevich,
pagó más a Lenin en mayo de 1918, recibió una "severa reprimenda" por
parte de Lenin, que lo describió como un aumento "ilegal".
Debido
al aislamiento de la revolución y la necesidad de emplear a especialistas y
técnicos burgueses, el diferencial aumentó para estos trabajadores, que podían
ganar un 50 por ciento más de lo que recibían los miembros del gobierno. Lenin
denunció esta situación como una "concesión burguesa" que debería
reducirse lo antes posible.
No
sólo en la teoría, sino también en la práctica, el Che siguió principios
revolucionarios similares.
El Che contra el estalinismo
El Che Guevara era un revolucionario instintivo. Personalmente era
incorruptible y detestaba la burocracia, el arribismo y los privilegios. Tenía la moralidad austera y puritana del luchador revolucionario.
Por esa razón, le repelían las manifestaciones de burocracia y servilismo que
observaba después del triunfo de la revolución.
El
Che con frecuencia expresó opiniones contrarias a las posiciones oficiales del
Partido Comunista de la Unión Soviética dirigido por Nikita Kruschev. Se
opuso a la "teoría" de coexistencia pacífica, no le gustaba la
actitud servil de algunos cubanos hacia Moscú y su ideología. Sobre todo, le
repelían la burocracia, el arribismo y el privilegio. Sus visitas a
Rusia y Europa del Este le conmocionaron y profundizaron su sentimiento de
desilusión con el estalinismo. La burocracia, los privilegios y el conformismo
asfixiante le disgustaban hasta lo más profundo de su ser.
Cada
vez era más crítico con la Unión Soviética y sus dirigentes. Por eso, al
principio, se inclinó hacia China en la disputa chino-soviética. Pero
presentar al Che como un maoísta es hacerle una injusticia. No hay razón para
creer que se hubiera sentido más cómodo en la China de Mao que en la Rusia de
Kruschev. La razón por la que parece que se inclinó sobre China fue que los
chinos criticaron la decisión de Moscú de retirar los misiles soviéticos de
Cuba, un acto que el Che consideró una traición.
Es
imposible llegar a una clasificación cuidadosa del Che Guevara, tenía un
carácter complejo con un cerebro fértil que siempre a la búsqueda de la verdad.
Los dogmas del estalinismo eran la antítesis absoluta de su forma de
pensamiento. Rechazaba el servilismo burocrático y el conformismo, detestaba el
privilegio de cualquier tipo. Estas ideas le convirtieron en objeto de sospecha
para los dignatarios "comunistas" de Europa y el Bloque del Este. Los
dirigentes estalinistas del Partido Comunista Francés eran particularmente
hostiles con él e incluso lanzaron una campaña de calumnias contra el Che,
describiéndole como un "aventurero pequeño burgués".
Ministro de Industria
Guevara
más tarde sirvió como ministro de Industria, en ese puesto tuvo que hacer
frente a los problemas de la edificación de una economía socialista planificada
en las condiciones difíciles que afrontaba la Revolución Cubana. Mi buen amigo
y compañero León Ferrer, el veterano trotskista cubano, trabajó con el Che en
el ministerio y mantuvo muchas discusiones con él sobre Trotsky y el
trotskismo. Le dio libros de Trotsky para que los leyera y mostró interés en
ellos. Pero había un punto que no entendía: "Trotsky escribe mucho sobre
la burocracia, pero qué significa", León se lo explicó lo mejor que pudo
después el Che dijo: "Sí, creo que ya comprendo lo que quieres
decir".
Al
día siguiente, el Che y León se reunieron para cortar caña de azúcar en los
campos. En medio de este trabajo matador, León vio un gran coche negro que
avanzaba lentamente por el campo. Se volvió al Ché y le dijo: "Comandante,
parece que tienes una visita". El Che miró sorprendido y vio la limusina.
Después su cara mostró una sonrisa y le dijo a León: "¡Mira lo que va a
suceder!"
El
coche se detuvo y un funcionario sudoroso con traje y corbata se bajó y comenzó
a caminar hacia el Che. Antes de pudiera abrir la boca el Che le gritó:
"¿Qué hace aquí? ¡Fuera! ¡Aquí no queremos burócratas!" El
funcionario avergonzado regresó al coche y el Che se volvió hacia León y le
dijo con una sonrisa triunfal: "¡Ves!
Cuando
el trotskista cubano fue detenido, el Che en persona intervino para garantizar
su liberación. (Más tarde dijo que había sido un error). También propuso
estudiar los escritos de León Trotsky, a quien consideraba como uno de los
marxistas no ortodoxos. Esta actitud es muy diferente a la postura de los
seguidores de Mao Tse Tung que describían a Trotsky como un
contrarrevolucionario y enemigo del socialismo.
Estas ideas las expresó el Che Guevara en una carta a Armando Hart
Dávalos, publicada en Cuba en diciembre de 1997 en
Contracorriente Nº 9. La carta fue escrita en Dar-es-Salaam, Tanzania, el 4 de
diciembre de 1965, durante la expedición africana del Che. En ella se expresa
en términos muy críticos sobre la filosofía soviética y el seguidismo servil de
algunos cubanos:
"En
este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace
tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay
nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el
inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes
digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos.
"Si
le das un vistazo a sus publicaciones [en Cuba] podrás ver la profusión de
autores soviéticos y franceses que tiene. Esto se debe a comodidad en la
obtención de traducciones y a seguidismo ideológico. Así no se da cultura
marxista al pueblo, a lo más, divulgación marxista, lo que es necesario, si la
divulgación es buena (no es este el caso), pero insuficiente".
Propone un plan extenso de formación política que incluye el estudio de
las obras completas de Marx, Engels, Lenin, Stalin y "y otros grandes
marxistas. Nadie ha leído nada de Rosa Luxemburgo, por ejemplo, quien tiene
errores en su crítica de Marx (tomo III) pero murió asesinada, y el instinto
del imperialismo es superior al nuestro en estos aspectos. Faltan también pensadores marxistas que luego se salieron del carril,
como Kautsky y Hilfering (no se escribe así) [el Che hace referencia al
marxista austríaco Rudolf Hilferding] que hicieron aportes y muchos marxistas
contemporáneos, no totalmente escolásticos".
Y
añade en broma: "y debía estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió,
según parece". Su interés en las ideas de Trotsky aumentaba en el mismo
grado que se desilusionaba con los regímenes burocráticos de Rusia y Europa del
Este. El Che Guevara era un lector ávido y en su última campaña en Bolivia
llevaba muchos libros con él. Entre ellos, significativamente, había libros de
Trotsky: La revolución permanente y Historia de la Revolución Rusa.
Dadas
las condiciones extremadamente difíciles de la guerra de guerrillas en las
montañas y la jungla, un guerrillero sólo llevaba consigo lo que consideraba
absolutamente necesario. Esta circunstancia nos dice mucho sobre el pensamiento
del Che en esa época. No dudamos de que, si hubiera vivido, habría girado hacia
el trotskismo y, en realidad, ya lo estaba haciendo poco antes de que su vida
se truncara.
La campaña contra el Che
El
cuarenta aniversario del asesinato del Che Guevara ha sido la señal para una
campaña ruidosa en su contra. Los ataques al Che no sólo proceden de la
derecha. Hay ataques constantes de anarquistas, libertarios y todo tipo de
"demócratas". Las críticas al Che de Regis de Bray son
particularmente desagradables, ese miserable renegado y cobarde, que jugó un
papel pernicioso en la última campaña del Che en Bolivia y que más tarde se
convirtió en reformista y asesor de Mitterand, ahora es un fiel servidor de la
burguesía y el imperialismo.
Otros
"intelectuales" como Jon Lee Anderson, que escribió un libro conocido
sobre el Che, Jorge Castañeda y Octavio paz se han unido al coro de renegados y
sinvergüenzas que compiten entre sí por "desmitificar" al Che, es
decir, echar basura sobre su memoria. Esta desagradable campaña de calumnias
cuenta con el apoyo de muchos en la "izquierda" de América Latina,
que es sólo una indicación de la degeneración de la intelectualidad
"democrática" en el período de decadencia senil del capitalismo.
El
escritor Paul Breman, nos dice que el "culto moderno al Che" oscurece
la obra de los disidentes y lo que él cree es una "lucha social
tremenda" que actualmente se está realizando en Cuba. Sí hay una
tremenda lucha social en Cuba, una lucha entre la revolución y la
contrarrevolución, una lucha entre los que desean defender las conquistas de la
revolución cubana y los que, bajo la falsa bandera de la "democracia"
quieren arrastrar a Cuba hacia la esclavitud capitalista, como ya ha ocurrido
en Rusia. En esta lucha no es posible ser neutral, y estos
"intelectuales demócratas" se han puesto abiertamente al lado de la
contrarrevolución capitalista.
Otro
de estos sinvergüenzas, el autor Christopher Hitchens, que antes se
consideraba como un socialista y seguidor de la Revolución Cubana, ahora, como
otros muchos en un tiempo amigos de Cuba, han cambiado de idea. Escribe lo
siguiente sobre el legado del Che Guevara: "La situación de icono del
Che quedó garantizada porque fracasó. Su historia fue la de la derrota y el
aislamiento, y por eso resulta tan seductor. Si hubiera vivido, el mito del Che
hace mucho que ya hubiese muerto.
No,
mi amigo Che Guevara no ha muerto, sino que está muy vivo, y será recordado
mucho después de que toda esta tribu miserable de fariseos burgueses haya sido
olvidada. Sí, el Che fue derrotado, pero al menos tuvo el coraje de intentar
luchar, y es mil veces mejor intentar luchar y caer honorablemente en la
batalla por una causa justa, que parlotear, quejarse y gimotear desde los
márgenes de la historia y hacer precisamente nada.
La cuestión de la violencia revolucionaria
La
principal acusación contra el Che es que fue responsable de una represión
brutal innecesaria. ¿Cuáles son los hechos? Después del derrocamiento, al Che
Guevera se la asignó el papel de "fiscal supremo", supervisando los
juicios y ejecuciones de cientos de criminales de guerra sospechosos del
régimen anterior. Como comandante de la prisión de La Cabaña, supervisó el
juicio y la ejecución de antiguos funcionarios del régimen de Batista y
miembros del "Buró para la Represión de las Actividades Comunistas" (una
unidad policial secreta conocida por su acrónimo español BRAC). Esta fue la
excusa para una serie de ataques violentos contra él por parte de los enemigos
de la revolución. Hemos visto toda una serie de artículos con títulos que hacen
referencia al Che como un "carnicero" y otras cosas por el estilo.
En su libro sobre
el Che, Jon Lee Anderson escribe:
"Durante
todo enero, sospechosos criminales de guerra fueron capturados y llevados
diariamente a La Cabaña. En su mayor parte, éstos no eran los altos secuaces
del antiguo régimen, la mayoría había escapado antes de que los rebeldes
asumieran el control de la ciudad y detenido el tráfico aéreo y marítimo, o
permanecían escondidos en las embajadas. La mayoría eran diputados, chivatos de
la base y torturadores policiales. Los juicios comenzaban a los ocho o nueve de
la noche, y con frecuencia, se llegaba a un veredicto a las dos o tres de la
mañana. Duque de Estrada, cuya tarea era conseguir pruebas, tomar testimonios y
reparar los juicios, también se sentaba con el Che, el 'fiscal supremo', en el
banco de apelación, donde el Che tomaba la decisión final sobre el destino de
los hombres". (Anderson, Jon Lee. Che Guevara: A
Revolutionary Live. Nueva York. 1997. Grove Press. pp. 386-387).
José
Vilasuso, un fiscal que trabajó con Guevara, dijo que estos eran
"procedimientos ilegales" donde "se juzgaban los hechos sin
ninguna consideración con los principios judiciales generales". Vilasuso
describía un proceso donde "las declaraciones del investigador constituían
una prueba irrefutable de maldad" y donde "había parientes de las
víctimas del régimen anterior que fueron nombrados jurado del acusado".
Solón de Atenas, que escribió la Constitución ateniense y sabía una o
dos cosas sobre las leyes, dijo lo siguiente: "Las leyes son semejantes a
las telas de araña: contienen lo débil y lo ligero, y son deshechas y
traspasadas por lo fuerte y lo poderoso". La ley
nunca ha sido superior a los intereses de clase que hay detrás de ella. La
burguesía se oculta detrás de la llamada imparcialidad de la ley para
enmascarar la dictadura de los grandes bancos y monopolios. Cuando ya no
conviene a sus intereses de clase, apartan a un lado estas leyes y ejercen
abiertamente la dictadura.
Las
personas que fueron ejecutadas en La Cabaña eran, como reconoce la cita
anterior, conocidos seguidores de la dictadura de Batista que torturaron y
asesinaron a muchas personas sin juicio, informadores que espiaban a la
población y que fueron responsables de su encarcelamiento, tortura y muerte, y
los propios torturadores. Estas personas son las que fueron llevadas ante los
pelotones revolucionarios. ¿Se supone que debemos levantar con horror las manos
por esto? ¿Se supone que debemos conmocionarnos cuando la revolución ajusta las
cuentas con sus enemigos?
Los mismos fariseos de clase media que gimotean por estas ejecuciones
son los que apoyan la "reconciliación y paz" en lugares como Chile,
Argentina o Sudáfrica. Son los autores de la obscena
farsa de "comisiones de la verdad" donde los asesinos y los
torturadores se reúnen cara a cara con sus víctimas, con las viudas y
huérfanos, con personas que sufrieron torturas indescriptibles o años de
prisión por sus ideas. Al final, se supone que deben reconciliarse y estar
"en paz". Sí, ¿cómo los muchos otros que están "en paz" en
fosas anónimas o en el fondo del Río de la Plata con las manos destrozadas?
Esta
paz y reconciliación no es otra cosa que un engaño cruel y las llamadas
comisiones de la verdad una evasión cobarde de la verdad: nunca puede haber paz
y reconciliación entre los asesinos y los torturadores, con sus víctimas que
piden justicia incluso desde la tumba. Es absolutamente intolerable que hoy
conocidos asesinos y torturadores caminen por las calles de Santiago, Buenos
Aires y Johannesburgo, y sus víctimas obligadas a vivir con este hecho. En
España, los reformistas y los estalinistas suscribieron un vergonzoso fraude
llamado "transición". Los carniceros fascistas responsables de la
muerte de más de un millón de personas quedaron sin castigo por ello. Los
reformistas en Chile y en otras partes siguieron este ejemplo.
¿Es
algo bueno permitir a Pinochet morir tranquilamente de viejo en su cama? ¿No
habría sido más justo que este carnicero de masas hubiese sido juzgado por las
familias de sus víctimas? Los fariseos dicen ¡una violación de los principios
de la legalidad! Nosotros respondemos: ¡un acto de justicia revolucionaria! Predicar
el amor y la reconciliación en medio de la lucha de clases es una forma de
crimen, siempre se espera que el débil y el indefenso muestren amor y olvido,
mientras que el rico y el poderoso siempre escapan a las consecuencias de sus
crímenes.
El
Che Guevara fue un humanitario que tenía un profundo amor por los pobres y los
oprimidos y, por consiguiente, sentía un profundo odio hacia los opresores y
explotadores. Escribió lo siguiente:
"El odio es un elemento de lucha, el odio implacable del enemigo
que nos impulsa a ir más allá de los límites naturales de los hombres y
transformarnos en máquinas efectivas, violentas, selectivas y asesinos fríos.
Nuestros soldados deben ser así, una persona sin odio no puede derrotar a un
enemigo brutal".
¿Palabras
crueles? Sí, pero la lucha de clases es cruel y las consecuencias de la derrota
son mortíferas. Cuba está sólo a 90 millas de la nación imperialista más
poderosa de la tierra. Poco después de estos acontecimientos el imperialismo
norteamericano organizó una invasión con la ayuda de los agentes de Batista que
el Che no consiguió llevar ante los pelotones de fusilamiento.
Los
ataques de los enemigos de la revolución están motivados por el rencor y la
hipocresía. Una revolución tiene que defenderse de sus enemigos, tanto
internos como externos. Una revolución, que por su propia naturaleza
derriba todas las viejas leyes, reglas y regulaciones, no se puede esperar que
opere sobre la base de la legalidad burguesa. Tiene que inventar nuevas leyes y
una nueva legalidad, y la única ley que conoce es la inventada hace mucho por
Cicerón: salus populi suprema lex est (la salvación del pueblo es la ley
suprema).
Para los revolucionarios, la salvación de la revolución es la ley
suprema. La idea de que una revolución debe bailar el minueto de la legalidad
burguesa es sólo una estupidez.
A
lo largo de la historia, ha habido muchos levantamientos de los oprimidos
desamparados contra sus amos. Los anales de la historia humana están llenos de
rebeliones esclavas derrotadas y tragedias similares. En cada caso, encontramos
que los esclavos fueron derrotados porque no mostraron suficiente determinación
y fueron demasiado suaves y confiados, mientras que la clase dominante siempre
está dispuesta a emplear los métodos más brutales y sangrientos para mantener
su dominio de clase.
La
historia está repleta de ejemplos de la brutalidad de la clase dominante. Después
de la derrota de Espartaco, los romanos crucificaron a miles de esclavos a lo
largo de la Vía Apia. En junio de 1848, el general Cavaignac había prometido
perdón y masacró a los trabajadores. El burgués Thiers había jurado la ley y
dio al ejército carta blanca para la masacre. Después de la derrota de la
Comuna, los carniceros de Versalles se vengaron de manera terrible de los
proletarios de parís.
Lissagaray
(Historia de la Comuna de París de 1871 escribe lo siguiente:
"Las
masacres masivas duraron hasta los primeros días de junio y las ejecuciones
sumarísimas hasta mediados de ese mes. Durante un largo período, en el Bois de
Boulogne se representaban dramas misteriosos. Nunca se conocerán el número
exacto de víctimas de la Semana Sangrienta. El jefe de la justicia militar
admitió 17.000 ejecutados, el consejo municipal de París pagó los gastos de
enterramiento de 17.000 cadáveres, pero un gran número fueron asesinados fuera
de París o quemados. No es una exageración decir que por lo menos fueron
20.000.
"Muchos
campos de batalla han registrado más muertes, pero al menos éstos han caído en
el fragor del combate. El siglo no ha presenciado una carnicería de esta
magnitud después de la batalla, no hay nada igual en a historia de nuestras
guerras civiles. El día de San Bartolomé, junio de 1848, el 2 de diciembre,
formarían sino un episodio de las masacres de mayo. Incluso los grandes
ejecutadores de Roma y de los tiempos modernos palidecen ante el Duque de
Magenta. Las hecatombes de las victorias asiáticas, sólo las fiestas de Dahomey
podrían dar alguna idea de esta matanza de proletarios".
Hay
otros muchos más ejemplos recientes. Después del derrocamiento del gobierno
elegido democráticamente de Arbenz, los gobernantes de Guatemala desataron una
guerra genocida sangrienta contra su propio pueblo con la ayuda de la CIA.
Pinochet asesinó y torturó a decenas de miles. En Argentina, con la Junta hubo
una gran carnicería. En el caso de Cuba, el títere norteamericano Batista,
asesinó y torturó a innumerables opositores.
Todo forma parte del registro histórico. Los llamados demócratas en EEUU y en la Unión Europea pretenden estar conmocionados ante la violencia revolucionaria de la Revolución Cubana contra sus enemigos, pero estas mismas personas están dispuestas a cerrar los ojos ante los crímenes de los déspotas contrarrevolucionarios que eran amigos del imperialismo norteamericano. Como dijo el presidente Franklin D. Roosevelt sobre el dictador nicaragüense Somoza: "Es un hipo de puta, pero es nuestro hijo de puta".
Bahía de Cochinos
La
burguesía aborda la cuestión de la violencia desde un punto de vista de clase y
práctico. La clase obrera también debería hacerlo. La idea de que es posible
derrotar al enemigo de clase dándoles lecciones de moralidad es algo ingenuo e
insensato. La verdadera razón de los lamentos hipócritas de escándalo moral
contra las revoluciones cubana (y rusa) es que aquí al menos los esclavos
lucharon contra los esclavistas, pero ganaron.
Al principio, Castro no planteó una perspectiva socialista y no
nacionalizó nada. El Che, por otro lado, insistía en que la revolución cubana
debía ser una revolución socialista. La revolución
pronto entró en conflicto con el imperialismo estadounidense, que intentó
sabotear sus intentos de poner en práctica la reforma agraria y otras medidas
destinadas a mejorar las condiciones de vida de las masas. Las grandes
empresas norteamericanas intentaron sabotear la economía cubana. Castro
respondió con la nacionalización de toda la propiedad estadounidense en Cuba.
La revolución cruzó el Rubicón. Había expropiado a los terratenientes y
capitalistas, colisionado con Washington.
Era
la confirmación absoluta de la teoría de la revolución permanente de Trotsky,
una teoría en la que estaba interesado el Che y se llevó con él una copia del
libro en su última expedición a Bolivia. Trotsky explica que en las
condiciones modernas, las tareas de la revolución democrático-burguesa en los
países coloniales y ex - coloniales no las puede realizar la burguesía, que
sólo se pueden conseguir a través de la expropiación de los terratenientes y
capitalistas, y con el comienzo de la transformación socialista de la sociedad.
Los
"demócratas" imperialistas respondieron organizando una invasión de
Cuba. La CIA armó y entrenó a mercenarios cubanos, dispuestos a efectuar el
derrocamiento violento del gobierno revolucionario. La revolución se defendió,
movilizando y armando a los trabajadores y campesinos. Las fuerzas
imperialistas fueron derrotadas en la Bahía de Cochinos, era la primera vez que
el imperialismo sufría una derrota militar en América Latina. La revolución
había triunfado.
Si
los reaccionarios hubieran conseguido recuperar el poder, ¿qué habrían hecho?
¿Habrían invitado a los trabajadores y campesinos cubanos a unirse con ellos en
una celebración universal de hermandad y reconciliación? ¿Habrían creado una
comisión de la verdad e invitado al Che y Fidel Castro a participar? Habrían
llenado no una Cabaña, sino cien, con sus víctimas. Sólo un ciego no
comprendería este hecho, pero no hay más ciego que el que no quiere ver.
El Che y la revolución mundial
La
Revolución Cubana estaba en peligro. ¿Cómo se podía salvar? El Che Guevara
tenía la idea correcta, y se encaminaba en la dirección correcta antes de que
su joven vida acabara de manera brutal. Se opuso radicalmente a la
burocracia, la corrupción y los privilegios, que hoy son la mayor amenaza para
la Revolución Cubana y, si no se corrigen, prepararán el camino para la
restauración capitalista. Sobre todo, comprendía que la única manera de
preservar la Revolución Cubana era extendiendo la revolución socialista al
resto del mundo, comenzando con América Latina.
Sus
discursos contra la burocracia y sus críticas de la Unión Soviética eran más
abiertos en la medida que crecía la influencia de la Unión Soviética en Cuba.
En general, cada vez era más escéptico con la Unión Soviética. Públicamente,
acusó a Moscú de traicionar la revolución colonial. En febrero de 1965, el
Che hizo lo que se convertiría en su última aparición en la escena
internacional cuando pronunció un discurso en el Segundo Seminario Económico
sobre Solidaridad Afroasiática en Argel. En el curso de su discurso declaró:
"No hay fronteras en esta lucha a muerte. No podemos permanecer
indiferentes frente a lo que ocurre en cualquier parte del mundo. Una victoria
en cualquier país contra el imperialismo es nuestra victoria, como una derrota
en un país es nuestra derrota". Y continúa: "Los países socialistas
tienen el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países
explotadores de Occidente".
Era
una condena muy explícita de la política de coexistencia pacífica aplicada por
Moscú. Consideraba que la retirada de los misiles soviéticos del territorio
cubano sin consultar a Castro era una traición. Apoyó de forma entusiasta
al pueblo vietnamita en su guerra de liberación contra el imperialismo
norteamericano. Llamó a los pueblos oprimidos de otros países a que tomaran
las armas y crearan "cien Vietnam". Estas palabras horrorizaban a
Kruschev y a la burocracia moscovita.
En su mente maduraba lentamente la idea de que la única forma de salvar
la revolución cubana era extiendo la revolución a escala mundial. Esta idea era fundamentalmente correcta. El aislamiento de la
Revolución Cubana era la mayor amenaza para su supervivencia. El Che no era un
hombre que siguiera una idea para dejarla sobre el papel, decidió ponerla en
acción. El Che Guevara abandonó Cuba en 1965 para participar en las luchas
revolucionarias en África. Primero fue a Congo-Kinshasa, aunque su paradero
permaneció en secreto durante los dos años siguientes.
El
Che escribió una carta en la que reafirmaba su solidaridad con la Revolución
Cubana pero declaró su intención de abandonar Cuba e ir al extranjero a luchar
por la causa de la revolución. Decía lo siguiente "Otras naciones del
mundo requieren mis modestos servicios" y, por tanto, decidió ir y luchar
como un guerrillero "en nuevos campos de batalla". Para no perjudicar
al gobierno cubano y dar excusas a los imperialistas para que atacaran Cuba,
anunció su dimisión de todos sus cargos en el gobierno, en el partido y en las
fuerzas armadas, renunció a su ciudadanía cubana que le había sido concedida en
1959 como reconocimiento a sus esfuerzos en nombre de la revolución.
"Esta es la historia de un fracaso"
En
aquel momento África estaba en una situación de fermento. Los colonialistas
franceses habían sido expulsados de Argelia y los imperialistas belgas habían
tenido que abandonar el Congo. Pero los imperialistas estaban organizando una
acción obstinada en la retaguardia en alianza con el régimen del apartheid
sudafricano y elementos reaccionarios de diferentes países. En juego estaba la
inmensa riqueza mineral de África, también era el principal campo de batalla
entre la Unión Soviética y EEUU.
El
Che llegó a la conclusión de que ese era el mejor lugar para luchar. Ben
Bella, presidente de Argelia, había mantenido discusiones con Guevara y dijo:
"La situación que domina África, que parecía tener un enorme potencial
revolucionario, hizo que el Che llegara a la conclusión de que África era el
eslabón débil del imperialismo. Decidió que debía dedicar sus esfuerzos a
África".
El
Congo acababa de conseguir la independencia, los imperialistas belgas y
franceses sabotearon el gobierno de izquierdas de Patrice Lumumba creando un
caos que sirviera de pretexto para una intervención militar. Con la
colaboración activa de la CIA, los reaccionarios encabezados por Mobutu
asesinaron a Lumumba y tomaron el poder en Leopoldville (Kinshasa). Los
seguidores de Lumumba iniciaron una guerra de guerrillas. La operación cubana
se llevó a cabo con el apoyo de los rebeldes al mando de Laurent Kabila. De
modo asombroso, Guevara a sus 37 años de edad no tenía una formación militar
formal (su asma le impidió cumplir el servicio militar en Argentina), pero
tenía la experiencia de la Revolución Cubana y eso era suficiente. De la misma
forma, Trotsky tampoco tenía formación militar cuando formó el Ejército
Rojo, pero los soldados rojos, armados con el fervor revolucionario, derrotaron
a los ejércitos extranjeros lanzados contra ellos.
Napoleón
dijo hace mucho que en la guerra la moral siempre es el factor decisivo. Sin
embargo, el Che rápidamente se desilusionó de sus aliados congoleños. Tenía
poca consideración por la capacidad de Kabila. "Nada me hace creer que
es el hombre de la hora" escribía. Los revolucionarios rusos y cubanos
luchaban por una causa en la que creían. Pero en el Congo, la lucha
antiimperialista se mezclaba con las divisiones tribales, ambiciones personales
y corrupción. Este hecho se pudo ver en los acontecimientos posteriores. En
mayo de 1997, Laurent Kabila derrocó a Mobutu y se convirtió en presidente de
la República Democrática de El Congo. En ese puesto, en el que estuvo hasta su
asesinato en 2001, se comportó como un tirano corrupto. Fue sucedido en la
presidencia por su hijo, igualmente corrupto, Joseph Kabila.
La
CIA y los mercenarios sudafricanos trabajaban con las fuerzas de Mobutu para
derrotar a los rebeldes. Pronto se dieron cuenta de que luchaban contra un
enemigo muy serio, aunque al principio no conocían la presencia del Che. Sin
embargo, la CIA alerto de su presencia a los sudafricanos. En Diario de El
Congo, el Che habla de la incompetencia, estupidez y luchas internas en las
fuerzas congoleñas locales. Esa fue la principal razón del fracaso de la
revuelta, sin la ayuda cubana habría sido derrotada mucho antes.
Después
de siete meses de frustraciones, sufriendo de asma, disentería y desilusionado
con sus aliados, el Che abandonó el Congo con los supervivientes de su fuerza
de afrocubanos. Más tarde, cuando escribía sobre su misión en el Congo, declaró
con amargura: "Es la historia de un fracaso".
Después del fracaso en África, el Che decidió intentar abrir un nuevo frente revolucionario en América Latina. Parece que eligió Bolivia por su situación estratégica, un país fronterizo con varios países importantes, incluido Argentina. Adoptó el disfraz de un empresario uruguayo con gafas gruesas y cabeza rapada. Era tan perfecto que cuando dio el adiós final a su pequeña hija ella no le reconoció. Sin embargo, no eran tan fácil engañar a los imperialistas.
El Che cometió un error al intentar organizar una guerra de guerrillas en Bolivia, un país con una poderosa clase obrera con grandes tradiciones revolucionarias. Calculó mal en varios de los terrenos. Esperaba enfrentarse a un ejército boliviano escasamente formado y equipado. Pero, como ya hemos señalado, los imperialistas aprendieron la lección en Cuba y estaban preparados. El Che murió sólo once meses después del inicio de la operación guerrillera. Sólo cinco hombres consiguieron escapar de la trampa preparada para ellos por el ejército boliviano y sus "asesores" norteamericanos.
Leer hoy el Diario de Bolivia del Che es una experiencia conmovedora y
trágica. Los sufrimientos físicos y mentales de este
pequeño grupo de hombres son indescriptibles. Su destino final es desgarrador.
Estableció su base en la jungla de la remota región de Ñancahuazú. Pero
construir un ejército guerrillero en estas condiciones demostró ser
extremadamente difícil, como muestra su diario boliviano. Comenzar la
revolución en las junglas de Bolivia era desde el principio una aventura
imposible. La fuerza guerrillera era aproximadamente era sólo de unos
cincuenta. Sufrieron unas enormes dificultades a la hora de reclutar entre la
población local, que ni siquiera hablaba español. Las guerrillas habían
aprendido quechua, pero el idioma local era el tupí-guaraní.
A
pesar de todo, las guerrillas demostraron un tremendo valor y determinación,
consiguieron varios éxitos tempranos contra los soldados regulares bolivianos
en las montañas Camiri. Sin embargo, en septiembre, el ejército consiguió
eliminar a dos grupos guerrilleros, asesinando a uno de los dirigentes. Desde
este momento, luchaban una batalla que estaba perdida de antemano. Además,
según seguía la campaña, la salud del Che se deterioraba. Sufría unos ataques
de asma severos y debilitantes.
Las
autoridades bolivianas finalmente alertadas sobre la presencia de Guevara
cuando las fotografías tomadas por los rebeldes cayeron en sus manos tras un
enfrentamiento con el ejército boliviano en marzo de 1967. Dicen que después
de verlas, el presidente René Barrientos exclamó que quería la cabeza de
Guevara en una pica en el centro de La Paz. Aquí tenemos una auténtica
expresión del pacifismo humanitario de la burguesía: las mismas personas que
critican a los revolucionarios por la violencia.
A
pesar de los intentos de presentarle como un monstruo sanguinario (¿qué
dirigente revolucionario no ha sido presentado así?), el Che en realidad era
una persona muy humanitaria. En un pasaje conmovedor de su Diario de Bolivia,
recuerda el momento en que pudo disparar a un joven soldado, pero le fue
imposible apretar el gatillo.
¡Esta
no es la conducta de un hombre cruel y sanguinario! El Che personalmente dio
tratamiento médico a los soldados bolivianos heridos hechos prisioneros por
las guerrillas y después les dejaba libres. Este comportamiento humano
contrasta con el tratamiento brutal que él mismo recibió cuando cayó en manos
del ejército boliviano. Incluso se dice que, cuando fue capturado, se ofreció a
tratar a algunos soldados bolivianos heridos en combate. El oficial boliviano
al cargo rechazó este ofrecimiento.
Traición estalinista
Los
hombres del Che se enfrentaron a innumerables obstáculos, no sólo el idioma, el
clima (casi siempre llovía) y el terreno. Bajo la dirección pro-estalinista de
Moscú, Mario Monje, del Partido Comunista Boliviano, era tremendamente
hostil a Guevara y le molestaba su presencia en Bolivia. Los estalinistas
bolivianos se negaron a cumplir sus compromisos con las guerrillas, decían que
no existían condiciones para iniciar una ofensiva revolucionaria en Bolivia. Fidel
Castro, en su introducción al Diario de Bolivia del Che, respondía muy bien
a esta idea:
"Es
notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes revolucionarios
que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el
título de secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al
Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que alegó,
además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista,
a su juicio, por lo visto, le bastaba el título de haberlo sido para reclamar
tal prerrogativa.
"Mario
Monje, por supuesto, no tenía ninguna experiencia guerrillera ni había librado
jamás un combate, sin que por otro lado su auto conceptuación de comunista lo
obligase siquiera a prescindir del grosero y mundano chovinismo que ya habían
logrado superar los próceres que lucharon por la primera independencia.
"Con
semejante concepto de lo que debe ser la lucha antiimperialista en este
continente, tales 'jefes comunistas' no han rebasado siquiera el nivel
internacionalista de las tribus aborígenes que sojuzgaron los colonizadores
europeos en la época de la conquista.
"Así,
el jefe del Partido Comunista de un país que se llama Bolivia, y su capital
histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores que eran venezolanos
uno y otro, que tuvo la posibilidad de contar para la definitiva liberación de
su pueblo con la cooperación del talento político, organizador y militar de un
verdadero titán revolucionario, cuya causa por demás no se limitaba a las
fronteras estrechas, artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra
cosa que entrar en vergonzosos, ridículos e inmerecidos reclamos de
mando". (Ernesto
Che Guevara. Diario de Bolivia. Una introducción necesaria por Fidel Castro).
Y
Castro continúa con su devastadora acusación de Monje y los dirigentes del PC
boliviano:
"Pero
Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento,
interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a
unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas
revolucionarias hombres bien dotados de todas las condiciones necesarias para
la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces,
charlatanes y maniobreros". (Ibíd.,)
A finales de enero
el Che escribía en su diario:
"Como
lo esperaba, la actitud de Monje fue evasiva en el primer momento y traidora
después. Ya el partido está haciendo armas contra nosotros y no sé dónde
llegará, pero eso no nos frenará y quizás, a la larga, se beneficioso (casi
estoy seguro de ello). La gente más honesta y combativa estará con nosotros,
aunque pasen por crisis de conciencia más o menos graves.
"Guevara,
hasta ahora, ha respondido bien. Veremos cómo se portan él y su gente en el
futuro.
"Tania
partió, pero los argentinos no han dado señales de vida, ni ella tampoco. Ahora
comienza la etapa propiamente guerrillera y probaremos la tropa; el tiempo dirá
qué da y cuáles son las perspectivas de la revolución boliviana.
"De todo lo previsto, lo que más lentamente anduvo fue la incorporación de
combatientes bolivianos". (Ibíd.,)
Aquellos
militantes del partido que se unieron o apoyaron al Che Guevara lo hicieron en
contra de los deseos de la dirección del partido. El Diario de Bolivia del Che,
muestra cómo los problemas con el Partido Comunista Boliviano llevaron a que
las guerrillas tuvieran una fuerza significativamente más pequeña de lo que al
principio se pensaba. Este hecho supuso un golpe mortal para las oportunidades
de éxito de la guerrilla.
Regis Drebray
Un
papel lamentable en toda esta situación lo jugó Regis Debray, un hombre que
posteriormente hizo carrera explotando su supuesta relación con el Che Guevara.
Con frecuencia se afirma que él "luchó con el Che en Bolivia" y que
fue "camarada del Che". Es completamente falso. Debray nunca
luchó y, en realidad, provocó serios problemas a las guerrillas. El Che
le consideraba un intelectual pequeño burgués con merecido desprecio. Su
diario contiene frecuentes referencias a esta "compañía de viaje" no
bienvenida y ninguna de ellas es halagadora.
Debray
el pintor argentino Ciro Bustos, aparecieron en el campamento del Che como
turistas revolucionarios y no provocaron nada más que problemas. Se supone que
ayudarían a desarrollar los contactos con el mundo exterior. Al final,
consiguieron hacer mucha publicidad de sí mismos a costa de las guerrillas. El
diario demuestra que el Che sospechó de Debray desde el principio:
"El francés planteó con demasiada vehemencia lo útil que podría
ser fuera". (Ibíd.,)
Las
sospechas del Che pronto estuvieron justificadas. Incapaz de tolerar las duras
condiciones insistieron al Che que les permitiera salir. Pronto fueron
capturados por el ejército y le dieron información que era incalculable para la
caza de los rebeldes. Bustos traicionó a las guerrillas y se convirtió en un
vulgar informador. Incluso entregó fotografía para que el ejército pudiera
reconocerlos. El juicio a Regis Debray atrajo la atención de los medios de
comunicación mundiales, pero desvió la atención de las guerras que eran las que
realmente estaban luchando. Este juicio sin duda avergonzó al gobierno
boliviano, pero también endureció su actitud hacia las guerrillas. Es posible
que una de las razones por las que Barrientos decidió asesinar a Guevara fuera
el evitar una repetición del circo mediático que provocó este juicio.
El capítulo final
Barrientos
ordenó al ejército boliviano capturar a Guevara. Pero sólo seguía las órdenes
de sus jefes en Washington, que hacía mucho habían puesto precio a la cabeza de
su enemigo más odiado. Tan pronto como Washington descubrió su localización,
enviaron a la CIA y a las fuerzas especiales a Bolivia que se encargaron de la
operación.
Los
asesores norteamericanos llegaron el 29 de abril y formaron un programa de
entrenamiento contra la insurgencia que duraba 19 semanas para el 2º Regimiento
de Exploradores bolivianos. El curso intensivo incluía formación en armamento,
combate individual, tácticas de pelotón y escuadrón, patrulla y
contrainsurgencia. El ejército boliviano fue entrenado y armado por asesores
norteamericanos y las fuerzas especiales. Incluía también el recién creado
batallón de exploradores con formación especial en operaciones en la selva.
Desde
finales de septiembre, el enemigo seguía sus pasos. Las fuerzas especiales
bolivianas fueron avisadas por un informador de la localización del campamento
guerrillero de Guevara. Lo rodearon el 8 de octubre y el Che fue capturado
después de una breve escaramuza. Cuando las fuerzas bolivianas se acercaron a
él, se supone que gritó: "¡No disparéis! Soy el Che Guevara y se supone
que valgo más vivo que muerto". Con estas palabras sólo pretenden
presentarle como un cobarde. Es otra de las calumnias utilizadas por los
reaccionarios para intentar ennegrecer la memoria de este hombre, que siempre
demostró un gran valor y absoluta indiferencia hacia su seguridad personal.
Barrientos
no perdió el tiempo y ordenó la ejecución del Che Guevara. Emitió la orden tan
pronto como fue informado de su captura. No quería malgastar el tiempo en
sutilizas legales. Lo hico con pleno conocimiento y consentimiento de los
"demócratas" de Washington. Ninguno de ellos quería correr el riesgo
de un juicio donde el Che Guevara pudiera defenderse y, como sería inevitable,
pasara a la contraofensiva, denunciando las injusticias sociales que
justificaban su lucha. ¡No! Esta voz debía ser silenciada de una vez por todas.
En enero de 1919, en Berlín, los Junkers capturaron a Rosa Luxemburgo y
Karl Liebknecht, tampoco tenían intención de permitirles llegar a un tribular. No consultaron su libro de leyes antes de machacar sus cabezas.
El Che Guevara fue llevado a una escuela en ruinas en la aldea cercada de La
Higuera, donde permaneció prisionero toda la noche. ¡Qué pensamientos pasarían
por su cabeza en esa última noche terrible cuando estaba solo como un cordero
entre lobos hambrientos! ¡Solo y aislado del mundo, de su familia, amigos y
compañeros, esperando el amanecer y la muerte inevitable!
A
primera hora de la mañana sacaron al Che Guevara de la escuela. A la 1,10 de la
tarde del 9 de octubre de 1967 fue ejecutado por Mario Teran, un sargento del
ejército boliviano. Para intentar ocultar que había sido ejecutado a sangre
fría, recibió múltiples disparos en las piernas para simular heridas de
combate. Antes de su ejecución dijo lo siguiente al verdugo: "Se que
estás aquí para matarme. Dispara cobarde, sólo están asesinando a un
hombre". Esta es la voz del verdadero Che Guevara, no la de un cobarde
suplicando por su vida.
El cadáver fue atado a los patines de aterrizaje de un helicóptero y
llevado a la vecina Vallegrande, donde fue puesto en cubo de ropa sucia en el
hospital local y expuesto para los caballeros de la prensa para le
fotografiaran. En un acto macabro de profanación, un
médico militar le amputó las manos, oficiales del ejército boliviano
trasladaron el cadáver de Guevara a un lugar desconocido.
El hombre que dirigió la búsqueda de Guevara fue Félix Rodríguez, un
agente de la CIA infiltrado en Cuba para preparar una insurrección contra
Castro que coincidiera con la invasión de Bahía de Cochinos. Fue Rodríguez el
que informó a sus maestros en Washington y Virginia de la muerte del Che. Como
un vulgar ladrón, le quitó al Che su Rolex y otros objetos personales que
después mostraba a los reporteros mientras fanfarroneaba con sus proezas.
El
nombre de Félix Rodríguez entrará en los anales de la historia marcado por la
infamia. Pero la memoria del hombre a quién asesinó cruelmente, vivirá para
siempre como un adalid de los pobres y oprimidos, un luchador, un héroe
revolucionario y un mártir por la causa del socialismo mundial.
La cuestión de la guerra de guerrillas
Como
cualquier persona, el Che tenía su lado fuerte y su lado débil. Sin duda
cometió un error al intentar presentar el modelo cubano de guerra de guerrillas
como una táctica de aplicación general. Los marxistas siempre hemos
concebido la guerra campesina como un auxiliar de los trabajadores en la lucha
por el poder. Esa postura fue desarrollada primero por Marx durante la
revolución alemana de 1848, cuando defendía que la revolución alemana sólo
podría triunfar como una segunda edición de la guerra campesina. Es decir, el
movimiento de los trabajadores en las ciudades tendría que arrastrar tras de sí
a las masas campesinas.
No
es correcto decir que esta postura sólo se aplica a los países capitalistas
desarrollados. Antes de la revolución rusa, la clase obrera industrial no
representaba a más del 10 por ciento de la población, pero Lenin y los
bolcheviques siempre defendieron que la clase obrera debía situarse al frente
de la nación y dirigir a las masas campesinas y otros sectores oprimidos. El
proletariado jugó el papel dirigente en la revolución rusa, arrastrando a los
millones de campesinos pobres, el aliado natural del proletariado.
La única clase capaz de dirigir una revolución socialista victoriosa es
la clase obrera. No por razones sentimentales, sino debido al lugar que ocupan
en la sociedad y el carácter colectivo de su papel en la producción. En los escritos de Marx, Engels, Lenin y Trotsky, no se puede
encontrar ninguna referencia o insinuación a la posibilidad de que el
campesinado lleve consigo una revolución socialista. La razón es la extrema
heterogeneidad del campesinado como clase. Está dividida entre muchas
capas, desde los trabajadores agrícolas sin tierra (en realidad proletarios
rurales) a los campesinos ricos que emplean a otros campesinos como
asalariados. No tienen un interés común y, por tanto, no pueden jugar un
papel independiente en la sociedad. Históricamente, han apoyado a
diferentes grupos o clases en las ciudades.
Por su propia naturaleza, la guerra de guerrillas es el arma clásica
del campesinado, no de la clase obrera. Es adecuada
para las condiciones de lucha armada en zonas rurales inaccesibles, montañas,
jungla, etc., donde la dificultad del terreno hace complicado el despliegue de
tropas regular y donde el apoyo de las masas rurales suministra el apoyo
logístico necesario y encubre a las guerrillas.
En el transcurso de la revolución en un país atrasado con una población
campesina considerable, la guerra de guerrillas puede actuar como un arma
auxiliar útil para la lucha de los trabajadores en las ciudades. Pero a Lenin nunca se le ocurrió defender la idea del guerrillerismo
como un sustituto del movimiento consciente de la clase obrera. Las tácticas
guerrilleras, desde un punto de vista marxista, sólo son permisibles como una
parte subordinada y auxiliar de la revolución socialista.
Esa
fue precisamente la postura de Lenin en 1905. No tenía nada en común con el
tipo de tácticas terroristas individuales puestas en práctica por Narodnaya
Volya y sus herederos, el Partido Socialista Revolucionario, con tácticas aún
más locas del terrorismo moderno y las organizaciones de "guerrilla
urbana" que son la antítesis de una verdadera política leninista. Lenin
insistía en que la lucha armada debe ser parte del movimiento revolucionario de
masas y especificaba las condiciones en que era permisible:
“1)
tener en cuenta el estado de ánimo de las grandes masas;
2)
tomar en consideración las condiciones del movimiento obrero local;
3)
preocuparse de no gastar inútilmente las fuerzas del proletariado".
Y
también dejaba claro que, lejos de ser una panacea, la guerra de guerrillas
"es una forma inevitable de lucha en un momento en que el movimiento de
masas ha llegado ya realmente a la insurrección". (Lenin. La guerra de guerrillas. 30
de septiembre de 1906).
El peligro de degeneración inherente a tal actividad queda
absolutamente en evidencia cuando los grupos guerrilleros se quedan aislados
del movimiento de masas. En el período que siguió a
1906, cuando el movimiento de trabajadores entró en declive y los
revolucionarios sufrieron toda una serie de golpes, las organizaciones
guerrilleras mostraron cada vez más signos de que habían dejado de ser un
órgano auxiliar útil del partido revolucionario, para transformarse en grupos
de aventureros, o aún peor. Incluso aunque defendían la posibilidad de tácticas
guerrillas como una especie de acto de retaguardia contra la reacción en un
momento en que él esperaba aún que el movimiento revolucionario se reactivara, Lenin
avisó contra el "anarquismo, blanquismo, el antiguo terrorismo, actos de
individuos aislados de las masas que desmoralizan a los obreros, que apartan de
ellos a los amplios círculos de la población, desorganizan el movimiento y
perjudican a la revolución", añadía además que "en los hechos
comunicados todos los días por los periódicos se encuentran, sin dificultad,
ejemplos para confirmar este juicio". (Ibíd.,)
En
el período de 1905 a 1906, el movimiento revolucionario incluía un elemento de
"guerra de guerrillas", con destacamentos guerrilleros,
expropiaciones armadas y otras formas de lucha armada. Pero los escuadrones de
lucha siempre estaban estrechamente unidos a las organizaciones obreras. Por
ejemplo, el comité militar de Moscú incluía no sólo a militantes del RSDLP,
sino también a social-revolucionarios, sindicalistas (impresores) y
estudiantes. Como hemos visto, los grupos guerrilleros eran utilizados con el
objetivo de defenderse contra los pogromos y las Centurias Negras. También
ayudaban a proteger las reuniones frente a las redadas policiales, donde la
presencia de destacamentos de trabajadores armados con frecuencia eran un
factor importante para evitar la violencia.
Entre
otras tareas estaban conseguir armas, el asesinato de espías y agentes
policiales y también atracos a bancos para obtener fondos. La iniciativa de
crear estos grupos guerrilleros con frecuencia partía de los propios
trabajadores. Los bolcheviques lucharon para conseguir la dirección de estos
grupos, para darles una forma disciplinada y organizada, para dotarlos de un
plan de acción claro. Por supuesto que implicaba serios riesgos. En estos
grupos se podían mezclar todo tipo de aventureros, elementos desclasados y
dudosos, que, una vez aislados del movimiento de las masas, tendían a degenerar
en líneas criminales hasta el punto de no distinguirse de simples grupos de
bandidos.
Además,
también había una gran infiltración de provocadores. Como norma, es más
fácil para los agentes del estado infiltrarse en organizaciones militaristas y
terroristas que en auténticos partidos revolucionarios, especialmente donde
están formados por cuadros educados unidos por fuertes lazos ideológicos,
aunque incluso estos últimos no son inmunes a la infiltración. Lenin era
consciente de los peligros de degeneración que implicaba la existencia de
grupos armados. Contra estas tendencias era necesario un control firme y
disciplinado, y la existencia de cuadros revolucionarios con experiencia. Pero
el único control real era el movimiento revolucionario de masas.
Mientras
las unidades guerrilleras actuaban como auxiliares del movimiento de masas (es
decir, en el curso de un auge revolucionario), ellas jugaban un papel útil y
progresista. Pero, allí donde los grupos guerrilleros se separaban del
movimiento revolucionario de masas, inevitablemente tendían a degenerar. Por
esa razón, Lenin consideraba absolutamente inadmisible prolongar su existencia,
una vez se había establecido claramente que el movimiento revolucionario había
entrado en un declive irreversible. Una vez llegada a esta etapa,
inmediatamente defendió la disolución de todos los grupos guerrilleros.
La guerra de guerrillas
El
Che escribió varios artículos y libros sobre la teoría y práctica de la
guerrilla. La experiencia del derrocamiento del gobierno Arbenz le causó una
profunda impresión. Llegó a la conclusión de que la clase dominante debe ser
derrocada mediante la insurrección armada, una idea que era bastante correcta.
La historia demuestra que ninguna clase dominante ha entregado jamás su
poder y privilegios sin luchar. Ningún demonio se deja cortar las
garras.
Los
marxistas no somos pacifistas. Las masas deben estar preparadas para luchar y
utilizar cualquier fuerza necesaria para desarmar a la clase dominante. En
palabras de Marx, “la fuerza es la partera de la historia”.
Su
conocido libro “La guerra de guerrillas”, toma el modelo de revolución
cubana como un modelo aplicable a los demás países. En este modelo, un pequeño
grupo (foco) de guerrillas lleva adelante la insurrección armada sin la
necesidad de organizaciones amplias para organizar a las masas. Esta idea
era un error serio, como trágicamente demostraron los acontecimientos
posteriores.
La Revolución Cubana pilló a los imperialistas por sorpresa. No
esperaban que las guerrillas triunfaran con tanta facilidad. Incluso cuando lo
hicieron, la clase dominante estadounidense estaba dividida sobre cómo
reaccionar. Un sector pedía una política agresiva,
pero otro era favorable a una actitud cautelosa.
Los imperialistas cometieron un error, pero también estudian y aprenden
de la experiencia. Después de la experiencia de la
Revolución Cubana, a los imperialistas ya no se les pilló más por sorpresa. Estudiaron
la teoría de la guerra de guerrillas, incluido los escritos de Che Guevara.
Ellos estaban preparados y a la espera. Tanto pronto como se formaba un foco
guerrillero, intervenían para aplastarlo. No dieron tiempo a las guerrillas
para que pudieran establecer una base en la población rural. Eso es lo que
ocurrió en Bolivia, eso selló el destino del Che y de sus compañeros, como de
muchos otros más tarde.
Una
de las grandes tragedias de la historia revolucionaria es que durante toda una
generación de jóvenes valientes en América Latina y en otras partes, perdieron
su vida como resultado de un inútil intento de copiar una táctica que triunfó
en Cuba debido a una concatenación peculiar de circunstancias, pero que no se
podían trasplantar de manera artificial a otros países con condiciones
distintas.
La guerra de guerrillas tiene algún sentido en una sociedad atrasada,
predominantemente agrícola, como China antes de 1949. Pero no tiene sentido
alguno en países como Chile o Argentina, donde el campesinado es una minoría y
la mayoría decisiva vive en las ciudades. Incluso en
la Rusia zarista, como hemos visto, Lenin insistía en que el papel dirigente de
la revolución lo debía jugar el proletariado y que la guerra de guerrillas
debían ser vista como un auxiliar del movimiento revolucionario de masas y, sobre
todo, de la clase obrera.
En Argentina, Uruguay, México, Venezuela y otros países, el intento de
imitar de modo mecánico los métodos de las guerrillas en Cuba, llevó a derrotas
sangrientas.
Particularmente
negativa fue la idea del denominado "guerrillerismo urbano”, que sólo
es la vieja idea del terrorismo individual con una nueva máscara. Aquellos
que defendieron esta táctica desastrosa pensaban que habían inventado algo
totalmente nuevo. En realidad, sólo repetían los errores de los viejos
terroristas rusos de Narodnaya Volya, contra los que Lenin llevó a cabo una
lucha implacable.
En
cada caso, estas tácticas terminaron en una derrota sangrienta y en la reacción
salvaje. El movimiento perdió miles de cuadros jóvenes que podían haber
jugado un papel importante en el desarrollo de un movimiento revolucionario de
masas en las fábricas, barrios obreros y pueblos. Fue un error muy serio
que se debe rectificar si se desea el triunfo de la revolución socialista. Es
el aspecto negativo del legado del Che, que es tomado por los
ultraizquierdistas incapaces de comprender el verdadero legado positivo de este
gran revolucionario y sólo repiten sus errores. Esta es la peor injusticia
que se puede imaginar a la memoria del Che.
El mensaje real del Che Guevara que debemos guardar y aprender es su
internacionalismo: la idea correcta de que la
revolución socialista no es un acto nacional aislado, sino parte de una cadena
que sólo se puede completar con la victoria del socialismo a escala mundial. El
movimiento revolucionario actual en América Latina demostró que él tenía razón.
El internacionalismo del Che Guevara
La
revolución cubana desde el principio se inspiró en el internacionalismo
revolucionario que estaba personalizado en el Che Guevara, que fue un dirigente
excepcional de la revolución cubana. Pero en realidad, era un verdadero
internacionalista y un ciudadano del mundo. Como Bolívar, tenía la
perspectiva de una revolución latinoamericana.
Después
de su trágica muerte, hubo muchos intentos de convertir al Che Guevara en un
icono inocuo, una cara sobre una camiseta. La burguesía le presenta como un
romántico bienintencionado, un idealista utópico. ¡Esto es algo indigno para la
memoria de un gran revolucionario!
El
Che Guevara no era un soñador desesperado sino un revolucionario realista. No
fue casualidad que el Che intentara extender la revolución a otros países, no
sólo en América Latina sino también en África. Comprendía muy bien que, en
última instancia, el futuro de la revolución cubana estaría determinada por
este hecho.
Desde el principio, el destino de la revolución cubana estaba vinculado
a los acontecimientos a escala mundial. ¿Cómo podía
ser de otra manera cuando la revolución estaba amenazada desde su nacimiento
por el estado imperialista más poderoso sobre el planeta? La revolución
cubana, como la revolución rusa, tuvo un impacto internacional tremendo, sobre
todo en América Latina y el Caribe. Hoy se aplica la misma situación. El Che
intentó encender la chispa que pusiera en llamas todo el continente. Quizá
cometió un error sobre cómo iniciarla, pero nadie cuestiona sus intenciones y
su idea fundamental era correcta: que la única manera de salvar a la revolución
cubana era con su extensión a América Latina.
El Che ayudó a organizar expediciones revolucionarias en el extranjero,
pero todas fracasaron. El primer intento lo hizo en
Panamá, otra en República Dominicana ya en 1959. Desgraciadamente, de la
experiencia cubana sacó algunas conclusiones equivocadas. El intento de
exportar el modelo de guerra de guerrillas y los focos, llevó a una derrota
terrible tras otra. Para ello hay varias razones. En primer lugar, como
hemos visto, la insurgencia cubana pilló por sorpresa al imperialismo
norteamericano, pero pronto aprendió las lecciones y cada vez que aparecía un
"foco" conseguían aplastarlo rápidamente antes de que pudiera
extenderse.
Un
dato más importante fue que la mayoría de la población de América Latina
ahora vive en las ciudades. La guerra de guerrillas es un método típico de
lucha del campesinado. Por lo tanto, aunque la guerra de guerrillas puede jugar
un papel importante como auxiliar, no pude representar el papel principal. Este
papel está reservado para la clase obrera en las ciudades y, por tanto, las
tácticas deben estar de acuerdo con esta circunstancia.
Se
puede ver en la experiencia de Venezuela, donde el intento de organizar un
movimiento guerrillero fue un absoluto fracaso. La revolución venezolana se
desarrolla como una revolución en esencia urbana, basada en las masas en las
ciudades y apoyada por el campesinado. El movimiento bolivariano de Hugo
Chávez ha utilizado la lucha parlamentaria de manera muy efectiva para
movilizar a las masas, se ha podido ver cómo el movimiento de las masas ha
derrotado la contrarrevolución en tres ocasiones.
El destino de la revolución cubana está orgánicamente unido al de la
revolución venezolana. Se determinarán entre sí.
Si la revolución venezolana es derrotada, la revolución cubana estará en un
grave peligro. Se deben hacer todos los esfuerzos para evitar esa
situación. Pero debemos aprender de la historia, la revolución venezolana ha
conseguido milagros, pero todavía no ha acabado.
Como
la revolución cubana, la revolución venezolana ha comenzado como una revolución
democrático nacional. En las primeras etapas, el programa defendido por
Hugo Chávez era el programa de la democracia burguesa avanzada. Pero la
experiencia ha demostrado que la oligarquía y el imperialismo son enemigos
mortales de la democracia. Nada les detendrá para destruir la revolución.
Por lo tanto, cualquier intento de limitar la revolución bolivariana a las
tareas democrático-burguesas, es decir, detener la revolución, preparará el
camino para la derrota inevitable de la revolución.
¿Por qué el imperialismo estadounidense está tan decidido a destruir
las revoluciones cubana y venezolana? Debido al
efecto que tienen a escala continental, los imperialistas están aterrorizados
ante la posibilidad de que Cuba y Venezuela actúen como focos. Por esa razón
están decididos a liquidarlas.
La idea del Che era abrir veinte Vietnam en América Latina. No era una
mala idea, pero en aquel momento no era posible, en parte, porque las
condiciones no habían madurado lo suficiente, pero, principalmente, debido al
modelo equivocado de guerra de guerrillas que siguió.
Pero ahora las cosas son diferentes. La crisis del capitalismo ha tenido
efectos devastadores en América Latina y ha tenido consecuencias
revolucionarias.
Las condiciones para la revolución maduran en todas partes. En realidad, en el momento actual, no hay un solo régimen capitalista estable desde Tierra de Fuego a Río Grande. Con una dirección correcta, no hay razón para que en uno o varios países de América Latina no haya revoluciones proletarias triunfantes en el próximo período. Lo que hace falta no es el nacionalismo ni los bloques con la burguesía reaccionaria, sino un programa socialista revolucionario y el internacionalismo proletario revolucionario.

Comentarios
Publicar un comentario
¡¡ Dejanos tu Opinion !!